Monday, December 10, 2007

Por Freddy Stock / La Nación
Mentalidad Televisiva

La difícil pega de ser “vocero”


Complicado esto de andar hablando por los demás, de dar la cara para representar al resto cuando uno a duras penas puede representarse a sí mismo. Me imagino ese momento de angustia frente los periodistas luego del escándalo: "no, lo que en verdad Su Excelencia quiso decir fue " y ahí viene el sofisma que llega a doler, ahí se produce la lucha interna entre lo que hay que decir y lo que se debiera realmente decir.

Y el lenguaje es un caballo sin riendas. Lo decía el viejito Saussure (que es como el Moisés de los periodistas): el lenguaje es multiforme y heteróclito, fenómeno lingüístico que todo periodista bien parido sabe vagamente qué significa. Yo no lo tengo tan claro. Pero me da la impresión que apunta a la posibilidad de que uno piense algo y se le llegue a escapar de la lengua otra cosa, algo multiforme y heteróclito. Y -aquí nos ponemos machistas (lo reconozco heteróclitamente)- debe ser mucho más complicado ser "vocero" de un gobierno de mujeres. ¿Cuándo le sacamos la sal o le ponemos la sal al discurso? Porque, reza el dicho, nosotros somos de Marte y ellas son marcianas que vienen de Venus y a cierta edad las hormonas van configurando una nueva forma de liderazgo que se debe aprender a tasar día a día. En lo personal no he logrado dar con la manera de desmenuzar el signo lingüístico que construyen las mujeres. Dos matrimonios y medio son prueba de ello.

Hay que convenir, eso sí, que cada gobierno va buscando voceros ad-hoc, ñatos que uno los ve y sabe altiro quién está ocupando La Moneda. Pinochet tuvo milicos y luego uno que se engominaba hasta la cara. Aylwin optó por los de frases cautas y sosegadas. Lagos hizo brillar a Vidal, canchero y de verbo académico, seguro de sí mismo y con la ironía al día. La señora Bachelet puso al hijo de Lagos que -miren el simbolismo- llegó con una enorme mochila al ministerio. Por lo que vimos en el día de su despedida, jamás pudo sacársela de encima. Pero Lagos Jr. era todo lo que sueña una mujer emancipada: tipo inteligente, afable, liberal, capaz de saltar sin complejos a levantar la mesa y lavar los platos. El de Frei Jr. no lo recuerdo, pero tengo la impresión de que era medio tartamudo.

Por todo esto, es una ruleta adelantar cómo será esta nueva vocería de don Francisco. Una cosa es hablar por el Gobierno de Lagos y otra distinta es batir la lengua por éste. Vidal ha dicho que aceptó el desafío porque cuando le gusta un sánguche de palta se lo come dos veces. ¿Aunque le tenga que sacar la sal?

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