Saturday, June 23, 2007

Marks sobre Fuguet

Por Camilo MarksRevista de Libros de El Mercurio, viernes 22 de octubre de 2004
Fuguet mantiene un estilo único, en la actualidad más pausado, más cerebral, transformando, en sus buenos momentos, cualquier asunto en prosa libre, fluida.
Cortos, de Alberto Fuguet, tiene un solo relato breve, varios cuentos que superan las 50 páginas, acercándose a la nouvelle, y dos extensas narraciones, una de ellas realmente notable y la otra, a veces casi ilegible, salvo que uno sea fanático del cine y televisión locales, de los entretelones sobre productoras, revistas y gente de ese medio o esté al tanto de los oscuros proyectos y recónditos afanes de quienes pertenecen a la actual generación audiovisual y cibernética. En total, son ocho historias, algunas bien concebidas, otras demasiado alargadas, casi siempre con el sello inconfundible de este autor. Fuguet ya no escribe como en Sobredosis o Mala onda, aunque mantiene todavía un estilo único, en la actualidad más pausado, más cerebral, transformando, en sus buenos momentos, cualquier asunto en prosa libre, fluida, de la misma forma en que se manifestó al crear sus primeras ficciones.
La colección se abre con "Prueba de aptitud" y nos trasladamos a comienzos de los años ochenta, a un preuniversitario donde estudian aquellos que no consiguieron el puntaje adecuado en el fatídico examen; se trata de una especie de carta de presentación, porque, en el transcurso de los demás argumentos, varios personajes reaparecerán, adultos o en escenarios distintos. El protagonista, Álvaro Ferrer, deja embarazada a una chica de 15 años; su madre es amante de un oculista; hay un viaje a Stroessner, Paraguay, donde vive el padre, y los hechos culminan en la ya habitual violenta fiesta a orillas de una piscina. Tal vez hay un abuso de la frase corta o la oración de una palabra, intercalada con períodos más extensos; el texto, en todo caso, se sostiene bien.
"Santiago", un acertado título, alude a Santiago Camus Letelier - SCL, la sigla internacional del aeropuerto de Pudahuel- y a las andanzas de su regreso a la capital chilena, donde comienza la búsqueda de Lorenza Garcés, una antigua novia. Descontando ciertos tics y repeticiones, es un vertiginoso panorama de la ciudad, una ironía sobre el pasado que nunca fue mejor y el presente, que es peor y un paisaje colmado de nombres alrededor de Santiago, quedando en la memoria sus padres y hermanos, además de Lorenza, a quien, quizá para fortuna nuestra, nunca conoceremos.
"Far West" es una entrevista de casi 40 páginas entre Felipe, periodista ávido por dar un golpe noticioso, y Pablo, un surfista en Pichilemu con una infancia espantosa y su padre preso. En letras cursivas, se adivinan los pensamientos de Felipe: qué le va a preguntar, cómo continúa, cómo lo hace para impactar, dejar contenta a su editora, hacerse famoso. La existencia de Pablo ha sido terrible, con un pasado de brutalidad, barrios bravos y balazos. "La hora mágica (matiné, vermouth y noche)", una suerte de interminable guión - casi 100 páginas- es la última pieza del volumen y lleva este procedimiento al paroxismo, mediante un diálogo que sobrepasa las 70 carillas y que cuesta mucho seguir y comprender.
"Perdido", en cambio, es una de las crónicas valiosas de la antología y es la más escueta: "En un país de desaparecidos, desaparecer es fácil. El esfuerzo se concentra en los muertos. Los vivos, entonces, podemos esfumarnos rápido, así". "Más estrellas que en el cielo" constituye una parodia constante del spanglish, de las frases hechas en inglés, del acento en los colegios americanos o británicos. Y la obra, que al principio parece un galimatías, un recorrido mental y físico por los Estados Unidos en jerigonza, cuando se logra entender, se disfruta plenamente.
"Road story" es la mejor novela corta del tomo y hace olvidar defectos, manierismos, reiteraciones o caprichos idiomáticos. Simón Rivas va a la deriva, su mujer lo engañó con alguien ya conocido - Lucas Walker- y el viento, los espejismos, la arena, lo conducen a Tucson, una ciudad "solo de universitarios y mexicanos que se quedaron a este lado de la frontera". Entre mentiras que son verdades y verdades que son mentiras, él y Adriana Tejeda, una boliviana que es pariente de Raquel Welch, llegan al pueblo de Truth or Consequences - la verdad o las consecuencias- , digno final de una extraña y hermosa aventura.

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