Monday, June 11, 2007

Fincher habla de periodistas y policías

"Zodiac": Un animal que respira

Ernesto Ayala

En la primera mitad de la película hay decenas de personajes, pero ningún protagonista.

En el desierto de la cartelera actual, Zodíaco es una suerte de oasis. No será la cinta que redima totalmente el pobre primer semestre por el que hemos pasado los espectadores chilenos, pero tiene cine, tiene aliento, hace pensar que todavía quedan algunas tablas de qué agarrarse antes de hundirse entre las olas.David Fincher es, al final, un director que ha sabido acomodarse a una industria que admite cada vez con menos comodidad las miradas personales. Su debut, Alien 3 (1992), extraordinario por donde se mire, posiblemente la mejor de la serie, le dio un crédito que expandió en Seven (1997) y en El club de la pelea (1999). Ello no lo hace inmune a la mediocridad, como se vio en Al filo de la muerte o La habitación del pánico, pero Zodíaco viene a demostrar que tiene hambre, que aún no quiere ser confundido entre la masa de directores funcionales que pueblan las calles de Hollywood. Es cierto que si uno es medianamente riguroso, cuesta ver en su cinematografía una mirada sobre el mundo o un estilo singular y poderoso. Pero tampoco anda a tontas y locas: le interesan los thrillers y es muy cuidadoso en la creación de atmósferas, que suelen ser sucias, corroídas y claustrofóbicas. El encierro y la paranoia parecen ser su territorio, materiales a partir de los cuales suele relatar un derrumbe, una destrucción, ya sea de un cuerpo (Alien 3), de una conciencia (Al filo de la muerte) o de una sociedad (El club de la pelea).Pese a relatar la investigación de asesino en serie, Zodíaco es quizás la menos cerrada de las películas de Fincher. Tal como sucedió en los hechos reales, en San Francisco y sus alrededores, el caso comienza en 1969 y termina a principios de los noventa, lo que significa que la narración cubre un largo periodo temporal, como nunca este director lo había hecho antes, y recurre también a diversos puntos de vista, lo que tampoco le era habitual.Durante la primera mitad, de hecho, la cinta nos abruma con fechas, asesinatos y conversaciones, hechos nimios y trascendentes que corren un montaje muy apretado. Pese la evidente precisión, la cinta cuenta y cuenta, pero parece no avanzar hacia ninguna parte. Hay decenas de personajes, pero ningún protagonista. La linealidad es impecable, pero ella se privilegia sobre cualquier tipo de espesura. Recién en la segunda mitad, cuando parece que periodistas y detectives abandonan el caso y, sin embargo, Robert Graysmith (Jake Gyllenhaal), un caricaturista del San Francisco Chronicle que nadie toma muy en cuenta, se obsesiona con la historia y comienza a perseguir los hilos sueltos, la película comienza a tomar más vuelo. ¿Por qué Robert se obsesiona? La cinta no lo aclara con propiedad (así como no aclara por qué otros personajes prefieren abandonarse en la displicencia, como el periodista Paul Avery, un notable Robert Downey Jr), pero cuando su personaje toma el relato, la cosas comienzan a calzar, y lo que es lineal también se hace más espeso.En lo técnico, Fincher falla poco. La fotografía es una delicia, el elenco y las actuaciones que logran, un lujo. Hay en toda la puesta en escena -es difícil no sentirlo- algo de sinfónico. Esto ayuda a que la cinta logre tomar un aliento muy interesante, una respiración larga, amplia, envolvente, seductora, épica incluso. Es un animal grande, hermoso en su movimiento

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