Tuesday, June 19, 2007

Escritores no escritores

ESCRITORES NO-ESCRITORES (nuevos invitados, nueva fiesta) por Alberto Fuguet

Respuestas que un escritor debería tener preparadas y grabadas con ácido en el fondo de su corteza cerebral: ¿cuál es mi libro favorito?, ¿cuál es mi autor de cabecera?, ¿qué estoy leyendo ahora?

No sé, no sé, no sé.O no me acuerdo.Se me olvidó.Quizás, en rigor, es mejor no tener una respuesta preparada e improvisar o tratar de googlear mentalmente tu disco duro. Porque una de las cosas que suceden cuando entra en la lógica "literaria" es, primero, tratar de quedar bien. Lo segundo es que el verdadero error/malentendido es que uno cree -de buena fe- que te están preguntando por un escritor. Un escritor literario. Un autor de ficciones. Y ojalá conocido (se sabe: un debutante para debutar debe ser famoso primero o venir con un extra; ojala sea ABC1 además). Sin duda, uno tiene decenas de héroes literarios, pero es tal el poder mítico del autor-autor, del autor que articula mundos nuevos, que se olvida que hay otra gente, tanto o más talentosa, tanto o más selecta, generosa, honesta y certera, que nunca ha intentado crear ficción porque la verdad es que no son capaces. No tienen inventiva, lo que no implica que sean tontos. Al revés. Son capaces de mirar, de resumir, de observar. Muchas veces -además- escriben como los dioses.Me concentraré en ciertos autores "no consignados". Que no ganan premios literarios. Al menos en Hispanoamérica. ¿Un biógrafo o un historiador no podría ser portada de este mismo suplemento? Las biografías de Cobain, Richter, Einstein o Leni Riefenstahl son mejores que muchas novelas que han sido infladas por la maquinaria cultural. ¿Acaso un libro que no cuenta una historia no es un libro? Y si esa historia ya existe, ¿eso es un crimen? ¿Y su autor no es un autor acaso? ¿Por qué Memorias de una golosa, el debut culinario-literario de Pilar Hurtado, por ejemplo, fue ninguneado, lanzado al canasto de las revistas femeninas? ¿Por qué no se críticó -bien o mal- como un libro y no como el libro de recetas que claramente no es?Me preguntan si leo a chilenos. Respondo, poco. El último de Zambra. Me gustó. Mucho. ¿Pero por qué no digo -dije- Carlos Peña? ¿Se puede escribir mejor que él? Espero que no caiga en la trampa y escriba una novela. Para qué. ¿Quizás un testimonio sobre la UDP por dentro? Lo leería feliz. ¿Sebastián Edwards tuvo que escribir una novela? ¿No hubiera sido mejor unas memorias de un trasplantado? ¿Una mirada sobre los errores económicos de América Latina? El Desalojo de Allamand ha dado que hablar por su título, pero nadie lo ha criticado como libro. Porque es un libro, esté uno de acuerdo o no. ¿Escribe el senador tan bien como titula? Además, Allamand ya escribió una novela. Discreta, pero la escribió. ¿Por qué entonces es relegado a los suplementos dominicales de actualidad? ¿No es eso ningunearlo?OK, respondo. ¿Algunos de mis autores favoritos? El sociólogo Robert D. Kaplan y sus viajes por el lado oscuro de la globalización. Neal Gabler y su obsesión por cómo el cine y Disney han modificado nuestras vidas. El rasta Malcolm Gladwell y su aproximación rockera a fenómenos económicos-sociales. Soy adicto a Pico Iyer y sus viajes y al arquitecto Witold Rybczynski, que analiza la sociedad y los siglos a través de libros sobre lo que significa tener una casa, qué es una ciudad. Michael Zielenziger intentó deconstruir la plaga social de los hikomori en Japón y, en el camino, terminó con un libro que podría inspirar a Murakami o conquistar a muchos de sus lectores. Kay R. Jamison es una doctora medio bipolar y lleva varios libros fascinantes sobre la verdadera vida interior. Una mente inquieta salió por Tusquets y aun así no ha sido tratada como se merece. James Frey remeció a algunos lectores aquí y tuvo una que otra crítica, pero en España En mil pedazos se entendió como un libro de autoayuda o médico y tuvo cero eco en la prensa, en las librerías y, más triste aún, en los lectores.¿Que cuál es mi autor favorito del momento? ¿A quién estoy leyendo? Se llama Chris Anderson y es mi mejor amigo nuevo. Le creo. Se la compro. Es un economista (creo), pero su libro The Long Tail: por qué el futuro de los negocios es vender menos de más me tiene totalmente atrapado. Es sobre la cultura y las tendencias, sobre la estupidez humana y la miopía de los que toman decisiones (oh, Canal 13), es pop, es serio, es divertido, da ejemplos que dan para cuentos y -de paso- creo que su teoría económica es certera: gracias a internet, la suma de los nichos minoritarios está superando en venta -y en influencia- lo que supuestamente quiere la mayoría. En dos palabras: cómo estamos pasando de una cultura de la uniformidad a una de la diversidad. Parece ciencia ficción, pero no lo es. Anderson, sin embargo, no es considerado un autor y su libro es "relegado" a las páginas económicas. Genial que lo lean los de su tribu, pero la labor de la literatura, y del mundo literario y cultural, es llegar a otros. Es abrir puertas; no cerrarlas. No es hacer siempre la misma fiesta e invitar a los sospechosos de siempre.

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