Monday, April 23, 2007

Vallenar desea cuidar un secreto Por Julio Valderrama

Un secreto, para serlo, debe conservar su calidad de tal. Para muchos vallenarinos mantenerlo y preservarlo es y debe ser siempre una obligación moral y ética. Personas y agrupaciones han señalado que hay casos en que esta responsabilidad es un mandato estético ineludible.Cuando Vallenar se apresta a celebrar el próximo miércoles 5 de enero los 216 años corridos desde su fundación, hay quienes plantean que cuidar un secreto es una necesidad imperiosa. Se trata del “Secreto de la Fuente”, obra que, junto a “La Vendimia”, fue donada a su ciudad natal por el escultor José Carocca Laflor, el 18 de septiembre de 1930.La remodelación del principal paseo público de la ciudad, le dio valor agregado a la obra, algo que fue bien valorado por la comunidad. Sin embargo, la escultura en sí, que representa a una madre y su hijo desnudos en posición de amor y relajo, muestra notorios daños. El deterioro y sucesivas capas de pintura han desfigurado la estructura. Además, sólo un observador advertido puede visualizar en parte la firma del autor escrita en la base de la composición.En las últimas semanas ha surgido fuerte preocupación por el estado de conservación e incluso sobre la ubicación de esta obra. “El Secreto de la Fuente”, se encuentra en un costado de la Plaza Ambrosio O’Higgins.En su última reunión anual, la Agrupación Cultural Paitanasarte, entidad que busca aglutinar a artistas y gestores culturales de Vallenar, acordó sensibilizar a las autoridades, la empresa privada y la comunidad para restaurar la obra con criterios artístico-profesionales, previo a cualesquiera iniciativa respecto a su ubicación.Al respecto, ha surgido voces y más de algún respaldo para que la obra “El Secreto de la Fuente” quede en el Museo del Huasco cuando éste sea trasladado a las instalaciones de la Escuela de Deportes en calle Prat, según se proyecta.Francisco Ríos en su libro “Vallenar, seis lustros de historia”, consigna que José Carocca Laflor habría manifestado que “no teniendo joyas ni oro, le entrego a la ciudad estas dos estatuas que simbolizan en sí, el alma del Valle del Huasco, como una ofrenda de cariño del hombre y del artista a la dulce y santa tierra que lo vio nacer”. Desde esa fecha han transcurrido 75 años. A la luz de estos antecedentes, todo parece indicar que bien vale conservar y preservar un secreto que pertenece al patrimonio cultural vallenarino.

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