Saturday, May 10, 2008

Por Antonio Gil / La Nación Domingo
Peso pluma

Cormac McCarthy, profeta de la carretera


Hemos leído, desde hace años, con la devoción y la impudicia de un groupie, la obra del novelista norteamericano Cormac McCarthy. A tal grado ha llegado, debemos confesar, la idolatría que sentimos por este escritor, que podemos citar de memoria pasajes completos de su narrativa, tal como otros cantan a Soda Stereo o las canciones de Los Tres. Aquí va, al pasar un ejemplo, de su libro "Meridiano de sangre", donde describe un ataque apache: "Medio desnudos o vestidos en trajes áticos o bíblicos o disfrazados para un sueño de fiebre con las pieles de animales y galas de seda y piezas de uniforme todavía salpicadas con la sangre de sus dueños anteriores, guerreras de dragones vencidos, casacas de caballería con alamares y galones, uno con sombrero de copa y uno con paraguas y uno con medias blancas y un velo de novia con manchas de sangre y algunos con penachos de plumas de garza o cascos de cuero de los que sobresalían cuernos de toro o de búfalo y uno con un frac puesto del revés y por lo demás desnudo y uno con la armadura de un conquistador español, el peto y las hombreras abolladas por viejos lances de mazo y de sable hechos en otro país por hombres cuyos huesos ya eran polvo y muchos con las trenzas empalmadas con el pelo de otras bestias hasta llegar al suelo y las orejas y colas de sus caballos trabajadas con trozos de telas pintarrajeadas como una compañía de payasos montados, la risa de la muerte, ladrando en una lengua bárbara y cabalgando sobre ellos como la horda de un infierno más horrible todavía que el país de azufre del juicio final, ululando y bramando y vestidos en humo como esos seres vaporosos de regiones más allá del sentido donde el ojo se desvía y el labio tiembla y babea. Dios mío, dijo el sargento".

Dicho esto, que estamos conscientes no es poco, y sin tomar aliento, pasamos a detallar la angustiosa espera de su última novela, "La carretera", editada en español por Mondadori. Fueron meses de encargos a libreros, y cachos a parientes y amigos que viajaban a Buenos Aires. Pues bien, tras una demora por completo injustificable, la obra por fin está aquí. Y continuamos con las confesiones inconfesables: tras leer su primer párrafo, la vida se nos ha reducido a leer y a llorar. No más paseos, no más trabajo, no más nada de nada que no sea la feroz lectura de esta obra maestra del brujo de Knoxville. Autor, entre otros, de "Todos esos hermosos caballos", "Ciudades en la llanura" y "El guardián del vergel", "La carretera" es la cumbre de este autor cercano a los 80 y de quien no se sabe casi nada. No da entrevistas y su historia es una larga seguidilla de mitos urbanos. Y también una cumbre en el mundo de las letras universales. "La carretera", Premio Pulitzer 2007, es uno de esos pocos libros capaces de trasponer los límites de la literatura para entrar en dominios innominados, misteriosos y sobrecogedores. Quizá lo que busca todo libro, las más de las veces con menor fortuna. Por un mundo devastado, cruzando un invierno post nuclear, un padre intenta huir llevando a su pequeño hijo en medio de un frío que parte las piedras. La humanidad, en su sentido más simple, ha desaparecido de la Tierra, a excepción de ese padre y su hijo, escapando hacia el sur mientras empujan sus escasas pertenencias en un desvencijado carro de supermercado. Es tal la intensidad del relato, tan profundo su desgarro, que resuena en él una profecía. Un relato paralizante que más que literatura es un aullido de dolor incontenible. LND

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