Tuesday, May 13, 2008

MUSICA PARA MATRIMONIOS (UNA HISTORIA CORTA) Por Francisco Ortega

Hace dos horas y media mi mejor amigo se casó. Suena Strauss, creo, el vals de 2001, la película de Kubrick, los novios bailan al medio del salón, luego hacen cambios con los padres. Los presentes aplauden. Yo aplaudo. Sirven la comida, las copas de vino, de fondo Frank Sinatra, Dean Martin, Coldplay, música suave para comer y conversar, reconozco una balada de Elvis, no me gusta Elvis. Vuelve a sonar Coldplay, estoy seguro que es idea de la novia, es su grupo favorito. Me sacan a bailar, una prima de mi mejor amigo, es reggeaton, todos dicen que lo odian, pero todos bailan. La prima de mi mejor amigo me pregunta por mi ex, le cuento que terminamos, justo cuando Don Omar se mezcla con Daddy Yankee. De reojo miro la cara de la novia, odia todo lo que sea tropical, lo que venga de Puerto Rico, del Caribe y en rigor de la geografía comprendida entre el sur de Estados Unidos y el norte de Chile. Viejos, adultos y niños bailan con La Sonora Palacios. Un compañero de universidad a quien no veo desde hace años teoriza acerca de la forma de los matrimonios, me dice que es como el Estadio, una situación y un lugar donde todos bailan y cantan canciones que en el día a día dicen odiar. Soda Stereo y todo es puro aullido al ritmo de “Nada Personal”. No estoy muy de acuerdo con mi compañero, a quien no veía desde hacía años. Le compró lo de las canciones, pero no lo del estadio. Los matrimonios son como campos de batalla, Virus canta de lunas de miel, cometas Halley y otras cosas. Queen y el bajo de John Deacon en “Another one bite the dust” me acompañan en la quinta piscola de la noche. Vuelvo a mi lugar y escucho/veo como la novia salta al ritmo de Blur, que luego se convierte en Pulp y New Order. Esto si le gusta. Una amiga se acerca al ritmo de Depeche Mode y me dice que me quiere presentar una amiga, le digo que después, que tengo que ir al baño. Meo mientras tarareo un medley de Luis Miguel y pienso en la amiga que me quería presentar mi amigo. No voy a conocer a una mujer en un matrimonio, me parece patético, de mala comedia romántica. Todo es retro, Emmanuel y su “Bella Señora”, ahora quiero un ron con Coca Cola. Se apagan las luces y mi amigo y su mujer aparecen en medio de la pista bailando solos con Elvis Costello, buena canción, Costello es Dios, pero eso todos ya lo sabemos. Regresa Luis Miguel, siempre vuelve, “no culpes a la lluvia…”. Un gordo calvo que no conozco agarra la liga de la novia y la mina más rica de la fiesta, una rubia de grandes tetas se queda con el ramo y salta de felicidad. Y su felicidad es mi felicidad al ver un pezón travieso que se arrancó por su escote, también travieso. Abraza a su novio y luego se hunden en Juan Luis Guerra, que de la nada se convierte en Madonna. No hay ética en esta música, nunca la ha habido. Hace cuatro horas que mi mejor amigo se casó, por qué tenía que hacerlo con esa concha de su madre.

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