Monday, May 05, 2008

LA ULTIMA CRUZADA POR FRANCISCO ORTEGA

¿Por qué el mayor estreno comercial del año? La razón es simple, de todos los blockbusters del 2008 es el único que no ha necesitado de virales, marketing hiperdimensionado, ni figuras de acción. A Indiana le basta sólo con su nombre y apellido.

La primera película del Dr. Jones que ví fue El Templo de la Perdición, la segunda de la saga, la inicial cronológicamente hablando. Dato trivia, no menor. De todas las epopeyas fílmicas, la del profesor Jones fue la primera en aplicar la fórmula de la precuela. El Templo está ambientada en 1935, un año antes que Cazadores, debut de sus aventuras. Y claro, la experiencia para un cabro de diez años, apretado a la silla suelta de un cine de provincia, fue equivalente a un tiro directo a los ojos. En una edad donde lo único que se pide en pantalla es acción por acción, El Templo resultó una montaña rusa con los frenos cortados: peleas en China, bailarinas rubias, sectas de indígenas antropófagos y dos imágenes que no logrado apartar de mi cabeza en 33 años: el postre de sesos de mono y la operación a corazón abierto sin anestesia. Tres años después, en un Betamax descubrí Cazadores, golpe a la cátedra que se consolidó a fines del 89, cuando pagué la cuota final del crédito en las dos horas y media de La Ultima Cruzada. Y allí supe de donde venía la fobia a las víboras, la cicatriz del mentón, el sombrero de ala ancha, el verdadero nombre del Indiana, el por qué de su nick e incluso la razón por la cual Hitler perdió la guerra. Y junto a las palabras de cierre, Indy y su padre, como vaqueros, galopando contra un atardecer, los créditos finales y una elipsis de casi veinte años.
Si me preguntan, yo me hubiese conformado con ese epílogo y con sólo tres películas, pero si Spielberg y Lucas insisten, acá estoy, con los brazos abiertos. Y no soy el único.
Al contrario que los otros grandes estrenos de cine comercial del año: Batman: El Caballero Oscuro, la ayer debutada Iron Man y las próximas Meteoro: Speed Racer y Hulk: El Hombre Increíble, que nos han saturado hasta lo detestable con campañas virales, andanadas de trailer, póster falsos y adelantos por Internet, Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal no ha necesitado nada. Es más, a menos de un mes del estreno, hay apenas un teaser trailer, escasas fotos, pocos rumores y un único y definitivo póster, firmado por el eterno Drew Struzan. Es que Indiana no necesita nada extra para levantarse como el mayor estreno del año. Sólo su nombre, apellido y las cinco notas de la fanfarria de John Williams. Hace una semana, estaba en una cola del cine y una señora preguntó cuando estrenaban la película. Al enterarse que faltaba un mes, reaccionó con un gesto de lata. Es la gracia del personaje, al contrario que otros hitos de cine (James Bond y La Guerra de las Galaxias incluidos) no conozco a nadie que no le guste Indiana Jones. Y ante esa generalidad no hay necesidad ni de marketing, ni siquiera de boca a boca. Hay cosas que no pueden pagarse.
Que por qué nos gusta tanto Indiana Jones. Por la misma razón que libros como El Código da Vinci llevaron a miles de personas de vuelta a la lectura, sumidos en mamotretos que en su época de colegiales jamás hubieran agarrado. Antes que Dan Brown, Jones nos condujo tras los misterios ancestrales de occidente, descubrió la verdad del Santo Grial y derrotó al gran enemigo de los último cien años, Hitler y sus fuerzas del mal. Claro, el aspecto de galán duro y bruto de Harrison Ford ayudó entre las féminas, pero ni la mitad de esa mezcla entre intelectual aburrido y bribón secreto que supo despertar el afán aventurero que todos llevamos dentro, hombres y mujeres incluidos; sólo pensemos en su clon más célebre: Lara Croft. Indiana nos gusta, nos completa, porque queremos ser como él, vivir en su mundo, estudiar misterios, resolver grandes enigmas, viajar a países exóticos y derrotar a los malos con nuestros propios puños.
Una última cruzada. Lo más seguro es que El Reino no sea el punto final de la serie, sino la primera de una nueva trilogía. Todavía hay mucho mundo y muchos misterios que explorar. Por eso una invitación patuda nunca está de más. Lucas y Spielberg, mucho ojo: Indiana Jones y la Ciudad de los Césares, filmada en la patagonia chilena, con nazis en platillos voladores. En el sur le tienen cariño a Indy, prometen tratarlo con más cariño que a 007 en el norte. Eso si, que Chile sea Chile para que nadie se enoje, y no es chiste.

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