Monday, May 05, 2008

El orfanato

Ascanio Cavallo

Esta película llega a la cartelera local cargada de laureles. Además de producirla Guillermo del Toro, que disfruta del éxito de El laberinto del fauno, fue la más vista en España el año pasado y arrasó con la mayoría de los premios importantes en ese país. Con 33 años, su director, Juan Antonio Bayona, debutante en el largometraje, se ha convertido en una de las glorias de las escuelas de cine de Cataluña.

Durante la primera media hora, parece una película de terror. Laura (Belén Rueda), que vivió su infancia en el Orfanato del Buen Pastor hasta ser adoptada, ha comprado la vieja casona para convertirla en residencia de niños discapacitados. Su motivación no es clara al comienzo, pero es necesario sumarla al hecho de que, con su marido Carlos (Fernando Cayo) ha adoptado a un niño, Simón (Roger Princep), portador del VIH.

Las cosas parten raras. Simón tiene ya 7 años y juega con amigos invisibles, aunque inofensivos. En la casona, sin embargo, encuentra –o desarrolla- seis nuevos amigos, que "no pueden crecer" (como Peter Pan, pero también como los niños con enfermedades mortales) y que parecen habitar en los meandros del antiguo orfanato.

Este segmento inicial trabaja con los motivos del terror ancestral: el terror a la oscuridad, a no tener padres, a andar perdido por el mundo –este y el otro-, a morir sin apenas haber vivido. Bayona lo dirige con sentido del pavor, pero sin más golpes bajos que los del suspenso clásico. No hay aquí esas bofetadas lumínicas del terror norteamericano, ni las colóricas del japonés. Bayona se contiene, porque su historia se mueve en otra esfera.

Y por la vía de esa contención, El orfanato comienza a deslizarse delicadamente desde el terror hacia el melodrama de bordes victorianos, esas historias de familias quebradas y niños perdidos que capturaban la imaginación de la era de la industrialización, y que todavía hoy retienen el poder de recordarnos que el mundo puede ser un lugar atroz en el momento más irrecuperable de la vida, el de la infancia. En esa línea, esta cinta se emparienta mejor con Los otros, de Alejandro Amenábar, que con El otro, de Robert Mulligan, por mencionar obras con temas similares.

Es una medida de la inteligencia de Bayona narrar la historia desde el punto de vista de Laura, madre delegada y huérfana ella misma. Aunque a ratos parece que el protagonista fuera Simón, nunca sabemos más de lo que sabe Laura; incluso, todo el relato podría entenderse como una proyección de sus traumas. No es así, porque al final del camino está el sufrimiento infinito de la madre caída. Pero es su situación la que abrocha y da sentido a todo lo que hemos visto durante más de una hora y media: sólo los huérfanos pueden comprender a los huérfanos. El caso es que todos terminamos por ser huérfanos.

Una gran idea fílmica.

EL ORFANATO

DIRECCIÓN: Juan Antonio Bayona.

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