Tuesday, October 10, 2006

Cazador de coincidencias

Más Auster señores:

Cuando niño, Paul Auster se salvó de morir partido por un rayo, se hizo lector al descubrir los libros de un tío, y decidió llevar siempre un lápiz, después de perderse el autógrafo de un ídolo de infancia. Con ese lápiz empezó a escribir. Las casualidades siempre han sido su tema, esos acontecimientos inexplicables, casi mágicos, que se transforman en decisivos para el destino.

-----------
Dentro de Brooklyn Follies (2005), el último libro de Paul Auster, hay una historia sobre Kafka. El autor de Metamorfosis (1913) estaba en los últimos meses de vida, con su novia en Berlín. Como todas las tardes, iban de paseo por el parque cuando encontraron a una niña llorando desconsoladamente. Kafka le preguntó por qué lloraba. La niña contestó que había perdido su muñeca.
-No está perdida, anda de viaje. Me envió una carta, -le dijo. La niña no le creyó mucho, pero él prometió que al otro día le llevaría la carta. Finalmente Kafka terminó inventando cartas de la muñeca durante tres semanas, donde le contaba a la niña que no se fue porque no la quisiera, sino porque deseaba conocer el mundo. En la última carta, la muñeca se despedía porque se casaría con un hombre rico y lleno de virtudes.
Auster pregunta al final de esa historia si es posible vivir en un mundo de fantasía donde escapemos de las cosas reales que no nos parecen. "La niña tiene una historia y cuando una persona es lo bastante afortunda para vivir dentro de una historia, para habitar un mundo imaginario, las penas de este mundo desaparecen", dice.
La idea del mundo de fantasía en sí suena un poco cursi, pero es algo a lo que todos recurrimos mirando por la ventana del metro o la micro. Cuando la realidad es demasiado aburrida o mala para vivir en ella, todos fantaseamos con realidades paralelas, discursos inventados que nos saquen de lo cotidiano. Incluso por deporte. Por algo leemos o vamos al cine.
Auster llama a esto Hotel Existencia, un lugar donde todo pasa, literalmente, porque nadie más que uno mismo lo impide o lo permite. Algo así como el campo de centeno de Salinger, donde nada malo ocurre, porque hay un guardián preocupado de que nadie caiga al precipicio.

----------

“Escribir una comedia ayuda a poner las cosas en perspectiva. El mundo ha ido de tragedia en tragedia, de horror en horror, pero los seres humanos seguimos existiendo, enamorándonos y hallando alegría en la vida. Me pareció que éste era un momento para recordarlo", dijo Paul Auster en declaraciones recientes.

----------

"Somos permanentemente víctimas de contingencias cotidianas. Nuestras vidas están hechas de accidentes. También me interesan mucho los accidentes que no llegan a producirse. La casualidad existe...", dice Auster.

Blog Archive