Saturday, February 28, 2009

¿Quién quiere ser millonario?

Manipulación emocional, la ides es impactar y el primer mundo encuentra la miseria cool.

Por Ascanio Cavallo

Vacaciones

Francisco Mouat

Repaso mentalmente estas últimas vacaciones, que se terminan. Conocí al viejo Lito: lo vi jugar al arco, acarrear leña, caminar junto a los gansos, dejarse acompañar por un perro negro a donde fuera, cantar rancheras, tomarse una copa de tinto al seco. Lo abracé en la despedida, quedamos de volver a vernos el año que viene. Me reencontré con la María y su pan amasado, con Gregorio, la Marisol, la Camila que dejó de ser físicamente una niñita. Con Osvaldo Thiers volvimos a hablar de pintura, de sus nuevos cuadros donde las Meninas andan en moto o salen de compras, de la historia de El Molino, de aquel autorretrato suyo que su nieto Philippe fotografió con maestría.

Vivimos sin horario, y la mayor preocupación consistió en matar arañas sin piedad y ser precisos en el lanzamiento del tejo sobre la arena de una playa solitaria del lago Llanquihue. Volví a ver a los Neme; recuperé su voz, sus palabras, sus rostros, sus canciones, el sabor de un buen asado. Navegué en kayak, tramos cortos, para no incurrir en fatiga. Me bañé en el lago en la mañana, en la tarde y en la noche. El último baño nocturno, con las aguas mansas, sin un gramo de viento, junto a la patota completa, lo conservaré en la memoria hasta que se borronee casi completamente en el tiempo, y de él quede la sola sensación de haber vivido un momento estelar y libre. Tan estelar y libre como aquellos largos baños de mis cabros chicos, estrellas fugaces de una felicidad que sabes que es momentánea o que se vive sin garantía de nada.

Vivir sin horario es una sana costumbre, que tiene poco o nada que ver con esa otra rutina de los otros días en que no estamos de vacaciones, y que son mayoría abrumadora. Es hora de fundamentar la rebelión en contra de los que combaten al ocio. Un profesor al que quise muchísimo, al que todavía quiero mucho en el recuerdo, Fidel Sepúlveda, escribió una vez en la revista Aisthesis: "Hay que educar para no rehuir y satanizar el ocio, sino para propiciarlo, para hacerlo sentir absolutamente necesario. El ocio es la instancia donde el ser reconoce sus fronteras y sus horizontes. Por sus fronteras cubica su precariedad. Por sus horizontes pondera su infinitud. Esto no se hace entre el tráfago y el vértigo. Se hace cuando las aguas están calmas, han hecho claridad en su caudal y la transparencia revela su profundidad y potencia. En el ocio y en el silencio acontece la sintonía del todo y de cada una de las partes. Ocurre el encuentro sinfónico de los estratos pluridimensionales del ser".

Un amigo me llama por teléfono y me dice que le acaban de regalar un libro que se llama algo así como Elogio de la lentitud, y que se lo ha llevado al sur, de vacaciones. "Es de un sueco", dice, "y lo traje para aprendérmelo de memoria". ¿Será que los ociosos, los lentos, estamos empezando a reproducirnos a mayor velocidad? ¿Será que los odiosos fanáticos de la cadena de la producción, de los objetivos y las metas precisas, de las decisiones rápidas e irreflexivas, de hacer cinco cosas al mismo tiempo, de las jornadas largas de trabajo, de exprimir a los que están bajo su mando, verán amenazado alguna vez su reino de torpes adoradores de la faena sin pausa y casi siempre sin sentido?

La Solcita me lee el arranque de un ensayo de Chesterton: "Quedarse en la cama sería una experiencia perfecta y sublime siempre que uno dispusiera de un lápiz lo suficientemente largo para poder dibujar en el techo". Lo mejor de la reflexión de Chesterton viene más adelante, cuando él reconoce haberse dado cuenta de la necesidad de contar con ese largo lápiz para dibujar en el techo sólo después de vivir la experiencia de estar tirado en la cama sin hacer nada.

El ocio hay que vivirlo sin culpa y sin prisas para despertar a la imaginación, para zafar todo lo que podamos del exceso de realidad. El ocio, el bendito ocio, creativo y fecundo, es el pan nuestro de cada día.
La novela luminosa

Rodrigo Pinto Revista El Sábado "El Mercurio"

Alfaguara Uruguay publicó en 2005 la primera edición de esta obra. Su autor, Mario Levrero, había muerto el año anterior, a los 64 años. Y ocurrió entonces que, de blog en blog y de columna en columna, la novela del casi totalmente desconocido escritor uruguayo se alzó como una referencia obligatoria, pero difícilmente accesible. En 2008, Random House Mondadori se hizo con los derechos y sacó una edición que se distribuye en todo el ámbito de la lengua española. Excelente noticia, desde luego, que permite a muchos más lectores acceder a una obra curiosa, sumamente original y de cadencia casi hipnótica, si el lector acepta las premisas del juego.

Es que hay que estar alerta: el libro es un ejercicio de escritura que vuelve una y otra vez sobre sí mismo, en un río de palabras que arrastra sin pausa y circula por meandros sospechosamente parecidos donde la variación es mínima, cotidiana y hasta banal, si se quiere. Lo que importa es el flujo y aquí sí que influye la voluntad del lector, si se deja arrastrar o no por la corriente. La premisa es simple y está explicada por Levrero en el prólogo. Recibió una beca Guggenheim para concluir una novela largamente postergada, pero, para poder terminarla, para juntar energías, decidió llevar un diario, el "Diario de la beca", que ocupa la mayor parte del libro. Ese diario es el río que fluye, moroso, lento, con noticias sobre sus hábitos de comida y sueño, con disquisiciones sobre su relación con el computador, con el registro minucioso de las mañas y manías de un escritor ya maduro. Un escritor que vive solo, que duerme a destiempo, que cada quince días dedica unas horas a talleres presenciales y virtuales, que juega interminables solitarios, que escribe programas en su computador con cuestiones como el horario de administración de sus medicamentos (que toma muchos y por distintos males). Levrero teje así un personaje entrañable que logra hacerse querer a pesar de sus manías y que, en su solitaria redacción del diario, va tejiendo también un vasto acercamiento al tema de la escritura. Si concluye o no la "novela luminosa", motivo de la beca y del diario, es un asunto totalmente secundario (el texto, breve y fragmentario, está incluido en el libro, y profundamente ligado al diario en estilo y preocupaciones). Lo que de verdad importa, lo que atrapa, lo que seduce, es que Levrero escribe por la necesidad de escribir, y a lo que conduce ese ejercicio infatigable. Como bien dijo Luis Chitarroni en el lanzamiento de la novela en Buenos Aires, "El que elige a solas es, legítimamente y sin atenuantes, quien quiere escribir para contar la experiencia intransmitible de seguir vivo".

Nebulosa Helix




El Observatorio Europeo Austral (ESO, en sus siglas en inglés) publicó hoy una sobrecogedora imagen de la nebulosa planetaria Helix, conocida por los astrónomos como el "Ojo de Dios", captada desde el observatorio chileno de La Silla.

De todos es sabido que en el Universo se repiten formas y estructuras, pero para la vista humana el poder contemplar un "ojo" espacial que mide dos años luz, poco menos de 20 billones de kilómetros, es una experiencia única.

Wednesday, February 25, 2009

Mabuse Awards

Lo mejor del 2008

Tuesday, February 24, 2009

El súper redneck

Jason de Martes 13 es el super redneck. El super héroe de los fundamentalistas católicos blancos de la américa profunda y la white trash. Un hueón que mata la diferencia y a las personas que se entregan al placer. Un asesino en serie, podríamos decir, territorial. "No te metas en mi territorio, maldito hijo de puta"
Ventanas

FRANCISCO MOUAT

Es pequeña, portátil, de tapas duras de color negro. Es una libreta con una página por cada día del año, y me la regaló una amiga en la Navidad de 2007 para que escribiera en ella lo que me diera la gana. Va conmigo a donde voy. Llevo escritas en ella unas 230 páginas. A veces pasan semanas enteras en que no anoto nada. Otras veces he creído haberla dejado en un sitio, y me he desesperado buscándola hasta encontrarla. En esos momentos me doy cuenta de que forma parte de mi equipaje de mano esencial, y de que no puedo extraviarla. Cada día el vínculo entre esta pequeña libreta y yo es más estrecho, porque en sus páginas están registradas parte de las lecturas que no quiero olvidar fácilmente.

Anoche la estuve revisando. Las primeras notas sueltas son de un libro de Abelardo Castillo, El oficio de mentir: "Pintar la propia aldea. Eso es más bien todo el trabajo literario". "Picasso pintaba los ojos que existen en la realidad, no los ojos que se ven en la realidad. En la literatura pasa exactamente lo mismo. Uno pinta lo que está del otro lado de la realidad". "Escribir es un destino como cualquier otro".

Más adelante, un texto de Muñoz Molina sobre Raymond Carver, con una sentencia iluminadora de su literatura: "Muy cerca del dolor está la ternura". Pienso algo parecido de casi todos los cuentos de Marcelo Lillo en El fumador y otros relatos. Hablé con Lillo hace unos días. Su fama de ermitaño, de escritor solitario que no se ve con nadie, no es justa. El sábado que viene voy a verlo a su casa en Niebla con la patota completa, y prometió recibir a la familia con gaseosas para los cabros chicos y pisco sour casero para los grandes.Otro libro leído: Todo cuenta, de Saul Bellow: "La fuerza de una obra de arte es tal que induce a una suspensión temporal de la actividad. Conduce a la contemplación, a lo maravilloso y, a mi entender, a sagrados estados del alma. Que, sin embargo, no son pasivos".

Algunas páginas más adelante, Umberto Eco dice, a propósito de su trabajo: "Escribo para recordar la infancia, y enseño para hablarles a los alumnos de los libros que aún no están escritos". De los Diarios de Ionesco: "¿Qué es estar aquí, qué es estar y por qué ser siempre y siempre? De repente, la débil luz de una esperanza insensata: se nos ha hecho el don de la vida, uno no puede volver a empezarla. No sé demasiado bien lo que esto quiere decir. No lo sé, en absoluto". Preguntas majaderamente esenciales, que no tienen respuesta.

Esta libreta de notas, pequeña, portátil, de tapas duras de color negro, está repleta de pliegues, de apuntes al margen, de notas al paso. Irá a donde vaya conmigo, y luego, cuando esté completa, se quedará guardada en un estante, esperando el momento preciso en que uno vuelva sobre ella para recordar. Prólogo de Juan Villoro a la Trilogía de la memoria, de Sergio Pitol: "Prefiero asomarme a las ventanas antes que a un espejo". Es lo que pienso de estas lecturas detenidas en el tiempo: son ventanas al mundo particular de cada uno de sus autores. No son espejos para vernos la cara, malgastada con los años. Leer, y tomar notas, es mirar por esas ventanas de otros a ver qué encontramos detrás de ellas. Aunque hayamos perdido los lentes en el camino, o con ellos puestos, es lo mismo: alcanzaremos, como Pitol, "vislumbres, aproximaciones, balbuceos en busca de sentido en la delgada zona que se extiende entre la luz y las tinieblas".

Amanece en la ribera este del lago Llanquihue. Me asomo por la ventana de la cabaña y compruebo que está lloviendo tenuemente. El viento ha dejado de soplar como lo hizo en los últimos días. Pájaros desconocidos emiten sonidos similares a los que escuché desde pequeño, cuando mis padres me traían al sur. Ahora soy yo el que trae niños a estas latitudes, a que miren por la ventana y encuentren algo que más tarde en la vida recordarán, aunque sólo se trate de un estado de ánimo: "Pitol no rememora lo que ya conoce: se entrega al pasado para averiguar qué hay ahí. Su evocación es una búsqueda".

Saturday, January 31, 2009

Gramática castellana

El castellano

Morfología y sintaxis (archivos en word)

Real Academia Española

Profesores en línea

El nunca bien ponderado Profe Campusano

wordreference


etéreo, a
adj. quím. Del éter o relativo a él:
sustancia etérea.
No concreto, poco determinado, vago:
nos dio una respuesta etérea.
poét. Del cielo o perteneciente a él:
color etéreo.

asechar
1. tr. Intentar engañar, poner asechanzas.
♦ No confundir con acechar.

asenso
1. m. Asentimiento, corroboración de lo que antes se ha expuesto como cierto o adecuado:
se llegó a un acuerdo tras el asenso de todos los presentes.


HAS verbo haber No me gusta para nada lo que has hecho.
HAZ verbo hacer Haz lo que quieras, me tienes aburrido.

Álgido: Muy frío...Se aplica al momento del proceso o de la evolución de una cosa que es el más importante o de máximo interés: la empresa alcanzó su punto álgido en los años sesenta.
Entrever
Inoperante: Ineficaz: método inoperante
Sí o sí---Para sí
Fue-dio
Prevén
Prevé
Pezuña
Desee
Deseé
exuberante: adj. Extraordinariamente abundante:
la vegetación de la selva es exuberante.

Acrónimo: Palabra formada por las iniciales, y a veces por más letras, de otras palabras: "RENFE" es el acrónimo de Red Nacional de Ferrocarriles Españoles.


La escritura 'sicología' es válida, aunque la forma recomendada es psicología,1 dado que no se trata de un problema ortográfico, sino de esencia, pues Psico, de psyché, significa "alma" ("mente", "conciencia") y, por ello da nombre a la psicología como ciencia de estos fenómenos relacionados entre sí, siendo por tanto la ciencia que estudia, no sólo el comportamiento humano, sino el funcionamiento de la mente y su desarrollo.

Chovinismo
Se llama chovinismo, o también chauvinismo, (tomando el nombre del patriota francés Nicolas Chauvin), o patrioterismo a la creencia narcisista próxima a la paranoia y la mitomanía de que lo propio del país, o región, al que uno pertenece es lo mejor en cualquier aspecto. El nombre proviene de la comedia La cocarde tricolore de los hermanos Cogniard, en donde un actor, con el nombre de Chauvin, personifica un patriotismo exagerado. Hannah Arendt lo describe así:
El chovinismo es un producto casi natural del concepto de Nación en la medida en que proviene directamente de la vieja idea de la "misión nacional"... La misión nacional podría ser interpretada con precisión como la traída de luz a otros pueblos menos afortunados que, por cualquier razón, milagrosamente han sido abandonados por la historia sin una misión nacional. Mientras este concepto de chauvinismo no se desarrolló en la ideología y permaneció en el reino bastante vago del orgullo nacional o incluso nacionalista, con frecuencia causó un alto sentido de responsabilidad por el bienestar de los pueblos atrasados.
"Imperialism, Nationalism, Chauvinism", en The Review of Politics 7.4, (Octubre de 1945), p. 457
El chovinismo resulta un razonamiento falso o paralógico, una falacia de tipo etnocéntrico o de ídola fori. En retórica, pues, constituye uno de los argumentos falsos llamados ad hominem que sirven para persuadir con sentimientos en vez de con razones a quienes se convencen más con aquéllos que con éstas, y como tal se utilizó frecuentemente por parte de los políticos para persuadir a las masas. Nació fundamentalmente con la creencia del romanticismo en los "caracteres nacionales" o volkgeist, si bien los griegos ya se burlaban de quienes pretendían que la luna de Atenas era mejor que la de Éfeso; psicológicamente, sin embargo, se trata de un sistema delirante que esconde un sentimiento neurótico de inferioridad en forma paranoica (en su manifestación de delirio de grandeza) muy asentado en la naturaleza humana. Suele considerarse como una señal de nacionalismo y como tal suele acompañarse de la manía persecutoria de echar la culpa siempre a los otros de los males que se encuentran en uno mismo. Erich Fromm, León Poliakov y Jon Juaristi han estudiado las manifestaciones más perversas y peligrosas del chovinismo, que pueden estar asociadas a ideologías totalitarias, xenófobas, racistas y sexistas.


El adverbio sic (del latín sic, así) se utiliza en los textos escritos en español, normalmente entre paréntesis, para indicar que la palabra o frase que lo precede es literal, aunque sea o pueda parecer incorrecta.
Se usa cuando se reproducen errores, tipográficos o de otra clase, o inconveniencias al citar textos, para informar al lector que el uso indebido se encuentra en la fuente original y no es obra del que cita.
Ejemplos: «me llenastes [sic] un barril», «me robaste la amoto [sic]», «hago unas cloquetas [sic] de arrechupete [sic]».
También puede usarse cuando aparecen palabras poco comunes cuya grafía es similar a la de otras muy conocidas, y se quiere evitar que el lector las interprete como errores. Por ejemplo: «La venencia (sic) no es Venecia» o «la adsorción (sic) se realiza con carbón activado».
Además, tiene un uso común en las entrevistas, ya sea de carácter médico o legal, para citar al entrevistado; ejemplo de esto: "Siento como si se me saliera el corazón del pecho" (sic).


latamente
Sinónimos
adverbio
1) extensamente: extensamente, ampliamente, largamente, dilatadamente, prolongadamente, extendidamente

2) aburridamente: aburridamente, prolijamente

Antónimos
adverbio
brevemente: brevemente, ligeramente

diantre
m. fam.Eufemismo por diablo.

Exuberante: adj. Extraordinariamente abundante:
la vegetación de la selva es exuberante.

Exorbitante: adj. Excesivo, fuera de la medida normal:
precio exorbitante.

Osase: intr. Atreverse. También tr.:
¿cómo osas venir tan tarde?

Pretensión: f. Aspiración,deseo o propósito:
mi película tiene la pretensión de entretener.
Ambición pretenciosa o desmedida:
se comporta con demasiadas pretensiones.
Derecho que alguien juzga tener sobre algo:
tiene pretensiones a la presidencia.

Inoperante: adj. Ineficaz:
método inoperante.

Inaudito: adj. Nunca oído, sorprendente, asombroso:
novedad inaudita. Insoportable, intolerable:
tu actitud es inaudita, discúlpate ahora mismo.

Iconoclasta: Etimológicamente, el término se refiere a quien destroza iconos, es decir, pinturas o esculturas sagradas. Un ejemplo de iconoclastas fue la tradición bizantina, especialmente León III, que ordenó la destrucción de todas las representaciones de Jesús, la Virgen María y, especialmente, todos los Santos.
En lenguaje coloquial, se utiliza también para referirse a aquella persona que va a contracorriente y cuyo comportamiento es contrario a los ideales, normas o modelos de la sociedad actual o a la autoridad de maestros dentro de ésta, sin que implique una connotación negativa de su figura.

Resarcir: Indemnizar,reparar un daño,perjuicio o agravio:
debes resarcirle de las molestias que le has ocasionado.
Sesgo: En estadística y epidemiología, un sesgo es un error que aparece en los resultados de un estudio debido a factores que dependen de la recolección, análisis, interpretación, publicación o revisión de los datos que pueden conducir a conclusiones que son sistemáticamente diferentes de la verdad o incorrectas acerca de los objetivos de una investigación. Este error puede ser sistemático o no, y es diferente al error aleatorio.

Sedición: es un término legal para referirse a conductas que puedan ser estimadas por la autoridad legal como motivo de insurrección en contra del orden constitucional establecido, ya sea la exposición de discursos, el desarrollo de organizaciones, la escritura y distribución de textos u otras acciones. La sedición con frecuencia incluye la subversión de la Constitución y la incitación de descontento o resistencia a la autoridad legal. La sedición incluye cualquier conmoción y generalmente se presenta asistida por violencia directa en contra de la ley.

Superó con creces
Abocar, aboqué
Excúseme
Escurridizo
Recavar
Guiñapo pusilánime cohibido
Pezuña
Azuzar
Herbívoros
Delineé
Alud
Paya, payador

Impenitente: Terco, Obstinado, persistente:
adj. Incorregible, que se obstina en una costumbre o una actitud:
es un mujeriego impenitente.

optimizar
1. tr. Buscar la mejor manera de realizar una actividad;
optimar:
optimizar el rendimiento.

El valor de los otros Por Francisco Mouat

Da lo mismo si Kapuscinski escribió novelas de no ficción, crónicas, libros de memorias o simplemente "textos", como le gustaba llamar a sus escritos. Lo de Kapuscinski fue un ejercicio literario sobresaliente y también un testimonio de humanidad. No siempre ambas cosas van de la mano. Sus textos cuentan y conmueven, no sé qué más pueda pedírsele a un autor. Quien quiera entender un poco mejor al siglo que pasó y a sus habitantes más desvalidos, que lea a Kapuscinski. Quien quiera entender los bemoles del poder, que pase por las historias que narra en sus libros.

Reportero en África, Asia, Europa del Este y América Latina, fue capaz de convertir el trabajo de un periodista inquieto y curioso en literatura pura y dura. Los personajes de su obra son aquellos seres humanos que padecen el poder y con los cuales se encontró a lo largo de su vida en distintas latitudes: los hondureños y salvadoreños que vivieron la guerra del fútbol en 1969, los chilenos barrocos que arrendaban departamentos amoblados repletos de chucherías absurdas a sus ojos, los africanos que lucharon por liberarse de las colonias y de todas formas no fueron libres. Ellos, los otros, los mineros de Siberia o los vecinos polacos que sufrieron como él hambre y frío en la Segunda Guerra Mundial, terminaron siendo la razón de ser de su oficio, y tratar de acercarse a sus vidas, el último objetivo de sus afanes. Kapuscinski es la antítesis del narrador ombliguista. Los otros, los de más allá, gracias a sus libros se acercan a nosotros, sus lectores, para concluir junto a sus textos que no sabemos nada o apenas un atisbo de lo que le ocurre al hombre: "Hoy el mundo es inmenso e infinito, se ensancha día a día y pasará un camello por el ojo de una aguja antes que nosotros podamos conocer, sentir y comprender todo aquello que configura nuestra existencia, la existencia de varios miles de millones de personas".

"No Es Fácil Estar En Mi Pellejo"

Isabel Plant entrevista a Oliver Stone en Wikén sobre "W"

Ciudad de uno Por Francisco Mouat

El escritor Alejandro Rossi, autor entre otros libros del Manual del distraído, nació en Florencia, y repartió su infancia y adolescencia entre Italia, algunas vacaciones en Caracas y Buenos Aires. Hijo de italiano y venezolana, no tenía un lugar fijo donde quedarse a vivir cuando terminó la secundaria. Quiso estudiar Filosofía y Letras, y no sabía muy bien dónde hacerlo. Sólo sabía que debía ser en lengua hispana. Alguien le sugirió México, y hasta allá fue "como un estudiante solitario, un adolescente en busca de un idioma". La decisión de elegir México para estudiar lo marcó sin vuelta atrás.

Llevaba poco tiempo en Mascarones, como se llamaba a la Facultad de Filosofía y Letras, tenía dieciocho años, y frecuentaba como muchos otros estudiantes "una cafetería de moda entre periodistas y gente del espectáculo, un poco vulgarona, pero animada". Un día estaba en la barra y al lado suyo se sentó un joven algo estridente, que le metió conversación y entre otras cosas que Rossi nunca preguntó, le contó que trabajaba en un periódico. Al poco rato, mientras Rossi "comía una lechuga sombría", el muchacho le dijo con voz fuerte: "Mire usted, si me dieran a elegir entre escribir las Rimas de Bécquer y unas buenas nalgas, yo me quedaba con las nalgas".

Rossi se dejó atrapar por Ciudad de México desde el comienzo. Salía de la facultad y se encontraba con "puestos mal alumbrados de carnitas, ostionerías ruidosas, perros husmeantes y famélicos y, más adelante, las librerías de viejo, cuevas de la imaginación". Alguna vez explicó de un modo entrañable por qué le gustaba tanto esta ciudad: "Porque era, aún lo es, una Ciudad muy generosa, poco jerárquica, comprensiva con el abandonado. Una Ciudad que sabe aceptar a las almas perdidas".

Yo quisiera decir algo parecido de Santiago, y no sé si pueda hacerlo. Quiero rastrear mi ciudad en busca de espacios donde se respire lo que Rossi agradece de su México querido. Repito con él: una ciudad que sabe aceptar a las almas perdidas. No son "alabanzas bobas" las de Rossi: el Distrito Federal le pertenece aun cuando él es capaz de reconocer que "algunas de sus calles son las más feas del mundo". Pocas veces leí un texto más justo sobre la manera en que te puede atrapar una ciudad, a pesar de todas sus imperfecciones.

Santiago no fue la ciudad en la que yo escogí vivir mis primeros veinte años. Llegado el momento en que pude cambiar de territorio si lo hubiera querido, no lo hice. No seré yo quien diga que ésta es una ciudad objetivamente hermosa, fragante, transversal y luminosa. Tiene sus cosas, un poco subterráneas, menos a la vista que la cordillera, que pueden atraerte íntimamente hacia ella. Le falta el mar con una buena costanera donde ir a tomar el aire y el fresco, donde perderse en un horizonte en el que puedas ver barcos y también la nada misma. Pero es la ciudad donde ha transcurrido mi historia personal, y la de tantos otros que no fatalizan su andar porque al fin y al cabo igual hemos tenido suerte. Rossi lo dice de México, yo lo digo de Santiago: "Aquí estudié, aquí me casé, aquí tuve hijos, aquí trabajé, aquí se formaron las amistades duraderas".

No sé nada del futuro. Pudiera ser que acabara mis días lejos de Santiago, con vista al mar. Si así fuera, me gustaría que ocurriera sin estridencias de ninguna especie, sin tener que sacrificar la esencial tranquilidad de vivir en paz. Tengo ciertos derechos adquiridos en la materia, porque ya llevo casi medio siglo en este cuento. Rossi lo dice elegantemente, como es su costumbre: "Tal vez la vejez sea una progresiva distracción del mundo".

¿Saben ustedes lo que más le agradaba a Rossi de Ciudad de México cuando tenía 57 años de edad?: "Cierto color del aire en los meses invernales, el sonido nocturno de los inútiles vigilantes, el llamado de los afiladores, las bandas musicales que a veces recorren mi barrio, la algarabía de mis hijos y el cuchicheo de mis amigos". "¿No es suficiente?", pregunta él, pregunto yo.
El periodismo puede ser una forma de literatura. Si acometes el trabajo con rigor, con pasión naturalmente. La diferencia capital entre un género de periodistas y un género de escritores estriba justamente en una cuestión de mayor libertad. En general, el escritor se autocensura porque quiere, y el periodista porque no puede hacer otra cosa.
Patricio Manns

Tuesday, January 27, 2009

La locura y la enfermedad de los sanos

Wikipedia


Monografías

Los doce pasos
Qué es Doctor House sino un maldito drogadicto que tiene un don que odia. Doctor House juega con los límites de la honestidad y es en reaidad una serie sobre la vocación.

Friday, January 23, 2009

“Una tragedia disfrazada de comedia. Eso son todas las buenas comedias”.


"Un filósofo: es un hombre que constantemente vive, ve, oye, sospecha, espera, sueña cosas extraordinarias; alguien al que sus propios pensamientos le golpean como desde fuera, como desde arriba y desde abajo, constituyendo su especie peculiar de acontecimientos y rayos; acaso él mismo sea una tormenta que camina grávida de nuevos rayos; un hombre fatal, rodeado siempre de truenos y gruñidos y aullidos y acontecimientos inquietantes. Un filósofo: ay, un ser que con frecuencia huye de sí mismo, que con frecuencia tiene miedo de sí, pero que es demasiado curioso para no «volver a sí» una y otra vez..."

NIETZSCHE, Más Allá Del Bien y Del Mal, 292



Buena definición para hablar de un buen director de cine, de un autor de sus películas:
Cuando de verdad hay un autor detrás de la cámara es cuando te olvidas de él, porque lo que te está contando está muy entretenido, es inteligente y te conmueve y emociona.

Eduardo Galeano




El Che


Eduardo Galeano



Entrevista



La vida según Galeano
LA BUENA MANIPULACION Por Francisco Ortega


Había escuchado decir que El curioso caso de Benjamín Button equivalía a la carrera de David Fincher lo que El gran pez a la de Tim Burton. Un oasis necesario, un viaje interior, una explosión de emoción y colores, agreguen el adjetivo que quieran. Como aun no la he visto me quedé con la idea. Y en la idea parece ser una buena película, o mejor dicho una película buena, que es parecido pero no lo mismo.

–¡Pamplinas!– se exaltó un amigo, crítico cinematográfico, cuando le hice la comparación. –Vi la película el otro día y es raquítica, debilucha, nada nuevo, solo bonita y con demasiada crema dulce. Tramposa como pocas, charquicán para las masas, gringa como letra de country. Pero a ti te va a gustar porque a ti te gustó El gran pez.
¬–¿Es malo que me haya gustado?
¬–No, pero es inflar algo que no es ni la mitad de bueno de lo que la gente cree.
–No es inflar, es reconocer un valor en una obra más allá de los criterios estéticos. Además el country no es malo, deberías ver Nashville de Robert Altman, entenderías muchas cosas.
Y es verdad, me gustó El gran pez. De hecho me gustó mucho, y por lo mismo estoy conciente de que no es una gran película, está lejos de serlo, pero vaya que tiene momentos perfectos y puñaladas emotivas, pequeños instantes que te arrugan la guata y que en el fondo marcan la diferencia entre una buena película y una película buena, buena de bondadosa. Billy Wilder decía que no existían las películas excelentes, que el cine tenía demasiadas fallas para ser perfecto en 90 minutos, sino los grandes instantes cinematográficos: cada vez estoy más de acuerdo con el viejo. También que el cine (y las artes narrativas en general) debía partir emocionando, no queriendo cambiar al mundo: amén.
–Tal vez El gran pez no sea esa gran obra– continué –pero tiene sentimientos, logra identificarse con su público y eso, en las restas, es una virtud artística más relevante que la calidad narrativa, argumental, vanguardista o lo que quieras.
Tampoco soy ciego, es obvio que cintas como Garden State, On the wild o Juno, están hechas con caramelo, con un oportunismo que en el análisis profundo (grave e insoportable) puede parecer vergonzoso pero que a la larga resulta tan mágico como un beso quinceañero. Pensemos en Pequeña miss sunshine, noventa minutos de lugares comunes del cine indie americano: personajes creados para simpatizar, humor hecho a la medida de Sundance, instantes de calculadora, una banda sonora que te hace latir el corazón en el momento justo y epifanías armadas con moral de autoayuda onda El secreto, por algo a todo el mundo le gustó, porque en su supuesta visión de autor no había más que galletas con leche, o sea papel picado de buenas intenciones, algo que todos necesitamos y que todos queremos oír de vez en cuando.
Hay dos películas que me gustan mucho, Blade Runner y Say Anything, sé que la primera es mejor película, pero si tuviera que elegir una de ellas para llevarme a una isla desierta prefiero lejos la de Cameron Crowe, porque es como irse acompañado de una buena persona. Y un buen tipo es siempre mejor companía que alguien odiosamente inteligente, es cosa de aritmética básica, como la certeza de que una hamburguesa con papas fritas siempre será más rica que el plato más premiado del mejor restaurante de Santiago. Quizás por eso a medida que crecimos cambian tanto nuestros gustos y nos damos cuenta que Darren Aranovski no era tan bueno como pensabamos y que hay más placer en repetirse Breakfast club que Los buenos muchachos o El señor de los anillos. ¿Estoy tan errado? No lo creo, por algo todo Chile lloró con la escena de la sopa en Los 80 y en esos treinta segundos se olvidaron de ese otro fenómeno televisivo del año pasado llamado El señor de la Querencia. Por algo la mejor película de David Lynch no es Terciopelo Azul ni Mullholand Drive sino Una historia sencilla.
–El gran pez, El curioso caso… –bramó mi amigo –y todas las de Cameron Crowe son pura mentira, engaños supuestamente autorales, cuando no son más que acuarelas de naturaleza muerta.
–¿En tu casa no habían de esas acuarelas?
–Si.
–Bueno, ahí tienes tu respuesta.
–Pura manipulación emocional.
–Buena manipulación, que es otro cuento.

El curioso caso de Brad Pitt

El cuento de Fitzgerald, en realidad, fue inspirado por una observación de Mark Twain al que le parecía una pena que la mejor parte de la vida pasara al comienzo, cuando no se sabe apreciarla, y que al final, cuando llega la sabiduría, tenga que ir acompañada por el deterioro físico. Y dice Pitt que esa paradoja lo atrajo al proyecto.

El resto de la historia, muy poética por cierto, lo hace atravesar un par de guerras y navegar por el mundo, aunque sólo sea su cabeza la que asome en las escenas. Por una tecnología que mezcla efectos de computación y fotografía, su cara avejentada fue imprimiéndose en las cabezas de actores niños y adolescentes. "Fincher se las ingenió para tomar algo que parecía potencialmente imposible y convertirlo en algo fantástico", elogia Blanchett.

En cuanto a Brad, que carga sobre sí el estigma de ser considerado uno de los hombres más sexies del mundo, trata de llevar con hidalguía un corte de pelo y unos bigotes que todo el mundo le critica pero que debe preservar porque forman parte de un personaje que está filmando en Alemania bajo las órdenes de Quentin Tarantino. Nada lo deformará más que los efectos especiales en esta película. "Mis hijos venían todo el tiempo al set y me veían disfrazado de viejo, pero nunca se asombraron. Para ellos yo seguía siendo papá", comenta. Y debe reconocer que Shiloh, la beba rubia y angelical que tuvo con Angelina, forma parte de la película como se rumoreaba. "Es una escena en la que reemplazó a una beba a la que le agarró un cólico", explica con cierta resistencia a exponer a su familia.

Y aunque se fueron de la fiesta de los Globos de Oro con las manos vacías cuando ambos estaban nominados para mejor actor y actriz (él por "Benjamin..." y ella por "Changeling"), Brad y Angelina tendrán otra posibilidad el 8 de febrero cuando se entreguen los prestigiosos premios británicos BAFTA, donde ambos mantienen las mismas nominaciones. Y, con un poco de suerte, quizás tengan otra chance más el 22 de febrero durante la entrega del Oscar. Pero todo eso parece banal cuando Brad se encuentra inmerso en inquietudes existenciales. "La película te hace pensar en que la gente se va y te deja, en que eso es inevitable. Y que a veces es necesario perder cosas para valorarlas. El film explora esa idea de que nosotros somos responsables de nuestras vidas y que no hay nadie más a quien culpar", filosofa el actor de moda, casi arquitecto, súper papá.

Wikén

Thursday, January 22, 2009

Cristián Warnken
Jueves 22 de Enero de 2009
O Captain! My Captain!

Todavía resuenan en el aire las palabras del recién asumido Obama, y no puedo dejar de sentir muy cerca la voz, el ritmo embriagador y convocante de Walt Whitman, el más grande poeta norteamericano del siglo XIX. Estamos ya en el siglo XXI, mucha agua y sangre ha corrido bajo el puente desde entonces y toda esperanza parece haber sido condenada a ser sólo una ilusión, y muchos piensan que ya no tenemos derecho a la ilusión y estamos condenados al cinismo. Y por eso es notable que el estilo de Obama rime con la palabra fundacional del poeta de las hojas de hierba. ¿Se equivocó el nuevo Presidente de Estados Unidos de siglo?

¿O ya nada nuevo se puede decir que no sea un "revival"?

¿O la esperanza del hombre ha sido siempre la misma?

Bagdad -la cuna de nuestra civilización- está en ruinas por errores de cálculo; la Franja de Gaza -el lugar donde comenzó la historia de Dios- huele a ceniza y dolor; Nueva York tiene una cicatriz en su centro (las altas torres que ya no están) y nos aprestamos para entrar a un largo "invierno" económico (la metáfora es de G. Washington y la usó Obama en su discurso-poema). Tampoco sabemos si este planeta va a sobrevivir a su autodestrucción. Nunca el hombre ha estado tan en ascuas, parado sobre el abismo de una historia cuyo guión quisiéramos cambiar, como personajes de un drama de Shakespeare que en la penúltima escena balbucean "esto parece la historia contada por un idiota...".

Pero ahí está Obama, como si fuera un sueño del que vamos a despertar, hablándoles a sus compatriotas de "humildad" y fe, invitando al altruismo, convocando otra vez a todos, a los hijos de una misma patria universal común: judíos, musulmanes, cristianos, hindúes, como cuando Whitman lo hacía, en tiempos de la inocencia y la fundación. Todo se cae a pedazos, y Obama no discursea, canta, como si fuera el bardo de un tiempo nuevo que va a nacer bajo nuestros ojos sin que lo hayamos ni siquiera presentido. ¿Será sólo una efusión lírica propia de un cambio de mando, y después vendrá la prosa, la cruda realidad? ¿Too late? ¿Es tarde para invitar al mundo a una cruzada más, si todas las cruzadas del siglo que pasó nos llevaron al despeñadero? ¿Podemos creer en Obama o debemos mirarlo como uno más de los entusiastas políticos de siempre que nos alimentan de retórica y esconden detrás de las mágicas palabras "cambio" y "sueños" la misma y atávica sed de poder?

Quiero creer en ese hombre que acaba de leer su discurso a este mundo cansado, perplejo y lleno de miedo. Quiero creer en esas palabras aladas que salen de su boca y de su sangre ancestral africana. Quiero volver a creer en la grandeza de un líder, quiero sumarme a una muchedumbre que desde Chicago a Kabul, de Nueva York a Bombay comience a caminar con la mirada puesta en un nuevo horizonte. Pero ¿podemos volver a creer?

Obama acaba de hacer una invitación a un pueblo que se olvidó hace mucho de sus orígenes y fuentes, que mastica chicle, engorda y devora todo lo que le dice la televisión. ¿Lo seguirá ese pueblo "elegido" o lo abandonará en medio de la tempestad? Porque habrá que cruzar tempestades impensadas en los próximos meses. Whitman, cuando murió Lincoln (el inspirador de Obama), escribió una elegía fúnebre al gran estadista. Veo la sonrisa serena y pura de Obama, escucho sus palabras casi dichas en trance, desde el corazón, y no puedo dejar de repetir conmigo esos versos de Whitman:

"Oh, capitán, mi capitán/ nuestro terrible viaje ha terminado/el buque ha vencido todos los escollos/ el puerto está cercano/ escucho las campanas/ todo el mundo se entusiasma/(...) pero ¡oh, corazón, corazón, corazón! ¡Oh, las rojas gotas de sangre/ mientras sobre el puente yace mi capitán/ caído, frío y muerto!".

¿Podrá este nuevo capitán llevar este barco cargado de malos presagios a puerto, para que en un futuro que todavía no vemos alguien reescriba esta canción?

Monday, January 19, 2009

Jonathan Rosenbaum

ver acá