entrevista en España
El poder de la palabra
Wikipedia
Otra entrevista
Y otra en El País de España
Wednesday, October 01, 2008
Escritores y sus alter ego detectives
Arthur Conan Doyle: Sherlock Holmes
Edgar Allan Poe: Auguste Dupin
Agatha Cristie o Mary Westmacott (novelas románticas):Hércules Poirot, el pequeño detective belga con su cabeza con forma de huevo y su pasión por el orden
Dashiell Hammett: Sam Spade
Raymond Chandler: Philip Marlowe
Robert Louis Stevenson: Doctor Jeckyl y Mr. Hyde
Roberto Bolaño: Arturo Belano
Manuel Vázquez Montalbán: Carvalho
Ramón Díaz Eterovic: Heredia
OTROS:
Philip Roth: Nathan Zuckerman
Richard Ford: Frank Bascombe
Charles Bukowski: Henry Chinaski
Edgar Allan Poe: Auguste Dupin
Agatha Cristie o Mary Westmacott (novelas románticas):Hércules Poirot, el pequeño detective belga con su cabeza con forma de huevo y su pasión por el orden
Dashiell Hammett: Sam Spade
Raymond Chandler: Philip Marlowe
Robert Louis Stevenson: Doctor Jeckyl y Mr. Hyde
Roberto Bolaño: Arturo Belano
Manuel Vázquez Montalbán: Carvalho
Ramón Díaz Eterovic: Heredia
OTROS:
Philip Roth: Nathan Zuckerman
Richard Ford: Frank Bascombe
Charles Bukowski: Henry Chinaski
J.D Salinger El receptor en el centeno


El escritor invisible. Como debería ser ¿O no?
El receptor en el centeno "The Catcher in the rye"
El Guardían del centeno, el Guardián entre el centeno,El Guardían en el centeno, el cazador oculto (Usted elija)
Wikipedia
Salinger.org (Traducida eso sí)
Aloha criticon
Nueve Cuentos de J.D. Salinger
Páginas personales
Tuesday, September 30, 2008
Lúcida pregunta y Lúcida respuesta
Alan Pauls: -Muchos de los personajes de sus libros son artistas, y casi todos, tarde o temprano, se enfrentan con un problema crucial: cómo el arte puede intervenir en la vida.
Paul Auster: –Creo que lo que me interesa es la imaginación humana: cómo la imaginación crea –literalmente– el mundo. El mundo sólo cobra sentido cuando lo interpretamos, y quizá nadie trabaje tanto como los artistas para interpretarlo, entenderlo y experimentarlo en toda su complejidad. Hará unos diez años encontré una vieja libreta de notas. La había olvidado por completo y de golpe ahí estaba, y la abrí y descubrí dos frases que había escrito a los 19, 20 años: “El mundo está en mi cabeza. Mi cuerpo está en el mundo”. Hoy sigo pensando que así es como vivimos nuestras vidas. Nuestro cuerpo va por el mundo a la deriva, flotando en algo grande, mucho más grande que él, y al mismo tiempo todos estamos aislados, encerrados en nosotros mismos, viviendo una vida puramente interna. Creo que en gran medida escribo sobre eso, sobre esa separación entre el adentro y el afuera, y sobre cómo la gente enfrenta o evita el abismo que hay en el medio. Hay ciertas experiencias que logran acercarlos bastante. No quiero ponerme sentimental, pero creo que el amor es una de ellas. En el amor estamos a la vez adentro y afuera de nosotros mismos; vivimos para y por otra persona, y algo nos empuja a formar parte de lo que nos rodea. Pero comprometerse profundamente con una idea o una causa puede producir el mismo efecto.
Paul Auster: –Creo que lo que me interesa es la imaginación humana: cómo la imaginación crea –literalmente– el mundo. El mundo sólo cobra sentido cuando lo interpretamos, y quizá nadie trabaje tanto como los artistas para interpretarlo, entenderlo y experimentarlo en toda su complejidad. Hará unos diez años encontré una vieja libreta de notas. La había olvidado por completo y de golpe ahí estaba, y la abrí y descubrí dos frases que había escrito a los 19, 20 años: “El mundo está en mi cabeza. Mi cuerpo está en el mundo”. Hoy sigo pensando que así es como vivimos nuestras vidas. Nuestro cuerpo va por el mundo a la deriva, flotando en algo grande, mucho más grande que él, y al mismo tiempo todos estamos aislados, encerrados en nosotros mismos, viviendo una vida puramente interna. Creo que en gran medida escribo sobre eso, sobre esa separación entre el adentro y el afuera, y sobre cómo la gente enfrenta o evita el abismo que hay en el medio. Hay ciertas experiencias que logran acercarlos bastante. No quiero ponerme sentimental, pero creo que el amor es una de ellas. En el amor estamos a la vez adentro y afuera de nosotros mismos; vivimos para y por otra persona, y algo nos empuja a formar parte de lo que nos rodea. Pero comprometerse profundamente con una idea o una causa puede producir el mismo efecto.
Supergrass



Desde aquel casette en vivo que grabé en la concierto de los 90 y desde el video de "Alright" que me gusta esta banda de Oxford. Esas bandas que no le has dicho absolutamente a nadie que te gustan. Es muy extraña esa hueá. Es como un secreto, o algo así.Tal como ahora Arctic Monkeys
Ver acá.
Lastfm.com
Supergrass.com
MÁS:
http://www.strangeones.com/
http://www.childrenofthemonkeybasket.com/
(Hecha por los propios miembros de la banda)
Alan Pauls
Este escritor y crítico de cine argentino fanático de Kafka, Musil y Grombrowicz es un grande
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Radio Montaje
Literatura.org
Wikipedia (bien pobre a decir verdad)
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Música y religión
Ahora Prince testigo de Jehová. ¿Qué onda?
Leonard Cohen y Bob Dylan católicos
Cat Stevens musulmán y Madonna con la cábala judía
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Escritores suicidas
Adolfo Couve, Rodrigo Lira, Pablo de Rocka, David Foster Wallace, Kawabata, Yukio Mishima, Hemingway...
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Cine
Batman: The Dark Knight, de Christopher Nolan Por Alan Pauls
Hitchcock decía que las películas de suspenso eran mejores cuanto más pérfido era el villano. El último Batman de Christopher Nolan le da la razón, y agrega una cláusula especial al axioma: en la saga de los Batman, la villanía de los villanos es proporcional a la rigidez, el nivel de blindaje y la infatuación tecnológica del traje del encapotado. En la película de Tim Burton que inauguró la serie (1989), el traje de Batman estaba lejos de ser ese uniforme tenue y vulnerable, esa convocatoria textil al martirio que había sido en el serial de TV, pero al menos conservaba todavía una cierta dimensión vestimentaria, como de segunda piel; en la de Nolan casi no hay diferencia entre el traje y el batimóvil: la piel ha sucumbido a la corteza, la ropa a la coraza, la moda a la industria del pertrecho militar. En el Batman de Burton, el Guasón era un payaso inverosímil y gritón, todavía calcado de la chispeante caricatura televisiva inventada por César Romero e interpretado por Jack Nicholson, un actor capaz de sobrevivir a todos sus personajes; en el de Nolan, en cambio, es un psicótico sin freno y un situacionista inspirado, un terrorista hipercontemporáneo y un artista callejero, un sádico y un concept manager urbano; y el pobre Heath Ledger, que le puso el cuerpo, se fue con él. Más de uno desechará por frívolas estas consideraciones, comparándolas con la agenda de temas planteada por un Batman narrado sorpresivamente en clave de Derecho. Ya no se trata del equívoco parentesco entre el Hombre Murciélago y el Mal (argumento mítico); se trata de su relación con la Ley, o más bien con la Ilegalidad (argumento jurídico). No sería de extrañar que en el próximo avatar de la serie Batman aparezca en la corte, acusado de violar los derechos humanos y defendido por alguna de esas luminarias que se hacen célebres dando la cara por criminales de guerra o genocidas. En esa línea moral, de todos modos, el film de Nolan, que no es sólo astuto, parece decir lo suyo: si Batman sigue en deuda con la ley por su vocación de clandestinidad, la suerte de su álter ego "legal", el fiscal Harvey Dent, que pasa de paladín jurídico a vengador (y de ahí, convertido en Dos Caras, al Olimpo de los villanos), no resulta menos paradójico. No es en ese plano -actual pero previsible, aggiornado pero periodístico- donde el Batman de Nolan nos interpela de verdad, profundamente. No es en el plano del Bien -legal o ilegal, oficial o paralelo- sino en el del Mal, que brilla y se despliega en alianza con las más poderosas fuerzas artísticas y lo tiñe todo con una especie de tóxica risa nietzscheana.
Batman: The Dark Knight, de Christopher Nolan Por Alan Pauls
Hitchcock decía que las películas de suspenso eran mejores cuanto más pérfido era el villano. El último Batman de Christopher Nolan le da la razón, y agrega una cláusula especial al axioma: en la saga de los Batman, la villanía de los villanos es proporcional a la rigidez, el nivel de blindaje y la infatuación tecnológica del traje del encapotado. En la película de Tim Burton que inauguró la serie (1989), el traje de Batman estaba lejos de ser ese uniforme tenue y vulnerable, esa convocatoria textil al martirio que había sido en el serial de TV, pero al menos conservaba todavía una cierta dimensión vestimentaria, como de segunda piel; en la de Nolan casi no hay diferencia entre el traje y el batimóvil: la piel ha sucumbido a la corteza, la ropa a la coraza, la moda a la industria del pertrecho militar. En el Batman de Burton, el Guasón era un payaso inverosímil y gritón, todavía calcado de la chispeante caricatura televisiva inventada por César Romero e interpretado por Jack Nicholson, un actor capaz de sobrevivir a todos sus personajes; en el de Nolan, en cambio, es un psicótico sin freno y un situacionista inspirado, un terrorista hipercontemporáneo y un artista callejero, un sádico y un concept manager urbano; y el pobre Heath Ledger, que le puso el cuerpo, se fue con él. Más de uno desechará por frívolas estas consideraciones, comparándolas con la agenda de temas planteada por un Batman narrado sorpresivamente en clave de Derecho. Ya no se trata del equívoco parentesco entre el Hombre Murciélago y el Mal (argumento mítico); se trata de su relación con la Ley, o más bien con la Ilegalidad (argumento jurídico). No sería de extrañar que en el próximo avatar de la serie Batman aparezca en la corte, acusado de violar los derechos humanos y defendido por alguna de esas luminarias que se hacen célebres dando la cara por criminales de guerra o genocidas. En esa línea moral, de todos modos, el film de Nolan, que no es sólo astuto, parece decir lo suyo: si Batman sigue en deuda con la ley por su vocación de clandestinidad, la suerte de su álter ego "legal", el fiscal Harvey Dent, que pasa de paladín jurídico a vengador (y de ahí, convertido en Dos Caras, al Olimpo de los villanos), no resulta menos paradójico. No es en ese plano -actual pero previsible, aggiornado pero periodístico- donde el Batman de Nolan nos interpela de verdad, profundamente. No es en el plano del Bien -legal o ilegal, oficial o paralelo- sino en el del Mal, que brilla y se despliega en alianza con las más poderosas fuerzas artísticas y lo tiñe todo con una especie de tóxica risa nietzscheana.
Monday, September 29, 2008
Borges
Del segundo tomo de la edición de Alianza, una muestra de "Fragmentos de un evangelio apócrifo":
18. Los actos de los hombres no merecen ni el fuego ni el cielo.
19. No odies a tu enemigo, porque si lo haces, eres de algún modo su esclavo. Tu odio nunca será mejor que tu paz.
(...)
25. No jures, porque todo juramento es un énfasis.
26. Resiste al mal, pero sin asombro y sin ira. A quien te hiriere en la mejilla derecha, puedes volverle la otra, siempre que no te mueva el temor.
27. Yo no hablo de venganzas ni de perdones; el olvido es la única venganza y el único perdón. Hacer el bien a tu enemigo puede ser obra de justicia y no es arduo; amarlo, tarea de ángeles y no de hombres.
(...)
34. Busca por el agrado de buscar, no por el de encontrar...
35. La puerta es la que elige, no el hombre.
(...)
50. Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor.
51. Felices los felices
18. Los actos de los hombres no merecen ni el fuego ni el cielo.
19. No odies a tu enemigo, porque si lo haces, eres de algún modo su esclavo. Tu odio nunca será mejor que tu paz.
(...)
25. No jures, porque todo juramento es un énfasis.
26. Resiste al mal, pero sin asombro y sin ira. A quien te hiriere en la mejilla derecha, puedes volverle la otra, siempre que no te mueva el temor.
27. Yo no hablo de venganzas ni de perdones; el olvido es la única venganza y el único perdón. Hacer el bien a tu enemigo puede ser obra de justicia y no es arduo; amarlo, tarea de ángeles y no de hombres.
(...)
34. Busca por el agrado de buscar, no por el de encontrar...
35. La puerta es la que elige, no el hombre.
(...)
50. Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor.
51. Felices los felices
Los mexicanos siempre han señalado que el sello de la música chilena es la tristeza y la melancolía. Tienen toda la razón. Desde los Angeles Negros, Lucho Gatica, Violeta Parra, Víctor Jara, la nueva canción chilena, pasando por Los Tres, Los Prisioneros, La ley, Javiera Mena, Los Bunkers. Qué tristes somos.
Quizás la única excepción fue la nueva ola, perp ese fue una generación que hizo algo triste, son letras aparentemente alegres, pero finalmente son tristes.
Quizás la única excepción fue la nueva ola, perp ese fue una generación que hizo algo triste, son letras aparentemente alegres, pero finalmente son tristes.
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