Monday, August 04, 2008
Todos en realidad estamos a punto de enloquecer. A punto. Por eso inventamos ficciones ideológicas como la democracia o los partidos políticos,ficciones morales y éticas como la religión o ficciones existenciales como la autoayuda. Estamos solos y somos títeres del azar. Esa es nuestra suerte y nuestra suerte está echada.
Sunday, August 03, 2008
"El que dijo prefiero ser afortunado a que ser bueno, pensó profundamente sobre la vida". Palabras con que comienza "Match Point" de Woody Allen
La gente a veces no se da cuenta de lo inmenso que no tiene el control. Hay personas que ni siquiera tienen control sobre sí mismos. El azar...el azar...la suerte...la bendición
La gente a veces no se da cuenta de lo inmenso que no tiene el control. Hay personas que ni siquiera tienen control sobre sí mismos. El azar...el azar...la suerte...la bendición
Saturday, August 02, 2008
En la escuela uno se instruye, pero la educación está en la casa. Yo soy lo que soy por mis padres, mis abuelos. Por eso leo, por eso me gusta el cine, por eso me gusta la música, por eso me interesa la cultura y el conocimiento. Me asombra a cada instante este mundo y universo en qué vivimos. Por mi familia. Como dijo Twain, la escuela interrumpió mi educación.
El ser humano emergente
www.patriciamay.cl
Un mundo nuevo está emergiendo y lo hace desde las cenizas del sinsentido, estrés y desencanto, un mundo traído a la manifestación por personas que viven desde la inspiración de su propio sentido y vocación, que anhelan aportar al mundo, que se movilizan entusiastamente por iniciativas positivas desde diversas áreas, como salud, economía, empresas, arte, arquitectura, educación, sicología, organizaciones solidarias, ciencias, energía, desarrollo sustentable, etc. Personas que tienen la certeza de que el mundo puede ser creado y recreado, generando sociedades y culturas más humanas donde encuentre cabida el desarrollo de la sensibilidad y armonía corporal, afectiva, relacional, intelectual y espiritual como una totalidad.
Personas de diversas edades, medios sociales, ideas religiosas o agnósticas, que se sienten impulsadas por un anhelo intangible de autorrealización integral, participación y entrega a un propósito de unidad planetaria, paz y florecimiento mundial, donde los humanos puedan vivir con propósitos mayores que la defensa del propio territorio.
Personas que intuyen que sólo si asumimos nuestra realidad de seres conscientes de existir en un "todo mayor" que nos contiene podremos ser agentes de luz para el planeta y no simples depredadores de recursos.
Personas que se la juegan por generar condiciones que nos permitan vivir en un mundo donde las crueles diferencias y distorsiones de nuestra cultura ya no encuentren lugar.
Personas que concretizan sus inspiraciones en actos, en organizaciones, que utilizan las ventajas de la tecnología para conectarse, para co-inspirar generando uniones creativas que potencien su contribución participando en intereses y propósitos comunes con otros.
Personas de mentalidad pluralista, abierta, no dogmática, integradora de la diversidad, dispuestas a cuestionarse y cambiar, que se abren a las nuevas visiones del conocimiento y a las prácticas que les puedan aportar armonía y serenidad a sus vidas.
Personas con una orientación integral que trabajan con pasión por lo que hacen, pues desde allí significan sus vidas, pero que dan cabida a los distintos aspectos de su ser, que escuchan las necesidades de equilibrio corporal, y al llamado de su alma por contactar con una dimensión interior de sentido, paz y creatividad. Personas que responden a su guía interior por un fuerte contacto con un centro intuitivo profundo que les muestra el camino, les da serenidad y los lleva a vivir en conexión con todos aquellos que en el mundo están despertando y respondiendo a las dinámicas de un nuevo tiempo.
Un mundo nuevo está emergiendo y lo hace desde las cenizas del sinsentido, estrés y desencanto, un mundo traído a la manifestación por personas que viven desde la inspiración de su propio sentido y vocación, que anhelan aportar al mundo, que se movilizan entusiastamente por iniciativas positivas desde diversas áreas, como salud, economía, empresas, arte, arquitectura, educación, sicología, organizaciones solidarias, ciencias, energía, desarrollo sustentable, etc. Personas que tienen la certeza de que el mundo puede ser creado y recreado, generando sociedades y culturas más humanas donde encuentre cabida el desarrollo de la sensibilidad y armonía corporal, afectiva, relacional, intelectual y espiritual como una totalidad.
Personas de diversas edades, medios sociales, ideas religiosas o agnósticas, que se sienten impulsadas por un anhelo intangible de autorrealización integral, participación y entrega a un propósito de unidad planetaria, paz y florecimiento mundial, donde los humanos puedan vivir con propósitos mayores que la defensa del propio territorio.
Personas que intuyen que sólo si asumimos nuestra realidad de seres conscientes de existir en un "todo mayor" que nos contiene podremos ser agentes de luz para el planeta y no simples depredadores de recursos.
Personas que se la juegan por generar condiciones que nos permitan vivir en un mundo donde las crueles diferencias y distorsiones de nuestra cultura ya no encuentren lugar.
Personas que concretizan sus inspiraciones en actos, en organizaciones, que utilizan las ventajas de la tecnología para conectarse, para co-inspirar generando uniones creativas que potencien su contribución participando en intereses y propósitos comunes con otros.
Personas de mentalidad pluralista, abierta, no dogmática, integradora de la diversidad, dispuestas a cuestionarse y cambiar, que se abren a las nuevas visiones del conocimiento y a las prácticas que les puedan aportar armonía y serenidad a sus vidas.
Personas con una orientación integral que trabajan con pasión por lo que hacen, pues desde allí significan sus vidas, pero que dan cabida a los distintos aspectos de su ser, que escuchan las necesidades de equilibrio corporal, y al llamado de su alma por contactar con una dimensión interior de sentido, paz y creatividad. Personas que responden a su guía interior por un fuerte contacto con un centro intuitivo profundo que les muestra el camino, les da serenidad y los lleva a vivir en conexión con todos aquellos que en el mundo están despertando y respondiendo a las dinámicas de un nuevo tiempo.
Marcelo Lillo
por FRANCISCO MOUAT
Aveces uno canta la canción "Resistiré" con la ligereza y la liviandad de no llevar adentro un dolor. Y esta canción del Dúo Dinámico se convierte en una música festiva, cuando en verdad está lejos de serla. ¿Se acuerdan de la letra? "Cuando pierda todas las partidas, cuando duerma con la soledad, cuando se me cierren las salidas, y la noche no me deje en paz. Cuando sienta miedo del silencio, cuando cueste mantenerse en pie, cuando se rebelen los recuerdos, y me pongan contra la pared. Resistiré, erguido frente a todo, me volveré de hierro para endurecer la piel, y aunque los vientos de la vida soplen fuerte, soy como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie".
Buena la letra, ¿verdad? Pero cuando el dolor lo llevas dentro por alguna razón de peso, y sientes que ese peso te hace caer y que cuesta mucho mantenerse en pie, cantar es más difícil, apenas te sale la voz.
Leo una entrevista al escritor chileno Marcelo Lillo en la revista Paula. "Un escritor en la niebla", se titula el artículo, a propósito de que vive en Niebla, en la costa valdiviana, y que no se deja ver prácticamente por nadie, salvo a través de su literatura, que es lo que en verdad importa en este caso. Su libro El fumador y otros relatos es uno de los más potentes que se han publicado en Chile en el último tiempo. Cuentos secos, precisos, al hueso. Sin fuegos artificiales ni idas por las ramas. Cuentos radicales, como la vida de Lillo, que no sabemos si es metáfora o no cuando dice tener una pistola bajo la almohada por si las cosas se complican y tiene que pegarse un balazo.
Después de leer esta entrevista te queda clara la radicalidad del escritor Lillo, su gesto de no hacerle concesiones a nadie. Lillo resiste, como la canción del Dúo Dinámico. Su literatura no está hecha para agradar, ni para ser querido, ni para que hablen bien de él, ni nada. Lo que se diga de él lo tiene sin cuidado. Seguramente es más una impostura que la verdad del fondo de su alma, pero esa impostura a Lillo no le molesta y vaya uno a saber si es una pose o si al tipo de verdad no le entran balas. Dice que no tiene amigos, que nunca los tuvo, que le basta con su mujer y su perra. Eso se llama desapego y sangre fría. Vive hoy austeramente de los premios literarios que se ha ganado por montones, y ésa es parte de su apuesta radical: vivir de lo que escriba y punto.
A una señora del barrio que fue a reclamarle porque no sacaba una rama que había caído en la entrada de su casa después de un temporal argumentando que eso "afeaba la cuadra", Lillo le contestó una pachotada: "Yo no hablo con gente fea". La mujer se quedó de una pieza, y hasta hoy debe comentarles a los que la quieran escuchar el desaire del vecino de más allá, el mismo que sale de casa lo justo y necesario, el escritor al que no le gusta la gente.
Su cuento Hielo, que abre el volumen, te recorre como un escalofrío de punta a punta, y tiene que ver con la muerte de su madre adoptiva en una cama de la casa. Su otra mamá, la carnal, la que lo dio en adopción, es protagonista de otro cuento implacable llamado Cita, que narra cuando ella lo llamó para conocerlo y se vieron. Lillo tenía entonces 45 años de edad. Ahora tiene cincuenta, lo publicaron en España, lo publicaron en Chile, lo van a seguir publicando, seguro va a ser leído en muchos idiomas, y de él quedarán cuentos magistrales escritos con la intensidad y el talento de Chéjov, de Raymond Carver, de Hemingway. Fue Hemingway, justamente, quien se refirió una vez a lo que había detrás de la buena literatura: "El trabajo de un escritor es contar la verdad. Su estándar de fidelidad con la verdad debería ser tan alto que su invención, a partir de su experiencia, debería producir un registro aún más verdadero que cualquier cosa factual". Eso le pasa a uno leyendo a Lillo, un notable escritor.
Aveces uno canta la canción "Resistiré" con la ligereza y la liviandad de no llevar adentro un dolor. Y esta canción del Dúo Dinámico se convierte en una música festiva, cuando en verdad está lejos de serla. ¿Se acuerdan de la letra? "Cuando pierda todas las partidas, cuando duerma con la soledad, cuando se me cierren las salidas, y la noche no me deje en paz. Cuando sienta miedo del silencio, cuando cueste mantenerse en pie, cuando se rebelen los recuerdos, y me pongan contra la pared. Resistiré, erguido frente a todo, me volveré de hierro para endurecer la piel, y aunque los vientos de la vida soplen fuerte, soy como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie".
Buena la letra, ¿verdad? Pero cuando el dolor lo llevas dentro por alguna razón de peso, y sientes que ese peso te hace caer y que cuesta mucho mantenerse en pie, cantar es más difícil, apenas te sale la voz.
Leo una entrevista al escritor chileno Marcelo Lillo en la revista Paula. "Un escritor en la niebla", se titula el artículo, a propósito de que vive en Niebla, en la costa valdiviana, y que no se deja ver prácticamente por nadie, salvo a través de su literatura, que es lo que en verdad importa en este caso. Su libro El fumador y otros relatos es uno de los más potentes que se han publicado en Chile en el último tiempo. Cuentos secos, precisos, al hueso. Sin fuegos artificiales ni idas por las ramas. Cuentos radicales, como la vida de Lillo, que no sabemos si es metáfora o no cuando dice tener una pistola bajo la almohada por si las cosas se complican y tiene que pegarse un balazo.
Después de leer esta entrevista te queda clara la radicalidad del escritor Lillo, su gesto de no hacerle concesiones a nadie. Lillo resiste, como la canción del Dúo Dinámico. Su literatura no está hecha para agradar, ni para ser querido, ni para que hablen bien de él, ni nada. Lo que se diga de él lo tiene sin cuidado. Seguramente es más una impostura que la verdad del fondo de su alma, pero esa impostura a Lillo no le molesta y vaya uno a saber si es una pose o si al tipo de verdad no le entran balas. Dice que no tiene amigos, que nunca los tuvo, que le basta con su mujer y su perra. Eso se llama desapego y sangre fría. Vive hoy austeramente de los premios literarios que se ha ganado por montones, y ésa es parte de su apuesta radical: vivir de lo que escriba y punto.
A una señora del barrio que fue a reclamarle porque no sacaba una rama que había caído en la entrada de su casa después de un temporal argumentando que eso "afeaba la cuadra", Lillo le contestó una pachotada: "Yo no hablo con gente fea". La mujer se quedó de una pieza, y hasta hoy debe comentarles a los que la quieran escuchar el desaire del vecino de más allá, el mismo que sale de casa lo justo y necesario, el escritor al que no le gusta la gente.
Su cuento Hielo, que abre el volumen, te recorre como un escalofrío de punta a punta, y tiene que ver con la muerte de su madre adoptiva en una cama de la casa. Su otra mamá, la carnal, la que lo dio en adopción, es protagonista de otro cuento implacable llamado Cita, que narra cuando ella lo llamó para conocerlo y se vieron. Lillo tenía entonces 45 años de edad. Ahora tiene cincuenta, lo publicaron en España, lo publicaron en Chile, lo van a seguir publicando, seguro va a ser leído en muchos idiomas, y de él quedarán cuentos magistrales escritos con la intensidad y el talento de Chéjov, de Raymond Carver, de Hemingway. Fue Hemingway, justamente, quien se refirió una vez a lo que había detrás de la buena literatura: "El trabajo de un escritor es contar la verdad. Su estándar de fidelidad con la verdad debería ser tan alto que su invención, a partir de su experiencia, debería producir un registro aún más verdadero que cualquier cosa factual". Eso le pasa a uno leyendo a Lillo, un notable escritor.
Thursday, July 31, 2008
Wednesday, July 30, 2008
Gen Mishima
"Gen Mishima no es un obra de arte, pero tampoco es un bodrio. Es ambiciosa y parece estar dirigida sólo a nerds, geeks y frikis. Es una apuesta arriesgada en una TV poblada de series y programas hechos por gente que no creció viendo televisión, lo que se agradece. Los comentarios previos decían que era como "Héroes", pero no. No sé. Te llena de preguntas, pero te engancha. Está claramente dirigida a los nerds, pero es entretenida también".
Su página
El Gen Mishima, the movie. O.K confusa, pero puta que es engrupida y ambiciosa, lo que se agradece. Con una buena idea detrás puede convertirse en un Watchmen. La serie como punto de partida a una realidad alternativa, unos Días del Futuro Presente. FRANCISCO ORTEGA
La guerra secreta de Santiago de Chile POR DANIEL VILLALOBOS
He visto dos episodios de Gen Mishima y debo decir que la cosa pinta buena. ¿Cuánta fe le tenía a la serie? En base a su publicidad, nada. Okey, una versión local de Héroes, pensé la primera vez que vi la sinopsis.
Pero Gen Mishima se parece más a viejos productos locales que a producciones gringas. Es más La Dama del Balcón que HBO. Quienes la han pelado alegando que la trama es confusa, que la narración es floja, que los diálogos son acartonados y que es un refrito sin mucho jugo aciertan y yerran al mismo tiempo. Lo importante en Gen Mishima, me parece, no es la historia ni la pretensión de darle pasado y contexto a sus personajes, sino los guiños que la serie le hace a su entorno.
Tenemos un héroe periodista -interpretado por el gran Cristián Carvajal, que hace un par de años brilló en la obra teatral Rey Planta-, pero no es el intrépido reportero curtido de FOX o Sony Channel. Fuma demasiado, se emborracha, es inepto, habla más de la cuenta, se mueve a ciegas. Un típico héroe chileno, más emparentado con los pobres diablos citadinos de José Donoso y Jorge Edwards que con los carilindos que denuncian conspiraciones armados sólo con su laptop y su Blackberry.
Y tenemos la ciudad. Poca suerte ha corrido Santiago a la hora de ser retratada en nuestro cine y aún menos en televisión (aunque hayan excepciones dignas de mención, como la cuasi-olvidada Brigada Escorpión) y es interesante verla por fin desplegada en algunas de las escenas de Gen Mishima, una serie donde casi todo lo importante pasa de noche y a puertas cerradas.
La idea del colegio de niños superdotados/proyecto secreto/abusos a menores evoca memorias que hasta ahora no habíamos visto cruzadas en la ficción nacional. Villa Baviera de la mano con Villa Los Aromos, ecos de La Dama del Balcón y sus proyectos genéticos cruzados con una versión mutante de De Cara al Mañana, junto con la recuperada figura del niño-genio, el niño-símbolo, ya sea la pequeñita lisiada de la Teletón o el inefable Emilio Antilef. Los niños que nos sonreían desde la pantalla ahora crecieron y están enojados y en el medio, miren por dónde, reaparece la figura del director-gurú de colegio especial, aquel cliché tan ochentero, tan ligado a esos años donde nos llenamos de fórmulas mágicas para alcanzar la meta saltándonos la fila.
Otro detalle: el afiche podrá sugerir a los metahumanos de Héroes, pero la conspiración anunciada en la serie huele a pura y destilada paranoia nacional. No necesitamos traer de vuelta a los Expedientes Secretos X o a Millennium para facturar sagas de complots y conjuras, sobre todo en un país que nació a la sombra de la Logia Lautarina, que conoce tragedias de la talla de Santa María de Iquique y el Seguro Obrero y que sigue sin ponerse de acuerdo sobre la historia nacional de los últimos treinta años.
Para complicar las cosas, ahora resulta que los policías de Investigaciones son los buenos. Pero no cualquier departamento de la institución, sino la brigada del Cibercrimen, los chicos nuevos no contaminados por la historia pasada y que de hecho son apenas algo más jóvenes que los muchachos que persiguen.
Me llama la atención Gen Mishima. Es curioso, también, porque a mí y a otros que la han visto nos pasa exactamente lo mismo: no nos interesa la historia. No nos seduce ni nos envuelve. Nos gustan los flecos, las alusiones a toda la chatarra que nos rodeó en nuestra niñez, desde los pergaminos de Og Mandino hasta los libros “testimoniales” de Yosip Ibraim y sus paseos a Ganímedes. Más curioso aún: la serie habla del presente y de un supuesto futuro, pero lo que la hace valiosa es su astuta conexión con el pasado nacional.
Ahora veamos qué hace con todo eso.
Su página
El Gen Mishima, the movie. O.K confusa, pero puta que es engrupida y ambiciosa, lo que se agradece. Con una buena idea detrás puede convertirse en un Watchmen. La serie como punto de partida a una realidad alternativa, unos Días del Futuro Presente. FRANCISCO ORTEGA
La guerra secreta de Santiago de Chile POR DANIEL VILLALOBOS
He visto dos episodios de Gen Mishima y debo decir que la cosa pinta buena. ¿Cuánta fe le tenía a la serie? En base a su publicidad, nada. Okey, una versión local de Héroes, pensé la primera vez que vi la sinopsis.
Pero Gen Mishima se parece más a viejos productos locales que a producciones gringas. Es más La Dama del Balcón que HBO. Quienes la han pelado alegando que la trama es confusa, que la narración es floja, que los diálogos son acartonados y que es un refrito sin mucho jugo aciertan y yerran al mismo tiempo. Lo importante en Gen Mishima, me parece, no es la historia ni la pretensión de darle pasado y contexto a sus personajes, sino los guiños que la serie le hace a su entorno.
Tenemos un héroe periodista -interpretado por el gran Cristián Carvajal, que hace un par de años brilló en la obra teatral Rey Planta-, pero no es el intrépido reportero curtido de FOX o Sony Channel. Fuma demasiado, se emborracha, es inepto, habla más de la cuenta, se mueve a ciegas. Un típico héroe chileno, más emparentado con los pobres diablos citadinos de José Donoso y Jorge Edwards que con los carilindos que denuncian conspiraciones armados sólo con su laptop y su Blackberry.
Y tenemos la ciudad. Poca suerte ha corrido Santiago a la hora de ser retratada en nuestro cine y aún menos en televisión (aunque hayan excepciones dignas de mención, como la cuasi-olvidada Brigada Escorpión) y es interesante verla por fin desplegada en algunas de las escenas de Gen Mishima, una serie donde casi todo lo importante pasa de noche y a puertas cerradas.
La idea del colegio de niños superdotados/proyecto secreto/abusos a menores evoca memorias que hasta ahora no habíamos visto cruzadas en la ficción nacional. Villa Baviera de la mano con Villa Los Aromos, ecos de La Dama del Balcón y sus proyectos genéticos cruzados con una versión mutante de De Cara al Mañana, junto con la recuperada figura del niño-genio, el niño-símbolo, ya sea la pequeñita lisiada de la Teletón o el inefable Emilio Antilef. Los niños que nos sonreían desde la pantalla ahora crecieron y están enojados y en el medio, miren por dónde, reaparece la figura del director-gurú de colegio especial, aquel cliché tan ochentero, tan ligado a esos años donde nos llenamos de fórmulas mágicas para alcanzar la meta saltándonos la fila.
Otro detalle: el afiche podrá sugerir a los metahumanos de Héroes, pero la conspiración anunciada en la serie huele a pura y destilada paranoia nacional. No necesitamos traer de vuelta a los Expedientes Secretos X o a Millennium para facturar sagas de complots y conjuras, sobre todo en un país que nació a la sombra de la Logia Lautarina, que conoce tragedias de la talla de Santa María de Iquique y el Seguro Obrero y que sigue sin ponerse de acuerdo sobre la historia nacional de los últimos treinta años.
Para complicar las cosas, ahora resulta que los policías de Investigaciones son los buenos. Pero no cualquier departamento de la institución, sino la brigada del Cibercrimen, los chicos nuevos no contaminados por la historia pasada y que de hecho son apenas algo más jóvenes que los muchachos que persiguen.
Me llama la atención Gen Mishima. Es curioso, también, porque a mí y a otros que la han visto nos pasa exactamente lo mismo: no nos interesa la historia. No nos seduce ni nos envuelve. Nos gustan los flecos, las alusiones a toda la chatarra que nos rodeó en nuestra niñez, desde los pergaminos de Og Mandino hasta los libros “testimoniales” de Yosip Ibraim y sus paseos a Ganímedes. Más curioso aún: la serie habla del presente y de un supuesto futuro, pero lo que la hace valiosa es su astuta conexión con el pasado nacional.
Ahora veamos qué hace con todo eso.
Tuesday, July 29, 2008
Gulliver
Somos títeres, los humanos somos conejillos de indias. Conversación de Jaime Lorca con el Mercurio de Valparaíso sobre obra “Gulliver”
-"Gulliver" se entiende entonces como una continuación de tu trabajo en esa compañía.
"Es el mismo trabajo, porque es lo que yo sé hacer, y entre otras cosas está presente nuevamente el tema del viaje, donde se plantea la evolución humana de alguien que se va encontrando en diferentes etapas de su vida con obstáculos, acertijos y amores".
-Me imagino que por parte del público hubo comentarios comparativos en relación a lo que habías hecho antes.
"Hemos recibido comentarios muy buenos y la vivencia más elocuente es que el público llena las salas. Lo que sí me ha llamado la atención es que la gente hable de cierta ternura en la obra, y eso me interesa mucho, porque es un sentimiento muy noble, ya que uno siempre siente ternura por otro, no por uno, es algo solidario, y que la ternura inunde la sala me hace sentir recompensado, ahí uno le encuentra sentido a lo que hace".
-¿Y por qué escogiste esta obra?
"Para mí el teatro es un tema de obsesiones y el punto de partida de este proyecto es la imagen de ese gigante amarrado, que la tengo desde pequeño y representa todo un enigma, porque él se puede desamarrar en cualquier momento y ser libre. Ahí me cuestiono la problemática de la libertad individual, que se presenta como un abismo y a veces es preferible tener una pequeña celda que te acote. Ese tipo de problemáticas son las que me interesan ahora, ya que soy un actor que ha pasado la Línea del Ecuador de la vida".
-Swift escribió esta obra como una sátira social y política, ¿ese tópico también te interesaba?
"La novela es una sátira social y política cruel, que por cierto tiene una gran vigencia, ya que Swift presenta una visión desencantada de la sociedad que 300 años después sigue igual, ya que en cierta forma Lilliput es un poco como Chile. Eso está presente en la obra, pero en un grado menor. Aquí las marionetas no juegan a ser muñecos, sino que son seres humanos que gozan de nuestra complejidad, con sus diálogos y sus problemas".
En Wikipedia
Los viajes de Gulliver (1726) es una novela satírica de Jonathan Swift. Presentándose como el "Dr. Lemuel Gulliver", pretendió divulgar sus viajes en los que se encuentra con una serie de culturas extrañas. Este estilo literario de la divulgación de viajes era común en ese entonces, incluyendo la invención de culturas extrañas y "salvajes", diseñadas deliberadamente para remover las conciencias de los británicos de la época. El viaje a varias naciones lejanas del mundo del cirujano inglés Lemuel Gulliver, se toma a veces como historia para niños. Sin embargo, se trata de una de las obras de sátira política más importantes de la historia. Anticipó muchas discusiones actuales sobre la filosofía de la ciencia, la búsqueda de la inmortalidad humana, y los derechos de los animales.
Argumento
Lilliput, la primera parte, se refiere a la aventura supuesta de Gulliver en una tierra donde todo mide la doceava parte que en nuestro mundo, con pequeñas preocupaciones diarias pero relativamente con mucha moralidad, temerosos de Dios y honestos, como el estereotipo de los ingleses de aquel tiempo. Es esencialmente una utopía que Gulliver se ve obligado a proteger, actuando como un gigante militar invencible. Se piensa que idealizaba así el papel de Gran Bretaña como la potencia marítima mundial.
Brobdingnag, la segunda parte, lleva a Gulliver a un reino de gigantes doce veces mayor que el nuestro y donde la gente es codiciosa, reflejando a la aristocracia británica.
Los viajes a Laputa, Balnibarbi, Luggnagg, Glubbdubdrib y Japón son relatados en el tercer libro. En Laputa satiriza a la Royal Society. En Balnibarbi critica la administración británica en Irlanda. En Luggnagg encuentra a los inmortales, haciendo un alegato en contra de los supuestos beneficios de dicha condición.
Houyhnhnm, el libro final, cuenta la historia del autor entre una raza de caballos nobles e inteligentes, una sociedad pacífica e ideal. Frente a ellos están los yahoos, que plagan el campo y que son un sátira de la raza humana. Los caballos están asombrados de encontrar un yahoo culto. Gulliver, tras ser desterrado de esa isla, vuelve contra su voluntad a Inglaterra y aplica las lecciones de virtud que aprendió entre los Houyhnhnms. A su llegada, apenas logra soportar el asco que le produce su familia yahoo y se siente más cómodo con un par de caballos que compra, a los que considera sus únicos amigos, aislándose de la sociedad de yahoos ingleses, la cual desprecia.
-"Gulliver" se entiende entonces como una continuación de tu trabajo en esa compañía.
"Es el mismo trabajo, porque es lo que yo sé hacer, y entre otras cosas está presente nuevamente el tema del viaje, donde se plantea la evolución humana de alguien que se va encontrando en diferentes etapas de su vida con obstáculos, acertijos y amores".
-Me imagino que por parte del público hubo comentarios comparativos en relación a lo que habías hecho antes.
"Hemos recibido comentarios muy buenos y la vivencia más elocuente es que el público llena las salas. Lo que sí me ha llamado la atención es que la gente hable de cierta ternura en la obra, y eso me interesa mucho, porque es un sentimiento muy noble, ya que uno siempre siente ternura por otro, no por uno, es algo solidario, y que la ternura inunde la sala me hace sentir recompensado, ahí uno le encuentra sentido a lo que hace".
-¿Y por qué escogiste esta obra?
"Para mí el teatro es un tema de obsesiones y el punto de partida de este proyecto es la imagen de ese gigante amarrado, que la tengo desde pequeño y representa todo un enigma, porque él se puede desamarrar en cualquier momento y ser libre. Ahí me cuestiono la problemática de la libertad individual, que se presenta como un abismo y a veces es preferible tener una pequeña celda que te acote. Ese tipo de problemáticas son las que me interesan ahora, ya que soy un actor que ha pasado la Línea del Ecuador de la vida".
-Swift escribió esta obra como una sátira social y política, ¿ese tópico también te interesaba?
"La novela es una sátira social y política cruel, que por cierto tiene una gran vigencia, ya que Swift presenta una visión desencantada de la sociedad que 300 años después sigue igual, ya que en cierta forma Lilliput es un poco como Chile. Eso está presente en la obra, pero en un grado menor. Aquí las marionetas no juegan a ser muñecos, sino que son seres humanos que gozan de nuestra complejidad, con sus diálogos y sus problemas".
En Wikipedia
Los viajes de Gulliver (1726) es una novela satírica de Jonathan Swift. Presentándose como el "Dr. Lemuel Gulliver", pretendió divulgar sus viajes en los que se encuentra con una serie de culturas extrañas. Este estilo literario de la divulgación de viajes era común en ese entonces, incluyendo la invención de culturas extrañas y "salvajes", diseñadas deliberadamente para remover las conciencias de los británicos de la época. El viaje a varias naciones lejanas del mundo del cirujano inglés Lemuel Gulliver, se toma a veces como historia para niños. Sin embargo, se trata de una de las obras de sátira política más importantes de la historia. Anticipó muchas discusiones actuales sobre la filosofía de la ciencia, la búsqueda de la inmortalidad humana, y los derechos de los animales.
Argumento
Lilliput, la primera parte, se refiere a la aventura supuesta de Gulliver en una tierra donde todo mide la doceava parte que en nuestro mundo, con pequeñas preocupaciones diarias pero relativamente con mucha moralidad, temerosos de Dios y honestos, como el estereotipo de los ingleses de aquel tiempo. Es esencialmente una utopía que Gulliver se ve obligado a proteger, actuando como un gigante militar invencible. Se piensa que idealizaba así el papel de Gran Bretaña como la potencia marítima mundial.
Brobdingnag, la segunda parte, lleva a Gulliver a un reino de gigantes doce veces mayor que el nuestro y donde la gente es codiciosa, reflejando a la aristocracia británica.
Los viajes a Laputa, Balnibarbi, Luggnagg, Glubbdubdrib y Japón son relatados en el tercer libro. En Laputa satiriza a la Royal Society. En Balnibarbi critica la administración británica en Irlanda. En Luggnagg encuentra a los inmortales, haciendo un alegato en contra de los supuestos beneficios de dicha condición.
Houyhnhnm, el libro final, cuenta la historia del autor entre una raza de caballos nobles e inteligentes, una sociedad pacífica e ideal. Frente a ellos están los yahoos, que plagan el campo y que son un sátira de la raza humana. Los caballos están asombrados de encontrar un yahoo culto. Gulliver, tras ser desterrado de esa isla, vuelve contra su voluntad a Inglaterra y aplica las lecciones de virtud que aprendió entre los Houyhnhnms. A su llegada, apenas logra soportar el asco que le produce su familia yahoo y se siente más cómodo con un par de caballos que compra, a los que considera sus únicos amigos, aislándose de la sociedad de yahoos ingleses, la cual desprecia.
Monday, July 28, 2008
"Tenemos que ser la lluvia que saque desde la aridez nuestra belleza", poeta atacameño en pleno Desierto de Atacama, donde el desierto florece.
Encontré como justa su frase, conceptual, completamente ajustada al tiempo y al lugar en donde estábamos... y a los pasteles que hacíamos presencia en ese atardecer lleno de marihuana, cerveza y mucho, mucho vino. Ah! y una locomotora que pasó cuando caía la noche.
Encontré como justa su frase, conceptual, completamente ajustada al tiempo y al lugar en donde estábamos... y a los pasteles que hacíamos presencia en ese atardecer lleno de marihuana, cerveza y mucho, mucho vino. Ah! y una locomotora que pasó cuando caía la noche.
Maletas
FRANCISCO MOUAT
No recuerdo haber ido antes a un remate en toda mi vida. Sé que hay gente que se la pasa metida en ellos aprovechando oportunidades, levantando la mano al mejor postor o simplemente curioseando. Los hay de pinturas, de antigüedades, de sitios, parcelas y casas hipotecadas que se dejan de pagar. Lo que no sabía era que también se podían rematar maletas y bolsos cerrados que nunca se reclamaron en el aeropuerto, y que después de varios meses una línea aérea decidió eliminar para siempre de sus bodegas.
Mi amiga Daniela me escribió hace más de un mes alertando del remate que se venía. Cientos de maletas cerradas se liquidarían al mejor postor el martes 15 de julio a las nueve de la mañana en un local de la comuna de Pudahuel. Postura mínima por lote: mil pesos. ¿Te interesa? Por supuesto que sí. Picamos los dos. Sacamos cuentas, y dijimos que cada uno estaba dispuesto a poner hasta cuarenta mil pesos para rematar un lote de cinco o diez maletas. La idea era llevarnos las maletas a un sitio donde, tranquilamente, las fuéramos abriendo y exponiéndonos a la sorpresa. La magia consistía en entrar en la intimidad de un desconocido. Sacar afuera los calcetines sucios y la ropa interior en busca de un tesoro impensable: un diario de vida, un álbum de fotos, cartas de amor, una novela a medio terminar, algún objeto indescifrable. (Después sabríamos que entre las ropas sucias aparecieron muñecas inflables y relojes de oro.)
Entre los dos, con la Daniela, juntábamos ochenta lucas. No era demasiado, ¿alcanzaría para algo? El problema fue, para variar, el ruido: lo que suponíamos un dato guardado con celo se convirtió de pronto en noticia pública y curiosa. Y hasta los noticiarios de televisión se encargaron de vociferar el remate. El día anterior se anunció con bombos y platillos, y otro amigo, Patricio, se sumó a la caravana. Aportaba cuarenta mil pesos más, y me esperaba a las ocho de la mañana del martes 15 en su casa. Ya éramos tres, y teníamos en el bolsillo ciento veinte mil pesos para rematar un lote. Empezamos a soñar, a discutir incluso cómo abriríamos las maletas que estuvieran con candado o con clave, y si nos cabrían todas en el auto.
Llegamos a la hora señalada a La Estrella 962, y estacionarse ya fue un tema. Parecía la antesala de un partido de fútbol. Cientos de personas entraban al lugar y repletaban una multicancha donde, en el centro, un martillero joven y terneado, premunido de micrófono y martillo, empezaba el remate de los lotes que se habían mostrado el día anterior, y que nosotros por supuesto no habíamos tenido el cuidado de ir a ver. Preferíamos la magia de lo desconocido, hacerlo a ojos cerrados, llevarnos a casa un botín que, tal vez, al terminar la jornada, no fuera más que un cerro de ropa y bagatelas sin traducción posible.
Los primeros lotes dieron la pauta de lo que venía: dos carpas más artículos de "difícil detalle" fueron rematados en cien mil pesos. El público de la comuna empezó a quejarse a viva voz. "Déjenle algo a los pobres, a nosotros", gritaba uno, encaramado en un aro de básquetbol, furioso con los imperturbables sujetos que una y otra vez levantaban sus manos y se adjudicaban lotes a ciento cincuenta, doscientos y hasta trescientos mil pesos. No había cómo competir. Y los nombres se repetían, iban forrados en plata con la idea de hacer un negocio.
Nada se perdía: cinco peluches y un sombrero mexicano se remataron en sesenta mil pesos. A nosotros nos interesaban las maletas, que no bajaban de trescientos mil pesos cada lote. El martillero remataba y remataba, y los pobres, que al igual que uno pecaban de ingenuidad y querían llevarse un turro de bolsos por unas pocas lucas, fueron rindiéndose a la evidencia: el mejor postor siempre tenía más plata que uno. Es la ley de la vida. Abandonamos el local cuando remataban el lote número cien, y antes hablamos con un señor que se había adjudicado ya tres lotes. Le dejamos un número telefónico, para que nos llamara y contara qué había dentro de sus maletas. Todavía esperamos que suene el teléfono.
No recuerdo haber ido antes a un remate en toda mi vida. Sé que hay gente que se la pasa metida en ellos aprovechando oportunidades, levantando la mano al mejor postor o simplemente curioseando. Los hay de pinturas, de antigüedades, de sitios, parcelas y casas hipotecadas que se dejan de pagar. Lo que no sabía era que también se podían rematar maletas y bolsos cerrados que nunca se reclamaron en el aeropuerto, y que después de varios meses una línea aérea decidió eliminar para siempre de sus bodegas.
Mi amiga Daniela me escribió hace más de un mes alertando del remate que se venía. Cientos de maletas cerradas se liquidarían al mejor postor el martes 15 de julio a las nueve de la mañana en un local de la comuna de Pudahuel. Postura mínima por lote: mil pesos. ¿Te interesa? Por supuesto que sí. Picamos los dos. Sacamos cuentas, y dijimos que cada uno estaba dispuesto a poner hasta cuarenta mil pesos para rematar un lote de cinco o diez maletas. La idea era llevarnos las maletas a un sitio donde, tranquilamente, las fuéramos abriendo y exponiéndonos a la sorpresa. La magia consistía en entrar en la intimidad de un desconocido. Sacar afuera los calcetines sucios y la ropa interior en busca de un tesoro impensable: un diario de vida, un álbum de fotos, cartas de amor, una novela a medio terminar, algún objeto indescifrable. (Después sabríamos que entre las ropas sucias aparecieron muñecas inflables y relojes de oro.)
Entre los dos, con la Daniela, juntábamos ochenta lucas. No era demasiado, ¿alcanzaría para algo? El problema fue, para variar, el ruido: lo que suponíamos un dato guardado con celo se convirtió de pronto en noticia pública y curiosa. Y hasta los noticiarios de televisión se encargaron de vociferar el remate. El día anterior se anunció con bombos y platillos, y otro amigo, Patricio, se sumó a la caravana. Aportaba cuarenta mil pesos más, y me esperaba a las ocho de la mañana del martes 15 en su casa. Ya éramos tres, y teníamos en el bolsillo ciento veinte mil pesos para rematar un lote. Empezamos a soñar, a discutir incluso cómo abriríamos las maletas que estuvieran con candado o con clave, y si nos cabrían todas en el auto.
Llegamos a la hora señalada a La Estrella 962, y estacionarse ya fue un tema. Parecía la antesala de un partido de fútbol. Cientos de personas entraban al lugar y repletaban una multicancha donde, en el centro, un martillero joven y terneado, premunido de micrófono y martillo, empezaba el remate de los lotes que se habían mostrado el día anterior, y que nosotros por supuesto no habíamos tenido el cuidado de ir a ver. Preferíamos la magia de lo desconocido, hacerlo a ojos cerrados, llevarnos a casa un botín que, tal vez, al terminar la jornada, no fuera más que un cerro de ropa y bagatelas sin traducción posible.
Los primeros lotes dieron la pauta de lo que venía: dos carpas más artículos de "difícil detalle" fueron rematados en cien mil pesos. El público de la comuna empezó a quejarse a viva voz. "Déjenle algo a los pobres, a nosotros", gritaba uno, encaramado en un aro de básquetbol, furioso con los imperturbables sujetos que una y otra vez levantaban sus manos y se adjudicaban lotes a ciento cincuenta, doscientos y hasta trescientos mil pesos. No había cómo competir. Y los nombres se repetían, iban forrados en plata con la idea de hacer un negocio.
Nada se perdía: cinco peluches y un sombrero mexicano se remataron en sesenta mil pesos. A nosotros nos interesaban las maletas, que no bajaban de trescientos mil pesos cada lote. El martillero remataba y remataba, y los pobres, que al igual que uno pecaban de ingenuidad y querían llevarse un turro de bolsos por unas pocas lucas, fueron rindiéndose a la evidencia: el mejor postor siempre tenía más plata que uno. Es la ley de la vida. Abandonamos el local cuando remataban el lote número cien, y antes hablamos con un señor que se había adjudicado ya tres lotes. Le dejamos un número telefónico, para que nos llamara y contara qué había dentro de sus maletas. Todavía esperamos que suene el teléfono.
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