Si quitáis de los corazones el amor a lo bello, quitaréis todo el encanto de vivir.
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Los temores, las sospechas, la frialdad, la reserva, el odio, la traición, se esconden frecuentemente bajo ese velo uniforme y pérfido de la cortesía.
Más frases sobre: Cortesía
Thursday, July 26, 2007
Wednesday, July 25, 2007
Mi vida sin mí Sarah Polley
Por las venas de los adictos al cine corre un líquido rojo y espeso: se llama curiosidad. Como en la vida, el espectador acude a un encuentro, cargado de preguntas, intentando resolver ciertos misterios de la existencia y los sentimientos. "Mi vida sin mí" es una invasión de respuestas. Conmovedora hasta el aliento, hermosísima de principio a fin, la historia de esta joven que exprime la vida ocultando al mundo su destino es un deslumbrante ejercicio de sutileza, un impagable despliegue de emociones sin parangón en el cine reciente. Puede que no sea un film perfecto, pero la cámara de Coixet y la actuación de Polley -la mejor interpretación femenina que este cronista ha visto en años- consiguen una intensidad y un realismo que traspasa el tiempo e inunda el corazón... y tan grabada queda que su recuerdo se hace melancólicamente imprescindible. (Pablo Kurt: FILMAFFINITY)----------------------------------------
"Coixet seduce y hace llorar (...) palabras e imágenes se complementan fraternalmente, te meten dentro, te solidarizan con el hermoso ritual de una despedida tan realista como poética, tan lúcida como emotiva. 'Mi vida sin Mí' regala ozono, supone un acto de afirmación en la puta vida." (Carlos Boyero: Diario El Mundo)----------------------------------------"Bello y conmovedor melodrama (...) los intérpretes son más que una decena de magníficos rostros, son un todo, un prodigio de unidad colectiva, de delicada interacción." (Ángel Fdez. Santos: Diario El País)----------------------------------------"Una obra liberadora, sensibilísima, de una reparadora tristeza." (Oti Rodríguez Marchante: Diario ABC)----------------------------------------"Isabel Coixet evita los elementos más sensibleros para convertirla en una historia genuinamente emotiva e inspiradora (...) La delicadeza con que está llevada y la maravillosa actuación de la protagonista aseguran el éxito más allá de cualquier perspectiva" (David Stratton: Variety)----------------------------------------"Pertenece a ese tipo de historias que nunca se olvidan y que deberíamos recomendarnos a nosotros mismos y a nuestros seres queridos. Ayuda a entender el misterio de la vida. La vida absurda, la vida breve, la vida aparcada en la roulotte de los sueños." (Ramón Reboiras: Cinemanía)----------------------------------------"Coixet logra un equilibrio perfecto (...) No es ajeno al resultado un sólido reparto, del que emerge una actriz portentosa, Sarah Polley, capaz de resultar a la vez cotidiana y excepcional." (Lluis Bonet: Diario La Vanguardia)----------------------------------------
"Coixet seduce y hace llorar (...) palabras e imágenes se complementan fraternalmente, te meten dentro, te solidarizan con el hermoso ritual de una despedida tan realista como poética, tan lúcida como emotiva. 'Mi vida sin Mí' regala ozono, supone un acto de afirmación en la puta vida." (Carlos Boyero: Diario El Mundo)----------------------------------------"Bello y conmovedor melodrama (...) los intérpretes son más que una decena de magníficos rostros, son un todo, un prodigio de unidad colectiva, de delicada interacción." (Ángel Fdez. Santos: Diario El País)----------------------------------------"Una obra liberadora, sensibilísima, de una reparadora tristeza." (Oti Rodríguez Marchante: Diario ABC)----------------------------------------"Isabel Coixet evita los elementos más sensibleros para convertirla en una historia genuinamente emotiva e inspiradora (...) La delicadeza con que está llevada y la maravillosa actuación de la protagonista aseguran el éxito más allá de cualquier perspectiva" (David Stratton: Variety)----------------------------------------"Pertenece a ese tipo de historias que nunca se olvidan y que deberíamos recomendarnos a nosotros mismos y a nuestros seres queridos. Ayuda a entender el misterio de la vida. La vida absurda, la vida breve, la vida aparcada en la roulotte de los sueños." (Ramón Reboiras: Cinemanía)----------------------------------------"Coixet logra un equilibrio perfecto (...) No es ajeno al resultado un sólido reparto, del que emerge una actriz portentosa, Sarah Polley, capaz de resultar a la vez cotidiana y excepcional." (Lluis Bonet: Diario La Vanguardia)----------------------------------------
Qué es la literatura
Jean Paul Sartre
Qué es la Literatura (fragmento)
" El poeta en cada palabra, por el solo efecto de la actitud poética, realiza las metáforas en las que soñaba Picasso cuando deseaba hacer una caja de fósforos que fuera toda ella un murciélago sin dejar de ser una caja de fósforos. Florencia es ciudad, flor y mujer y es también ciudad-flor, ciudad-mujer y muchacha-flor. Y el extraño objeto que se muestra así posee la liquidez del río y el dulce ardor leonado del oro, y, para terminar, se abandona con decencia, y prolonga indefinidamente, por medio del debilitamiento continuo la e muda, su sereno regocijo saturado de reservas. A esto ha de añadirse el esfuerzo insidioso de la biografía. Para mí, Florencia es también cierta mujer, una actriz norteamericana que actuaba en las películas mudas de mi infancia y de la que he olvidado todo, salvo que era larga como un guante de baile, que siempre estaba un poco cansada y era casta, que siempre representaba papeles de esposa incomprendida y que se llamaba Florencia y yo la amaba. Porque la palabra, que arranca al prosista de sí mismo y lo lanza al mundo, devuelve al poeta, como un espejo, su propia imagen. Esto es lo que justifica la doble empresa de Leiris, quien por un lado, en su Glossaire, trata de dar a ciertas palabras una definición poética, es decir, que sea por sí misma una síntesis de implicaciones recíprocas entre el cuerpo sonoro y el alma verbal y, por otro, en una obra todavía inédita, se lanza a la busca del tiempo perdido, tomando como guías ciertas palabras especialmente cargadas para él de valor afectivo. Así, pues, la palabra poética es un microcosmos. La crisis del lenguaje que se produjo a comienzos del siglo fuen una crisis poética. Sean cuales fueren los factores sociales e históricos que la produjeron, esta crisis se manifestó por accesos de despersonalización del escritor ante las palabras. No sabía servirse de ellas y, según la célebre fórmula de Bergson, sólo las reconocía a medias; se acercaba a ellas con una sensación de extrañeza verdaderamente fructuosa: ya no le pertenecían, ya no eran para él, pero, en esos espejos desconocidos, se reflejaban el cielo, la tierra y la propia vida. Y, finalmente, se convertían en las cosas mismas o, mejor dicho, en el corazón negro de las cosas. (...)Pero este esquema no tiene nada de común con eso que llaman ordinariamente un esquema verbal: no preside la construcción de un significado. Se acercaría más bien al proyecto creador por el que Picasso predetermina en el espacio, antes incluso de tocar su pincel, esa cosa que se convertirá en un saltimbanqui o un arlequín. Huir, huir allá, advierto que hay pájaros borrachos, pero, oh, corazón mío, oye el canto de los marineros. "
Qué es la Literatura (fragmento)
" El poeta en cada palabra, por el solo efecto de la actitud poética, realiza las metáforas en las que soñaba Picasso cuando deseaba hacer una caja de fósforos que fuera toda ella un murciélago sin dejar de ser una caja de fósforos. Florencia es ciudad, flor y mujer y es también ciudad-flor, ciudad-mujer y muchacha-flor. Y el extraño objeto que se muestra así posee la liquidez del río y el dulce ardor leonado del oro, y, para terminar, se abandona con decencia, y prolonga indefinidamente, por medio del debilitamiento continuo la e muda, su sereno regocijo saturado de reservas. A esto ha de añadirse el esfuerzo insidioso de la biografía. Para mí, Florencia es también cierta mujer, una actriz norteamericana que actuaba en las películas mudas de mi infancia y de la que he olvidado todo, salvo que era larga como un guante de baile, que siempre estaba un poco cansada y era casta, que siempre representaba papeles de esposa incomprendida y que se llamaba Florencia y yo la amaba. Porque la palabra, que arranca al prosista de sí mismo y lo lanza al mundo, devuelve al poeta, como un espejo, su propia imagen. Esto es lo que justifica la doble empresa de Leiris, quien por un lado, en su Glossaire, trata de dar a ciertas palabras una definición poética, es decir, que sea por sí misma una síntesis de implicaciones recíprocas entre el cuerpo sonoro y el alma verbal y, por otro, en una obra todavía inédita, se lanza a la busca del tiempo perdido, tomando como guías ciertas palabras especialmente cargadas para él de valor afectivo. Así, pues, la palabra poética es un microcosmos. La crisis del lenguaje que se produjo a comienzos del siglo fuen una crisis poética. Sean cuales fueren los factores sociales e históricos que la produjeron, esta crisis se manifestó por accesos de despersonalización del escritor ante las palabras. No sabía servirse de ellas y, según la célebre fórmula de Bergson, sólo las reconocía a medias; se acercaba a ellas con una sensación de extrañeza verdaderamente fructuosa: ya no le pertenecían, ya no eran para él, pero, en esos espejos desconocidos, se reflejaban el cielo, la tierra y la propia vida. Y, finalmente, se convertían en las cosas mismas o, mejor dicho, en el corazón negro de las cosas. (...)Pero este esquema no tiene nada de común con eso que llaman ordinariamente un esquema verbal: no preside la construcción de un significado. Se acercaría más bien al proyecto creador por el que Picasso predetermina en el espacio, antes incluso de tocar su pincel, esa cosa que se convertirá en un saltimbanqui o un arlequín. Huir, huir allá, advierto que hay pájaros borrachos, pero, oh, corazón mío, oye el canto de los marineros. "
Sófocles
Para quien tiene miedo, todo son ruidos.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
» Más frases sobre: Miedo
Quien no haya sufrido lo que yo, que no me de consejos
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
» Más frases sobre: Consejo
La alegría más grande es la inesperada.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
» Más frases sobre: Alegría
Es terrible hablar bien cuando se está errado.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
» Más frases sobre: Errar
Constante y perpetua riqueza es la virtud.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
» Más frases sobre: Virtud
Acostada en medio de la desdicha, el alma ve mucho.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
» Más frases sobre: Desgracia
El saber es la parte más considerable de la felicidad.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
» Más frases sobre: Felicidad
Noble cosa es, aún para un anciano, el aprender.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
» Más frases sobre: Aprender
Los cielos nunca ayudan al hombre que no quiere actuar.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
» Más frases sobre: Ayudar
Siempre se repite la misma historia: cada individuo no piensa más que en sí mismo.
La obra humana más bella es la de ser útil al prójimo.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
» Más frases sobre: Utilidad
Una palabra es suficiente para hacer o deshacer la fortuna de un hombre.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
» Más frases sobre: Palabras
Cásate; si por casualidad das con una buena mujer, serás feliz; si no, te volverás filósofo, lo que siempre es útil para un hombre
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
» Más frases sobre: Matrimonio
Muchas cosas hay portentosas, pero ninguna como el hombre. Tiene recursos para todo; sólo la muerte no ha conseguido evitar.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
» Más frases sobre: Ser humano
La verdad puede más que la razón.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
» Más frases sobre: Verdad
Los hijos son las anclas que atan a la vida a las madres.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
» Más frases sobre: Hijos
No se puede juzgar la vida de un hombre hasta que la muerte le ha puesto término.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
» Más frases sobre: Juzgar
Al hombre perverso se le conoce en un sólo día; para conocer al hombre justo hace falta más tiempo.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
» Más frases sobre: Maldad
Me preguntas si debes o no casarte; pues, de cualquier cosa que hagas te arrepentirás.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
» Más frases sobre: Matrimonio
El que es bueno en la familia es también un buen ciudadano.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
El que prescinde de un amigo es como el que prescinde de su vida.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
» Más frases sobre: Amistad
Los que en realidad aman la vida son aquellos que están envejeciendo.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
» Más frases sobre: Vejez
Un Estado donde queden impunes la insolencia y la libertad de hacerlo todo, termina por hundirse en el abismo.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
» Más frases sobre: Impunidad
Seis, ocho millones de espectadores. Estas son cifras con las que nunca pudo soñar ningún director teatral o novelista y menos aún Esquilo, Sófocles o Eurípides.
Fernando Fernán Gomez (1921-?) Actor, director y escritor español
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
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Quien no haya sufrido lo que yo, que no me de consejos
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
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La alegría más grande es la inesperada.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
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Es terrible hablar bien cuando se está errado.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
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Constante y perpetua riqueza es la virtud.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
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Acostada en medio de la desdicha, el alma ve mucho.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
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El saber es la parte más considerable de la felicidad.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
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Noble cosa es, aún para un anciano, el aprender.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
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Los cielos nunca ayudan al hombre que no quiere actuar.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
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Siempre se repite la misma historia: cada individuo no piensa más que en sí mismo.
La obra humana más bella es la de ser útil al prójimo.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
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Una palabra es suficiente para hacer o deshacer la fortuna de un hombre.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
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Cásate; si por casualidad das con una buena mujer, serás feliz; si no, te volverás filósofo, lo que siempre es útil para un hombre
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
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Muchas cosas hay portentosas, pero ninguna como el hombre. Tiene recursos para todo; sólo la muerte no ha conseguido evitar.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
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La verdad puede más que la razón.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
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Los hijos son las anclas que atan a la vida a las madres.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
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No se puede juzgar la vida de un hombre hasta que la muerte le ha puesto término.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
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Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
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Me preguntas si debes o no casarte; pues, de cualquier cosa que hagas te arrepentirás.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
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Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
El que prescinde de un amigo es como el que prescinde de su vida.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
» Más frases sobre: Amistad
Los que en realidad aman la vida son aquellos que están envejeciendo.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
» Más frases sobre: Vejez
Un Estado donde queden impunes la insolencia y la libertad de hacerlo todo, termina por hundirse en el abismo.
Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
» Más frases sobre: Impunidad
Seis, ocho millones de espectadores. Estas son cifras con las que nunca pudo soñar ningún director teatral o novelista y menos aún Esquilo, Sófocles o Eurípides.
Fernando Fernán Gomez (1921-?) Actor, director y escritor español
Tuesday, July 24, 2007
Perdón, pero...
FELIPE BIANCHI LEITON
Con el tiempo uno se va poniendo más desconfiado. Con los años aprende a no creerle, de buenas a primeras, a esos "periodistas" que más que profesionales son hinchas. Usted sabe: esos que pierden rápido el rigor y la compostura, que lloran en cámara cuando ganamos y descubren sucias confabulaciones contra Chile cuando perdemos.Tampoco es fácil creerle a los enviados especiales que sólo entrevistan a una parte de los involucrados: a los "nuestros" casualmente. Jugadores, técnicos, dirigentes, abuelitas, mamás, primos, pololas, barristas, tipos disfrazados de Condorito, chilocos varios. Todos chilenos. Ni un gringo. Debe ser porque nuestros reporteros en general no hablan inglés y, por defecto, prefieren como fuente a la señora Luchita, de Copiapó, antes que a los policías canadienses, las autoridades de Toronto, los encargados del estadio o los representantes de la FIFA.Usted me va a perdonar, pero yo no soy hincha. Y tampoco me interesa ser amigo de nadie. Cuando trabajo, más que chileno soy periodista. Para eso me pagan. Dicho esto, déjeme apuntar, ante la ceguera generalizada, que la reacción de la policía canadiense contra la Sub 20 de Sulantay quizás fue desmedida y a lo mejor fue injustificada. Quizás, a lo mejor. Puede ser... aunque hasta ahora nadie lo ha comprobado fehacientemente. De todos modos, con el mayor cariño y respeto, la desproporción de buena parte de la prensa deportiva, de los futbolistas, los técnicos y los dirigentes chilenos, la absoluta incapacidad para analizar más y exaltarse menos en estos días, resulta todavía más grave y bochornosa. Se parece mucho, demasiado, al ambiente vivido durante esa mayúscula vergüenza profesional -para todos- que fue el Maracanazo.De acuerdo a lo visto en los últimos días en los noticieros locales, convertidos en verdaderos centros de chauvinismo desquiciado, todo indica que tanto en las canchas como en las salas de prensa muy pocos aprendieron la lección. Quizás los diarios sean los únicos que se salvan.Pensemos un poco, un poco no más: ¿justo se volvió loca ante los chilenos la Policía de Toronto? ¿Porque sí, a pito de escopeta? ¿La misma policía que no se había vuelto loca nunca antes en los treinta días previos? Mire la casualidad ¿O será que esos mismos chilenos que quince minutos antes estaban absolutamente descontrolados dentro de la cancha, al punto de tratar de pegarle a los rivales y al árbitro, algo tuvieron que ver en el descriterio generalizado? Resulta muy burdo y nacionalista (valga la redundancia) creer que este es un caso de malos-policías-rucios abusando de pobrecitos-pinganillas del tercer mundo.Seamos razonables. En cualquier país desarrollado, normal, moderno, si uno le desobedece a la policía le sacan la cresta. Hacia eso ha avanzado la humanidad. Lo normal no es responder "qui te pah, paco agilao" y lanzarles manotazos. Eso no se acostumbra. Salvo en Chile.Seamos justos, además: por historia, por antecedentes, hay más razones para desconfiar de un grupo de futbolistas chilenos que de la policía de Toronto. El fútbol chileno tiene la hoja de vida mucho más sucia. Hay que investigar lo que pasó, de acuerdo. Hay que analizar los grados de violencia policial. Ok. Pero concordemos en que, mientras tanto, no hay que creerle a pie juntillas a los futbolistas chilenos. Ya nos han engañado lo suficiente.Sin contar las recientes ordinarieces de Puerto Ordaz o Dublín, los futbolistas chilenos han sido castigados en el último tiempo, entre otras cosas, por ¡falsificar pasaportes! en el Sudamericano Sub 20 de Paraguay (1979), por ¡apuestas ilegales! en el Mundial Sub 20 de Qatar (1995) y por ¡el hecho delictual más grave en la historia del fútbol mundial!, el escándalo de Roberto Rojas en el Maracaná (1989). No es poco.Hoy se habla de racismo. Antes de persecución o, como dijo en su época un marinero muy primitivo, de la "inferioridad intelectual del pueblo brasileño". Antes le tirábamos piedras a la embajada de Brasil, ahora a la de Canadá.¿No es obvio que el mínimo común denominador somos nosotros? ¿O los sillazos contra los argentinos en la Copa Davis -que nos costaron cuatro años de castigo- fueron una señal de inteligencia? ¿O los castigos al estadio de Calama el 2002, al Monumental el año pasado, al Teniente en 1980, al Nacional el mismo 89, todos por agresiones a los visitantes, fueron injusticias, puras injusticias porque todo el mundo nos tiene envidia?Los jugadores de la Sub 20 -por favor, dejen de decirle niños, no son niños, tienen edad para votar, para casarse, para ir a la guerra, para tener hijos sin preguntarle a nadie; son adultos según la ley- merecían otro final, seguramente.Más allá de haber estado acelerados ante Argentina... por lo cual terminaron perdiendo con entera justicia, ya que el arbitraje fue más pavo que malo. Más allá de haberle contestado una y otra vez el celular a Petaccia y al Chico Pérez... todo un signo de debilidad y desajuste. Más allá de ir a la peluquería para teñirse el pelo rojo... emblema dramático y decidor, tanto como el chicle de Valdivia. Más allá de lo dicho en la charla previa del equipo argentino, contado por un periodista trasandino amigo, presente ahí -"ojo, que estos chilenos son buenos para el fútbol, pero son todos tontos, en media hora los tenemos fuera de si"- más allá de todo eso, la Sub 20, por su esfuerzo, merecía otro final (me salto el partido por el tercer puesto ya que es una mera anécdota al lado de esto otro).Un final no sólo menos brutal. Más digno también. Sin este circo inaceptable. Sin tanto patriotismo barato. Y sin la actitud oportunista, mediocre, predecible y ordinaria de buena parte de los miembros de la clase política, que en una muestra de irresponsabilidad impresionante, en vez de investigar lo que pasó en Toronto, prefirieron convertirse en simples hinchas y adherir de inmediato, por conveniencia, a la "indignación nacional". Pelmazos.
FELIPE BIANCHI LEITON
Con el tiempo uno se va poniendo más desconfiado. Con los años aprende a no creerle, de buenas a primeras, a esos "periodistas" que más que profesionales son hinchas. Usted sabe: esos que pierden rápido el rigor y la compostura, que lloran en cámara cuando ganamos y descubren sucias confabulaciones contra Chile cuando perdemos.Tampoco es fácil creerle a los enviados especiales que sólo entrevistan a una parte de los involucrados: a los "nuestros" casualmente. Jugadores, técnicos, dirigentes, abuelitas, mamás, primos, pololas, barristas, tipos disfrazados de Condorito, chilocos varios. Todos chilenos. Ni un gringo. Debe ser porque nuestros reporteros en general no hablan inglés y, por defecto, prefieren como fuente a la señora Luchita, de Copiapó, antes que a los policías canadienses, las autoridades de Toronto, los encargados del estadio o los representantes de la FIFA.Usted me va a perdonar, pero yo no soy hincha. Y tampoco me interesa ser amigo de nadie. Cuando trabajo, más que chileno soy periodista. Para eso me pagan. Dicho esto, déjeme apuntar, ante la ceguera generalizada, que la reacción de la policía canadiense contra la Sub 20 de Sulantay quizás fue desmedida y a lo mejor fue injustificada. Quizás, a lo mejor. Puede ser... aunque hasta ahora nadie lo ha comprobado fehacientemente. De todos modos, con el mayor cariño y respeto, la desproporción de buena parte de la prensa deportiva, de los futbolistas, los técnicos y los dirigentes chilenos, la absoluta incapacidad para analizar más y exaltarse menos en estos días, resulta todavía más grave y bochornosa. Se parece mucho, demasiado, al ambiente vivido durante esa mayúscula vergüenza profesional -para todos- que fue el Maracanazo.De acuerdo a lo visto en los últimos días en los noticieros locales, convertidos en verdaderos centros de chauvinismo desquiciado, todo indica que tanto en las canchas como en las salas de prensa muy pocos aprendieron la lección. Quizás los diarios sean los únicos que se salvan.Pensemos un poco, un poco no más: ¿justo se volvió loca ante los chilenos la Policía de Toronto? ¿Porque sí, a pito de escopeta? ¿La misma policía que no se había vuelto loca nunca antes en los treinta días previos? Mire la casualidad ¿O será que esos mismos chilenos que quince minutos antes estaban absolutamente descontrolados dentro de la cancha, al punto de tratar de pegarle a los rivales y al árbitro, algo tuvieron que ver en el descriterio generalizado? Resulta muy burdo y nacionalista (valga la redundancia) creer que este es un caso de malos-policías-rucios abusando de pobrecitos-pinganillas del tercer mundo.Seamos razonables. En cualquier país desarrollado, normal, moderno, si uno le desobedece a la policía le sacan la cresta. Hacia eso ha avanzado la humanidad. Lo normal no es responder "qui te pah, paco agilao" y lanzarles manotazos. Eso no se acostumbra. Salvo en Chile.Seamos justos, además: por historia, por antecedentes, hay más razones para desconfiar de un grupo de futbolistas chilenos que de la policía de Toronto. El fútbol chileno tiene la hoja de vida mucho más sucia. Hay que investigar lo que pasó, de acuerdo. Hay que analizar los grados de violencia policial. Ok. Pero concordemos en que, mientras tanto, no hay que creerle a pie juntillas a los futbolistas chilenos. Ya nos han engañado lo suficiente.Sin contar las recientes ordinarieces de Puerto Ordaz o Dublín, los futbolistas chilenos han sido castigados en el último tiempo, entre otras cosas, por ¡falsificar pasaportes! en el Sudamericano Sub 20 de Paraguay (1979), por ¡apuestas ilegales! en el Mundial Sub 20 de Qatar (1995) y por ¡el hecho delictual más grave en la historia del fútbol mundial!, el escándalo de Roberto Rojas en el Maracaná (1989). No es poco.Hoy se habla de racismo. Antes de persecución o, como dijo en su época un marinero muy primitivo, de la "inferioridad intelectual del pueblo brasileño". Antes le tirábamos piedras a la embajada de Brasil, ahora a la de Canadá.¿No es obvio que el mínimo común denominador somos nosotros? ¿O los sillazos contra los argentinos en la Copa Davis -que nos costaron cuatro años de castigo- fueron una señal de inteligencia? ¿O los castigos al estadio de Calama el 2002, al Monumental el año pasado, al Teniente en 1980, al Nacional el mismo 89, todos por agresiones a los visitantes, fueron injusticias, puras injusticias porque todo el mundo nos tiene envidia?Los jugadores de la Sub 20 -por favor, dejen de decirle niños, no son niños, tienen edad para votar, para casarse, para ir a la guerra, para tener hijos sin preguntarle a nadie; son adultos según la ley- merecían otro final, seguramente.Más allá de haber estado acelerados ante Argentina... por lo cual terminaron perdiendo con entera justicia, ya que el arbitraje fue más pavo que malo. Más allá de haberle contestado una y otra vez el celular a Petaccia y al Chico Pérez... todo un signo de debilidad y desajuste. Más allá de ir a la peluquería para teñirse el pelo rojo... emblema dramático y decidor, tanto como el chicle de Valdivia. Más allá de lo dicho en la charla previa del equipo argentino, contado por un periodista trasandino amigo, presente ahí -"ojo, que estos chilenos son buenos para el fútbol, pero son todos tontos, en media hora los tenemos fuera de si"- más allá de todo eso, la Sub 20, por su esfuerzo, merecía otro final (me salto el partido por el tercer puesto ya que es una mera anécdota al lado de esto otro).Un final no sólo menos brutal. Más digno también. Sin este circo inaceptable. Sin tanto patriotismo barato. Y sin la actitud oportunista, mediocre, predecible y ordinaria de buena parte de los miembros de la clase política, que en una muestra de irresponsabilidad impresionante, en vez de investigar lo que pasó en Toronto, prefirieron convertirse en simples hinchas y adherir de inmediato, por conveniencia, a la "indignación nacional". Pelmazos.
Fútbol argentino (aunque duela)
Juan Cristóbal Guarello
Algunos días después, supongo que los ánimos están quietos para lanzar una reflexión molesta: el problema que tenemos con el fútbol argentino es muy sencillo: se llama “complejo de inferioridad”. En palabras más simples: los envidiamos. ¿Qué les envidiamos? Respuesta: todo. Ni detenernos en los títulos, copas, mundiales, olímpicos, libertadores, intercontinentales, Sub 20 y resto del menú. Hay como 600 años luz de distancia. Y como nosotros miramos los trofeos dentro de la vitrina cerrada con llave, los odiamos. Y nos jode que jueguen mejor que nosotros desde la época en que en vez de pelota se usaba una vejiga de vaca. Y que vengan jugadores con los zapatos envueltos en papel de diario (Spedaletti) o de Tercera División (Fabbiani) o reservas de reservas (Almada) y acá sean estrellas y goleadores de los campeonatos. Allá mandamos a los figurines como Rozental, Neira, Vega o el titular de la selección chilena Cristián Álvarez, y se doblan de tanto hacer banco. Sólo tres monstruos y en su mejor momento —Iván Mayo, Sergio Livingstone y Marcelo Salas— pudieron triunfar en Argentina.Nos molesta que sus clubes sean más grandes, que sus estadios se llenen todas las semanas, que sus hinchadas sean de verdad, tanto, que hasta les copiamos los cantos (y mal). No soportamos que a la hora de los vivos sean más vivos, a la hora de reclamar tengan mejor libreto, a la hora de simular se ganen todos los oscares (mientras que en Chile, con suerte un Apes) y a la hora de los qui’hubos, la de verdad, nosotros celebremos los empates y ellos los lamenten (¿o se olvidan del cero a cero con la Selección C de Argentina en Mendoza, que dejó a todos con el pecho inflado como pichón de competencia?). También envidiamos a sus periodistas. Pero no a Araujo, Niembro, Sacco o Liberman, ilustres empresarios disfrazados de comunicadores que hacen babear a los giles. Hablamos de Fabbri, Fucks, Cherquis Bialo, Juvenal y, por supuesto, ese maestro de la pluma y la ética que se llamó Dante Panzeri, cuyo libro “Burguesía y gangsterismo en el deporte” debería ser lectura obligatoria en las escuelas de periodismo.Yo también los envidio. Les envidio la cultura que genera el fútbol. Cuando leí “El penal más largo del mundo”, de Osvaldo Soriano, una tarde de 1986 en el fondo de la sala de clases, descubrí que la pelota y la literatura habían llegado al escalón más alto. Pero años más tarde cayó en mis manos “19 de diciembre de 1971”, de Roberto Fontanarrosa, simplemente una obra maestra. Curioso, el mismo día en que Chile jugó frente a Argentina moría Roberto Fontanarrosa. Reconozco que me molestaron las simulaciones de los albicelestes, que rabié contra el árbitro y que estaba bramando cuando terminó el partido. Pero también reconozco que ese partido lo vi mil veces y nosotros nunca aprendemos y nos seguimos comiendo todos los amagues y todas las simulaciones. Y que, desde el primer enfrentamiento en 1910, continúan viéndonos la cara de tontos año tras año (y mandándonos a llorar detrás del biombo).Finalmente, reconozco que sentí la muerte de Fontanarrosa. El “Negro” representaba, en forma exacta, todo lo que envidiamos del fútbol argentino. Esa pulpa de pelota que está tan cerca en kilómetros y tan lejos de nuestras capacidades.
Juan Cristóbal Guarello
Algunos días después, supongo que los ánimos están quietos para lanzar una reflexión molesta: el problema que tenemos con el fútbol argentino es muy sencillo: se llama “complejo de inferioridad”. En palabras más simples: los envidiamos. ¿Qué les envidiamos? Respuesta: todo. Ni detenernos en los títulos, copas, mundiales, olímpicos, libertadores, intercontinentales, Sub 20 y resto del menú. Hay como 600 años luz de distancia. Y como nosotros miramos los trofeos dentro de la vitrina cerrada con llave, los odiamos. Y nos jode que jueguen mejor que nosotros desde la época en que en vez de pelota se usaba una vejiga de vaca. Y que vengan jugadores con los zapatos envueltos en papel de diario (Spedaletti) o de Tercera División (Fabbiani) o reservas de reservas (Almada) y acá sean estrellas y goleadores de los campeonatos. Allá mandamos a los figurines como Rozental, Neira, Vega o el titular de la selección chilena Cristián Álvarez, y se doblan de tanto hacer banco. Sólo tres monstruos y en su mejor momento —Iván Mayo, Sergio Livingstone y Marcelo Salas— pudieron triunfar en Argentina.Nos molesta que sus clubes sean más grandes, que sus estadios se llenen todas las semanas, que sus hinchadas sean de verdad, tanto, que hasta les copiamos los cantos (y mal). No soportamos que a la hora de los vivos sean más vivos, a la hora de reclamar tengan mejor libreto, a la hora de simular se ganen todos los oscares (mientras que en Chile, con suerte un Apes) y a la hora de los qui’hubos, la de verdad, nosotros celebremos los empates y ellos los lamenten (¿o se olvidan del cero a cero con la Selección C de Argentina en Mendoza, que dejó a todos con el pecho inflado como pichón de competencia?). También envidiamos a sus periodistas. Pero no a Araujo, Niembro, Sacco o Liberman, ilustres empresarios disfrazados de comunicadores que hacen babear a los giles. Hablamos de Fabbri, Fucks, Cherquis Bialo, Juvenal y, por supuesto, ese maestro de la pluma y la ética que se llamó Dante Panzeri, cuyo libro “Burguesía y gangsterismo en el deporte” debería ser lectura obligatoria en las escuelas de periodismo.Yo también los envidio. Les envidio la cultura que genera el fútbol. Cuando leí “El penal más largo del mundo”, de Osvaldo Soriano, una tarde de 1986 en el fondo de la sala de clases, descubrí que la pelota y la literatura habían llegado al escalón más alto. Pero años más tarde cayó en mis manos “19 de diciembre de 1971”, de Roberto Fontanarrosa, simplemente una obra maestra. Curioso, el mismo día en que Chile jugó frente a Argentina moría Roberto Fontanarrosa. Reconozco que me molestaron las simulaciones de los albicelestes, que rabié contra el árbitro y que estaba bramando cuando terminó el partido. Pero también reconozco que ese partido lo vi mil veces y nosotros nunca aprendemos y nos seguimos comiendo todos los amagues y todas las simulaciones. Y que, desde el primer enfrentamiento en 1910, continúan viéndonos la cara de tontos año tras año (y mandándonos a llorar detrás del biombo).Finalmente, reconozco que sentí la muerte de Fontanarrosa. El “Negro” representaba, en forma exacta, todo lo que envidiamos del fútbol argentino. Esa pulpa de pelota que está tan cerca en kilómetros y tan lejos de nuestras capacidades.
Jia Zhang-ke
La antropología espacial del presente
Entrevista al director Jia Zhang-ke
Por Alejandro Fernández Almendras
Jia Zhang-ke es un cineasta con un objetivo tan claro como ambicioso. Desde sus primeras cintas, este líder indiscutido de la llamada Sexta Generación de cineastas chinos ha buscado dejar testimonio de los violentos cambios y transformaciones de ese casi desconocido planeta que sigue siendo China. Ya sea contando la historia de un miserable ladrón de pueblo o la odisea antropológica que en las cada vez más anchas orillas de la represa más grande del planeta -la de Las Tres Gargantas del rio Yangtse- Jia parece tener claro que lo suyo es hacer historia en tiempo presente, filmar los grandes cambios sociales, políticos y económicos que atraviesa China y sus efectos en la vida privada sus cientos de millones de habitantes en el momento que estos ocurren.
Lo más curioso del trabajo de Jia es la aparente desproporción entre esta monumental ambición y los medios que utiliza, pues si se trata de retratar la enormidad de un cambio como el que ha experimentado China en las últimas décadas lo primero que se viene a la mente es una obra igualmente grandiosa, expansiva y espectacular.
Jia Zhang-ke en Rotterdam 2007
Jia parece haber buscado intencionalmente las antípodas del gran cineasta de la Quinta Generación, Zhang Yimou, quien con sus enormes presupuestos y fastuosas cintas de artes marciales ha asumido en su etapa más reciente el rol del cronista oficial de la historia china. Al reconstruir los debilitados mitos fundacionales de nación e identidad (sepultados bajo el fantasma del maoísmo) o apuntalando la noción de que un país como China siempre requerirá de un gobierno estricto pero generoso (ideal encarnado, por ejemplo, en la figura de su Emperador Qin, el verdadero protagonista de Héroe), Zhang Yimou se encarga de fijar los puntos cardinales que guían la integración oficial de China en el contexto mundial y la forma en que los mismos chinos deben comenzar a verse a sí mismos: como parte de una nación destinada a guiar los destinos del mundo. En este sentido es lógico pensar que fuese elegido para dirigir la inauguración de los Juegos Olímpicos de Beijing el año que viene.
Con medios muchos más limitados que los que dispone Zhang, las historias y personajes de Jia están lejos de habitar un palacio y tomar las decisiones que acaban con ríos, valles, templos y cementerios o que levantan murallas tanto o más grandes que las de hace siglos, ni siquiera alcanzan a comprender lo que pasa a su alrededor y la forma en que esto está cambiando para siempre sus vidas.
Construyendo una especie de antropología del presente, Jia busca las huellas que dejan las vidas comunes y corrientes en su transcurso cotidiano. Si Zhang se encandila con los soldados de terracota y los ríos de mercurio del mausoleo del emperador Qin, Jia parece empeñado en rescatar para futuras generaciones las calles y edificios anónimos, las tiendas de comida, los bares de mala muerte y los conventillos que China derrumba día a día en su carrera vertiginosa tras la zanahoria del progreso.
Tal vez por eso su última cinta, Still life, tiene esos extraños momentos en que el protagonista ve un ovni o en que un edificio sale volando por los aires hasta el espacio infinito, como si su punto de vista fuese el de alguien que viene de un planeta distante y quisiera llevarse consigo uno o dos momentos de un mundo que desaparece.
Como es lógico, Jia no es el único y ni siquiera el primero en estar preocupado de estos temas. Ejemplos de este tipo de cine centrado en los cambios que experimenta China hay varios, y por citar sólo a algunos se podría nombrar a Xiaoshuai Wang (Beijing bicycle, Shanghai dreams) Yu Li (Lost in Beijing, Dam street), Lu Zhang (Desert dreams), Ying Liang (The other half, Taking father home), Quanan Wang (Tuya's marriage), Yang Li (Blind shaft) o Hao Lui (Two great sheep). Incluso en el mismo Zhang Yimou se pueden encontrar semillas de esta visión interesada en las transformaciones sociales y políticas de China.
La pregunta es entonces qué es lo que hace de Jia un cineasta único y qué lo separa del resto. La respuesta más corta: su talento. Mucho se podrá escribir de sus motivaciones e intereses, pero cualquiera sea el análisis de su obra, este debería empezar por lo más obvio, su enorme talento.
Xiao Wu (Pickpocket, 1997) segundo largometraje de Jia
Antes que nada Jia da muestras en cada una de sus cintas de una maestría narrativa extraña para alguien de su edad (36 años), más aún si se considera que ya desde su primer largometraje Xiao Wu (1997) parecía tener claro lo que quería hacer y la forma de alcanzarlo. Jia ha demostrado una y otra vez manejar al dedillo las posibilidades de la elipsis y de una narración construida sobre un mínimo de puntos claves. Como una serie de grandes cineastas contemporáneos que parecen partir de la base de que el espectador ya posee toda una cultura audiovisual que le permitirá saltarse muchos puntos intermedios y explicaciones o reiteraciones innecesarias, Jia cuenta cada historia con un mínimo de información y un máximo de ocultamiento. Esto tiene dos grandes virtudes. Por un lado "libera" espacio (y sobre todo tiempo) que puede utilizar para generar o buscar momentos que en un principio podrían parecer muertos, pero que son los que finalmente dotan a cada uno de sus planos de una respiración propia en la que es posible sentir no sólo el paso del tiempo, sino el latir de un mundo fuera del plano. Y por otro lado este constate ocultamiento obliga al espectador a estar atento y recibir de manera activa lo que ocurre en la pantalla, lo que sumado al tiempo disponible para "pensar" cada plano, nos acerca por momentos a un ideal de cine que ve al espectador como una pieza activa en el proceso de generación de sentido.
Esta economía de recursos viene de la mano de un mecanismo que ya dominaban a la perfección los grandes novelistas del siglo XIX en sus historias románticas y que consiste en el ocultamiento, la ambigüedad y por sobre todo la contención respecto de lo que sucede al interior del personaje. Jia nos revela a cuentagotas y en momentos muy precisos lo que siente cada uno de sus personajes, lo que permite crear maravillosos momentos de "revelación", segundos en los que la naturaleza de un personaje se nos muestra en toda su frágil y entrañable humanidad. Este don narrativo, a mi juicio, lo deja varios pasos por adelante de sus contemporáneos en China (tal vez si el ritmo impecable y vertiginoso de Blind shaft sea hasta ahora, y dentro de lo que he visto, lo que más se le acerca).
Sanxia haoren (Still life, 2006)
Además, y como todos los grandes maestros, Jia tiene un sentido perfecto de ese misterio que es lo que los humoristas conocen como el timing, o el momento justo para que se diga o para que suceda algo. Como Tsai Ming Liang o Hou Hsiao Hsien, Jia domina la composición del plano no sólo en términos de disposición espacial de los acontecimientos, objetos y personajes, sino que maneja con precisión el momento en que cada cosa ocurre y por sobre todo el momento en el que un plano alcanza su máximo poder expresivo. Es fácil notar que Jia es consiente de la duración de cada plano en base a la manifestación del tiempo en cada uno de ellos. Los tiempos muertos en Jia, al igual que en Tsai o Hou, no están en realidad muertos, sino cargados de tensión, pues aunque posean instantes en que aparentemente "nada ocurre", siempre se cierran con un acontecimiento o un detalle, que aunque pequeño, permite sentir que el tiempo transcurrido hasta llegar a él o a partir de él es una espera necesaria. Este mecanismo, que en Hou está más cerca del suspenso y en Tsai del humor, se manifiesta en cada película de Jia en momentos brillantes, como la escena final de Xiao Wu en la que el protagonista, un ladrón de poca monta, es encadenado a un poste por un policía mientras éste entra a una oficina. El plano del ladrón en una calle cualquiera se extiende por un momento muy largo, hasta que de pronto empieza a mutar. Gente que pasa a su lado nota que el hombre está encadenado y algunos se detienen (no sabemos bien si delante del hombre o de la cámara que sentimos lo está filmando). Al poco tiempo hay una aglomeración al lado del humillado ladrón. De esta forma, el plano cuya duración parecía extenderse sin un motivo claro al cabo de un instante de observación se transforma y se llena de un nuevo sentido. Otro ejemplo es el cierre de una escena en Still life, que al igual que en Dust in the wind de Hou termina abruptamente con la intervención de la electricidad (en la cinta de Hou un apagón interrumpe la escritura de una carta en la mitad de una frase, y en Jia un chispazo en la caja de fusibles permite saltar a una nueva escena); o bien el momento en que el protagonista minero de una de las dos historias de Still life camina por una calle en ruinas, se detiene y tras un instante la pared de un edificio a medio demoler se cae ante nuestros incrédulos y embelesados ojos.
Como si estas cualidades hasta cierto punto "desentrañables" no fueran suficientes, Jia entrega en cada película chispazos que no pueden ser explicados sino por el genio cuya varita toca a sólo unos pocos. Como ejemplos se pueden mencionar el ya citado plano final de Xiao Wu; o el momento en que el primo del protagonista en The world, un obrero que sufre un accidente, le entrega poco antes de morir una carta que intuimos incluye palabras para algún ser querido, pero que luego descubrimos, en una escena desgarradora, contiene un listado de las deudas que se llevó a la tumba; o la frase con que en Still life el minero se despide de sus nuevos amigos y en que les dice que los recordará cada vez que vea un billete, ya que antes se habían mostrado unos a otros los paisajes que adornan el reverso de los billetes para dar una idea de cómo es su lugar de origen.
Esta sola idea de vincular dos temas tan distantes como el dinero y la amistad bastarían para dejar en claro el talento de Jia. Dotar al mayor símbolo de la crueldad y deshumanización de la economía de mercado (un billete) de un sentido de amistad y cariño tan grande es ni más ni menos que una operación mágica que de pronto subvierte todo un orden establecido, como si la idea de fondo fuese que una revolución no necesita de bombas o protestas, sino de pequeños gestos poéticos que ataquen el sustento simbólico de un sistema como el capitalismo.
Una de las animaciones de Shijie (The World, 2004)
Pese a todos estos puntos a favor, la obra de Jia no está libre de peligros y momentos que siembran algunas dudas sobre su desarrollo futuro. Si bien los ovnis y las casas voladoras se olvidan ante la magnificencia y humanidad del resto de Still life (al igual que un episodio de dibujos animados se olvidaba en The world) la literalidad de algunas metáforas (como el baile de una pareja delante de la represa de la Tres Gargantas, el artista de ópera china jugando Nintendo o el dibujo digital de un edificio que se cae en la lejanía en el momento en que el minero se encuentra con su esposa en Still life; o el encuentro excesivamente lacrimógeno de la protagonista de The world con una prostituta rusa) parecen indicar que en algunas ocasiones Jia desconfía de su propio talento. Como si quisiera hacer su mensaje un poco más evidente, sacarlo demasiado a la superficie.
Para una obra que se basa en el ocultamiento, casi en el pudor, el silencio y lo sutil, tal paso aparece como una amenaza, o por lo menos como un paso en falso.
Por otra parte, hasta ahora lo cierto es que Jia parece tener aún un millón de trucos bajo la manga, un millón de ideas geniales, de pequeños momentos milagrosos que no sólo mantienen su obra a flote, sino que incluso lo elevan a la altura de sus enormes ambiciones y lo transforman por momentos en lo que parece querer ser, más que un cineasta, una especie de antropólogo espacial, un alienígena que nos visita desde el futuro para llevarse algunos pedazos de la pequeña odisea de nuestra vida cotidiana.
Entrevista al director Jia Zhang-ke
Por Alejandro Fernández Almendras
Jia Zhang-ke es un cineasta con un objetivo tan claro como ambicioso. Desde sus primeras cintas, este líder indiscutido de la llamada Sexta Generación de cineastas chinos ha buscado dejar testimonio de los violentos cambios y transformaciones de ese casi desconocido planeta que sigue siendo China. Ya sea contando la historia de un miserable ladrón de pueblo o la odisea antropológica que en las cada vez más anchas orillas de la represa más grande del planeta -la de Las Tres Gargantas del rio Yangtse- Jia parece tener claro que lo suyo es hacer historia en tiempo presente, filmar los grandes cambios sociales, políticos y económicos que atraviesa China y sus efectos en la vida privada sus cientos de millones de habitantes en el momento que estos ocurren.
Lo más curioso del trabajo de Jia es la aparente desproporción entre esta monumental ambición y los medios que utiliza, pues si se trata de retratar la enormidad de un cambio como el que ha experimentado China en las últimas décadas lo primero que se viene a la mente es una obra igualmente grandiosa, expansiva y espectacular.
Jia Zhang-ke en Rotterdam 2007
Jia parece haber buscado intencionalmente las antípodas del gran cineasta de la Quinta Generación, Zhang Yimou, quien con sus enormes presupuestos y fastuosas cintas de artes marciales ha asumido en su etapa más reciente el rol del cronista oficial de la historia china. Al reconstruir los debilitados mitos fundacionales de nación e identidad (sepultados bajo el fantasma del maoísmo) o apuntalando la noción de que un país como China siempre requerirá de un gobierno estricto pero generoso (ideal encarnado, por ejemplo, en la figura de su Emperador Qin, el verdadero protagonista de Héroe), Zhang Yimou se encarga de fijar los puntos cardinales que guían la integración oficial de China en el contexto mundial y la forma en que los mismos chinos deben comenzar a verse a sí mismos: como parte de una nación destinada a guiar los destinos del mundo. En este sentido es lógico pensar que fuese elegido para dirigir la inauguración de los Juegos Olímpicos de Beijing el año que viene.
Con medios muchos más limitados que los que dispone Zhang, las historias y personajes de Jia están lejos de habitar un palacio y tomar las decisiones que acaban con ríos, valles, templos y cementerios o que levantan murallas tanto o más grandes que las de hace siglos, ni siquiera alcanzan a comprender lo que pasa a su alrededor y la forma en que esto está cambiando para siempre sus vidas.
Construyendo una especie de antropología del presente, Jia busca las huellas que dejan las vidas comunes y corrientes en su transcurso cotidiano. Si Zhang se encandila con los soldados de terracota y los ríos de mercurio del mausoleo del emperador Qin, Jia parece empeñado en rescatar para futuras generaciones las calles y edificios anónimos, las tiendas de comida, los bares de mala muerte y los conventillos que China derrumba día a día en su carrera vertiginosa tras la zanahoria del progreso.
Tal vez por eso su última cinta, Still life, tiene esos extraños momentos en que el protagonista ve un ovni o en que un edificio sale volando por los aires hasta el espacio infinito, como si su punto de vista fuese el de alguien que viene de un planeta distante y quisiera llevarse consigo uno o dos momentos de un mundo que desaparece.
Como es lógico, Jia no es el único y ni siquiera el primero en estar preocupado de estos temas. Ejemplos de este tipo de cine centrado en los cambios que experimenta China hay varios, y por citar sólo a algunos se podría nombrar a Xiaoshuai Wang (Beijing bicycle, Shanghai dreams) Yu Li (Lost in Beijing, Dam street), Lu Zhang (Desert dreams), Ying Liang (The other half, Taking father home), Quanan Wang (Tuya's marriage), Yang Li (Blind shaft) o Hao Lui (Two great sheep). Incluso en el mismo Zhang Yimou se pueden encontrar semillas de esta visión interesada en las transformaciones sociales y políticas de China.
La pregunta es entonces qué es lo que hace de Jia un cineasta único y qué lo separa del resto. La respuesta más corta: su talento. Mucho se podrá escribir de sus motivaciones e intereses, pero cualquiera sea el análisis de su obra, este debería empezar por lo más obvio, su enorme talento.
Xiao Wu (Pickpocket, 1997) segundo largometraje de Jia
Antes que nada Jia da muestras en cada una de sus cintas de una maestría narrativa extraña para alguien de su edad (36 años), más aún si se considera que ya desde su primer largometraje Xiao Wu (1997) parecía tener claro lo que quería hacer y la forma de alcanzarlo. Jia ha demostrado una y otra vez manejar al dedillo las posibilidades de la elipsis y de una narración construida sobre un mínimo de puntos claves. Como una serie de grandes cineastas contemporáneos que parecen partir de la base de que el espectador ya posee toda una cultura audiovisual que le permitirá saltarse muchos puntos intermedios y explicaciones o reiteraciones innecesarias, Jia cuenta cada historia con un mínimo de información y un máximo de ocultamiento. Esto tiene dos grandes virtudes. Por un lado "libera" espacio (y sobre todo tiempo) que puede utilizar para generar o buscar momentos que en un principio podrían parecer muertos, pero que son los que finalmente dotan a cada uno de sus planos de una respiración propia en la que es posible sentir no sólo el paso del tiempo, sino el latir de un mundo fuera del plano. Y por otro lado este constate ocultamiento obliga al espectador a estar atento y recibir de manera activa lo que ocurre en la pantalla, lo que sumado al tiempo disponible para "pensar" cada plano, nos acerca por momentos a un ideal de cine que ve al espectador como una pieza activa en el proceso de generación de sentido.
Esta economía de recursos viene de la mano de un mecanismo que ya dominaban a la perfección los grandes novelistas del siglo XIX en sus historias románticas y que consiste en el ocultamiento, la ambigüedad y por sobre todo la contención respecto de lo que sucede al interior del personaje. Jia nos revela a cuentagotas y en momentos muy precisos lo que siente cada uno de sus personajes, lo que permite crear maravillosos momentos de "revelación", segundos en los que la naturaleza de un personaje se nos muestra en toda su frágil y entrañable humanidad. Este don narrativo, a mi juicio, lo deja varios pasos por adelante de sus contemporáneos en China (tal vez si el ritmo impecable y vertiginoso de Blind shaft sea hasta ahora, y dentro de lo que he visto, lo que más se le acerca).
Sanxia haoren (Still life, 2006)
Además, y como todos los grandes maestros, Jia tiene un sentido perfecto de ese misterio que es lo que los humoristas conocen como el timing, o el momento justo para que se diga o para que suceda algo. Como Tsai Ming Liang o Hou Hsiao Hsien, Jia domina la composición del plano no sólo en términos de disposición espacial de los acontecimientos, objetos y personajes, sino que maneja con precisión el momento en que cada cosa ocurre y por sobre todo el momento en el que un plano alcanza su máximo poder expresivo. Es fácil notar que Jia es consiente de la duración de cada plano en base a la manifestación del tiempo en cada uno de ellos. Los tiempos muertos en Jia, al igual que en Tsai o Hou, no están en realidad muertos, sino cargados de tensión, pues aunque posean instantes en que aparentemente "nada ocurre", siempre se cierran con un acontecimiento o un detalle, que aunque pequeño, permite sentir que el tiempo transcurrido hasta llegar a él o a partir de él es una espera necesaria. Este mecanismo, que en Hou está más cerca del suspenso y en Tsai del humor, se manifiesta en cada película de Jia en momentos brillantes, como la escena final de Xiao Wu en la que el protagonista, un ladrón de poca monta, es encadenado a un poste por un policía mientras éste entra a una oficina. El plano del ladrón en una calle cualquiera se extiende por un momento muy largo, hasta que de pronto empieza a mutar. Gente que pasa a su lado nota que el hombre está encadenado y algunos se detienen (no sabemos bien si delante del hombre o de la cámara que sentimos lo está filmando). Al poco tiempo hay una aglomeración al lado del humillado ladrón. De esta forma, el plano cuya duración parecía extenderse sin un motivo claro al cabo de un instante de observación se transforma y se llena de un nuevo sentido. Otro ejemplo es el cierre de una escena en Still life, que al igual que en Dust in the wind de Hou termina abruptamente con la intervención de la electricidad (en la cinta de Hou un apagón interrumpe la escritura de una carta en la mitad de una frase, y en Jia un chispazo en la caja de fusibles permite saltar a una nueva escena); o bien el momento en que el protagonista minero de una de las dos historias de Still life camina por una calle en ruinas, se detiene y tras un instante la pared de un edificio a medio demoler se cae ante nuestros incrédulos y embelesados ojos.
Como si estas cualidades hasta cierto punto "desentrañables" no fueran suficientes, Jia entrega en cada película chispazos que no pueden ser explicados sino por el genio cuya varita toca a sólo unos pocos. Como ejemplos se pueden mencionar el ya citado plano final de Xiao Wu; o el momento en que el primo del protagonista en The world, un obrero que sufre un accidente, le entrega poco antes de morir una carta que intuimos incluye palabras para algún ser querido, pero que luego descubrimos, en una escena desgarradora, contiene un listado de las deudas que se llevó a la tumba; o la frase con que en Still life el minero se despide de sus nuevos amigos y en que les dice que los recordará cada vez que vea un billete, ya que antes se habían mostrado unos a otros los paisajes que adornan el reverso de los billetes para dar una idea de cómo es su lugar de origen.
Esta sola idea de vincular dos temas tan distantes como el dinero y la amistad bastarían para dejar en claro el talento de Jia. Dotar al mayor símbolo de la crueldad y deshumanización de la economía de mercado (un billete) de un sentido de amistad y cariño tan grande es ni más ni menos que una operación mágica que de pronto subvierte todo un orden establecido, como si la idea de fondo fuese que una revolución no necesita de bombas o protestas, sino de pequeños gestos poéticos que ataquen el sustento simbólico de un sistema como el capitalismo.
Una de las animaciones de Shijie (The World, 2004)
Pese a todos estos puntos a favor, la obra de Jia no está libre de peligros y momentos que siembran algunas dudas sobre su desarrollo futuro. Si bien los ovnis y las casas voladoras se olvidan ante la magnificencia y humanidad del resto de Still life (al igual que un episodio de dibujos animados se olvidaba en The world) la literalidad de algunas metáforas (como el baile de una pareja delante de la represa de la Tres Gargantas, el artista de ópera china jugando Nintendo o el dibujo digital de un edificio que se cae en la lejanía en el momento en que el minero se encuentra con su esposa en Still life; o el encuentro excesivamente lacrimógeno de la protagonista de The world con una prostituta rusa) parecen indicar que en algunas ocasiones Jia desconfía de su propio talento. Como si quisiera hacer su mensaje un poco más evidente, sacarlo demasiado a la superficie.
Para una obra que se basa en el ocultamiento, casi en el pudor, el silencio y lo sutil, tal paso aparece como una amenaza, o por lo menos como un paso en falso.
Por otra parte, hasta ahora lo cierto es que Jia parece tener aún un millón de trucos bajo la manga, un millón de ideas geniales, de pequeños momentos milagrosos que no sólo mantienen su obra a flote, sino que incluso lo elevan a la altura de sus enormes ambiciones y lo transforman por momentos en lo que parece querer ser, más que un cineasta, una especie de antropólogo espacial, un alienígena que nos visita desde el futuro para llevarse algunos pedazos de la pequeña odisea de nuestra vida cotidiana.
Un verdadero fanático
Francisco Ortega es el columnista que leo que más sabe de Los Transformer. Acá va
Por Francisco Ortega
Fenómeno generacional. He hablado con por lo menos treinta personas que ya han visto la película y que estoy más que seguro, que de no tratarse de Transformers, me hubiesen dicho que es un bodrio. Porque claro en lo más estricto lo es. Malas actuaciones, problemas de continuidad, personajes sin fondo, que se yo, moral de videoclip, que se yo... pero putah que se pasa bien viéndola, tanto que uno le perdona las estupideces que suma en centímetro tras centímetro de metraje. Hace años que no veía que a un blockbuster, con obvias deficiencias, tan bien tratado. Críticos (entre los que no me incluyo, porque soy un ñoño de orgullo) que uno esperaría la destrozaran le dan tres -e incluso cuatro- estrellas, bajo la justificación que no es más que un mono animado en imagen real. Y puede ser. Lo que es yo, creo que todo obedece al puto cariño que uno le tiene a estos monos que nos acompañaron en las duras tardes de 1986 y por qué -seamos honestos- la película de Michael Bay, tiene una gracia no menor: nos dio exactamente lo que prometió, nunca trató de ser más que un simple cuento de robots extraterrestres sacándose la cresta los unos a los otros. Este es mi último posteo sobre Transformers, es hora de dejarlos descansar. Y como amante de las listas que soy, mis 20 razones de militancia transfans.
Porque hay una generación entera de barbotes, que por veinte años se han preguntado lo choro que sería que un auto en verdad se convirtiera en robots.
Porque ni Star Wars ni El Señor de los Anillos; ni Marvel ni DC le dieron al mundo de la cultura pop, nombre tan impactantes como Optimus Prime, Ironhide, Omega Supreme, Starscream o Megatron.
Por que el ruido de la transformación fue el primer ringtone que busqué cuando tuve un celular descente.
Porque robots, extraterrestres y autos son la tercera mayor obsesión de un niño y los Autobots lo eran todo en uno.
Porque robots, extraterrestres y aviones son la segunda mayor obsesión de un niño y los Decepticons lo eran todo en uno.
Porque robots, extraterrestres y dinosaurios son la absoluta y mayor obsesión infantil de todos los tiempos y los Dinobots lo eran todo y más.
Porque Transformers fue la primera línea de juguetes que me hizo enfermar, me deprimí esperando que llegara la navidad del 86. Al final el viejo pascuence me trajo a Divebomb (un Predacon), Ultra Magnus y a Bumbleebe. Y sí, fui la envidia de mi cuadra, a pesar de ser malo para la pelota.
Porque no hay nada más épico que Optimus Prime ordenando "Autobots, transfórmence y avancen".
Y nada más maravilloso que Starscream desafiando a Megatron y a este tratándolo de bufón antes de reventarlo con su cañón.
Porque mi personal chupamedias no es Espina, sino Soundwave.
Porque casi me cagó en los pantalones cuando vi a los Constructicon formar por primera vez a Devastator.
Porque la historia de Omega Supreme traicionado por sus amigos me dio pena.
Porque a pesar de que Robotech era mejor, los Transformers siempre fueron primeros.
Porque aunque los Go-Bots eran una mierda, uno igual los veía, porque entonces ya no daban Transformers.
Porque igual entiendo la crisis de liderazgo por la que cruzó Rodimus Prime, el líder que nadie (ni los fans) querían.
Porque la transformación de una ciudad en Trypticon es sólo comparable a Godzilla devastando Tokio. A prop, debo ser el único que siempre creyó que Trypticon era una Godzilla transformers y no un súper T-Rex
Porque me acuerdo que Buzzsaw sólo salió en dos capítulos de la primera temporada y que los trillizos Reflector un día desaparecieron para nunca más volver, igual que Skyfire/Jetfire
Porque no entiendo como TVN no muerde su tajada de la torta y aprovecha el boom para repetir completa G1. Apuesto mis riñones a que sería un éxito.
Porque sé que Gestalt era el nombre genérico de los equipos de transformers que se unían para formar un robot gigante. Todo eran 5 (Combaticos, Stunticons, Predacons, Aerialbots, Protectobots, Tecnobots, Terrorcons) excepto los Constructicons que eran 6.
Porque en un momento pensé en que cuanbdo Ironhide va a dejar al capitán Lennox a la casa de su familia al final de la película, éste (Lennox) se iba a dar vuelta para decirle: "mis amigos me llaman Duke" (*). Si hubiese pasado eso, juro que beso la pantalla y como Hermes le doy un millón de estrellas al filme(*) Para los que no sepan, Duke, sargento de G.I.Joe, uno de los dos más emblemáticos miembros del team. Lennox era casi calcado al personaje de esta serie hermana de Transformers. De hecho el personaje aparece, nombrado como tal, en el croosver Transformers-G.I.Joe. Ok, basta de ñoñería, casi me fundo.El Transformers de la imagen es Sky Lynx. Nunca tuve claro si era un Dinobot, pero se parecía a uno, de hecho era el némesis de Predaking, el gestalt de los Predacons, adversarios de los Dinobots. En lugar de transformarse en robot, era un Space Shuttle que se convertía en una especie de dragón, además de dividirse en un pterosaurio y una especie de lince mecánico. El juguete era de los más caros y de los pocos que caminaban. Más que por su escueta aparición en la serie, Sky Lynx brillaba en su comercial (otro juguete Abramowitz) donde Slag (Triceratops) miraba al cielo y decía: "miren, es Skylynx".
Por Francisco Ortega
Fenómeno generacional. He hablado con por lo menos treinta personas que ya han visto la película y que estoy más que seguro, que de no tratarse de Transformers, me hubiesen dicho que es un bodrio. Porque claro en lo más estricto lo es. Malas actuaciones, problemas de continuidad, personajes sin fondo, que se yo, moral de videoclip, que se yo... pero putah que se pasa bien viéndola, tanto que uno le perdona las estupideces que suma en centímetro tras centímetro de metraje. Hace años que no veía que a un blockbuster, con obvias deficiencias, tan bien tratado. Críticos (entre los que no me incluyo, porque soy un ñoño de orgullo) que uno esperaría la destrozaran le dan tres -e incluso cuatro- estrellas, bajo la justificación que no es más que un mono animado en imagen real. Y puede ser. Lo que es yo, creo que todo obedece al puto cariño que uno le tiene a estos monos que nos acompañaron en las duras tardes de 1986 y por qué -seamos honestos- la película de Michael Bay, tiene una gracia no menor: nos dio exactamente lo que prometió, nunca trató de ser más que un simple cuento de robots extraterrestres sacándose la cresta los unos a los otros. Este es mi último posteo sobre Transformers, es hora de dejarlos descansar. Y como amante de las listas que soy, mis 20 razones de militancia transfans.
Porque hay una generación entera de barbotes, que por veinte años se han preguntado lo choro que sería que un auto en verdad se convirtiera en robots.
Porque ni Star Wars ni El Señor de los Anillos; ni Marvel ni DC le dieron al mundo de la cultura pop, nombre tan impactantes como Optimus Prime, Ironhide, Omega Supreme, Starscream o Megatron.
Por que el ruido de la transformación fue el primer ringtone que busqué cuando tuve un celular descente.
Porque robots, extraterrestres y autos son la tercera mayor obsesión de un niño y los Autobots lo eran todo en uno.
Porque robots, extraterrestres y aviones son la segunda mayor obsesión de un niño y los Decepticons lo eran todo en uno.
Porque robots, extraterrestres y dinosaurios son la absoluta y mayor obsesión infantil de todos los tiempos y los Dinobots lo eran todo y más.
Porque Transformers fue la primera línea de juguetes que me hizo enfermar, me deprimí esperando que llegara la navidad del 86. Al final el viejo pascuence me trajo a Divebomb (un Predacon), Ultra Magnus y a Bumbleebe. Y sí, fui la envidia de mi cuadra, a pesar de ser malo para la pelota.
Porque no hay nada más épico que Optimus Prime ordenando "Autobots, transfórmence y avancen".
Y nada más maravilloso que Starscream desafiando a Megatron y a este tratándolo de bufón antes de reventarlo con su cañón.
Porque mi personal chupamedias no es Espina, sino Soundwave.
Porque casi me cagó en los pantalones cuando vi a los Constructicon formar por primera vez a Devastator.
Porque la historia de Omega Supreme traicionado por sus amigos me dio pena.
Porque a pesar de que Robotech era mejor, los Transformers siempre fueron primeros.
Porque aunque los Go-Bots eran una mierda, uno igual los veía, porque entonces ya no daban Transformers.
Porque igual entiendo la crisis de liderazgo por la que cruzó Rodimus Prime, el líder que nadie (ni los fans) querían.
Porque la transformación de una ciudad en Trypticon es sólo comparable a Godzilla devastando Tokio. A prop, debo ser el único que siempre creyó que Trypticon era una Godzilla transformers y no un súper T-Rex
Porque me acuerdo que Buzzsaw sólo salió en dos capítulos de la primera temporada y que los trillizos Reflector un día desaparecieron para nunca más volver, igual que Skyfire/Jetfire
Porque no entiendo como TVN no muerde su tajada de la torta y aprovecha el boom para repetir completa G1. Apuesto mis riñones a que sería un éxito.
Porque sé que Gestalt era el nombre genérico de los equipos de transformers que se unían para formar un robot gigante. Todo eran 5 (Combaticos, Stunticons, Predacons, Aerialbots, Protectobots, Tecnobots, Terrorcons) excepto los Constructicons que eran 6.
Porque en un momento pensé en que cuanbdo Ironhide va a dejar al capitán Lennox a la casa de su familia al final de la película, éste (Lennox) se iba a dar vuelta para decirle: "mis amigos me llaman Duke" (*). Si hubiese pasado eso, juro que beso la pantalla y como Hermes le doy un millón de estrellas al filme(*) Para los que no sepan, Duke, sargento de G.I.Joe, uno de los dos más emblemáticos miembros del team. Lennox era casi calcado al personaje de esta serie hermana de Transformers. De hecho el personaje aparece, nombrado como tal, en el croosver Transformers-G.I.Joe. Ok, basta de ñoñería, casi me fundo.El Transformers de la imagen es Sky Lynx. Nunca tuve claro si era un Dinobot, pero se parecía a uno, de hecho era el némesis de Predaking, el gestalt de los Predacons, adversarios de los Dinobots. En lugar de transformarse en robot, era un Space Shuttle que se convertía en una especie de dragón, además de dividirse en un pterosaurio y una especie de lince mecánico. El juguete era de los más caros y de los pocos que caminaban. Más que por su escueta aparición en la serie, Sky Lynx brillaba en su comercial (otro juguete Abramowitz) donde Slag (Triceratops) miraba al cielo y decía: "miren, es Skylynx".
Monday, July 23, 2007
Simplemente los mejores
CÓMO LOS SIMPSON CAMBIARON AL MUNDO
Hablaron de temáticas que nadie se atrevía a tocar, hicieron más inteligente la “cajita idiota”, definieron el humor de una época, crearon el mercado de los “kidults” y demostraron que disfrutar de la “alta cultura” y la “basura pop” no es una contradicción. A una semana del estreno de su película, con ustedes, las razones de por qué Los Simpson hicieron del mundo un mejor lugar.
ADELANTARON TEMÁTICAS
Los fanáticos de South Park se acordarán: Butters arma algún plan, pero todo los que se le ocurre ya fue visto en Los Simpsons. “Maldita sea. ¿Por qué cada vez que pienso algo inteligente, Los Simpsons ya lo hicieron?”, dice. Hay mucho de verdad en ello. Si algo caracterizó a Los Simpsons es que nunca le tuvieron miedo a plantear temas valóricos. Con una visión progresista, adelantaron muchos debates que luego estarían en boca de todos. ¿Ejemplos?Hoy las cruzadas a favor de los animales son habituales. Muchos personajes en la ficción son vegetarianos y esta opción es cada vez más común. Pero Los Simpsons lo hicieron primero. Corría 1995 y la pequeña Lisa descubría que toda la carne en su plato venía de animales asesinados. Decide hacerse vegetariana lo cual la enfrenta al carnívoro Homero. El episodio dio clases sobre cómo hacer chocar los valores sin dejar de entretener. Aciertos como los concursos de belleza y la explotación infantil (cuarta temporada) catorce años antes de que Little Miss Sunshine (06) hiciera lo mismo. O el control de armas y esa manía gringa de comprarse pistolas hasta por si acaso (temporada nueve), cinco años antes de Michael Moore y su Bowling for Columbine (02), son otros ejemplos. Fueron estos pequeños actos de coraje y premonición los que convirtieron a Los Simpsons en unos adelantados. Y siempre lo hicieron planteando los temas con tantos pros como contras, evitando así la moraleja definitiva. Una lección sobre cómo se debe hacer para no caer en la propaganda. Sectas, obesidad y anorexia infantil, conciencia ambiental (sí, alguna vez este tema fue inédito), cirugías plásticas y matrimonios gay, son sólo unos cuantos de los debates que ya nos sabemos de memoria, pero que tuvieron su primera función masiva en Springfield.
2.- HICIERON DE LA TELE ALGO NO DESECHABLE
La televisión siempre fue un producto que moría en cuanto pasaba su emisión al aire. Antes de Los Simpsons los ciclos con repeticiones (reruns, en gringo) eran más bien impopulares y considerados un subproducto. Hasta que llegaron ellos. Los creadores de Los Simpsons pusieron una atención tan grande a los detalles, que la serie se transformó en un producto para atesorar. Así, la televisión se dio cuenta que dejar de ser desechable era muy rentable: Si hoy en día puedes comprarte casi todas las series que existen en DVD, es gracias a Los SimpsonsCuando sus creadores notaron que el boom de los VHS de principios de los noventas tenía a muchos fanáticos grabando la serie, decidieron ir dejando pequeños “regalitos” en los episodios para esos fieles que se repetían el plato con la nueva tecnología del “rewind” y “pause”, detallitos y chistes que sólo aparecían congelando el cuadro. Un ejemplo entre cientos: En un episodio Kent Brockman (el conductor de noticias de Springfield) pide disculpas públicas por un error cometido en su programa. A continuación aparece en pantalla una lista con todas las metidas de pata de su noticiario. La lista dura como tres segundos, pero tiene joyitas que sólo es posible leer aplicando cámara lenta. Chistes como “Lamer un enchufe no te transforma en un Power Ranger”, “Las balas no rebotan en la gente gorda”, “Si estás leyendo esto, no tienes vida” y, más abajo, “Las personas que están escribiendo esto no tienen vida”. Es cierto que series como Star Trek y similares ya tenían su culto, pero los monos de Matt Groening y compañía dieron la patada final a la gloria. Incluso en la red: los primeros “foros” en Internet empezaron como pequeños grupos de fanáticos que necesitaban un espacio donde discutir estos hallazgos e intercambiar “valiosos” conocimientos. En la actualidad, series como Los Archivos X, 24 o Lost tienen una segunda vida gracias a las hordas de usuarios que se lo comentan todo en Internet, pero los precursores de esta devoción fueron… adivinen. ¿ Los Simpsons, responsables de buena parte de la comunidad geek del mundo? Yo diría que sí. Uno de los mejores sitios no oficiales de Los Simpsons, clikeando acá.
3.- DEFINIERON EL HUMOR DE UNA ÉPOCA
Irreverentes, irónicos y sarcásticos modernos, todos deberían prenderle velitas a Los Simpsons.En Los Simpsons las escuelas son un antro de ignorancia, el alcalde es un corrupto mujeriego, la jefatura de policía es un monumento a la incompetencia, las celebridades infantiles tipo Krusty son insensibles vividores, y el ser más perverso de la ciudad es también el más millonario: el dueño de una planta nuclear manejada por trabajadores igual de ineptos. Podríamos seguir y seguir, porque en Los Simpson los dardos apuntan a cada una de las instituciones sociales. Incluso los “inteligentes” de la ciudad forman una sociedad que fracasa por sus propios egos y ambiciones (el episodio en que Lisa es reclutada por los “menos tontos”, temporada 12, 01)Los Simpsons no inventaron la sátira social pero sí la convirtieron en un producto masivo y exitoso. Contracultura pop. Una mirada que se traspasó a otros programas de televisión (desde el nihilismo de South Park a My Name is Earl), el mundo del cine (Gracias por Fumar, Idiocracy, Borat) y los medios escritos. Aunque Los Simpsons convirtieron eso de ridiculizar a las instituciones en una, bueno, institución, lo suyo está lejos del discurso de quien quiere incendiarlo todo: pese a mostrar las bajezas y contradicciones que se dan en toda organización humana, el programa muestra finalmente que igual funcionan. Nadie puede negar que la Iglesia ayuda a sus fieles y que Flanders, pese a todas las tallas, sigue siendo uno de los mejores ciudadanos de Springfield. O que la familia es la más fundamental de todas las instituciones, aunque a la cabeza de ella esté alguien como Homero. Y eso convive perfectamente con la crítica dentro de la serie. Es una mirada compleja, adulta e informada: No santifica a esas instituciones escondiendo lo malo (como hicieron durante décadas las obras masivas), ni tampoco las sataniza negando sus virtudes, como suele hacer la “contracultura”.
4.- CREARON EL MERCADO DE LOS KIDULTS
El único antecedente al hablar de televisión animada para adultos en Occidente fue, quizás, Los Picapiedras, serie que coló atisbos de temas adultos en sus chistes (problemas matrimoniales, adopción, etc). Los Simpsons en cambio, hicieron de esos temas su sello.Aunque la familia amarilla era increíblemente atractiva para los cabros chicos, finalmente fueron los adultos los que terminaron legitimando el programa y cimentaron sus 19 temporadas y contando. Los Simpson lo lograron tomándose muy en serio las temáticas. Siendo niño uno se reía del episodio en que Homero le regalaba a Marge una bola de boliche, porque era obvio que el regalo era para él. La fiesta de cumpleaños estaba llena de chistes y Bart era (y es) un ídolo colectivo. Pero lo que seguía en ese episodio le hablaba más bien al adulto. Marge tomaba clases de bolos para enseñarle a Homero una lección, pero llegaba al borde del adulterio con su instructor Jacques. Las secuencias de seducción eran de lo más jugadas, y toda la iconografía sexual (los pinos, los bolos, los agujeritos) llegaba a ruborizar. Corría 1989 y el final del episodio resultó conmovedor, con Marge resistiendo la tentación y optando por Homero en un final sacado de la ochentera película Reto al destino (82). Era el episodio ocho, de un total de cuatrocientos y tantos (a la fecha), pero ya nadie quería dejar de ver Los Simpsons. Así un nuevo concepto fue entregado al mundo: los kidults. Gente grandecita con corazón de niño y bolsillo de adulto, lista para ver series de monitos, comprar juguetes caros y abrir nuevos caminos a la industria y la cultura popular. Porque sin los kidults, el cable, los cines, Amazon, YouTube y tantas cosas más, no serían lo que actualmente son. El emotivo final del episodio citado como ejemplo, aquí.(Pero doblado en “españolete”)
5.- ALTA CULTURA Y BASURA POP
Los Simpsons hicieron escuela generando todo tipo de parodias, homenajes, guiños y/o relecturas. Desde películas hasta canciones, pasando por spots publicitarios, series de televisión, novelas e incluso video clips. Aunque está claro que esta tendencia existía hace tiempo, fue el criterio de selección lo que marcó la diferencia: Alta cultura y la basura pop, convivían armónicamente en Los Simpsons. De Philip K. Dick a Hannah Barbera, todo el mundo tenía dónde escoger. ¿Cómo no rendirse ante una serie que hacía incontables homenajes y referencias a películas de Kubrick, Hitchcock, Welles, Coppola, Scorsese, los hermanos Coen y Spielberg? ¿O que osaba mezclar en los especiales de Halloween los versos de Edgar Allan Poe con las peores películas de terror de los años cincuenta? El resultado más directo: gente que normalmente jamás habría seguido una serie de “monitos” se hizo fanática, y muchos intelectuales y cinéfilos talibanes, reconsideraron lo “idiota” que era “la caja” y le declararon su amor a Los Simpsons. Actualmente esto es una práctica abusiva. De Padre de Familia a películas como Shrek y las Scary/Epic/Date Movies, y sus decenas de secuelas, todas siguen la idea sin llegarle ni a los talones a Los Simpsons.Hoy por hoy parece ser consenso que la serie está en declive y que es mejor, no sé, Padre de Familia. Pero no puedo estar más en desacuerdo. Tal como dice la publicidad en Fox por estos días, Los Simpsons son una religión. Y nosotros seguimos siendo sus fieles. ¿Cuándo estrenan la película? La serie parodiando el video de White Stripes dirigido por Gondry, en este link. Los Cazadores del Arca Perdida, en este salto . La increíblemente fiel adaptación de El Cuervo, de E.A. Poe en versión Simpson, con la voz de Darth Vader en persona, acá. Parodia a El Gran Escape protagonizada por Maggie en este link,seguida de la parodia a Los Pájaros (con cameo de Hitchcock incluido), acá.
Bonus Track: Mira quién está ahí
Esto no cambió al mundo, pero es un clásico simpsoniano: Aunque los cameos de famoso ya existían en series como I Love Lucy o Saturday Night Live, fueron Los Simpsons los que convirtieron al “invitado estelar” en una práctica habitual: de Friends a Extras. La gracia es que en sus episodios no sólo venía fulanito a hacer de sí mismo y promocionar su último disco/película: Alejados de la contingencia, Los Simpsons crearon a veces versiones de los invitados o personajes completamente ficticios para que estos los interpretaran. Ya en su tercera temporada aparecer en Los Simpsons era sinónimo de estatus y un premio a la trayectoria. Los famosos se morían por estar ahí. Por eso, por ejemplo, Elizabeth Taylor estuvo dispuesta a decir una sola palabra en un episodio, cuando hizo la voz de Maggie en sus primeros intentos por hablar.La lista de bandas –en el papel de ellas mismas- es infinita: van desde los sobrevivientes de los Beatles a White Stripes. La de los actores que interpretaron algún personaje ajeno a ellos mismos, también. Los inolvidables: Meryl Streep como hija perversa del Reverendo Alegría, Danny DeVito (el hermano perdido de Homero), Johnny Cash (el zorro con el que Homero alucina cuando se come un ají mutante), Michelle Pfeiffer (la sexy y tentadora compañera de trabajo de Homero) o más recientemente Natalie Portman como la adolescente que se entusiasma con Bart.¿Quiénes generaron la costumbre de las películas animadas de contratar voces famosas par sus personajes? Otra vez Los Simpsons.La aparición de J.K. Rowling en este link. Natalie Portman en este Jack Bauer de 24 en este salto.
Hablaron de temáticas que nadie se atrevía a tocar, hicieron más inteligente la “cajita idiota”, definieron el humor de una época, crearon el mercado de los “kidults” y demostraron que disfrutar de la “alta cultura” y la “basura pop” no es una contradicción. A una semana del estreno de su película, con ustedes, las razones de por qué Los Simpson hicieron del mundo un mejor lugar.
ADELANTARON TEMÁTICAS
Los fanáticos de South Park se acordarán: Butters arma algún plan, pero todo los que se le ocurre ya fue visto en Los Simpsons. “Maldita sea. ¿Por qué cada vez que pienso algo inteligente, Los Simpsons ya lo hicieron?”, dice. Hay mucho de verdad en ello. Si algo caracterizó a Los Simpsons es que nunca le tuvieron miedo a plantear temas valóricos. Con una visión progresista, adelantaron muchos debates que luego estarían en boca de todos. ¿Ejemplos?Hoy las cruzadas a favor de los animales son habituales. Muchos personajes en la ficción son vegetarianos y esta opción es cada vez más común. Pero Los Simpsons lo hicieron primero. Corría 1995 y la pequeña Lisa descubría que toda la carne en su plato venía de animales asesinados. Decide hacerse vegetariana lo cual la enfrenta al carnívoro Homero. El episodio dio clases sobre cómo hacer chocar los valores sin dejar de entretener. Aciertos como los concursos de belleza y la explotación infantil (cuarta temporada) catorce años antes de que Little Miss Sunshine (06) hiciera lo mismo. O el control de armas y esa manía gringa de comprarse pistolas hasta por si acaso (temporada nueve), cinco años antes de Michael Moore y su Bowling for Columbine (02), son otros ejemplos. Fueron estos pequeños actos de coraje y premonición los que convirtieron a Los Simpsons en unos adelantados. Y siempre lo hicieron planteando los temas con tantos pros como contras, evitando así la moraleja definitiva. Una lección sobre cómo se debe hacer para no caer en la propaganda. Sectas, obesidad y anorexia infantil, conciencia ambiental (sí, alguna vez este tema fue inédito), cirugías plásticas y matrimonios gay, son sólo unos cuantos de los debates que ya nos sabemos de memoria, pero que tuvieron su primera función masiva en Springfield.
2.- HICIERON DE LA TELE ALGO NO DESECHABLE
La televisión siempre fue un producto que moría en cuanto pasaba su emisión al aire. Antes de Los Simpsons los ciclos con repeticiones (reruns, en gringo) eran más bien impopulares y considerados un subproducto. Hasta que llegaron ellos. Los creadores de Los Simpsons pusieron una atención tan grande a los detalles, que la serie se transformó en un producto para atesorar. Así, la televisión se dio cuenta que dejar de ser desechable era muy rentable: Si hoy en día puedes comprarte casi todas las series que existen en DVD, es gracias a Los SimpsonsCuando sus creadores notaron que el boom de los VHS de principios de los noventas tenía a muchos fanáticos grabando la serie, decidieron ir dejando pequeños “regalitos” en los episodios para esos fieles que se repetían el plato con la nueva tecnología del “rewind” y “pause”, detallitos y chistes que sólo aparecían congelando el cuadro. Un ejemplo entre cientos: En un episodio Kent Brockman (el conductor de noticias de Springfield) pide disculpas públicas por un error cometido en su programa. A continuación aparece en pantalla una lista con todas las metidas de pata de su noticiario. La lista dura como tres segundos, pero tiene joyitas que sólo es posible leer aplicando cámara lenta. Chistes como “Lamer un enchufe no te transforma en un Power Ranger”, “Las balas no rebotan en la gente gorda”, “Si estás leyendo esto, no tienes vida” y, más abajo, “Las personas que están escribiendo esto no tienen vida”. Es cierto que series como Star Trek y similares ya tenían su culto, pero los monos de Matt Groening y compañía dieron la patada final a la gloria. Incluso en la red: los primeros “foros” en Internet empezaron como pequeños grupos de fanáticos que necesitaban un espacio donde discutir estos hallazgos e intercambiar “valiosos” conocimientos. En la actualidad, series como Los Archivos X, 24 o Lost tienen una segunda vida gracias a las hordas de usuarios que se lo comentan todo en Internet, pero los precursores de esta devoción fueron… adivinen. ¿ Los Simpsons, responsables de buena parte de la comunidad geek del mundo? Yo diría que sí. Uno de los mejores sitios no oficiales de Los Simpsons, clikeando acá.
3.- DEFINIERON EL HUMOR DE UNA ÉPOCA
Irreverentes, irónicos y sarcásticos modernos, todos deberían prenderle velitas a Los Simpsons.En Los Simpsons las escuelas son un antro de ignorancia, el alcalde es un corrupto mujeriego, la jefatura de policía es un monumento a la incompetencia, las celebridades infantiles tipo Krusty son insensibles vividores, y el ser más perverso de la ciudad es también el más millonario: el dueño de una planta nuclear manejada por trabajadores igual de ineptos. Podríamos seguir y seguir, porque en Los Simpson los dardos apuntan a cada una de las instituciones sociales. Incluso los “inteligentes” de la ciudad forman una sociedad que fracasa por sus propios egos y ambiciones (el episodio en que Lisa es reclutada por los “menos tontos”, temporada 12, 01)Los Simpsons no inventaron la sátira social pero sí la convirtieron en un producto masivo y exitoso. Contracultura pop. Una mirada que se traspasó a otros programas de televisión (desde el nihilismo de South Park a My Name is Earl), el mundo del cine (Gracias por Fumar, Idiocracy, Borat) y los medios escritos. Aunque Los Simpsons convirtieron eso de ridiculizar a las instituciones en una, bueno, institución, lo suyo está lejos del discurso de quien quiere incendiarlo todo: pese a mostrar las bajezas y contradicciones que se dan en toda organización humana, el programa muestra finalmente que igual funcionan. Nadie puede negar que la Iglesia ayuda a sus fieles y que Flanders, pese a todas las tallas, sigue siendo uno de los mejores ciudadanos de Springfield. O que la familia es la más fundamental de todas las instituciones, aunque a la cabeza de ella esté alguien como Homero. Y eso convive perfectamente con la crítica dentro de la serie. Es una mirada compleja, adulta e informada: No santifica a esas instituciones escondiendo lo malo (como hicieron durante décadas las obras masivas), ni tampoco las sataniza negando sus virtudes, como suele hacer la “contracultura”.
4.- CREARON EL MERCADO DE LOS KIDULTS
El único antecedente al hablar de televisión animada para adultos en Occidente fue, quizás, Los Picapiedras, serie que coló atisbos de temas adultos en sus chistes (problemas matrimoniales, adopción, etc). Los Simpsons en cambio, hicieron de esos temas su sello.Aunque la familia amarilla era increíblemente atractiva para los cabros chicos, finalmente fueron los adultos los que terminaron legitimando el programa y cimentaron sus 19 temporadas y contando. Los Simpson lo lograron tomándose muy en serio las temáticas. Siendo niño uno se reía del episodio en que Homero le regalaba a Marge una bola de boliche, porque era obvio que el regalo era para él. La fiesta de cumpleaños estaba llena de chistes y Bart era (y es) un ídolo colectivo. Pero lo que seguía en ese episodio le hablaba más bien al adulto. Marge tomaba clases de bolos para enseñarle a Homero una lección, pero llegaba al borde del adulterio con su instructor Jacques. Las secuencias de seducción eran de lo más jugadas, y toda la iconografía sexual (los pinos, los bolos, los agujeritos) llegaba a ruborizar. Corría 1989 y el final del episodio resultó conmovedor, con Marge resistiendo la tentación y optando por Homero en un final sacado de la ochentera película Reto al destino (82). Era el episodio ocho, de un total de cuatrocientos y tantos (a la fecha), pero ya nadie quería dejar de ver Los Simpsons. Así un nuevo concepto fue entregado al mundo: los kidults. Gente grandecita con corazón de niño y bolsillo de adulto, lista para ver series de monitos, comprar juguetes caros y abrir nuevos caminos a la industria y la cultura popular. Porque sin los kidults, el cable, los cines, Amazon, YouTube y tantas cosas más, no serían lo que actualmente son. El emotivo final del episodio citado como ejemplo, aquí.(Pero doblado en “españolete”)
5.- ALTA CULTURA Y BASURA POP
Los Simpsons hicieron escuela generando todo tipo de parodias, homenajes, guiños y/o relecturas. Desde películas hasta canciones, pasando por spots publicitarios, series de televisión, novelas e incluso video clips. Aunque está claro que esta tendencia existía hace tiempo, fue el criterio de selección lo que marcó la diferencia: Alta cultura y la basura pop, convivían armónicamente en Los Simpsons. De Philip K. Dick a Hannah Barbera, todo el mundo tenía dónde escoger. ¿Cómo no rendirse ante una serie que hacía incontables homenajes y referencias a películas de Kubrick, Hitchcock, Welles, Coppola, Scorsese, los hermanos Coen y Spielberg? ¿O que osaba mezclar en los especiales de Halloween los versos de Edgar Allan Poe con las peores películas de terror de los años cincuenta? El resultado más directo: gente que normalmente jamás habría seguido una serie de “monitos” se hizo fanática, y muchos intelectuales y cinéfilos talibanes, reconsideraron lo “idiota” que era “la caja” y le declararon su amor a Los Simpsons. Actualmente esto es una práctica abusiva. De Padre de Familia a películas como Shrek y las Scary/Epic/Date Movies, y sus decenas de secuelas, todas siguen la idea sin llegarle ni a los talones a Los Simpsons.Hoy por hoy parece ser consenso que la serie está en declive y que es mejor, no sé, Padre de Familia. Pero no puedo estar más en desacuerdo. Tal como dice la publicidad en Fox por estos días, Los Simpsons son una religión. Y nosotros seguimos siendo sus fieles. ¿Cuándo estrenan la película? La serie parodiando el video de White Stripes dirigido por Gondry, en este link. Los Cazadores del Arca Perdida, en este salto . La increíblemente fiel adaptación de El Cuervo, de E.A. Poe en versión Simpson, con la voz de Darth Vader en persona, acá. Parodia a El Gran Escape protagonizada por Maggie en este link,seguida de la parodia a Los Pájaros (con cameo de Hitchcock incluido), acá.
Bonus Track: Mira quién está ahí
Esto no cambió al mundo, pero es un clásico simpsoniano: Aunque los cameos de famoso ya existían en series como I Love Lucy o Saturday Night Live, fueron Los Simpsons los que convirtieron al “invitado estelar” en una práctica habitual: de Friends a Extras. La gracia es que en sus episodios no sólo venía fulanito a hacer de sí mismo y promocionar su último disco/película: Alejados de la contingencia, Los Simpsons crearon a veces versiones de los invitados o personajes completamente ficticios para que estos los interpretaran. Ya en su tercera temporada aparecer en Los Simpsons era sinónimo de estatus y un premio a la trayectoria. Los famosos se morían por estar ahí. Por eso, por ejemplo, Elizabeth Taylor estuvo dispuesta a decir una sola palabra en un episodio, cuando hizo la voz de Maggie en sus primeros intentos por hablar.La lista de bandas –en el papel de ellas mismas- es infinita: van desde los sobrevivientes de los Beatles a White Stripes. La de los actores que interpretaron algún personaje ajeno a ellos mismos, también. Los inolvidables: Meryl Streep como hija perversa del Reverendo Alegría, Danny DeVito (el hermano perdido de Homero), Johnny Cash (el zorro con el que Homero alucina cuando se come un ají mutante), Michelle Pfeiffer (la sexy y tentadora compañera de trabajo de Homero) o más recientemente Natalie Portman como la adolescente que se entusiasma con Bart.¿Quiénes generaron la costumbre de las películas animadas de contratar voces famosas par sus personajes? Otra vez Los Simpsons.La aparición de J.K. Rowling en este link. Natalie Portman en este Jack Bauer de 24 en este salto.
Henri Cartier-Bresson
Henri Cartier-Bresson (22 de agosto 1908 - 2 de agosto 2004) fue un célebre fotógrafo francés considerado por muchos el padre del fotorreportaje. Predicó siempre con la idea de atrapar el instante decisivo, versión traducida de sus "images a la sauvette", que vienen a significar con más precisión "imágenes a hurtadillas". Se trataba, pues, de poner la cabeza, el ojo y el corazón en el mismo momento en el que se desarrolla el clímax de una acción.
Nació en Chanteloup-les-vignes, a las afueras de París, el 22 de agosto de 1908. A los 22 años decidió probar suerte en Costa de Marfil, fue ahí donde tomó sus primeras fotografías. De regreso a Francia, adquirió una cámara Leica, la cual quedaría asociada con su persona. Tras coquetear con el surrealismo y colaborar con cineastas como Jean Renoir y Jean Becker decidió fundar la agencia fotográfica Magnum con Robert Capa, David Seymour y George Rodger.
A lo largo de su carrera, tuvo la oportunidad de retratar a personajes de la talla de Pablo Picasso, Henri Matisse, Marie Curie, Edith Piaf, Fidel Castro y Ernesto Guevara. También cubrió importantes eventos, como la muerte de Gandhi, la Guerra Civil Española o la entrada triunfal de Mao Zedong a Pekín. Cartier-Bresson fue el primer periodista occidental que pudo visitar la Unión Soviética tras la muerte de José Stalin.
Junto a su esposa, la también fotógrafa Martine Frank, creó en el año 2000 una fundación encargada de reunir sus mejores obras. Falleció el 2 de agosto de 2004 en Cereste, al suroeste de Francia.
En 2003, Heinz Bütler dirigió la película suiza Henri Cartier-Bresson - Biographie eines Blicks, documental biográfico interpretado por el propio Cartier-Bresson además de Isabelle Huppert, entre otros.
Henri Cartier-Bresson (22 de agosto 1908 - 2 de agosto 2004) fue un célebre fotógrafo francés considerado por muchos el padre del fotorreportaje. Predicó siempre con la idea de atrapar el instante decisivo, versión traducida de sus "images a la sauvette", que vienen a significar con más precisión "imágenes a hurtadillas". Se trataba, pues, de poner la cabeza, el ojo y el corazón en el mismo momento en el que se desarrolla el clímax de una acción.
Nació en Chanteloup-les-vignes, a las afueras de París, el 22 de agosto de 1908. A los 22 años decidió probar suerte en Costa de Marfil, fue ahí donde tomó sus primeras fotografías. De regreso a Francia, adquirió una cámara Leica, la cual quedaría asociada con su persona. Tras coquetear con el surrealismo y colaborar con cineastas como Jean Renoir y Jean Becker decidió fundar la agencia fotográfica Magnum con Robert Capa, David Seymour y George Rodger.
A lo largo de su carrera, tuvo la oportunidad de retratar a personajes de la talla de Pablo Picasso, Henri Matisse, Marie Curie, Edith Piaf, Fidel Castro y Ernesto Guevara. También cubrió importantes eventos, como la muerte de Gandhi, la Guerra Civil Española o la entrada triunfal de Mao Zedong a Pekín. Cartier-Bresson fue el primer periodista occidental que pudo visitar la Unión Soviética tras la muerte de José Stalin.
Junto a su esposa, la también fotógrafa Martine Frank, creó en el año 2000 una fundación encargada de reunir sus mejores obras. Falleció el 2 de agosto de 2004 en Cereste, al suroeste de Francia.
En 2003, Heinz Bütler dirigió la película suiza Henri Cartier-Bresson - Biographie eines Blicks, documental biográfico interpretado por el propio Cartier-Bresson además de Isabelle Huppert, entre otros.
Josef Koudelka
El fotógrafo Josef Koudelka
La fotografía puede ser un arma poderosa, al igual que una forma de expresar la poesía lírica. Todo depende del objetivo que se traza el autor y de su maestría para dominar el tema. Un verdadero "mago" de esta profesión es Josef Koudelka, fotógrafo checo cuyos trabajos son altamente reconocidos en mucho países del mundo. Apreciar la obra de Koudelka es posible actualmente en una exposición que hasta mediados de febrero tiene lugar en el Palacio de las Ferias, en Praga. Mientras tanto, les familiarizaremos con la carrera artística de este fotógrafo.
Josef Koudelka, oriundo de la localidad morava de Boskovice, donde nació en enero de 1938, se graduó como ingeniero de aviación en la Universidad Carolina de Praga y se desempeñó varios años en su profesión. Estando todavía en la universidad, se dedicaba en su tiempo libre a la fotografía, hacia la cual sentía una atracción cada vez mayor.
Josef KoudelkaEn los años sesenta comenzó a colaborar como fotógrafo con la revista checa "Teatro". Esta labor le marcó de tal manera que a finales de la década abandonó definitivamente su profesión, dedicándose exclusivamente a la fotografía. Desde el propio comienzo, de las fotos de Koudelka emanaba un sensible mensaje humanista que hasta hoy caracteriza los trabajos de este "maestro de la fotografía".
La exposición del ciclo de fotos de Koudelka denominada "Gitanos", en la que el autor reflejó la vida cotidiana de dicha minoría étnica en Eslovaquia oriental, tuvo en los años sesenta una inesperada repercusión entre el público. Del mismo período data también el primer premio al autor, que le fue conferido por su inusual concepto de la fotografía que refleja el arte teatral.
La invasión a Checoslovaquia de las tropas soviéticas, en agosto de 1968, significó un momento crucial para la vida de este país y predestinó también el futuro de Josef Koudelka. El artista fue testigo directo de los dramáticos acontecimientos que acompañaron la ocupación de su país y su cámara lo captaba todo.
Las fotografías de Koudelka de aquella época, que conforman el ciclo denominado "Invasión", reflejan lo ocurrido en el año 68' desde el ángulo de un representante típico de la llamada "generación perdida", cuyas perspectivas y esperanzas de poder expresar libremente sus opiniones a través del arte fueron aplastadas por los tanques soviéticos. En 1970 Josef Koudelka abandonó Checoslovaquia y recibió asilo en Gran Bretaña.
En el exilio, Josef Koudelka continuó dedicándose a la fotografía, cooperando con la prestigiosa agencia Magnum. Se convirtió en un verdadero trotamundos, reflejando con su objetivo fotográfico la vida cotidiana de los habitantes en diversos países, entre ellos Irlanda, España, Italia, Portugal o Estados Unidos. El trabajo de Koudelka fue premiado con numerosas distinciones en varios países del mundo.
Su ciclo de fotografías "Exilio", realizado entre 1970 y 1990, es una obra maestra que refleja el profundo sentir humanista del autor. Aunque las fotos del ciclo reflejan la vida de los habitantes de nuestro planeta en el siglo XX, superan el marco de un simple documento, teniendo ciertos toques de arte plástico.
En 1980, Josef Koudelka se radicó en Francia, donde siete años más tarde recibió la ciudadanía francesa. Después de los cambios democráticos habidos en Checoslovaquia a finales de los años ochenta, Koudelka restableció los contactos con este país, retornando regularmente a su tierra natal. Sus estancias en la República Checa las reflejó en dos nuevos ciclos de fotografías, esta vez panorámicas, de los que especialmente el denominado "Caos" tuvo una amplia repercusión en este país.
En el ciclo "Caos", Josef Koudelka expone su punto de vista sobre el comportamiento del hombre para con la naturaleza. Algunas de sus tomas acusan indirectamente al ser humano por los enormes daños causados al medio que le rodea. A través de su obra, el fotógrafo obliga al hombre a reflexionar sobre su actuación.
Los mencionados ciclos de fotografías es posible conocerlos en la actual exposición de Praga del fotógrafo Josef Koudelka. En el libro de visitas de esta muestra, muchos ciudadanos afirmaron haber quedado realmente cautivados.
La fotografía puede ser un arma poderosa, al igual que una forma de expresar la poesía lírica. Todo depende del objetivo que se traza el autor y de su maestría para dominar el tema. Un verdadero "mago" de esta profesión es Josef Koudelka, fotógrafo checo cuyos trabajos son altamente reconocidos en mucho países del mundo. Apreciar la obra de Koudelka es posible actualmente en una exposición que hasta mediados de febrero tiene lugar en el Palacio de las Ferias, en Praga. Mientras tanto, les familiarizaremos con la carrera artística de este fotógrafo.
Josef Koudelka, oriundo de la localidad morava de Boskovice, donde nació en enero de 1938, se graduó como ingeniero de aviación en la Universidad Carolina de Praga y se desempeñó varios años en su profesión. Estando todavía en la universidad, se dedicaba en su tiempo libre a la fotografía, hacia la cual sentía una atracción cada vez mayor.
Josef KoudelkaEn los años sesenta comenzó a colaborar como fotógrafo con la revista checa "Teatro". Esta labor le marcó de tal manera que a finales de la década abandonó definitivamente su profesión, dedicándose exclusivamente a la fotografía. Desde el propio comienzo, de las fotos de Koudelka emanaba un sensible mensaje humanista que hasta hoy caracteriza los trabajos de este "maestro de la fotografía".
La exposición del ciclo de fotos de Koudelka denominada "Gitanos", en la que el autor reflejó la vida cotidiana de dicha minoría étnica en Eslovaquia oriental, tuvo en los años sesenta una inesperada repercusión entre el público. Del mismo período data también el primer premio al autor, que le fue conferido por su inusual concepto de la fotografía que refleja el arte teatral.
La invasión a Checoslovaquia de las tropas soviéticas, en agosto de 1968, significó un momento crucial para la vida de este país y predestinó también el futuro de Josef Koudelka. El artista fue testigo directo de los dramáticos acontecimientos que acompañaron la ocupación de su país y su cámara lo captaba todo.
Las fotografías de Koudelka de aquella época, que conforman el ciclo denominado "Invasión", reflejan lo ocurrido en el año 68' desde el ángulo de un representante típico de la llamada "generación perdida", cuyas perspectivas y esperanzas de poder expresar libremente sus opiniones a través del arte fueron aplastadas por los tanques soviéticos. En 1970 Josef Koudelka abandonó Checoslovaquia y recibió asilo en Gran Bretaña.
En el exilio, Josef Koudelka continuó dedicándose a la fotografía, cooperando con la prestigiosa agencia Magnum. Se convirtió en un verdadero trotamundos, reflejando con su objetivo fotográfico la vida cotidiana de los habitantes en diversos países, entre ellos Irlanda, España, Italia, Portugal o Estados Unidos. El trabajo de Koudelka fue premiado con numerosas distinciones en varios países del mundo.
Su ciclo de fotografías "Exilio", realizado entre 1970 y 1990, es una obra maestra que refleja el profundo sentir humanista del autor. Aunque las fotos del ciclo reflejan la vida de los habitantes de nuestro planeta en el siglo XX, superan el marco de un simple documento, teniendo ciertos toques de arte plástico.
En 1980, Josef Koudelka se radicó en Francia, donde siete años más tarde recibió la ciudadanía francesa. Después de los cambios democráticos habidos en Checoslovaquia a finales de los años ochenta, Koudelka restableció los contactos con este país, retornando regularmente a su tierra natal. Sus estancias en la República Checa las reflejó en dos nuevos ciclos de fotografías, esta vez panorámicas, de los que especialmente el denominado "Caos" tuvo una amplia repercusión en este país.
En el ciclo "Caos", Josef Koudelka expone su punto de vista sobre el comportamiento del hombre para con la naturaleza. Algunas de sus tomas acusan indirectamente al ser humano por los enormes daños causados al medio que le rodea. A través de su obra, el fotógrafo obliga al hombre a reflexionar sobre su actuación.
Los mencionados ciclos de fotografías es posible conocerlos en la actual exposición de Praga del fotógrafo Josef Koudelka. En el libro de visitas de esta muestra, muchos ciudadanos afirmaron haber quedado realmente cautivados.
Ojo con un cineasta de verdad
Secretos íntimos", ("Little children"):
Encerrados en el paraíso
Ernesto Ayala
Ernesto AyalaRonnie (Jackie Earle Haley) viene saliendo de la cárcel, donde pasó dos años por exponerse indecentemente frente a menores de edad. Esto tiene revuelta a la comunidad del suburbio de Massachusetts donde Ronnie vuelve a vivir con su anciana madre. Lo interesante es, sin embargo, que prácticamente todos en el suburbio están encerrados, atrapados. Sarah (Kate Winslet) vive presa de una casa que no le gusta y un matrimonio que la frustra. Brad (Patrick Wilson) se hace cargo de su hijo, mientras su mujer (Jennifer Connelly), una exitosa documentalista, muestra más sensibilidad hacia sus entrevistados que hacia él. A Brad ni una cosa ni la otra le importan tanto, pero es incapaz de estudiar el examen que ya ha reprobado dos veces y le permitiría trabajar como abogado; en el fondo, no quiere ser el adulto que ya es. El día que Sarah y Brad se conocen en un parque de niños y se dan un extraño beso, un beso que buscaba sorprender a las tiesas dueñas de casa presentes, pero que termina sorprendiéndolos a ellos, la represa que mantiene a cada uno en su lugar comienza a mostrar sus primeras filtraciones.En el segundo largometraje que dirige, Todd Field, un actor (el pianista de Ojos bien cerrados) que dejó a medio mundo helado con la notable En el dormitorio (2001), entra a los suburbios, donde bajo las quietas aguas todo está revuelto. El territorio, es cierto, tiene mucho de conocido. Las películas de suburbios son casi un género en sí, y muchas comparten el sarcasmo y la ironía con que se retratan estos paraísos burgueses, donde el espacio, la comodidad y la seguridad más que liberar parece constreñir; más que dar felicidad, enmascara el sufrimiento. Es una mirada heredada de novelistas como John Cheever, John Updike y Richard Yates, norteamericanos que en los cincuenta y sesenta dibujaron este mundo de una vez y para siempre. Secretos íntimos se hace parte de esta tradición y sus mayores debilidades están en no cuestionarla o matizarla lo suficiente, algo que el mismo Cheever sí hizo. Los suburbios, tal como el campo o la ciudad, debieran tener quizás una oportunidad, en la ficción al menos.Con todo, Field se las arregla para hacer volar sus películas sobre el lugar común de Desperate housewives. No sólo porque obtiene actuaciones notables de su elenco. Tampoco sólo porque logra conciliar la comedia negra -abiertamente cómica incluso en algunas secuencias- y el drama más desnudo, una opción que siempre es riesgosa. Y tampoco sólo porque logra dibujar simultáneamente una decena de personajes, al tiempo que no suelta la atención sobre Sarah, su protagonista, su sensible Ema Bovary. Quizás lo más interesante de Secretos íntimos esté en cómo incorpora al verano, al viento sobre los árboles, al agua, a los grillos de la noche, a las polillas en torno al farol en la calle. La película incluye sutil pero definitivamente la presencia de lo físico, de lo que está ahí y no siempre vemos porque resulta demasiado obvio. Sarah y Brad terminan por sucumbir a esta influencia -no en vano toda su relación se construye al aire libre- y de pronto sienten como nunca el encierro que significan sus bonitas casas suburbanas. De esta manera, con un oficio que pocos directores demuestran, Field logra que sus personajes se sientan libres de movimiento, desligados de los mecanismos de un guión o de lo que supuestamente se espera de ellos, impredecibles como la misma naturaleza de que son parte. Eso no significa que sean libres de su entorno, de su pasado o de sus demonios, pero sí que aspiran a serlo, lo intentan. En esta rebelión está la mayor belleza de esta película. En que no lo logren está la tragedia.Aunque quizás no alcanza las dimensiones bíblicas de En el dormitorio, la segunda película de Todd Field, Secretos íntimos, lo confirma como director agudo, notable, sensible a las fuerzas y contradicciones que todos llevamos dentro.
"Secretos íntimos"
En la formidable cinta "En el dormitorio" (2001), el director estadounidense Todd Field exploraba la paternidad y sus rincones más conflictivos con la historia de un matrimonio maduro que debe asumir la trágica muerte de su hijo. Algo de esa línea sigue en la igualmente formidable "Secretos íntimos", una nueva mirada de Field hacia la paternidad y sus responsabilidades. Pero esta vez su óptica crece por otras ramificaciones.Kate Winslet (nominada al Oscar por este rol) es una antropóloga que se halla incrustada donde menos quería y esperaba. Sentada en un parque con otras madres (tiene una pequeña de tres años), se dedica a hablar trivialidades y a encarnar el papel que justamente siempre rehusó para sí: el de una común y pedestre dueña de casa.Un neutral - y muy útil narrador- va recalcando estas disyuntivas y al cuadro se suma Brad (Patrick Wilson, "Hard candy"), un hombre sin trabajo, padre de un niño y aparentemente feliz esposo (de la siempre perfecta Jennifer Connelly). La relación entre Brad y Sarah comienza con un inesperado beso y, de amistad regular (van a la piscina con sus hijos, recorren el parque), la cosa pasa a infidelidad.Mientras, en el coro de fondo de este gran filme, un hombre que acaba de salir de prisión luego de ser condenado por acoso a un menor, causa pánico en el vecindario y un policía retirado acosa al presunto criminal en pos de la defensa de los niños del lugar.Con "Secretos íntimos", el director encara un cine poéticamente superior. En su segunda película como realizador, construye un mundo visual magnífico, dramáticamente armonioso y - de la mano del novelista Tom Perrotta, en cuyo libro se inspira- escribe un sólido guión sobre padres al cuidado de pequeños que, muchas veces, pueden ser tan niños como sus retoños. Una de las mejores películas en lo que va del año. ERNESTO GARRATT VIÑES.
Secretos íntimos
Ascanio Cavallo
Este es el segundo largometraje del cineasta Todd Field, y viene precedido por el memorable En el dormitorio (2001), esa singular exploración moral en el mundo de las clases medias-altas de Estados Unidos. Field tenía ya un considerable prestigio como actor y cortometrajista antes de debutar en grande, a pesar de que su estilo visual, ligeramente descentrado en sus encuadres y extraño en sus transiciones, delata un origen que no es del cine ni de la televisión, sino, más probablemente, de la plástica americana.Field se toma su tiempo en armar la historia, situada en un suburbio de Massachusetts. Un informativo anuncia que, tras dos años de prisión, un molestador de niños ha sido puesto en libertad. En un pequeño parque infantil, tres mujeres casadas admiran a un vecino, Brad Adamson (Patrick Wilson), que pasea con su hijo. Otra mujer, Sarah Pierce (Kate Winslet), las observa a ellas, en la posición de una antropóloga aficionada. En las noches, Brad va a admirar a los skaters adolescentes, o a jugar fútbol con sus ex compañeros policías. Y por encima de todos, un narrador flemático describe las frustraciones de este mundillo de gente próspera, que se mira, se admira y se vigila.Con ganas de provocar a las señoras, Sarah propone un pequeño juego erótico a Brad: apenas un abrazo. Por supuesto, este acto desata las incandescencias contenidas de ambos, y Brad comienza a preguntarse por qué Sarah le resulta más atractiva que su espléndida e inteligente esposa, Cathy (Jennifer Connelly), mientras Sarah confirma a través de Brad el naufragio de su matrimonio con el empresario Richard (Gregg Edelman).En el momento en que esta historia adquiere la densidad de la culpa dividida, se entrecruzan otras dos: la del ex convicto y molestador de menores, Ronald McGorvey (Jackie Earle Haley), que se presenta en la piscina comunitaria causando el pánico de las familias y una febril retirada de los niños del agua, en una de las escenas más perturbadoras de la cinta; y la del ex policía Larry (Noah Emmerich), que lidera la lucha para que el cuasi-pedófilo sea expulsado de la ciudad.Contra todo lo previsible, Ronald y Larry se convierten en los personajes más lúcidos y dolorosos de la película, y sus pesadillas de niños grandes, de adultos que no logran serlo, se conectan secretamente con las perturbaciones de esos otros no-adultos que son Brad y Sarah, y varios de quienes los rodean. El infantilismo parece manufacturar aquí, como En el dormitorio, la tiniebla de la clase media norteamericanaMucho de lo que ocurre en Secretos íntimos resulta sorprendente, pero no porque falte información, sino porque Todd Field se empeña en llevar a sus personajes hasta sus últimas consecuencias, sin prisa y muchas veces sin asomo de compasión. El relato que comienza con un tono irónico progresa hacia matices cada vez más sombríos y desesperados, donde ya no hay adultos ni niños, sino sólo náufragos. Una película tan difícil de tragar como de olvidar.
Encerrados en el paraíso
Ernesto Ayala
Ernesto AyalaRonnie (Jackie Earle Haley) viene saliendo de la cárcel, donde pasó dos años por exponerse indecentemente frente a menores de edad. Esto tiene revuelta a la comunidad del suburbio de Massachusetts donde Ronnie vuelve a vivir con su anciana madre. Lo interesante es, sin embargo, que prácticamente todos en el suburbio están encerrados, atrapados. Sarah (Kate Winslet) vive presa de una casa que no le gusta y un matrimonio que la frustra. Brad (Patrick Wilson) se hace cargo de su hijo, mientras su mujer (Jennifer Connelly), una exitosa documentalista, muestra más sensibilidad hacia sus entrevistados que hacia él. A Brad ni una cosa ni la otra le importan tanto, pero es incapaz de estudiar el examen que ya ha reprobado dos veces y le permitiría trabajar como abogado; en el fondo, no quiere ser el adulto que ya es. El día que Sarah y Brad se conocen en un parque de niños y se dan un extraño beso, un beso que buscaba sorprender a las tiesas dueñas de casa presentes, pero que termina sorprendiéndolos a ellos, la represa que mantiene a cada uno en su lugar comienza a mostrar sus primeras filtraciones.En el segundo largometraje que dirige, Todd Field, un actor (el pianista de Ojos bien cerrados) que dejó a medio mundo helado con la notable En el dormitorio (2001), entra a los suburbios, donde bajo las quietas aguas todo está revuelto. El territorio, es cierto, tiene mucho de conocido. Las películas de suburbios son casi un género en sí, y muchas comparten el sarcasmo y la ironía con que se retratan estos paraísos burgueses, donde el espacio, la comodidad y la seguridad más que liberar parece constreñir; más que dar felicidad, enmascara el sufrimiento. Es una mirada heredada de novelistas como John Cheever, John Updike y Richard Yates, norteamericanos que en los cincuenta y sesenta dibujaron este mundo de una vez y para siempre. Secretos íntimos se hace parte de esta tradición y sus mayores debilidades están en no cuestionarla o matizarla lo suficiente, algo que el mismo Cheever sí hizo. Los suburbios, tal como el campo o la ciudad, debieran tener quizás una oportunidad, en la ficción al menos.Con todo, Field se las arregla para hacer volar sus películas sobre el lugar común de Desperate housewives. No sólo porque obtiene actuaciones notables de su elenco. Tampoco sólo porque logra conciliar la comedia negra -abiertamente cómica incluso en algunas secuencias- y el drama más desnudo, una opción que siempre es riesgosa. Y tampoco sólo porque logra dibujar simultáneamente una decena de personajes, al tiempo que no suelta la atención sobre Sarah, su protagonista, su sensible Ema Bovary. Quizás lo más interesante de Secretos íntimos esté en cómo incorpora al verano, al viento sobre los árboles, al agua, a los grillos de la noche, a las polillas en torno al farol en la calle. La película incluye sutil pero definitivamente la presencia de lo físico, de lo que está ahí y no siempre vemos porque resulta demasiado obvio. Sarah y Brad terminan por sucumbir a esta influencia -no en vano toda su relación se construye al aire libre- y de pronto sienten como nunca el encierro que significan sus bonitas casas suburbanas. De esta manera, con un oficio que pocos directores demuestran, Field logra que sus personajes se sientan libres de movimiento, desligados de los mecanismos de un guión o de lo que supuestamente se espera de ellos, impredecibles como la misma naturaleza de que son parte. Eso no significa que sean libres de su entorno, de su pasado o de sus demonios, pero sí que aspiran a serlo, lo intentan. En esta rebelión está la mayor belleza de esta película. En que no lo logren está la tragedia.Aunque quizás no alcanza las dimensiones bíblicas de En el dormitorio, la segunda película de Todd Field, Secretos íntimos, lo confirma como director agudo, notable, sensible a las fuerzas y contradicciones que todos llevamos dentro.
"Secretos íntimos"
En la formidable cinta "En el dormitorio" (2001), el director estadounidense Todd Field exploraba la paternidad y sus rincones más conflictivos con la historia de un matrimonio maduro que debe asumir la trágica muerte de su hijo. Algo de esa línea sigue en la igualmente formidable "Secretos íntimos", una nueva mirada de Field hacia la paternidad y sus responsabilidades. Pero esta vez su óptica crece por otras ramificaciones.Kate Winslet (nominada al Oscar por este rol) es una antropóloga que se halla incrustada donde menos quería y esperaba. Sentada en un parque con otras madres (tiene una pequeña de tres años), se dedica a hablar trivialidades y a encarnar el papel que justamente siempre rehusó para sí: el de una común y pedestre dueña de casa.Un neutral - y muy útil narrador- va recalcando estas disyuntivas y al cuadro se suma Brad (Patrick Wilson, "Hard candy"), un hombre sin trabajo, padre de un niño y aparentemente feliz esposo (de la siempre perfecta Jennifer Connelly). La relación entre Brad y Sarah comienza con un inesperado beso y, de amistad regular (van a la piscina con sus hijos, recorren el parque), la cosa pasa a infidelidad.Mientras, en el coro de fondo de este gran filme, un hombre que acaba de salir de prisión luego de ser condenado por acoso a un menor, causa pánico en el vecindario y un policía retirado acosa al presunto criminal en pos de la defensa de los niños del lugar.Con "Secretos íntimos", el director encara un cine poéticamente superior. En su segunda película como realizador, construye un mundo visual magnífico, dramáticamente armonioso y - de la mano del novelista Tom Perrotta, en cuyo libro se inspira- escribe un sólido guión sobre padres al cuidado de pequeños que, muchas veces, pueden ser tan niños como sus retoños. Una de las mejores películas en lo que va del año. ERNESTO GARRATT VIÑES.
Secretos íntimos
Ascanio Cavallo
Este es el segundo largometraje del cineasta Todd Field, y viene precedido por el memorable En el dormitorio (2001), esa singular exploración moral en el mundo de las clases medias-altas de Estados Unidos. Field tenía ya un considerable prestigio como actor y cortometrajista antes de debutar en grande, a pesar de que su estilo visual, ligeramente descentrado en sus encuadres y extraño en sus transiciones, delata un origen que no es del cine ni de la televisión, sino, más probablemente, de la plástica americana.Field se toma su tiempo en armar la historia, situada en un suburbio de Massachusetts. Un informativo anuncia que, tras dos años de prisión, un molestador de niños ha sido puesto en libertad. En un pequeño parque infantil, tres mujeres casadas admiran a un vecino, Brad Adamson (Patrick Wilson), que pasea con su hijo. Otra mujer, Sarah Pierce (Kate Winslet), las observa a ellas, en la posición de una antropóloga aficionada. En las noches, Brad va a admirar a los skaters adolescentes, o a jugar fútbol con sus ex compañeros policías. Y por encima de todos, un narrador flemático describe las frustraciones de este mundillo de gente próspera, que se mira, se admira y se vigila.Con ganas de provocar a las señoras, Sarah propone un pequeño juego erótico a Brad: apenas un abrazo. Por supuesto, este acto desata las incandescencias contenidas de ambos, y Brad comienza a preguntarse por qué Sarah le resulta más atractiva que su espléndida e inteligente esposa, Cathy (Jennifer Connelly), mientras Sarah confirma a través de Brad el naufragio de su matrimonio con el empresario Richard (Gregg Edelman).En el momento en que esta historia adquiere la densidad de la culpa dividida, se entrecruzan otras dos: la del ex convicto y molestador de menores, Ronald McGorvey (Jackie Earle Haley), que se presenta en la piscina comunitaria causando el pánico de las familias y una febril retirada de los niños del agua, en una de las escenas más perturbadoras de la cinta; y la del ex policía Larry (Noah Emmerich), que lidera la lucha para que el cuasi-pedófilo sea expulsado de la ciudad.Contra todo lo previsible, Ronald y Larry se convierten en los personajes más lúcidos y dolorosos de la película, y sus pesadillas de niños grandes, de adultos que no logran serlo, se conectan secretamente con las perturbaciones de esos otros no-adultos que son Brad y Sarah, y varios de quienes los rodean. El infantilismo parece manufacturar aquí, como En el dormitorio, la tiniebla de la clase media norteamericanaMucho de lo que ocurre en Secretos íntimos resulta sorprendente, pero no porque falte información, sino porque Todd Field se empeña en llevar a sus personajes hasta sus últimas consecuencias, sin prisa y muchas veces sin asomo de compasión. El relato que comienza con un tono irónico progresa hacia matices cada vez más sombríos y desesperados, donde ya no hay adultos ni niños, sino sólo náufragos. Una película tan difícil de tragar como de olvidar.
El silencio de un gran arte
Una fotografía cuando más oculta es cuando más comunica.
Tomás Eloy Martínez
Quien observa los retratos de Nadar, el París nocturno desenmascarado por Brassaã, el lenguaje secreto de México traducido por Manuel µlvarez Bravo, los gitanos de Josef Koudelka o las oscuridades de la realidad exploradas por Diane Arbus advierte, no sin melancolía, que con el lento eclipse de las fotos en blanco y negro esta extinguiéndose un arte narrativo £nico. Un arte breve y, sin embargo, tan elocuente como el cine y las novelas.Al principio, se lo prohibió por blasfemo. Ante las primeras imágenes registradas por Jacques Daguerre en 1838, el clero alemán protestó: "El hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios y esa imagen no puede ser fijada por ninguna m quina que haya concebido el hombre". Después, se supuso que reproducir la realidad tal cual era carecía de valor y la fotografía fue considerada una mera ilustración de la palabra.Hace pocos meses, una fundación mexicana distribuyó un volumen sobre la evolución de las artes fotográficas, desde Daguerre, Nadar y Alfred Stieglitz hasta Robert Capa, Cartier-Bresson y Anne Leibovitz. Son fotos que se pueden ver en cualquier lado, pero que, puestas así, en alineación histórica, inducen a pensar que esas imágenes recortadas de la realidad ocultan también la realidad que está alrededor y que se queda afuera. Tal vez la mayor belleza de una foto está en lo que se niega a decir. Por empezar, la foto omite la presencia del fotógrafo, que se sitúa siempre, o casi siempre, fuera del cuadro, como un cazador a la espera de su presa. El objeto de la caza no son las figuras incluidas en la foto ni tampoco lo que hay más allá de ellas, sino nosotros, ahora. El objeto de la caza somos las personas que miramos, sin saber desde que lugar de la realidad el fotógrafo está apuntándonos, desde un punto exacto del pasado.Al apretar el obturador, el fotógrafo cree haber visto algo que merece ser inmovilizado en un pequeño fragmento de eternidad. Lo que Çl ve, sin embargo, no es siempre lo que se ve. Entre el movimiento de su índice y el pestañeo del diafragma se oye, durante una fracción de segundo, la respiración del azar. Sin el azar, la foto no será lo que es. Los mejores fotógrafos son los que aprenden a domesticar ese azar, adivinando lo que va a suceder en el relámpago que media entre la presión de su dedo y el ojo de la cámara que se abre.Entre la marea de fotos que vi en el bello libro de la fundación mexicana, me llamó la atención la imagen de un gitano esposado tomada por el checo-francÇs Josef Koudelka en 1963. Hay pocas figuras, pero lo que revelan es casi una novela. El pueblo que aparece en la foto es difícil de encontrar en los mapas. Se llama Jarabina, Hrabina, Hrbinek. Hace cuarenta años era un aldea de ochocientos habitantes, quizá menos. El gitano al que se están
llevando preso mira la cámara con un terror contagioso. Tiene la boca entreabierta, como si no pudiera respirar. Y por el gesto desentendido de los policías que lo vigilan a veinte pasos, se supone que para ellos la tarea ha terminado.Algunas casas se dibujan apenas en el fondo, entre los declives de lo que podría ser un río. Al otro lado de la aldea, medio centenar de curiosos acecha ante lo que va a suceder. Los que han entrado en la escena son, se supone, miembros de varias familias, vecinos. Entre ellos hay una decena de niños. Los abrigos de la gente y las huellas húmedas que han quedado sobre la tierra -camiones, carros, unas pocas pisadas- permiten imaginar la estación: es el otro, y hace poco ha llovido.Koudelka, el fotógrafo, ha situado sus ojos en el mismo punto donde están nuestros ojos. Tenía entonces 25 años y, aunque llevaba meses detrás de los carromatos de los gitanos, debió sentir tanto miedo como el hombre que estaba delante de él, con las manos esposadas, al que estaban por juzgar, quizás ese mismo día, por asesinato. El crimen que ha cometido el hombre en primer plano no es una violación o un robo. Si lo fuera, la tribu misma, en vez de acudir a la policía, habría arreglado las cosas, forzando al acusado a pagar la dote de la novia ultrajada o a trabajar como esclavo para devolver lo que usurpó. No. Su expresión es la de un asesino. Las ropas que lleva, impecables, demuestran que ha tenido tiempo de cambiarse antes de la fuga. Su pelo revuelto es señal de que, sin embargo, lo sorprendieron sin que pudiera mirarse al espejo. No se ha arrastrado entre los arbustos al escapar, porque no hay barro en su ropa.No lo espera la muerte, sino algo peor: el silencio, el desprecio, el extrañamiento, algún ritual de maldición. Kouldelka actúa como un mediador silencioso entre el asesino, los curiosos del fondo y los jueces que están a su espalda. Seguir con ellos hasta 1968, cuando reúna todas sus imágenes de gitanos y las exponga en una galería de Praga, en vísperas de la invasión soviética.Cuando se toma la fotografía que acabo de empobrecer con mi relato, las imágenes eran consecuencia del duelo que se libraba, durante un instante infinitesimal, entre el azar y el arte del fotógrafo. Las cámaras, ahora, al disparar decenas de cuadros por segundo, limitan cada vez m s la influencia del azar.Imaginemos por un momento que veríamos en ese intersticio de tiempo si la foto de 1963 se hubiera tomado ahora, a mediados de 2007. No veríamos imágenes, puesto que todos los espacios estarían cubiertos por la velocidad mecánica de las tomas, sino algo mucho más inasible. Veríamos, quizás , sentimientos: el terror del criminal ante un destino que sólo él vislumbra, y la indiferencia de todos los que están atrás. Más que ningún otro arte, la fotografía expresa los infortunios y felicidades de toda la especie humana a través de lo que vive un solo individuo, en un instante que significa la eternidad.
Tomás Eloy Martínez
Quien observa los retratos de Nadar, el París nocturno desenmascarado por Brassaã, el lenguaje secreto de México traducido por Manuel µlvarez Bravo, los gitanos de Josef Koudelka o las oscuridades de la realidad exploradas por Diane Arbus advierte, no sin melancolía, que con el lento eclipse de las fotos en blanco y negro esta extinguiéndose un arte narrativo £nico. Un arte breve y, sin embargo, tan elocuente como el cine y las novelas.Al principio, se lo prohibió por blasfemo. Ante las primeras imágenes registradas por Jacques Daguerre en 1838, el clero alemán protestó: "El hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios y esa imagen no puede ser fijada por ninguna m quina que haya concebido el hombre". Después, se supuso que reproducir la realidad tal cual era carecía de valor y la fotografía fue considerada una mera ilustración de la palabra.Hace pocos meses, una fundación mexicana distribuyó un volumen sobre la evolución de las artes fotográficas, desde Daguerre, Nadar y Alfred Stieglitz hasta Robert Capa, Cartier-Bresson y Anne Leibovitz. Son fotos que se pueden ver en cualquier lado, pero que, puestas así, en alineación histórica, inducen a pensar que esas imágenes recortadas de la realidad ocultan también la realidad que está alrededor y que se queda afuera. Tal vez la mayor belleza de una foto está en lo que se niega a decir. Por empezar, la foto omite la presencia del fotógrafo, que se sitúa siempre, o casi siempre, fuera del cuadro, como un cazador a la espera de su presa. El objeto de la caza no son las figuras incluidas en la foto ni tampoco lo que hay más allá de ellas, sino nosotros, ahora. El objeto de la caza somos las personas que miramos, sin saber desde que lugar de la realidad el fotógrafo está apuntándonos, desde un punto exacto del pasado.Al apretar el obturador, el fotógrafo cree haber visto algo que merece ser inmovilizado en un pequeño fragmento de eternidad. Lo que Çl ve, sin embargo, no es siempre lo que se ve. Entre el movimiento de su índice y el pestañeo del diafragma se oye, durante una fracción de segundo, la respiración del azar. Sin el azar, la foto no será lo que es. Los mejores fotógrafos son los que aprenden a domesticar ese azar, adivinando lo que va a suceder en el relámpago que media entre la presión de su dedo y el ojo de la cámara que se abre.Entre la marea de fotos que vi en el bello libro de la fundación mexicana, me llamó la atención la imagen de un gitano esposado tomada por el checo-francÇs Josef Koudelka en 1963. Hay pocas figuras, pero lo que revelan es casi una novela. El pueblo que aparece en la foto es difícil de encontrar en los mapas. Se llama Jarabina, Hrabina, Hrbinek. Hace cuarenta años era un aldea de ochocientos habitantes, quizá menos. El gitano al que se están
llevando preso mira la cámara con un terror contagioso. Tiene la boca entreabierta, como si no pudiera respirar. Y por el gesto desentendido de los policías que lo vigilan a veinte pasos, se supone que para ellos la tarea ha terminado.Algunas casas se dibujan apenas en el fondo, entre los declives de lo que podría ser un río. Al otro lado de la aldea, medio centenar de curiosos acecha ante lo que va a suceder. Los que han entrado en la escena son, se supone, miembros de varias familias, vecinos. Entre ellos hay una decena de niños. Los abrigos de la gente y las huellas húmedas que han quedado sobre la tierra -camiones, carros, unas pocas pisadas- permiten imaginar la estación: es el otro, y hace poco ha llovido.Koudelka, el fotógrafo, ha situado sus ojos en el mismo punto donde están nuestros ojos. Tenía entonces 25 años y, aunque llevaba meses detrás de los carromatos de los gitanos, debió sentir tanto miedo como el hombre que estaba delante de él, con las manos esposadas, al que estaban por juzgar, quizás ese mismo día, por asesinato. El crimen que ha cometido el hombre en primer plano no es una violación o un robo. Si lo fuera, la tribu misma, en vez de acudir a la policía, habría arreglado las cosas, forzando al acusado a pagar la dote de la novia ultrajada o a trabajar como esclavo para devolver lo que usurpó. No. Su expresión es la de un asesino. Las ropas que lleva, impecables, demuestran que ha tenido tiempo de cambiarse antes de la fuga. Su pelo revuelto es señal de que, sin embargo, lo sorprendieron sin que pudiera mirarse al espejo. No se ha arrastrado entre los arbustos al escapar, porque no hay barro en su ropa.No lo espera la muerte, sino algo peor: el silencio, el desprecio, el extrañamiento, algún ritual de maldición. Kouldelka actúa como un mediador silencioso entre el asesino, los curiosos del fondo y los jueces que están a su espalda. Seguir con ellos hasta 1968, cuando reúna todas sus imágenes de gitanos y las exponga en una galería de Praga, en vísperas de la invasión soviética.Cuando se toma la fotografía que acabo de empobrecer con mi relato, las imágenes eran consecuencia del duelo que se libraba, durante un instante infinitesimal, entre el azar y el arte del fotógrafo. Las cámaras, ahora, al disparar decenas de cuadros por segundo, limitan cada vez m s la influencia del azar.Imaginemos por un momento que veríamos en ese intersticio de tiempo si la foto de 1963 se hubiera tomado ahora, a mediados de 2007. No veríamos imágenes, puesto que todos los espacios estarían cubiertos por la velocidad mecánica de las tomas, sino algo mucho más inasible. Veríamos, quizás , sentimientos: el terror del criminal ante un destino que sólo él vislumbra, y la indiferencia de todos los que están atrás. Más que ningún otro arte, la fotografía expresa los infortunios y felicidades de toda la especie humana a través de lo que vive un solo individuo, en un instante que significa la eternidad.
La voz interior
Por Patricia May
Cuando las personas empiezan a tener un mayor contacto con su esencia, vibran con una certeza de sí mismos, de lo que anhelan, de hacia dónde quieren ir en la vida, lo que muchas veces los lleva a entrar en crisis con los conceptos, definiciones del mundo y de la vida que hasta entonces habían sustentado.Se vuelve tan potente la voz interior, que ya no se puede vivir al alero de creencias, dogmas o del "deber ser" que entrega el consenso social; ya no se soporta la máscara social, la apariencia, el dirigir la propia vida por objetivos exteriores de logro que una cultura elitista y materialista ha definido. El proceso es tan fuerte que no puede ser detenido y quienes lo hacen bloqueando sus inquietudes y búsquedas más profundas se enferman, ya sea física o psíquicamente. No estoy hablando aquí del actuar irresponsable impulsado por las emociones o pasiones pasajeras, sino que aquel llamado a ser coherente con la visión del alma que nos habla de la fuerza creativa y amorosa que une a todo lo que existe, de la esencia divina de toda existencia, de la necesidad de sentido más allá de nuestras necesidades personales.Cuando esta vivencia de transformación radical se presenta en nuestro interior, las apariencias relacionadas con el dinero, con el estatus, con el intelecto, con el sacrificio por los demás, con la propia impecabilidad, con el drama personal o con el estar siempre bien, siempre mejor, o con los muchos caminos que toma el ego para sentirse avalado, seguro, amado, ya no nos sirven.El proceso nos lleva a contactar con algo que somos o anhelamos en lo más profundo y que no tiene nada que ver con lo que estamos tratando de mostrar, que no tiene que ver con aquello que internalizamos como lo que "deberíamos ser" para conseguir aprecio o seguridad en la vida, que es un auténtico impulso a liberarnos, a vivir desde la radiación interior que de verdad ama, que de verdad se siente impulsado a saber, a dar, a crear, pero no por conseguir ganar imagen, sino que por profunda necesidad de dar lo mejor de sí en el mundo.El contacto con el alma nos lleva a cuestionarnos todo, a poner en duda todo aquello que han constituido nuestras maneras de "hacernos y armarnos" hasta el momento. Comenzamos a sentirnos en una prisión construida por nosotros mismos, a poner en duda nuestros valores, nuestras metas, nuestras opciones, a desarmar nuestro paradigma para intentar vivir desde una inspiración interior que nos llama a ser verdaderos, a realizarnos, a dar nuestra vida a una causa mayor.Si estos procesos son muy difíciles para quienes los viven, son también sumamente incómodos para sus relaciones más cercanas, porque el otro se desacomoda, ya no encaja como antes en el molde social, al transformarse pondrá en duda el paradigma y los valores en que su entorno social vive.Sin embargo, es una maravillosa oportunidad para que los otros también se cuestionen, se pregunten, vayan a profundizar en sus propias verdades, vean las contradicciones del esquema en que viven y se abran ante otras posibilidades de ser en la vida..-------------------El proceso que nos contacta con lo que anhelamos en lo más profundo no tiene nada que ver con aquello que "deberíamos ser", sino que es un auténtico impulso a liberarnos.
Por Patricia May
Cuando las personas empiezan a tener un mayor contacto con su esencia, vibran con una certeza de sí mismos, de lo que anhelan, de hacia dónde quieren ir en la vida, lo que muchas veces los lleva a entrar en crisis con los conceptos, definiciones del mundo y de la vida que hasta entonces habían sustentado.Se vuelve tan potente la voz interior, que ya no se puede vivir al alero de creencias, dogmas o del "deber ser" que entrega el consenso social; ya no se soporta la máscara social, la apariencia, el dirigir la propia vida por objetivos exteriores de logro que una cultura elitista y materialista ha definido. El proceso es tan fuerte que no puede ser detenido y quienes lo hacen bloqueando sus inquietudes y búsquedas más profundas se enferman, ya sea física o psíquicamente. No estoy hablando aquí del actuar irresponsable impulsado por las emociones o pasiones pasajeras, sino que aquel llamado a ser coherente con la visión del alma que nos habla de la fuerza creativa y amorosa que une a todo lo que existe, de la esencia divina de toda existencia, de la necesidad de sentido más allá de nuestras necesidades personales.Cuando esta vivencia de transformación radical se presenta en nuestro interior, las apariencias relacionadas con el dinero, con el estatus, con el intelecto, con el sacrificio por los demás, con la propia impecabilidad, con el drama personal o con el estar siempre bien, siempre mejor, o con los muchos caminos que toma el ego para sentirse avalado, seguro, amado, ya no nos sirven.El proceso nos lleva a contactar con algo que somos o anhelamos en lo más profundo y que no tiene nada que ver con lo que estamos tratando de mostrar, que no tiene que ver con aquello que internalizamos como lo que "deberíamos ser" para conseguir aprecio o seguridad en la vida, que es un auténtico impulso a liberarnos, a vivir desde la radiación interior que de verdad ama, que de verdad se siente impulsado a saber, a dar, a crear, pero no por conseguir ganar imagen, sino que por profunda necesidad de dar lo mejor de sí en el mundo.El contacto con el alma nos lleva a cuestionarnos todo, a poner en duda todo aquello que han constituido nuestras maneras de "hacernos y armarnos" hasta el momento. Comenzamos a sentirnos en una prisión construida por nosotros mismos, a poner en duda nuestros valores, nuestras metas, nuestras opciones, a desarmar nuestro paradigma para intentar vivir desde una inspiración interior que nos llama a ser verdaderos, a realizarnos, a dar nuestra vida a una causa mayor.Si estos procesos son muy difíciles para quienes los viven, son también sumamente incómodos para sus relaciones más cercanas, porque el otro se desacomoda, ya no encaja como antes en el molde social, al transformarse pondrá en duda el paradigma y los valores en que su entorno social vive.Sin embargo, es una maravillosa oportunidad para que los otros también se cuestionen, se pregunten, vayan a profundizar en sus propias verdades, vean las contradicciones del esquema en que viven y se abran ante otras posibilidades de ser en la vida..-------------------El proceso que nos contacta con lo que anhelamos en lo más profundo no tiene nada que ver con aquello que "deberíamos ser", sino que es un auténtico impulso a liberarnos.
Saturday, July 21, 2007
Cábala
La Cabalá o más correctamente: Kabalá (en idioma hebreo קבלה, ‘recibir’) es una de las principales corrientes del esoterismo judío.
La base estructural de este estudio consiste en el analisis del Árbol de la Vida. Entre los judíos, es la tradición oral que explica y fija el sentido de la Sagrada Escritura.
En la antigua literatura judaica, Kabalah era el cuerpo total de la doctrina recibida, con excepción del Pentateuco. Así pues, incluía a los poetas y los hagiógrafos de las tradiciones orales incorporadas posteriormente a la Mishná.
La base estructural de este estudio consiste en el analisis del Árbol de la Vida. Entre los judíos, es la tradición oral que explica y fija el sentido de la Sagrada Escritura.
En la antigua literatura judaica, Kabalah era el cuerpo total de la doctrina recibida, con excepción del Pentateuco. Así pues, incluía a los poetas y los hagiógrafos de las tradiciones orales incorporadas posteriormente a la Mishná.
Zohar
El Zohar (En idioma hebreo זהר Zohar "esplendor") es el libro central de la corriente cabalística o kabalística. Está comprendido por exégesis (Midrashim) bíblicos, organizados según la porción semanal de lectura de la Torá (las parshiot). El Zohar está dividido en tres cuerpos centrales: el Zohar original, los Senderos de la Torá (Sitrei Torá) y el Comentario Desaparecido (haMidrash haNe’elam), y Re’ia Mehimana y “Arreglos” (Tikunim).
El Zohar, o segundo trabajo explicativo de la Cábala, ha sido llamado con justicia la "Biblia" de los cabalistas. Fue escrito en arameo por Rabi Shimon Bar Iojai, un Amoraita de la Mishna (Ley Oral). Su porción principal adopta la forma de un comentario sobre el Pentateuco de acuerdo a su división más moderna en cincuenta y dos lecciones semanales. Su título Zohar (luz, resplandor) proviene de las palabras del Génesis 1:3 ("Que haya luz") con las cuales comienza. Es un trabajo compilatorio, para el cual todavía podrían ser hallados algunos fragmentos provenientes de tratados antiguos. La obra se divide en varios tratados y analiza los textos bíblicos para extraer de ellos su significado oculto. El universo se reparte entre los imperios de la luz y de las tinieblas, cada uno de ellos compuesto por diez esferas.
El Zohar, o segundo trabajo explicativo de la Cábala, ha sido llamado con justicia la "Biblia" de los cabalistas. Fue escrito en arameo por Rabi Shimon Bar Iojai, un Amoraita de la Mishna (Ley Oral). Su porción principal adopta la forma de un comentario sobre el Pentateuco de acuerdo a su división más moderna en cincuenta y dos lecciones semanales. Su título Zohar (luz, resplandor) proviene de las palabras del Génesis 1:3 ("Que haya luz") con las cuales comienza. Es un trabajo compilatorio, para el cual todavía podrían ser hallados algunos fragmentos provenientes de tratados antiguos. La obra se divide en varios tratados y analiza los textos bíblicos para extraer de ellos su significado oculto. El universo se reparte entre los imperios de la luz y de las tinieblas, cada uno de ellos compuesto por diez esferas.
Kabbalah
La Kabbalah nos enseña que el universo no comenzó con un átomo o con una partícula subatómica, si no más bien, con un pensamiento de Dios. Este pensamiento de creación veía un mundo en el cual todo ser humano disfrutaría felicidad absoluta y plenitud, libre de cualquier tipo de caos o dolor. Esta es la intención y el deseo del Creador.Para que nosotros podamos manifestar plenitud completa necesitamos evolucionar para convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos. Necesitamos borrar la negatividad y sustituir la Luz por la oscuridad en nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. Es por este propósito que las enseñanzas y herramientas de la Kabbalah les fueron dadas a toda la humanidad: y la más grande de todas estas herramientas es el Zóhar.El Recurso más Elevado de ConexiónFísicamente, el Zóhar es un libro, un comentario de la Biblia, estructurado como una conversación entre un grupo de amigos, eruditos y maestros espirituales. Pero la realidad expansiva y el poder del Zóhar transcienden los límites del mundo físico. Zóhar en hebreo significa “esplendor” o “destello,” y el Zóhar en verdad es un recurso ilimitado de la brillante Luz espiritual. Como explican los Kabbalistas, al simplemente estar en posesión de un Zóhar traemos poder, protección y plenitud a nuestra vida. Por lo tanto, al escanear las páginas en el lenguaje original o al estudiar la traducción, se establece una conexión profunda a la Luz del Creador. Al llegar a tener una intimidad y entendimiento del Zóhar, nuestra conciencia se profundiza y se expande. Espiritualmente, nosotros crecemos y evolucionamos. Nos convertimos en lo que debemos de ser para poder obtener la felicidad y plenitud que Dios quiere para nosotros. El Zóhar es como un espejo en el cual nosotros podemos ver nuestras propias intenciones y expectativas. Hay algunos que describen al Zóhar como siendo solo otro texto “espiritual” más, o un objeto mas para el estudio académico. Ellos encontrarán que el Zóhar es difícil y muchas veces hasta intimidante, pero en verdad lo que encuentren esta predeterminado por lo que empezaron buscando. En contraste, las mentes más brillantes en la historia han encontrado iluminación y sabiduría entre las hojas del Zóhar. Desde Pitágoras en la Grecia antigua, a Isaac Newton in el siglo XVII, a los arquitectos de la física moderna y la biología de la era moderna, todos estos eran estudiantes de Kabbalah y del Zóhar y se conectaron encontrando en su camino entendimiento e información. En un nivel personal y práctico, el Zóhar no solo revela principios espirituales que nos pueden ayudar en nuestras vidas diarias, sino también nos da el poder para poner esos principios en práctica. Esto se produce en todas las áreas de nuestras vidas incluyendo relaciones, trabajo espiritual, inclusive nuestros negocios y carreras. El Lenguaje del ZóharEl Zóhar esta escrito en el lenguaje antiguo del arameo, un leguaje hermano al hebreo que usa los caracteres hebreos. Mientras que el hebreo era el lenguaje de las clases altas, el arameo era el lenguaje de la gente común. La revelación del Zóhar en arameo es un mensaje de que esta herramienta de la Luz puede y debe ser usada por todas las personas, sin importar su nivel espiritual. Además de la importancia del lenguaje arameo, las letras individuales del Zóhar también tienen un significado especial. En nuestra vida ordinaria, nosotros estamos acostumbrados a pensar en las letras del alfabeto como caracteres funcionales y nada más. Las letras son simplemente unidades que juntamos para hacer palabras, al igual que son los ladrillos que construyen una pared. Nosotros pensamos en las letras y los ladrillos solamente en términos prácticos y nunca en términos espirituales: son objetos pequeños, inertes los cuales podemos usar para crear objetos más grandes. Las letras en el alfabeto hebreo (que se emplean en arameo y hebreo) deben ser entendidas en otra forma completamente. Aparte de su función importante como componentes de palabras, cada letra aramea es también un canal de un tipo de energía única, y esto es cierto sepamos o no el sonido que tiene o como cabe en la palabra. El alfabeto del arameo es un regalo del Creador, al igual que el Zóhar en sí también es un regalo. El regalo es para toda la humanidad no solo para los poco que conocen los lenguajes antiguos del hebreo o el arameo. Al escanear las letras —dejar que tus ojos las recorran— abres un canal ilimitado a la Luz. Una Fuente de Energía EspiritualEl Zóhar no solo revela y explica, literalmente trae bendición, protección y satisfacción a la vida de quien sea que este en su presencia. No hay ningún requerimiento excepto el deseo, la certeza, y un corazón y mente abiertos y receptivos. El propósito final del Zóhar es atraer Luz a nuestra vida y por ende traer plenitud completa. El Zóhar, por lo tanto, es una oportunidad para que nosotros transformemos nuestras naturalezas. Lograr esta transformación es la razón por la cual las enseñanzas de la Kabbalah existen y el porque el Zóhar debe de tener un lugar en nuestras casas, nuestros pensamientos y nuestros corazones. Hoy en día en una era de cambios rápidos y tecnologías de punta, somos capaces de aceptar ideas que alguna vez fueron vistas como misticismo inexplicable o peligrosa brujería. Es sólo ahora, en este momento crucial en la historia, que la humanidad puede empezar a comprender los vastos poderes que el Zóhar emite. Por supuesto, ningún tipo de explicación te llegará a convencer de este poder espiritual. Sólo al traer el Zóhar a tu vida descubrirás sus poderes sobrenaturales.
Igual es arbitrario
Esto de hacer rankings con lo mejor de la "historia de la humanidad" me parece tan antojadizo y arbitrario, como ignorante. Esto muy relativo. Completamente subjetivo. Depende del cristal con que se mire, pero que va, este el último que salió y que se cree dueño de la verdad.
One' de U2, elegida como la mejor letra de canción de la historia.
El segundo lugar de la votación lo ocupó el tema How soon is now? (1984) de The Smiths
El tercer puesto ha sido para el estribillo del Smells like teen spirit (1991) de Nirvana: "Me siento estúpido y contagioso. Aquí estamos. Diviértenos".
El top 5 lo completan Redemtion song de Bob Marley y Yellow de Coldplay.
One' de U2, elegida como la mejor letra de canción de la historia.
El segundo lugar de la votación lo ocupó el tema How soon is now? (1984) de The Smiths
El tercer puesto ha sido para el estribillo del Smells like teen spirit (1991) de Nirvana: "Me siento estúpido y contagioso. Aquí estamos. Diviértenos".
El top 5 lo completan Redemtion song de Bob Marley y Yellow de Coldplay.
Casi famosos Revisitada
CASI FAMOSOS(Almost Famous)
Estados Unidos, 2000
Dirigida por Cameron Crowe, con Patrick Fugit, Kate Hudson, Frances McDormand, Billy Crudup, Jason Lee, Phillip Seymour Hoffman.
Es casi como cualquier otra comedia americana. Trabaja casi sobre los mismos tópicos de un montón de películas hollywoodenses. Sus recursos formales y su tono, entre humorístico, melancólico y romántico, casi no distan de tantos otros films del rubro, ni de las anteriores películas de Cameron Crowe, su director. Pero Casi famosos tiene un guión sin fisuras, actuaciones parejas y convincentes, mejor música, cierta nostalgia que la vuelve atrapante y una trama que explota el recurso autobiográfico para ahondar en el mundo del rock and roll y la crítica musical de los años ‘70.
William Miller (debutante Patrick Fugit), alter ego de Crowe a los quince años, ama la música desde que su hermana mayor, cansada de la opresión que sufre en el hogar, decide partir en busca de nuevas emociones y le deja su tesoro: la preciada colección de LPs de Joni Mitchell, Bob Dylan y Led Zeppelin (entre otros). Que para esa madre sobreprotectora, encarnada por una acertadísima Frances McDormand, equivalen a la fruta prohibida del pecado y la promiscuidad. Y para William, a la libertad. Así se lo anticipa su hermana antes de alejarse al ritmo de "América", de Simon and Garfunkel. A partir de aquí William inicia un viaje transformador.
El conflicto se desencadena cuando la revista Rolling Stone le encomienda entrevistar al grupo Stillwater durante su gira (un sueño hecho realidad para este joven que escribe como amateur). Este camino, que es literal pero también interno, le plantea varios desafíos: confirmar su vocación de periodista de rock, desentrañar un dilema moral –la amistad y el placer frente a la responsabilidad y el deber de "ser honesto e inclemente"–, superar la virginidad, enamorarse, madurar...
Sin saberlo, William va en busca de su identidad. Por eso, tal vez, para los integrantes de Stillwater no tiene nombre; ellos simplemente lo llaman "El enemigo". Pero el grupo lo adopta, le abre las puertas de un mundo nuevo. Allí conoce a Penny Lane, quien obviamente remite a la canción de Los Beatles (que mucho inspiraron a Crowe). La ayuda de esta fan enamorada del guitarrista de la banda será inestimable a la hora de conseguir la nota. Penny (Kate Hudson, hija de Goldie Hawn, en un papel primordial que le permite lucirse) es la que pone manos a la obra para interceder por William cuando a este le cuesta pasar a la acción.
En Casi famosos las situaciones y los personajes se hilvanan a través de la mirada de William. Hay un triángulo amoroso y, fuera del "mundo ficticio" del rock (y los hoteles y la diversión), están su madre, que lo guía en la vida, y Lester (Phillip Seymour Hoffman), su mentor, que lo guía en el oficio. La primera está continuamente presente a través de los llamados telefónicos, los mensajes y las advertencias sobre la droga, el estudio y la ansiedad por que vuelva. El segundo, crítico de Creem, lo aconseja, también a la distancia, sobre cómo comportarse con la estrellas, los editores y las mujeres: "las chicas se quedan con los cantantes lindos; nosotros somos los inteligentes", se lamenta.
Aunque todas estas criaturas giran en torno de William, el film nunca abandona el punto de vista de su personaje principal. Por eso se justifican en parte ciertas escenas de "sexo, droga y rock and roll" que pecan de inocentes, o aparecen directamente fuera de campo (porque William no las ve) para el espectador. Lo mismo ocurre con algunas secuencias algo remanidas que, no obstante, cumplen un papel dramático. Como cuando el joven va con su nuevo "amigo", el guitarrista Russell Hammond (Billy Crudup), a una fiesta y el músico toma ácidos, se cree un dios y desde lo alto de un techo salta a una pileta rodeada de adolescentes. O cuando los integrantes del grupo se pelean por el protagonismo en una remera de promoción y casi terminan separándose. No son tramos del todo lúcidos, pero aportan información valiosa en función de lo que William escribirá sobre la banda en la revista.
Otro de los componentes –no el menos importante– es la música. Crowe la ama y lo demuestra: Casi famosos no sólo es "sobre" músicos sino que "está hecha" de música. Una materia prima con la que crea climas, expresa emociones, postula ideas sobre los verdaderos fans de los cantantes, mira con nostalgia esos discos que son el "ideal" de la hermana de William y luego el de él, que intentará capturarlos con palabras. Si bien la música cumple con un rol importante dentro del film, lo de Crowe no llega al regodeo. Las secuencias de los recitales, por ejemplo, sólo son utilizadas para hacer avanzar el relato y mostrar la transformación de William (como cuando Penny le quita el lápiz con el que toma apuntes para que se relaje y disfrute).
El director de Jerry Maguire (1996) no encontró, esta vez, una frase tan taquillera como la incluida en aquel film: "Show Me The Money". Pero se valió de otra que resume el espíritu de lo que están viviendo los personajes: "And Then, It Happens" (y entonces, está sucediendo). Sobre el desenlace, alguien le dice a William: "Escribe lo que quieras". ¿Sabrá qué es lo que quiere escribir? ¿Habrá hecho para entonces su propia huella, o terminará complaciendo a todos, a mitad de camino? No olvidemos que Casi famosos es parte de la vida y las pasiones de Cameron Crowe. Escribir –criticar– es una de ellas. La otra es filmar, y dentro de los parámetros de la industria de Hollywood, que no es chiste. Tal vez de eso se trate todo esto: de una lucha constante. En la que sólo a veces se puede decir "escribe (filma) lo que quieras". Creo que en esta oportunidad el director se dio el gusto, y no se equivocó.
Estados Unidos, 2000
Dirigida por Cameron Crowe, con Patrick Fugit, Kate Hudson, Frances McDormand, Billy Crudup, Jason Lee, Phillip Seymour Hoffman.
Es casi como cualquier otra comedia americana. Trabaja casi sobre los mismos tópicos de un montón de películas hollywoodenses. Sus recursos formales y su tono, entre humorístico, melancólico y romántico, casi no distan de tantos otros films del rubro, ni de las anteriores películas de Cameron Crowe, su director. Pero Casi famosos tiene un guión sin fisuras, actuaciones parejas y convincentes, mejor música, cierta nostalgia que la vuelve atrapante y una trama que explota el recurso autobiográfico para ahondar en el mundo del rock and roll y la crítica musical de los años ‘70.
William Miller (debutante Patrick Fugit), alter ego de Crowe a los quince años, ama la música desde que su hermana mayor, cansada de la opresión que sufre en el hogar, decide partir en busca de nuevas emociones y le deja su tesoro: la preciada colección de LPs de Joni Mitchell, Bob Dylan y Led Zeppelin (entre otros). Que para esa madre sobreprotectora, encarnada por una acertadísima Frances McDormand, equivalen a la fruta prohibida del pecado y la promiscuidad. Y para William, a la libertad. Así se lo anticipa su hermana antes de alejarse al ritmo de "América", de Simon and Garfunkel. A partir de aquí William inicia un viaje transformador.
El conflicto se desencadena cuando la revista Rolling Stone le encomienda entrevistar al grupo Stillwater durante su gira (un sueño hecho realidad para este joven que escribe como amateur). Este camino, que es literal pero también interno, le plantea varios desafíos: confirmar su vocación de periodista de rock, desentrañar un dilema moral –la amistad y el placer frente a la responsabilidad y el deber de "ser honesto e inclemente"–, superar la virginidad, enamorarse, madurar...
Sin saberlo, William va en busca de su identidad. Por eso, tal vez, para los integrantes de Stillwater no tiene nombre; ellos simplemente lo llaman "El enemigo". Pero el grupo lo adopta, le abre las puertas de un mundo nuevo. Allí conoce a Penny Lane, quien obviamente remite a la canción de Los Beatles (que mucho inspiraron a Crowe). La ayuda de esta fan enamorada del guitarrista de la banda será inestimable a la hora de conseguir la nota. Penny (Kate Hudson, hija de Goldie Hawn, en un papel primordial que le permite lucirse) es la que pone manos a la obra para interceder por William cuando a este le cuesta pasar a la acción.
En Casi famosos las situaciones y los personajes se hilvanan a través de la mirada de William. Hay un triángulo amoroso y, fuera del "mundo ficticio" del rock (y los hoteles y la diversión), están su madre, que lo guía en la vida, y Lester (Phillip Seymour Hoffman), su mentor, que lo guía en el oficio. La primera está continuamente presente a través de los llamados telefónicos, los mensajes y las advertencias sobre la droga, el estudio y la ansiedad por que vuelva. El segundo, crítico de Creem, lo aconseja, también a la distancia, sobre cómo comportarse con la estrellas, los editores y las mujeres: "las chicas se quedan con los cantantes lindos; nosotros somos los inteligentes", se lamenta.
Aunque todas estas criaturas giran en torno de William, el film nunca abandona el punto de vista de su personaje principal. Por eso se justifican en parte ciertas escenas de "sexo, droga y rock and roll" que pecan de inocentes, o aparecen directamente fuera de campo (porque William no las ve) para el espectador. Lo mismo ocurre con algunas secuencias algo remanidas que, no obstante, cumplen un papel dramático. Como cuando el joven va con su nuevo "amigo", el guitarrista Russell Hammond (Billy Crudup), a una fiesta y el músico toma ácidos, se cree un dios y desde lo alto de un techo salta a una pileta rodeada de adolescentes. O cuando los integrantes del grupo se pelean por el protagonismo en una remera de promoción y casi terminan separándose. No son tramos del todo lúcidos, pero aportan información valiosa en función de lo que William escribirá sobre la banda en la revista.
Otro de los componentes –no el menos importante– es la música. Crowe la ama y lo demuestra: Casi famosos no sólo es "sobre" músicos sino que "está hecha" de música. Una materia prima con la que crea climas, expresa emociones, postula ideas sobre los verdaderos fans de los cantantes, mira con nostalgia esos discos que son el "ideal" de la hermana de William y luego el de él, que intentará capturarlos con palabras. Si bien la música cumple con un rol importante dentro del film, lo de Crowe no llega al regodeo. Las secuencias de los recitales, por ejemplo, sólo son utilizadas para hacer avanzar el relato y mostrar la transformación de William (como cuando Penny le quita el lápiz con el que toma apuntes para que se relaje y disfrute).
El director de Jerry Maguire (1996) no encontró, esta vez, una frase tan taquillera como la incluida en aquel film: "Show Me The Money". Pero se valió de otra que resume el espíritu de lo que están viviendo los personajes: "And Then, It Happens" (y entonces, está sucediendo). Sobre el desenlace, alguien le dice a William: "Escribe lo que quieras". ¿Sabrá qué es lo que quiere escribir? ¿Habrá hecho para entonces su propia huella, o terminará complaciendo a todos, a mitad de camino? No olvidemos que Casi famosos es parte de la vida y las pasiones de Cameron Crowe. Escribir –criticar– es una de ellas. La otra es filmar, y dentro de los parámetros de la industria de Hollywood, que no es chiste. Tal vez de eso se trate todo esto: de una lucha constante. En la que sólo a veces se puede decir "escribe (filma) lo que quieras". Creo que en esta oportunidad el director se dio el gusto, y no se equivocó.
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