Saturday, December 06, 2008

Imágenes de la prohibición Por Héctor Soto

Cuando el puritanismo se sintió con la fuerza suficiente de imponer la Ley Seca en los Estados Unidos, las fronteras entre buenos y malos se corrieron y actividades que habían sido históricamente lícitas pasaron a la clandestinidad. La gran ironía es que la norma no devino en un mundo más sano y mejor. Nunca los Estados Unidos fue más peligroso, disociado e hipócrita que durante la prohibición. El triunfo que representó un país sin alcohol para la conciencia puritana -conciencia que H.L. Mencken definía como el miserable temor a que alguien, en algún lugar, pueda estar siendo feliz- fue por lo mismo pírrico. América siguió tomando lo mismo y nunca el crimen organizado se infiltró tanto en la policía, la política y los negocios.

Qué le han dicho al cine: en lo que tiene de acto fundacional y de proyecto histórico, EEUU es básicamente una invención de Hollywood. Lo concreto es que la industria cinematográfica ha sido capaz de sacar mitos y acuñar iconos de cada momento histórico con la misma efectividad que la minería extractiva opera sobre una veta imprevista y generosa.

Como el asesino al lugar del crimen, la industria audiovisual gringa vuelve una y otra vez a los años de la prohibición. Scorsese y Brian de Palma de ahí no se han movido y le están dando la bienvenida a Michael Mann. No es que reivindiquen esa época por pura nostalgia. Lo hacen porque esos años -con su rapacidad y sus oscuridades, con sus delincuencias y desafueros- hicieron patente mejor que otros algunos de los insumos que se utilizaron en la construcción de América. Y siguen ahí, en el skyline de la imaginación, de los deseos y de las ciudades.

Esto no es una necrológica

Por Rodrigo Fresán en Letras Libres

Wednesday, December 03, 2008

Redolés me dio su correo

Llegó al salón y hay unas 15 personas. El único que me saluda es Redolés. Hablan de la uniformidad de la industria cultural. Su represión ante lo distinto, lo provinciano, lo con contenido. Redolés señala lo mucho que odia a Lucybell y Chancho en Piedra. Termina la jornada y entrevisto a Redolés. Quiero saber más de ese documental que está realizando. No quiere contarme. Por superstición quizás. Me dio su mail.

Monday, December 01, 2008

Es hora de salir a caminar

FRANCISCO MOUAT

Alejandro Zambra escribió una magnífica columna semanas atrás en la que contaba que le gusta pensar que en el futuro, cuando alguien le pregunte qué ha sido de su vida en estos meses, él responda simplemente, con alegría, que ha estado leyendo a Natalia Ginzburg. Me sentí identificado. No sólo porque la Ginzburg me gusta tanto como a él, sino porque deja en claro que la sola lectura concentrada de un autor que te apasiona puede completar meses continuados de buena vida, o ser lo más significativo que ocurra en ese lapso. El problema de estos meses en que Zambra se abandona a la lectura de Léxico familiar y Las pequeñas virtudes es que yo quiero hacer lo mismo que él, y como no puedo me empiezo a desesperar, me duele la cabeza, y debo ir donde mi amigo el doctor chino para que me alivie con acupuntura.

Llevo semanas dándole vueltas a esta frase que leí, y que se la adjudican a Confucio: "¡Qué tristeza! Siempre lo vi avanzar, nunca detenerse". ¿Qué hace que ahora mismo me sienta un poco atrapado entre los tristes a los que describe el filósofo chino, si yo no quiero formar parte de esa carrera en la que se supone debes avanzar sin prisa pero sin pausa? Conocí una vez a un empresario catalán que usaba esta expresión a menudo: sin prisa pero sin pausa. Según él, todo lo que hacemos forma parte de una carrera en la que no caben detenciones, ni siquiera una tregua en el camino. Este hombre de negocios en Barcelona era mi jefe y me apretaba, como saben hacerlo los jefes eficientes. Tarde o temprano el globo de la paciencia se tenía que reventar. Así fue: un buen día me largué y pensé que junto con abandonarlo a él, dejaba atrás una manera de vivir. Pero la vida es imperfecta, y el tiempo y las circunstancias dadas me llevaron a verificar, una y otra vez, que soy un tipo que aguanta mucho, como tantos de nosotros, y que fácilmente tropieza con la misma piedra, como tantos de nosotros.

Qué modo más pueril de acabar con nuestras energías. Lo peor es darse cuenta de que es así y de todas formas perder la batalla. Hay días en que sin que necesites desesperarte te das cuenta de que algo no camina, que pagar deudas y desplazarte de un trámite a otro por la ciudad no es la manera de encontrarte contigo.

Es curioso: cada vez tengo menos sueños materiales. Y eso me pone muy contento. No quiero casa propia, no pienso pagar una tumba en cuotas. Denme unos pocos libros, la compañía de los que quiero, y una porción de oxígeno y tierra donde respirar y caminar. Denme también el tiempo necesario para detenerme y regalarle una alegría a Confucio.

Hay tantos momentos de gloria que oponer a la pesada carga del diario vivir. En mi caso, uno de ellos fue la lectura de un breve libro de Sebald dedicado al escritor Robert Walser, que en una de sus últimas páginas me deja sin aliento: "Walser, creo yo, había nacido para ese viaje silencioso por el aire. Siempre, en todos sus trabajos en prosa, quiere remontarse sobre la pesada vida terrestre, desaparecer suavemente y sin ruido hacia un reino más libre".

Rechacé esta mañana una oferta de trabajo para el verano. Había dicho que sí, pero lo pensé mejor y dije que no. Necesito el dinero, pero, creo, necesito más esa franja de tiempo de la tarde-noche para detenerme a pensar en lo que hay, en lo que hubo, y también en el mundo de mis sueños. Quisiera poder renunciar todas las veces que sea necesario a un trabajo que no me guste mucho hasta dar, finalmente, con el mejor paraíso imaginable sobre la tierra: aquel en que invierto meses en la lectura de Natalia Ginzburg, Elias Canetti, Martín Cerda, mientras en el fondo el sonido del mar me abriga y una mujer que se llama Soledad me susurra al oído que es hora de salir a caminar, como hacía Walser en sus paseos, porque ya llevo mucho tiempo detenido.
Facebook no te avisa cuando un amigo tuyo muere. Tiene todas las herramientas, todas las posibilidades que la Web 2.0 puede ofrecer, pero eso se le pasa, no le da el ancho. Facebook, aunque tratemos por todos los medios de lograrlo, no tiene alma. Nunca la tendrá. Un compañero de la infancia se ha ido y veo su foto sonriendo en Facebook. Un amigo se ha ido como se va mi infancia. Facebook no te informa que un amigo se queda dormido para siempre en un amanecer debido a ese cáncer de mierda. No te indica. Facebook no sabe hacerlo. No sabe nada. Hasta siempre, hasta siempre.

Tuesday, November 25, 2008

Antes del atardecer por Ernesto Ayala

Antes del atardecer Before sunset
Humano, demasiado humano
septiembre de 2004
Revista Wikén, El Mercurio


Dirección: Richard Linklater

Guión: Ethan Hawke, Julie Delpy, Kim Krizan, Richard Linklater

Elenco: Julie Delpy, Ethan Hawke



En el cuento “Ein Deutsches requiem”, Borges escribió: “un acto es menos que todas las horas de un hombre”. Aunque la afirmación contradice lo que el mismo Borges había afirmado en varios cuentos anteriores -pienso en “El Sur” o “El jardín de senderos que se bifurcan”-, donde los personajes deciden modificar su vida completa mediante un solo acto heroico, épico si se quiere, la pregunta no deja de ser poderosa: ¿qué vale más: una vida completa o un acto que la modifica totalmente? ¿Los doce mil días en que uno fue construyendo esa vida o esa noche que pareció cambiarla para siempre? ¿Qué se parece más a lo que somos? ¿Esa suma de infinitas y pequeñas decisiones que nos trajo hasta aquí o ese momento, esa visión que perdimos entre las manos? Estas son el tipo de preguntas que esconde la diáfana apariencia de Antes del atardecer. Las respuestas no son sencillas.

Antes del atardecer es la segunda parte de Antes del amanecer, película de 1995, en que Jesse (Ethan Hawke) y Celine (July Delpy) se conocen arriba de un tren y deciden pasar la noche juntos vagando por Viena antes de que al otro día tengan que separarse irremediablemente, él para volver a Estados Unidos, ella para ir a visitar a su abuela a París. No intercambian teléfonos ni direcciones para no someter la frescura de su relación a la tristeza de los llamados por teléfonos o las cartas, pero quedan de volver a juntarse en seis meses más, el 16 de diciembre, en el mismo lugar y a la misma hora. Si realmente se encontraban o no era un misterio que cada espectador resolvía por separado, de acuerdo a su propia manera de ver la vida.

En esta secuela, Jesse y Celine vuelven a verse nueve años después. En lugar de tener poco más de 20 años, ahora tienen algo más de 30. Jesse es un escritor de gira por Europa y está presentando un libro en una pequeña librería de París y Celine, que trabaja en una organización por la defensa del medio ambiente, llega sorpresivamente a verlo. Pero Jesse tiene que tomar su vuelo de retorno a Nueva York y, si antes tuvieron toda una noche para conocerse, ahora tienen apenas un hora, quizás un poco más. Prácticamente en tiempo real, vemos entonces a Jesse y Celine paseando por París en verano, conversando inagotablemente, acosados por los miserables minutos que se acaban.

A pesar de esta sencilla estructura, lineal, cronológica, con apenas unos pequeños flashbacks de su encuentro anterior (que permiten ver esta película sin haber visto la primera), Antes del atardecer está llena de líneas de tensión, preguntas que generan suspenso: ¿Qué ha pasado estos nueve años? ¿Qué significó aquella noche de Viena en las vidas de Jesse y Celine? ¿Se acuerdan el uno del otro? ¿Qué es lo que sienten? ¿Están casados, solteros? ¿Será el nuevo encuentro una simple conversación o asistiremos, una vez más, a un encuentro de almas? ¿Es la segunda oportunidad que nunca tuvieron o simplemente ya es muy tarde?

“Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”, dice el famoso poema Veinte de Neruda. Jesse -Hawke- ciertamente está más viejo. Las arrugas en su cara lo revelan, pero también su actitud, más distante, menos cálida, más protegida. Celine -Delpy- está igual de bella, pero también más neurótica y oculta. Los sentimientos de cada uno, que antes fueron transparentes, ahora son ambiguos. Acceder a ellos, tanto para los protagonistas como para el espectador, ya no será tan fácil. Sobre los 30 años, revelar qué es lo que se está sintiendo exige condiciones. Todos somos más difíciles y la película lo asume con lucidez, con una certeza impecable.

Pero otras cosas no han cambiado tanto. No han cambiado nada. Jesse y Celine se enfrentan a la misma ansiedad por comunicarse, a la misma risa nerviosa, a las mismas discusiones irresolubles, al mismo intento torpe –porque siempre es un intento torpe- de abrazarse a través de las palabras. Repentinamente, tal como dice Jesse, es como si hubieran pasado dos meses en lugar de nueve años.

Esta sensación de paralelismo, más que casual, es buscada. Richard Linklater, el director de ambas cintas (que coescribió con Kim Krizan, Hawke y Delpy), vuelve a utilizar una ciudad europea en verano (“A lo mejor sólo estamos hechos para encuentros de un día en ciudades europeas en verano”, dice Celine), vuelve a utilizar la idea de una plazo fatal para forzar a sus personajes y vuelve a utilizar la identificación como principal vehículo emotivo. Sus planos largos y sin cortes, la cámara conservadora e invisible, la poca o nula ostentación de efectos de fotografía o montaje ocultan mediante sobriedad y aparente distancia su gran apuesta: entre más cercanos nos sintamos a sus personajes, con más facilidad sentiremos sus problemas y, por lo tanto, sus emociones. En la maestría con que utiliza este recurso, Linklater tiene poco que envidiarle a Hitchcock, Truffaut o Rohmer.

Hay que reconocer que la mirada generacional –esa larga exploración sobre que significa dejar la juventud y convertirse en lo que vas a ser el resto de tu vida, cierta inevitable nostalgia por los años de frescura e inocencia, la dificultad para encajar expectativas y realidad– podría atentar en que el público menor de 25 y mayor de 50, por nombrar edades algo arbitrariamente, no se involucre con la misma facilidad de los que mediamos los treintantos. Podría. Mi modesto lugar en mí mismo no me permite asegurarlo. Posiblemente en este punto estoy equivocado.

Antes del atardecer es una extraña película. Resulta increíblemente familiar, pero a la vez extraña. Siento que, a pesar de todo lo que he dicho aquí, no he podido definir su magnífico encanto, su perturbadora emoción. Si Antes del amanecer está marcada por la separación inevitable a la salida del sol, aquí la madurez de los personajes permite pensar que quizás podrían seguir viéndose. Significaría el fin de un matrimonio, la separación de su hijo, pero podrían. Ello hace que, a medida que se acerca la hora de partida al aeropuerto de Jesse, el cierre en la ventana del tiempo, el desgarro producido por las preguntas comienza a acentuarse. ¿Vale más un acto que una toda una vida? ¿Se puede elegir entre la plenitud y el sufrimiento que provocará esa búsqueda de la plenitud? ¿Esta es la forma que tiene el entendimiento? ¿Cuál es la ficción y cuál es la vida verdadera? Es posible que estas respuestas sean más sencillas lo que creemos. Para Linklater y su equipo, bajo las incontables capas de argumentos y razonamientos con que nos protegemos y resguardamos, no estamos compuestos más que por emoción.
UN PATIO Por Jorge Luis Borges

Con la tarde
se cansaron los dos o tres colores del patio.
Esta noche, la luna, el claro círculo,
no domina su espacio.
Patio, cielo encauzado.
El patio es el declive
por el cual se derrama el cielo en la casa.
Serena,
la eternidad espera en la encrucijada de estrellas.
Grato es vivir en la amistad oscura
de un zaguán, de una parra y de un aljibe.



Jorge Luis Borges


La Universidad debiera insistirnos en lo antiguo y en lo ajeno. Si insiste en lo propio y lo contemporáneo, la Universidad es inútil, porque está ampliando una función que ya cumple la prensa.

El infierno y el paraíso me parecen desproporcionados. Los actos de los hombres no merecen tanto.

Dicen que soy un gran escritor. Agradezco esa curiosa opinión, pero no la comparto. El día de mañana, algunos lúcidos la refutarán fácilmente y me tildarán de impostor o chapucero o de ambas cosas a la vez.

La Biblioteca es una esfera cuyo centro cabal es cualquier hexágono, cuya circunferencia es inaccesible.

Yo no bebo, no fumo, no escucho la radio, no me drogo, como poco. Yo diría que mis únicos vicios son El Quijote, La divina comedia y no incurrir en la lectura de Enrique Larreta ni de Benavente.

Estoy solo y no hay nadie en el espejo. Borges

Yo creo que es mejor pensar que Dios no acepta sobornos.

Democracia: es una superstición muy difundida, un abuso de la estadística.

Si de algo soy rico es de perplejidades y no de certezas.

La Historia Universal es la de un solo hombre.

El tiempo es el mejor antologista, o el único, tal vez.

No sé hasta qué punto un escritor puede ser revolucionario. Por lo pronto, está trabajando con el idioma, que es una tradición.

He firmado tantos ejemplares de mis libros que el día que me muera va a tener un gran valor uno que no lleve mi firma.

Biografías: Son el ejercicio de la minucia, un absurdo. Algunas constan exclusivamente de cambios de domicilio.

Monday, November 24, 2008

Evangelios para Sanar ( Entrevista de Drago a Jodorowsky)

Alejandro Jodorowsky: DVD del libro "Evangelios para sanar"

Alejandro Jodorowsky, un Acto Psicomagico para el Mundo

Alejandro Jodorowsky y El Tarot

Alejandro Jodorowsky y La Psicomagia

Alejandro Jodorowsky y El Cine

Alejandro Jodorowsky en La Belleza de Pensar

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Jorge Teillier en una Belleza Nueva

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Siempre vuelvo a Bolaño, no hay caso (La belleza de pensar)

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Hay personas que nunca dicen garabatos, pero son muy groseros
Hay personas que te acusan de resentido, pero ellos son el resentemiento en acción. La personnificación del resentimiento.
Admiramos las cosas por motivos, pero las amamos sin motivos.
Gilbert Keith Chesterton

Sunday, November 23, 2008

Video “Trata de escribir” de Jorge González:
En el breve rapeo de Jorge González, demuestra más talento, huevos y calle que toda la discografía de Molotov.

Convertirse en animal te libra del peso de ser hombre. Hunter Thompson

En este contexto casi experimental, el rockero Gustavo Cerati debuta como actor, y en una charla con la Agencia Télam dejó algunos conceptos que intentan aclarar la idea del film: «a la hora de crear se construye en mí un mundo con ingredientes éticos que consciente o inconscientemente funcionan en dirección del bien. Sé que lo que yo haga va a tener una proyección hacia afuera y que eso va a ser bueno y puede ayudar a mejorar el mundo de alguien aunque puede que yo no lo registre». Fotograma.com
Ogden Nash
1902-1971. Poeta y humorista estadounidense.
La edad adulta es cuando te has encontrado con tanta gente que cada nueva persona te recuerda a otra.

Cualquier muchacho de escuela puede amar como un loco. Pero odiar, amigo mío, odiar es un arte.