Thursday, May 21, 2009

Tal Ben-Shahar en Chile
LOS SECRETOS DEL GURÚ DE LA ELICIDAD

Dice que era infeliz, ansioso y pesimista. De visita en Chile invitado por la Universidad Finis Terrae, el maestro que revolucionó las aulas de Harvard plantea en esta entrevista exclusiva que la felicidad es un aprendizaje y que hoy, por primera vez, está siendo estudiada como ciencia.


Cuando Tal Ben-Shahar comenzó a enseñar su cátedra sobre la felicidad, en Harvard, un estudiante que no tomaba su clase se le acercó con interés. "Usted es el que enseña felicidad… mi compañero de cuarto es su alumno", le dijo, y enseguida le advirtió: "Tendrá que ser muy cuidadoso ahora, porque si lo veo infeliz, le diré a mi amigo".

La anécdota no le pareció del todo graciosa a este experto en sicología positiva, un israelí de 38 años, campeón de squash, padre de tres hijos, que vive en Tel Aviv y que hoy recorre el mundo dando charlas. Y no le pareció gracioso porque sólo los sicópatas y los muertos, dice, son los que no experimentan emociones dolorosas. El gurú de la felicidad, como le llaman, plantea que todos los humanos tienen derecho a sentirse infelices, incluso él.

–Una vida feliz no está en el nivel máximo todo el tiempo –explica, momentos antes de hablar en la primera de las dos charlas que dictaría en Chile, una en la Universidad Finis Terrae y otra para invitados de Mastercard–. Hay que aceptar los altos y bajos como parte de la vida del ser humano.

Ben-Shahar distingue estos matices, pero lo que propone –lo que lo convirtió en el profesor con la cátedra más popular en Harvard, con más de 800 alumnos– tiene mucho de revolucionario: todos podemos ser más felices de lo que somos, más allá de la genética y las condiciones sociales. Es una cuestión de aprendizaje, que se puede lograr con ejercicios y disciplina. Como si se tratara de matemáticas.

Hace unos años ya que la felicidad salió del ámbito de los anhelos íntimos y se convirtió en un asunto de discusión pública. Hoy, la felicidad de las naciones es cuantificada en una base de datos –World Database of Happiness–, es el tópico de interés de encuestas y estudios sociológicos. Economistas como Richard Layard y su libro Happiness: lessons from a new science han propuesto, incluso, que la felicidad sea un parámetro para medir el progreso de los países, y hasta polémicas han armado quienes se han levantado contra la felicidad, como Eric Wilson, quien asegura que los felices de hoy serán los tristes de mañana, cuando se frustren sus sueños de alegría. Así, la felicidad se convirtió en ciencia. Y a Tal Ben-Shahar lo han nombrado su gurú.

–Por primera vez tenemos científicos haciendo investigaciones académicas para averiguar cómo la gente, las relaciones, las escuelas, las organizaciones, los países, pueden ser más felices.

Ben-Shahar propone una serie de acciones que, de seguirse con disciplina, ayudan a alcanzar la felicidad. Anotar a diario las cosas por las cuales vale la pena dar las gracias, por ejemplo. Mantenerse activo físicamente. No torturarse con preguntas sobre la propia felicidad, sino reflexionar si se es más feliz que antes. Aceptar el fracaso como parte de la vida, y aprender de ello. En su cátedra, sus alumnos deben practicar estos ejercicios, además de leer estudios sobre felicidad y escribir sus propios ensayos. El profesor dice que incluso los escépticos cambian de opinión cuando toman su clase.

SIGNIFICADO + PLACER

Antes de convertirse en sicólogo y maestro de la felicidad, Ben-Shahar sufría de una constante insatisfacción con su vida. En esos años estudiaba Ciencias de la Computación en Harvard, era un atleta que ganaba premios, tenía amigos y una novia. Pero era infeliz.

–No había una razón real que yo pudiera entender. Pensaba: cuando entres a una buena universidad, serás feliz. Y llegué a una buena universidad y fui feliz por un mes y luego retrocedí. Luego me dije cuando gane el campeonato de squash, y ganaba el campeonato y era feliz por un mes. Cuando tenga una novia, pensaba, y tenía una maravillosa novia que me hacía feliz por un mes y luego retrocedía a como me sentía antes. Todo el tiempo pensaba que la próxima cosa me haría feliz, pero eso nunca ocurría. Entendí que algo marchaba mal no con mi vida vista desde fuera, sino desde dentro.

Dejó las ciencias de la computación y comenzó a estudiar filosofía y sicología, específicamente la sicología positiva. La estudió diez años: recién entonces supo qué le ocurría.

–Entendí que el éxito externo tiene muy poco que ver con la felicidad en el corto plazo, porque rápidamente volvemos a sentirnos como nos sentíamos antes.

–Y el dinero, por ejemplo, ¿hace la diferencia?

–Alguna gente cree que si gana la lotería serán felices por el resto de sus vidas, pero hay estudios que indican que los hace felices por cerca de tres meses. Para gente que no tiene plata para comida, que no tiene casa, que no tiene para una educación mínima, ganar más dinero influye en su felicidad. Pero cuando tenemos cubiertas nuestras necesidades básicas, el dinero adicional contribuye muy poco. La pregunta es ¿qué nos hace felices?

En su bestseller Happier definió la felicidad como una combinación entre significado y placer. "Si trabajo en algo que es significativo para mí, si siento que es importante, si creo que hace la diferencia, y si además disfruto de mi trabajo y experimento placer, entonces, mi trabajo me entrega felicidad", ejemplifica. Si lo que hacemos es sólo significativo o sólo placentero, aquello no es suficiente para sostener la felicidad, postula Ben-Shahar, al tiempo que precisa que es imposible experimentar significado y placer todo el tiempo, "pero si lo experimentas la mayor parte del tiempo, es una relación feliz".

–Usted ha escrito que hay una relación entre religión y felicidad. ¿Ser religioso influye en la felicidad personal?

–En general, cuando observas las investigaciones, la gente religiosa generalmente es más feliz que la no religiosa. La religión entrega significado: sé por qué me levanto cuando despierto en las mañanas, sé lo que estoy haciendo cuando voy a la iglesia los domingos. Sabemos que la gente que expresa gratitud es más feliz que la que no lo hace, y en la religión hay un mecanismo interno, que te conduce a la gratitud.

–Entonces, para los ateos es más difícil ser felices.

–Sí, porque no tienen un mecanismo regular, como sí ocurre con la religión. Un buen predictor de felicidad son las relaciones cercanas con gente de las que nos preocupamos, ya sea mi pareja romántica, mis padres, mis hijos, mis mejores amigos. La religión nos provee de un grupo. Pero no debo ser religioso para tener estas cosas. Puedo encontrarle sentido a la vida si encuentro un trabajo con significado.

–Hay quienes plantean que luego de un gran dolor es posible valorar la vida y ser más feliz que antes.

–En estudios en enfermos terminales, en gente con cáncer a quienes les dan entre 3 a 6 meses de vida, muchos de los encuestados declaran que por primera vez se sienten vivos. Porque por primera vez aprecian respirar, una caminata en medio de los árboles, una flor, los amigos cercanos que tienen. ¿Necesitamos esperar? ¿Esperar algo a veces muy trágico para valorar que la felicidad está dentro de nosotros y alrededor de nosotros? No, si cultivamos la capacidad de gratitud.

Ben-Shahar cita constantemente estudios que avalan su planteamiento: "hay investigaciones", asegura, "que muestran que la gente que escribe una lista de cinco cosas por las cuales debe agradecer es gente más feliz, más optimista, más exitosa, físicamente saludable, más simpática y más generosa con los demás". Bastaría, plantea, sólo con hacer foco en aquello bueno que nos sucede.

–¿Existen países más felices que otros, como aseguran diversos estudios?

–Los que tienen políticas de libertad, las democracias, son más felices que aquellos que viven en dictadura. Países donde la mayoría de la gente tiene sus necesidades básicas satisfechas (comida, techo, educación), son más felices. La razón por la cual los países latinoamericanos son más felices es porque las familias son muy valoradas. En los Estados Unidos, la gente se ha vuelto menos feliz porque hay menos énfasis en las familias, están enfocados en el éxito, en el trabajo, en conseguir un ascenso, en tener más dinero. Tienen menos tiempo para pasar con sus familias, menos tiempo para estar con sus amigos. En países como Chile o como Israel, donde yo vivo, es más importante tener tiempo de calidad con la gente que se quiere.

–¿Es posible que los países mantengan sus índices de felicidad en medio de una crisis económica?

–Estudios recientes en Estados Unidos, en gente que ha perdido su trabajo, muestran que los que hablan de eso, no inmediatamente pero sí al tiempo se sienten mejor y están más dispuestos a encontrar trabajo antes. Están dispuestos a aprender de la experiencia y expresar sus emociones. En los momentos difíciles, ya sea las crisis económicas o cuando uno pierde a un ser querido o cuando termina una relación, es importante experimentar las emociones, ya sea escribiéndolas, conversando, expresando el dolor en vez de reprimirlo dolor. Cuando lo hacemos, estamos más dispuestos a superar el problema y a recuperarnos. No creo que las cosas ocurran para mejor, sí creo que alguna gente es capaz de hacer lo mejor a partir de las cosas que ocurren. Que las cosas pasen para mejor es una aproximación pasiva. Sacar lo mejor de las cosas que pasan es una aproximación activa. Tomas el control.

–En ese sentido, ¿es posible que las naciones encuentren un discurso que apele a la felicidad?

–El mensaje de Barack Obama, por ejemplo, era una palabra: esperanza. La esperanza o el optimismo están asociados a altos niveles de felicidad y éxito. De hecho hay estudios que muestran que políticos que hablan de optimismo con significado tienen más éxito. Basta pensar en Martin Luther King, su discurso Yo tengo un sueño fue muy poderoso. La gente los sigue. ¿Qué han vendido los grandes líderes de la historia? Esperanza. Fe. Los líderes capaces de construir estos discursos son capaces de elevar los niveles de felicidad.



SIMPLES EJERCICIOS PARA SER FELIZ PROPONE BEN-SHAHAR EN HAPPIER, SU BESTSELLER.



"LOS POLÍTICOS QUE HABLAN DE OPTIMISMO CON SIGNIFICADO TIENEN MÁS ÉXITO", PLANTEA.


RITUAL PARA NIÑOS FELICES

Tal Ben-Shahar plantea que, si bien una infancia feliz puede incluir en una adultez feliz, aquello no es del todo categórico. "Aunque tengamos la mejor infancia y los mejores padres, igual experimentaremos dolor en nuestras vidas, porque somos seres humanos. Cualquier persona puede ser más feliz. Si tenemos una infancia infeliz, por nuestros genes o porque tuvimos experiencias difíciles, podemos también llegar a ser más felices".

–¿Es posible entregar a los niños herramientas para que sean más felices?

–Cada noche antes de irse a dormir le pregunto a David, mi hijo mayor de cinco años, ¿qué fue divertido hoy? Él me responde y me pregunta y a ti, ¿qué te divirtió? Es un ritual, un hábito que hacemos todas las noches. Alrededor de la mesa de la cena, uno debe preguntarles qué cosas del día estuvieron difíciles y qué fue lo bueno. Aprenden a ver la realidad como un todo. Quejarse es importante, pero también lo es apreciar lo bueno.

Es muy importante hablarles del esfuerzo que conlleva trabajar duro, más que decirles eres tan inteligente, tan talentoso. Porque cuando les decimos eso ponemos presión en ellos y comienzan a sentir miedo de fallar. Si le dices has puesto esfuerzo en esto, y luego fallan, no importa: trabajarán incluso más. Estos errores los cometen los padres con muy buenas intenciones. Lo mismo ocurre si ni lo hacen bien. Si no les va bien, debes decirle no trabajaste lo suficiente, puedes hacerlo mejor si pones más esfuerzo. Se trata de poner el foco en el viaje más que en la meta.

POR MARCELA ESCOBAR




Hola, viejo!

FRANCISCO MOUAT

Mediodía de lunes. Estoy terminando de leer el libro El material humano, del guatemalteco Rodrigo Rey Rosa, en un café de Ñuñoa. Llevo unas tres horas leyendo esta magnífica historia, que arranca el día en que el autor se entera del descubrimiento de miles de carpetas, cajas y sacos con fichas policiales de ciudadanos de Guatemala de casi todo el siglo veinte en un recinto que alguna vez fue centro de torturas. Entre mis apuntes del libro que leo, una cita de Borges -referida por Bioy Casares- que recoge Rey Rosa: "El destino es siempre desmedido: castiga un instante de distracción, el azar de tomar a la izquierda y no a la derecha, a veces con la muerte".

Suena el celular. Veo en la pantalla y es mi padre que llama. No es frecuente que lo haga. Atiendo de inmediato: "¡Hola, viejo!". "Soy tu mamá, Pancho", responde la voz suave y sorpresiva de mi madre. Me explica que están en la clínica desde anoche, que mi papá se cayó ayer en la tarde, se sacó la mugre y se fracturó el hombro, y que ahora los médicos evalúan si operan o aplican un tratamiento traumatológico. Logro hablar con él: está tranquilo, con voz firme, esperando resignado a que dictaminen qué hacer con la fractura. "Hay que tomarlo con humor", dice. Quedo de ir a verlo un rato en la tarde. Termino a Rey Rosa. Me digo a mí mismo que es uno de los libros que más he disfrutado leer en el último tiempo, buenísimo. De una patada, además: qué placer.

Pago el café y me voy caminando. Pienso en mi padre, en lo de tomarse las cosas con humor, en el gesto que tuvo la semana pasada, cuando dejó sin aviso en la recepción del edificio donde vivo un sobre a mi nombre. Lo recogí ese día en la noche cuando llegué, un poco tarde, sorprendido de encontrar una carta suya para mí. Su letra de médico la reconozco desde niño, cuando la ensayaba para falsificar justificativos escolares que me eximieran de hacer educación física. Subí en ascensor y traté de recordar si alguna vez en mis cuarenta y siete años de vida había recibido una carta suya. No recordé ninguna. Me puse nervioso: ¿y si quiere hacerme una confesión impresionante, contarme un secreto muy bien guardado, narrarme algún mal presentimiento? No quería abrir el sobre. Entré a la pieza y le conté a la Solcita lo que traía en las manos. "¿Qué esperas? ¡Ábrelo!". Obedecí. Era sólo una hoja doblada y escrita a mano, junto a un par de fotografías nocturnas del único viaje que hicimos los dos solos. En una foto aparecía él, enérgico, esbelto y radiante junto a una fuente de agua, y en la otra estaba yo durmiendo a pata suelta sentado en una silla en la vereda, cerca del mar. Su texto era breve: "Señor Francisco Mouat. Adjunto encontrará dos fotografías tomadas en Niza hace algunos años. El contraste es evidente. En una aparece un señor sentado en el borde de una fuente con actitud resuelta, ágil, presto a enfrentar cualquier situación de la vida. A la inversa, en la otra fotografía aparece un sujeto sentado en un banco de la calle, durmiendo. Se supone que ésa haya sido la práctica para su master en el ocio". La carta ni siquiera venía firmada.

Lunes en la tarde. Lo acompaño un rato en la pieza de la clínica. No hay nadie más con nosotros. Su brazo izquierdo está totalmente inmovilizado. Luce fatal. Le preparo tostadas con mermelada y quesillo, le trozo la fruta de la compota, le echo endulzante al té, sigo atento su furiosa ingesta de la hora de once. El viejo no perdona ni una miga. Tiene hambre, buena señal. Lo ayudo a ir al baño, y de vuelta, ahora peinado y de mejor aspecto, me dice que no podrá ir esta vez a casa a dejarme el sobre, pero que tiene una nueva carta para mí: "Está encima de mi escritorio. Anda a buscarla cuando quieras". "¿Qué es esta vez?", le pregunto. "Sorpresa", contesta con risa en la cara, y vuelve a acostarse, y me quedo pensando en que nunca es tarde para recibir una carta de tu padre, aunque haya tenido que pasar casi medio siglo, especialmente cuando su propósito no es otro que agarrarte para el hueveo. En buena hora.

Carlos Peña
Domingo 10 de Mayo de 2009
La Alianza de Flores

El lanzamiento de la Coalición por el Cambio tuvo algo levemente patético. Algunos de sus integrantes no son más que una firma y un timbre. Es el caso de Norte Grande (parece nombre radical) y de los Humanistas Cristianos (con esa denominación arriesga confundirse con un grupo de catequesis o con los suscriptores del Eco de Lourdes).
Así, entonces, la verdad sea dicha, la Coalición por el Cambio se reduce al apoyo de Fernando Flores a Piñera.Y esto justifica que sea la actitud de Flores lo que debe ser analizado.Por supuesto, nadie discute el derecho del senador Flores a aliarse con la derecha, darse palmotazos con algunos de los viejos cuadros de la dictadura, asimilarse, como si fuera un anhelo inconsciente y viejo, con los sectores sociales a los que antes se opuso, adorar lo que antes quemó y quemar ahora, con esmero, lo que apenas ayer adoró.
Todo eso es parte de la libertad de cada uno, y nadie debiera condenarlo por eso.
Lo que no resulta razonable es que ese palmoteo con algunos de los viejos cuadros de la dictadura —a cambio, además, de dos o tres diputaciones— sea presentado por el senador como el cambio que Chile necesita o como la superación moral de las viejas fracturas que dividen al país.
Eso sí que es demasiado.
Y es que una cosa es hacer lo que a uno le plazca, y otra distinta es convencer a los demás de que lo que uno hizo posee dignidad moral o histórica.
Una cosa tiene dignidad —enseña Kant— cuando no tiene precio; es decir, cuando no es objeto ni de intercambio ni de negociación. En otras palabras, cuando está más allá del cálculo de utilidades. Justo lo contrario de lo que hizo Flores con su adhesión a Piñera, que, todos lo sabemos, regateó y negoció a más no poder, hasta erigirse en el orador central del acto de esta semana: apenas una medida compensatoria para sus sueños de liderazgo.
Fernando Flores no se incorporó entonces a esa coalición por convicción moral —algo así habría sido incondicional, y él sabe y todos sabemos que su acto no lo fue—, sino por cálculo.
Claro. Actuar por cálculo no tiene nada de malo. Lo malo es la impostura con que en este caso se lo presenta. Tampoco la incorporación de Flores puede ser presentada como un definitivo signo de reconciliación entre las víctimas y los victimarios. Como si por fin unos y otros lograran, detrás de Piñera, confundirse en un abrazo.
Todos sabemos que la reconciliación no puede hacerse de espaldas al pasado, saltando fuera de la sombra de la memoria, sin que nadie efectúe reconocimiento alguno, por la vía de pactos electorales y, lo que es peor, timando a miles de ciudadanos que no pudieron imaginar que cuando escogían a Flores estaban, en verdad, escogiendo a alguien que poco tiempo después acabaría proclamando (no simplemente apoyando, lo que no tiene, cabría insistir, nada de malo, sino que proclamando en medio de palmotazos y de fotos familiares) al candidato de la derecha. La reconciliación —lo sabe bien Flores, especialista en actos lingüísticos— exige el reconocimiento de lo que se hizo y la promesa de que no se hará más. Nada de eso ha ocurrido hasta ahora, salvo que en medio de los palmoteos y de los abrazos y de las negociaciones y las fotografías, sus nuevos aliados le hubieran cuchicheado al senador algo que todavía no sabemos.
Por eso, más que dignidad moral o histórica, el acto de Fernando Flores fue simplemente el pálido reflejo de sus sueños estatuarios, el fruto escaso de un anhelo de reconocimiento que ya nunca se verá satisfecho, el último acto de un político menguante, el fruto del despecho. No es raro que eso pueda ocurrir incluso en un hombre inteligente: es que la razón es a veces esclava de las pasiones.
Tampoco hubo en su acto nada sacrificial. “Esta decisión involucra un dolor”, dijo, como si, al modo de un héroe incomprendido, hubiera adoptado su decisión contra sí mismo.
Pero de heroísmo, nada.
Y es que en política hay héroes del triunfo (como De Gaulle), héroes del fracaso (como Allende), héroes de la retirada (como Adolfo Suárez).
Lo que no hay en ninguna parte son héroes del transformismo.
Álvaro Bisama
Domingo 03 de Mayo de 2009
El Comelibros: "Prat"

"¿Qué diablos hace Condell?”, se pregunta perplejo Arturo Prat en Prat, de Patricio Jara. El momento es dramático: la Esmeralda se queda a solas con el Huáscar. De ahí en adelante todo será una masacre anunciada, una tragedia irremontable. Eso, porque Prat (Bruguera) es cualquier cosa menos un texto de un nacionalismo trasnochado. Por el contrario, lo que el autor narra en esta perfecta non-fiction novel es la vida de un héroe a contrapelo de su era, en tanto víctima de un drama equívoco y despojado de cualquier histeria patriotera. Porque Prat es la biografía civil de un héroe cuya pompa naval lo ha escondido en un mito escolar tan plano como predecible. Para Jara es lo contrario, un personaje contradictorio y múltiple: el capitán de un barco que se cae a pedazos, el abogado que defiende a su primo de un juicio sumario, un lector de Cervantes, un alopécico prematuro que confía en la homeopatía, un espiritista trágico, un esposo amoroso y nostálgico, alguien que enfrenta su destino —el de morir en una batalla que está perdida de antemano— con la seguridad estoica de quien aborda la muerte como si ésta fuera un signo que va a llenarse, en la posteridad, de significado.
No es tan raro, de El sangrador a El exceso, los mejores momentos de los libros de Patricio Jara descansan en el encuentro entre un héroe accidental (el inventor de un taladro dental en plena pampa, el último marino boliviano, un científico del barroco) y la tragedia del tiempo. Jara, con una precisión que no escatima la ternura, siempre ha sido capaz de convertir a figuras marginales o excéntricas en símbolos entrañables de una humanidad sometida a la intemperie de la historia, algo a veces desolador, a veces ineludible. Quizás ahí radica la valentía de esta novela, que descansa en la fragilidad de un personaje que intenta remontar con lucidez el paisaje desértico que precede a la guerra, como si el peso moral y la urgencia del libro recayeran justamente en esa presentación de la patria como un terreno de afectos sacudidos por ese aire tibio o helado del norte.
Por lo mismo, para quienes crecimos con el mito escolar del héroe, la delicada inestabilidad que Jara le da al personaje nos lo vuelve entrañable. Eso está en sus actos, pero también en su escritura: Jara intercala las cartas que el capitán le envía a Carmela Carvajal, su mujer. Ahí, la delicadeza de la prosa no esquiva lo doméstico, como si anotara a la distancia esa vida que nunca tendrá, la vida que no será posible, el mundo que perderá prematuramente. Aquí, quizás, está el drama que la novela esboza. Un drama redactado a escala humana, lejos de cualquier monumentalidad. Porque el Prat de Jara es tan lúcido como autocrítico; corre contra el tiempo y no puede llegar nunca a un destino que no sea su propia extinción: su hija muere, la flota zarpa sin él, pierde los favores del almirantazgo por defender la libertad afectiva de su primo, carece de materiales para fabricar bombas que funcionen, Condell lo deja solo frente al Huáscar; pero, en medio de todo eso, asume el papel que le toca a la hora de la sangre y las espadas. Así, Prat debe leerse desde la tragedia contenida de todos aquellos equívocos. Por lo mismo, Prat es un relato veloz pero también terrible. Cercano. Está acá la percepción de un tiempo que se evapora, la prefiguración de una catástrofe que nos cubre hasta el día de hoy. Es la Historia que contiene la respiración antes de desatarse como una tormenta. No en vano, el día 20 de mayo de 1879, Prat escribe, antes de cualquier arenga: “Nada nuevo y quizás mucho a esta hora”.

Leer, vivir, perder

FRANCISCO MOUAT

Regalar libros puede ser muy placentero cuando ellos forman parte capital de tu vida. A estas alturas puedo prescindir de demasiadas cosas, pero no creo poder abandonar mi biblioteca esencial. Mis hijos dicen que casi no sé regalar otra cosa que un libro, y tienen razón. Es un problema, porque no a todos tus amigos les gusta leer, pero también me pasa que con aquellos que no leen tengo muchas menos posibilidades de establecer contacto y comunicarme con entusiasmo; es decir, de hacernos amigos.

Por supuesto que me gusta también recibir libros de regalo, en especial cuando el libro me interesa, lo leo y acaba provocándome placer. Sucede que a veces te regalan libros que no te interesan nada, libros que dormirán cerrados hasta encontrar con suerte su lector, o hasta el momento en que sí acaben por seducirme. Leer un libro y gozarlo depende de cómo estés, de tu estado de ánimo, de tus ganas, del interés que tengas en participar de la vida y la historia que te está contando una persona con la que probablemente antes de leer el libro no tenías nada que ver, salvo que se haya convertido en uno de tus autores favoritos. Esto es así de azaroso, aunque nunca demasiado, y por lo mismo no es fácil regalar libros sin equivocarse, a veces rotundamente. Hay que intentar tener una mínima idea de la sensibilidad del otro, ojalá de sus gustos e intereses literarios, para acertar en la elección, y ni aún así la correspondencia está asegurada. Lo otro es prescindir totalmente de la lista de los más vendidos. La buena literatura no es ni una moda ni una estadística de ventas favorables. Deprime ver cómo los títulos más vendidos se venden todavía más, porque los compradores de libros no se dan el trabajo de escoger con cariño y dedicación el libro justo.

El otro día recibimos una plata inesperada con mi hija Antonia y fuimos volando a una librería de ofertas en el centro, con el cheque aún en la mano. Le regalé diez libros de una patada, y pudieron ser veinte, pero ella me contuvo. Como ella se demoraba en elegir lo que quería, un poco mareada por tantos títulos que la atraían, escogí arbitrariamente libros para una estudiante de literatura de segundo año que le ayuden a abrir ventanas, puertas, compuertas, subterráneos, escotillas. Libros que la estimulen, que le propongan un viaje, que la hagan atravesar un mapa literario en busca de placer, felicidad, conocimiento y por supuesto nuevas dudas esenciales, preguntas sin respuesta o con muchas alternativas para elegir. No sé cuántos de esos libros serán finalmente leídos por ella, y no sé cuántos cumplirán el sueño de hacerse imprescindibles en su vida. Con que en su lectura haya unas pocas líneas felices me conformo. A veces basta un verso en un océano de palabras para justificar el paseo a la costa. No había para qué gastárselo todo de una vez, me dijo Antonia con sangre fría. Se llevó, entre otras buenas ofertas, unas estupendas conversaciones con la poesía chilena de Juan Andrés Piña, y una antología de algunos de sus mejores textos preparada por el propio Julio Ramón Ribeyro, para citar dos de ellos. Cada uno de esos libros no valía más caro que una entrada al cine o a un partido de fútbol en galería.

Un amigo me envía una frase de una escritora joven, argentina, Raquel Robles, que publicó hace poco una novela llamada Perder. Me gusta el título, lo que sugiere, y más me gusta cuando leo una de sus frases: "Muchas veces me pregunto qué partes de la vida me habré perdido por leer, sin embargo, no puedo remediarlo, a veces no hay otra manera de soportar la vida que ausentarse un poco. Es un equilibrio difícil". Lees y a cambio dejas de vivir otras vidas posibles. Lees y ganas una nueva vida, distinta a la que había antes de encontrarte con ese libro que te hizo desplazarte. Vila-Matas escribió que no hay gesto "menos agresivo que ver a un hombre bajar la vista para leer un libro que tiene entre sus manos. Habría que partir a la búsqueda de ese recogimiento universal". Yo ya no puedo vivir sin libros. Dejar de leerlos, o de escucharlos si ya no puedo ver, será lo mismo que morir.





Dichoso el que gusta las dulzuras del trabajo sin ser su esclavo.
Benito Pérez Galdos

La verdad triunfa por sí misma, la mentira necesita siempre complicidad.
Epicteto de Frigia

“MEG”: El ataque del megatiburón prehistórico

Olvide los dinosaurios clonados o los monstruos espaciales, porque el protagonista de esta novela es capaz de devorarlos a todos.
Alberto Rojas M.
Miércoles 22 de Abril de 2009 12:55

El foco de la historia es Jonas Taylor, un doctor en paleontología que carga en su memoria con una experiencia que nadie parece dispuesto a creer: un encuentro cara a cara, en lo más profundo del océano, con un Carcharodon megalodon.
Foto: Océano/VíaMagna, 2008

SANTIAGO.- Imagine un animal marino de quince a veinte metros de largo, con dientes que midan treinta centímetros de longitud, y un peso cercano a las veinte toneladas. Sin duda, un animal aterrador e imbatible, sólo posible en los mares del período cretácico. ¿Su nombre? Carcharodon megalodon. Ahora piense qué pasaría si ese predecesor del actual tiburón blanco, reapareciera hoy en nuestras costas… hambriento.

Exactamente esa es la premisa de "MEG" (Océano/VíaMagna, 2008), del escritor estadounidense Steve Alten, quien se hizo conocido mundialmente con best sellers como “El Testamento Maya” y “La Resurrección Maya”. Y que ahora prolonga su éxito con esta reedición en castellano de "MEG".

El foco de la historia es Jonas Taylor, un doctor en paleontología que carga en su memoria con una experiencia que nadie parece dispuesto a creer: un encuentro cara a cara, en lo más profundo del océano, con un Carcharodon megalodon.

Aquella expedición terminó en tragedia, nadie creyó su versión de lo ocurrido y eso acabó arruinando tanto su carrera como su matrimonio. Desde entonces, Taylor no ha vuelto al mar, aterrado con la idea de toparse nuevamente con aquel monstruo. Pero su existencia lo ha obsesionado desde entonces: ¿cómo un depredador marino, supuestamente extinto hace más de 65 millones de años, puede seguir vivo?

La respuesta llegará en parte cuando su viejo amigo Masao Tanaka, junto a su hija Terry, le piden ayuda para revisar unos sensores capaces de predecir terremotos. Taylor acepta a regañadientes la idea de subirse una vez más a un minisubmarino y descender a las oscuras profundidades. Y obviamente allí, en las zonas abisales, el atormentado Taylor volverá a toparse con esa sombra blanquecina y brillante que durante años ha tratado de olvidar.

“MEG” es un tecno-thriller de tomo y lomo, bien armado y con abundante información científica. Y su éxito editorial lo tiene desde hace unos años en primera fila para convertirse en guión para Hollywood. Sin duda, un libro que atrapa y no suelta, igual que el Carcharodon megalodón.

El Atlantis pasa por el Sol y vuelve a la Tierra




El astrofotógrafo francés Thierry Legault (http://legault.club.fr/atlantis) logró obtener una imagen del transbordador Atlantis (centro de la foto) que viajó, el 11 de mayo, al espacio con siete astronautas en una peligrosa misión de 11 días para mejorar la capacidad del telescopio espacial Hubble, que durante 19 años ha brindado imágenes únicas del universo.

Para captar la fotografía, Legault viajó al sur de Florida, desde un lugar cerca del Centro Espacial Kennedy, apuntó su telescopio y logró fotografiar al Atlantis durante su paso por el Sol.

El transbordador se encuentra ahora de retorno a la Tierra, tiene previsto aterrizar mañana en el centro espacial, mientras que el Hubble, que pesa 13 toneladas y ha completado ya más de 97.000 viajes en torno al planeta, quedó en órbita con nuevos “ojos” y baterías recargadas.


El transbordador Atlantis fue fotografiado desde la Tierra el pasado 12 de mayo cuando se cruzó por delante del Sol respecto a la Tierra en su trayectoria hacia el telescopio espacial Hubble. La silueta de la nave se aprecia perfectamente a contraluz sobre el fondo amarillo de la estrella en las imágenes presentadas ahora por la NASA.


Los astronautas completan la reparación más importante del 'Hubble'
El 'Hubble' ya está en el 'Atlantis' para su reparación
NASA

El Atlantis, en órbita terrestre a 560 kilómetros de altura y a 28.000 kilómetros por hora sobre la superficie de la Tierra, fue fotografiado con una cámara Canon 5D Mark II y un telescopio de 12 centímetros de diámetro utilizando un filtro solar. La nave mide 37 metros de longitud y 24 de envergadura.

Ida: El eslabón encontrado





Ida, un fósil de 47 millones de años, posible "eslabón perdido" de los primates
martes, 19 de mayo, 19.49

Los restos fósiles de Ida, una hembra primate que vivió hace 47 millones de años en Alemania, fueron presentados en Nueva York como un posible ancestro común a monos y seres humanos.


Considerado como el fósil de primate más completo jamás encontrado, el ejemplar descubierto en 1983 cerca de Frankfurt fue presentado a la prensa en el Museo de Historia Natural de Nueva York por un grupo de paleontólogos.

Los científicos aseguran que este ejemplar de 'Darwinius massillae' parecido a un lémur, de un metro de altura y que en vida pesó de 650 a 900 gramos, podría ser el "eslabón perdido", el antepasado común a simios y hombres. Por la forma de algunos de sus huesos y otros indicios, se dedujo que 'Ida' era una hembra joven de nueve meses. Su pulgar oponible y sus dedos -en lugar de garras- confirman que se trata de un primate.

El fósil, en espectacular estado de conservación, permite ver en detalle no sólo la osamenta del animal, sino también los restos de las partes blandas de su cuerpo y hasta el contenido de su estómago. Herbívora, 'Ida' se alimentaba de frutas, semillas y hojas antes de morir. "Se parece bastante a los lémures actuales", explicó a la prensa Jens Frenzer, experto alemán en fósiles del Instituto de Investigaciones de Senckenberg.

Para los científicos, "este espécimen es como encontrar el Arca perdida", dijo Jorn Hurum, paleontólogo noruego de la Universidad de Oslo. "Este fósil probablemente estará en todos los libros de texto de los próximos 100 años", asegura este miembro del grupo que durante dos años lo estudió y reveló su importancia en la cadena evolutiva de las especies.

El esqueleto de 'Ida', completo en un 95% y al que sólo falta parte de una pierna, fue vendido en una feria especializada en Alemania y separado en dos partes por coleccionistas, antes de que lo adquiriera la Universidad de Oslo hace dos años, cuando los científicos comprendieron su importancia. "Es difícil de imaginar un fósil más completo que este para explicar la evolución de los primates", dijo Holly Smith, antropóloga dental de la Universidad de Michigan.

Su importancia radicaría en que se encuentra en un punto de la evolución antes de que se dividan las ramas que condujeron a monos o seres humanos por un lado y lémures u otros primates más alejados del Homo sapiens, por otro. "Es una especie de piedra de Rosetta, porque une elementos que antes no habíamos sido capaces de asociar", comentó Philip Gingerich, especialista en primates de la Universidad de Michigan.

La presentación del fósil fue objeto de un importante despliegue mediático y de relaciones públicas en el Museo de Historia Natural, equiparable al de la presentación de la gira de una banda de rock. El hallazgo será objeto de un documental bajo el título 'El Eslabón' que el canal de cable History difundirá en Estados Unidos el próximo lunes, día de fiesta y en horario de máxima audiencia.


Nueva York (Agencias) . Los restos fósiles de Ida, una hembra primate que vivió hace 47 millones de años en Alemania, fueron presentados en Nueva York como un posible ancestro común a monos y seres humanos.

Considerado como el fósil de primate más completo jamás encontrado, el ejemplar descubierto en 1983 cerca de Frankfurt fue presentado a la prensa en el Museo de Historia Natural de Nueva York por un grupo de paleontólogos.

Los científicos aseguran que este ejemplar de “Darwinius massillae” parecido a un lémur, de un metro de altura y que en vida pesó 650 o 900 gramos, podría ser el “eslabón perdido”, el antepasado común a simios y hombres.

Por la forma de algunos de sus huesos y otros indicios, se dedujo que Ida era una hembra joven de nueve meses. Su pulgar oponible y sus dedos -en lugar de garras- confirman que se trata de un primate.

El fósil, en espectacular estado de conservación, permite ver en detalle no sólo la osamenta del animal, sino también los restos de las partes blandas de su cuerpo y hasta el contenido de su estómago. Ida se alimentó de frutas, semillas y hojas antes de morir.

Para los científicos, “este espécimen es como encontrar el Arca perdida”, dijo Jorn Hurum, paleontólogo noruego de la Universidad de Oslo.

“Este fósil probablemente estará en todos los libros de texto de los próximos 100 años”, asegura este miembro del grupo que durante dos años lo estudió y reveló su importancia en la cadena evolutiva de las especies.



¿DÓNDE ESTUVO TODO ESTE TIEMPO?


El esqueleto de Ida, completo en un 95% y al que sólo falta parte de una pierna, había sido vendido en una feria especializada en Alemania y separado en dos partes por coleccionistas, antes de que lo adquiriera la Universidad de Oslo hace dos años, cuando los científicos comprendieron su importancia.

“Es difícil de imaginar un fósil más completo que este para explicar la evolución de los primates”, dijo Holly Smith, antropóloga dental de la Universidad de Michigan.

Su importancia radicaría en que se encuentra en un punto de la evolución antes de que se dividan las ramas que condujeron a monos o seres humanos por un lado y lémures u otros primates más alejados del Homo sapiens, por otro.

Monday, May 11, 2009

Friday, May 01, 2009

Quentin Tarantino se declara contrario a películas como "Valkiria"
"Todos esos actores británicos que encarnan a un nazi tras otro, está muy pasado de moda", dijo el director de "Pulp Fiction" sobre la cinta que protagoniza Tom Cruise.
DPA
Miércoles 29 de Abril de 2009 17:57

HAMBURGO.- Al director de culto Quentin Tarantino no le gustan las películas tipo "Valkiria", protagonizada por Tom Cruise, según afirma en una entrevista con la revista alemana "Stern".

"Todos esos actores británicos que encarnan a un nazi tras otro: está muy pasado de moda", asegura el director de "Pulp Fiction" y "Kill Bill".

En Valkiria, Tom Cruise interpreta —junto a actores como el británico Kenneth Branagh— al conde Von Stauffenberg, quien organizó un atentado contra Hitler.

En su nueva película, "Inglourious Basterds", rodada casi por completo en Alemania, todos los alemanes están encarnados por actores germanos, subraya Tarantino. "Eso fue extremadamente importante para mí. Ni suecos ni holandeses. Sorry Max von Sydow, bye bye Rutger Hauer", y abrazó como lema "¡soy el anti-Valkiria!".

Tarantino elogió además a los actores alemanes, de los que afirmó que son "fantásticos talentos".

Con respecto a las acusaciones de que utiliza el Tercer Reich para una orgía de violencia, comentó: "No quiero parecer irrespetuoso ante ese trasfondo histórico de peso, sino relatar la historia a mi manera". Y añade que su película es un atrapante relato de aventuras.

"Inglourious Bastards" cuenta la historia de una unidad de élite judío-estadounidense que en 1941 "caza" nazis en la Francia ocupada, y planea un atentado contra Hitler. Está protagonizada por Brad Pitt, y en el reparto están los alemanes Daniel Brhl y Til Schweiger. El filme será estrenado en mayo en el Festival de Cannes
Diario de rodaje:
Los secretos de Woody Allen en Barcelona





Durante las filmaciones de la aclamada "Vicky Cristina Barcelona", el año pasado, Woody Allen tuvo un affaire con Penélope Cruz y Scarlett Johansson al mismo tiempo y le enseñó a Javier Bardem a actuar. O por lo menos, eso cuenta en este diario de rodaje, escrito muy "a la Allen".

POR WOODY ALLEN,

THE NEW YORK TIMES.

2 DE ENERO Aceptada la oferta para escribir y dirigir una película en Barcelona. Hay que ser cauteloso, España es soleado y yo pecoso. El dinero no es mucho tampoco, pero el agente gestionó para conseguirme la décima parte del 1% de cualquier cosa que la película reúna luego de superar los 400 millones de recaudación.

No sé nada de Barcelona, además de la historia de los dos judíos de Hackensack, Nueva Jersey, que partieron una empresa de embalsamaje por correo.

5 DE MARZO Me reuní con Javier Bardem y Penélope Cruz. Ella es espléndida y más sensual de lo que imaginé. Durante la entrevista mis pantalones se incendiaron. Bardem es uno de esos genios oscuros que claramente necesitará mano dura de parte mía.

2 DE ABRIL Ofrecido un rol a Scarlett Johansson. Dijo que antes de que pudiera aceptar, el guión debía ser aprobado por su agente, luego por su madre, con la que es muy cercana. Acto seguido debe ser aprobado por la madre de su agente. En la mitad de la negociación ella cambió de agentes (luego cambió de madres). Es talentosa, pero puede ser un atado de problemas.

1 DE JUNIO Llegamos a Barcelona. Alojamientos de primera. Al hotel le han prometido media estrella más el próximo año si es que instalan cañerías de agua.

5 DE JUNIO El rodaje comenzó movido. Rebecca Hall, aunque joven y en su primer papel importante, es un poco más temperamental de lo que pensaba e hizo que me impidieran el ingreso al set. Le expliqué que el director debe estar presente para dirigir la película. Traté, pero no pude convencerla y tuve que disfrazarme del hombre que trae la comida para volver a entrar a hurtadillas al set.

15 DE JUNIO Trabajo finalmente en curso. Hoy filmé una ardiente escena de amor entre Scarlett y Javier. Si esto hubiese sido hace unos escasos años atrás, yo mismo hubiese hecho la parte de Javier. Cuando le mencioné esto a Scarlett, dijo "Uh–huh", con una enigmática entonación. Scarlett llegó tarde al set. La sermoneé bastante severamente, explicándole que no tolero tardanzas en mi elenco. Escuchó respetuosamente, aunque mientras hablaba pensé que la vi subirle el volumen a su Ipod.

20 DE JUNIO Barcelona es una ciudad maravillosa. La multitud repleta las calles para vernos trabajar. Misericordiosamente comprenden que no tengo tiempo para dar autógrafos, así que solamente se los piden a los miembros del elenco. Después repartí fotos de 20 por 25 centímetros de mí mismo dándole la mano a Spiro Agnew y ofrecí firmarlas, pero para entonces la multitud ya se había dispersado.

26 DE JUNIO Filmé en La Sagrada Familia, obra maestra de Gaudí. Estaba pensando en que tengo mucho en común con el gran arquitecto español. Los dos desafiamos las convenciones, él con sus impresionantes diseños y yo usando mi pechero de langosta en la ducha.

30 DE JUNIO Las tomas diarias lucen bien, y mientras la idea de Javier de añadir una escena de una invasión marciana masiva con miles de extras disfrazados y elaborados platillos voladores no es muy buena, la voy a filmar para hacerlo feliz y la cortaré en la sala de edición.

3 DE JULIO Scarlett se me acercó hoy con una de esas preguntas que hacen los actores, "¿Cuál es mi motivación?". Le respondí: "Tu salario". Ella dijo que bueno, pero que necesitaba mucha más motivación para continuar. Aproximadamente el triple. Si no, amenazó con alejarse la cinta. Vi que estaba blufeando y me alejé de ella primero. Después ella se alejó caminando. En seguida estábamos bastante lejos y teníamos que gritar para escucharnos. Luego ella amenazó con saltar. Yo brinqué también y pronto estábamos en un impasse. En el impasse me encontré con unos amigos, y todos bebimos, y por supuesto que me tocó pagar la cuenta.

15 DE JULIO Una vez más tuve que ayudar a Javier con las escenas de sexo. La secuencia requiere que él agarre a Penélope Cruz, le arranque la ropa y la fuerce hasta la habitación. Por muy ganador del Oscar que sea, el hombre sigue necesitando que le muestre cómo se hace con la pasión. Agarré a Penélope y de un sólo movimiento le quité la ropa. El destino quiso que ella todavía no hubiese pasado por vestuario, entonces fue su propio y caro vestido el que mutilé. Impertérrito la tiré hacia abajo y delante de la chimenea y me lancé sobre ella. Ya que es una zorra, rodó para el lado segundos antes de que yo aterrizara, causando que se me quebraran dientes claves en los azulejos del piso. Magnífico día de trabajo. Seré capaz de comer sólidos a partir de agosto.

30 DE JULIO Quizás sea demasiado pronto para planear una campaña para los premios de la Academia. Sin embargo, algunas notas para el discurso de esa noche podrían ahorrarme tiempo después.

3 DE AGOSTO Como director uno es en parte profesor, psiquiatra, figura paterna, gurú. ¿Es entonces sorprendente que tanto Scarlett como Penélope, se hayan enamorado de mí? Noto que el pobre Javier mira con envidia cuando las actrices me hacen el amor con los ojos, pero le he explicado al chico que el desenfrenado deseo femenino por un ícono del cine es esperable. Por mientras, cuando me aproximo al set cada mañana recién bañado y perfumado, entre Scarlett y Penélope surge una especie de frenesí virtual. Nunca me ha gustado mezclar los negocios con el placer, pero quizás tendré que saciar la lujuria de cada una para poder terminar la película. Quizás puedo estar los miércoles y viernes con Penélope, satisfaciendo a Scarlett los martes y los jueves. Como la ley de aparcamiento alternado. Esto dejaría los lunes libres para Rebecca, a quien detuve justo a tiempo: se iba a tatuar mi nombre en el muslo.

10 DE AGOSTO Dirigí a Javier en una escena muy emotiva hoy. He tenido que repasar sus líneas con él. Mientras me imite estará bien. En el minuto en que intente poner en práctica sus propias técnicas de actuación estará perdido. Llora y se pregunta cómo sobrevivirá cuando yo no sea más su director. Le expliqué, cortés pero firme, que debía hacerlo lo mejor que pueda sin mí y que tratara de recordar los tips que le he dado. Sé que se alegró porque cuando dejé su trailer, él y sus amigos aullaban de risa.

20 DE AGOSTO Hice el amor con Scarlett y Penélope simultáneamente. El trío me dio una gran idea para el clímax de la película. Rebecca golpeaba la puerta. Finalmente la dejé entrar, pero esas camas españolas son muy pequeñas para sostener a cuatro, así que cuando ella se unió, no paré de ser empujado al piso.

25

DE AGOSTO Hoy es el fin de la producción. La fiesta como siempre fue un poco triste. Bailé lento con Scarlett. Quebré su dedo del pie. No fue mi culpa. Cuando ella me reclinó hacia atrás, se lo pisé.

Penélope y Javier están ansiosos de trabajar conmigo otra vez. Dijeron que si algún día se me ocurría otro guión que tratara de encontrarlos. Trago de despedida con Rebecca. Momento sentimental. Todos en el elenco y equipo pusieron dinero y me compraron un lápiz pasta. Decidí llamar a la película "Vicky Cristina Barcelona". Los jefes del Estudio han visto todas las cintas. Aparentemente adoran cada cuadro, y hay conversaciones para estrenarla en una colonia de leprosos. La cima es solitaria.

Woody Allen.
El luchador







ASCANIO CAVALLO

Mickey Rourke dijo que dudó en aceptar el papel de Randy "The Ram" Robinson porque estaba "un poco demasiado cerca" de su propia vida. Igual que Rourke en el cine, Randy fue un ídolo de la lucha en los 80 y ha vivido desde entonces una decadencia que deriva de una penosa mezcla de excesos, desafectos, egolatría y envejecimiento. Randy trata de mantenerse en el único oficio que conoce –igual que el de Rourke: una actuación planificada entre profesionales que se respetan amablemente por necesidad, por dignidad y por orgullo. Pero –tal como Rourke– ya nada es como antes.

Según esta película, el rasgo principal de Randy es la soledad. Es un hombre de pocas luces, pero eso apenas emerge cuando busca a los niños vecinos para jugar Nintendo. Es un hombre que ha inflingido daño a sus seres queridos, como lo expresa la quebrada relación con su hija Stephanie (Evan Rachel Wood). Es un hombre con dificultades para discernir entre la realidad y la ficción, como lo sugiere su insistencia con la striptisera Cassidy (Marisa Tomei). Pero sobre todo es un hombre solo.

La cinta se toma su tiempo para subrayar (y de paso, esquematizar) los detalles de esa soledad: la casa rodante desordenada, los tristes gimnasios de los luchadores, el empleo secundario en un supermercado, el uso de un maltrecho teléfono público como único puente de comunicación con unas pocas personas. La soledad es aquí un indicio de que Randy es un hombre terminal.

Darren Aronofsky no es un buen cineasta. Sus películas anteriores (Pi, fe en el caos, 1998; Réquiem por un sueño, 2000; La fuente de la vida, 2006) se definen no sólo por sus desusadas pretensiones conceptuales, sino en especial por su tendencia a la manipulación emocional, a la retórica visual y al subrayado esquemático de lo que pretende que signifiquen sus historias y personajes. Quizás por eso algunas de sus obras han sido aplaudidas por adolescentes.

El luchador no escapa a estos rasgos, pese a que es más moderada en el montaje y en el uso de la cámara. Sin embargo, tiene un lado enigmáticamente cruel: desde luego, el que relaciona al personaje Randy con el actor Rourke; y por debajo y en forma más potente, la obsesión con la laceración de la carne (cuando uno piensa en La pasión de Cristo, de Mel Gibson, ¡justo entonces Cassidy se la recomienda a Randy!).

Puede que todo vaya "un poco demasiado lejos" cuando un luchador sube al ring premunido de una corchetera, pero esta película es tan pródiga en esas cosas, que no cabe sino entender que en esto, en el dolor físico, más que en la nobleza del perdedor, está su verdadero eje. El luchador es más una rareza psiquiátrica que una pieza artística. Y eso le confiere un descentrado y extraño atractivo.

The Wrestler
La inteligencia consiste no sólo en el conocimiento, sino también en la destreza de aplicar los conocimientos en la práctica.
Aristóteles


Las únicas respuestas interesantes son las que destruyen las preguntas.... Susan Sontag
Robert McKee: "La televisión está ocupando el lugar del cine"
El reconocido catedrático, "gurú" entre guionistas y escritores, afirma que si el cine mundial sigue la tendencia actual, en cincuenta años tendrá la misma relevancia que el ballet.
Felipe Vásquez N., El Mercurio Online

Robert McKee comenzará este sábado su seminario de cuatro días en el Teatro Oriente con una asistencia récord.

SANTIAGO.- Si bien sus enseñanzas sobre estructura para contar historias involucra distintos aspectos, como el conflicto o situaciones que remezan a los personajes, la vida de Robert McKee puede parecer un tanto monótona. Desde hace casi dos décadas que viaja por el mundo dictando exactamente el mismo seminario que busca abrir los ojos de quienes deseen escribir una buena historia, ya sea para el cine, televisión, teatro o para una novela.

Pero para McKee siempre es distinto, las experiencias son nuevas y los talentos con los que se topa en las salas donde se presenta son el motor de su misión final: que las historias sean bien contadas. En su visita a Chile, la primera vez que realiza su cátedra en Latinoamérica, ya está sorprendido. Las 600 ó 700 personas que seguirán atentamente su curso de 40 horas en el Teatro Oriente, marcan un récord inédito de asistencia. "Será la audiencia más grande que he tenido en mi vida", dice.

Su avidez por estar siempre al día también sorprende en su arribo a Chile, ya que no perdió el tiempo y vio cuatro películas chilenas: "En la cama", "Johnny Cien Pesos", "Historias de fútbol" y "Subterra". Si bien coincide que en todas se nota talento, buena dirección, actores y estándares técnicos altos, asegura que las películas no pasan de ser "buenas" precisamente por sus guiones. "Los guionistas no están aplicando los máximos estándares", afirma, un problema que espera resolver este fin de semana.

Sobre "En la cama" dijo que el guión era muy bueno, pero incompleto; mientras que de "Johnny Cien Pesos" opinó que habían muchos conflictos, pero que le resultaban falsos, "sin credibilidad". Más compasión surgió cuando supo lo que ganaba promedio un guionista nacional: "Por mil dólares no me levantaría de la cama".

Luego de una conferencia, McKee -cuyos alumnos han ganado 28 premios Oscar y 141 Emmy- dedicó algunos minutos para hablar con Emol manteniendo su visión crítica y sin trabas sobre cómo la televisión actualmente está "devorando" al alicaído medio cinematográfico.

¿Por qué tardó tanto en visitar Latinoamérica con su seminario?

"Se ha hablado por al menos 15 o 20 años. Gente que ha venido a mis seminarios en París, Londres o Nueva York, me ha dicho que debo ir a Brasil, a Argentina o Chile. Yo feliz lo hacía, pero alguien debía organizarlo y descubren todo el trabajo que toma. Y es por eso que realmente admiro a Mario Velasco y Patricio Lynch. Ellos hablaban en serio cuando me dijeron que debía venir a Chile. Y lograron que sucediera. Habría venido hace muchos años si la gente hubiese tenido el dinero y la organización. Lo han hecho muy bien acá".

Ud. ha dicho que la televisión en Estados Unidos vive una "era de oro". ¿Qué pasa en Hollywood? ¿Hay una crisis en la industria del cine?

"Sí, hay una crisis. Las tendencias que veo no cambian, y si es que no comienzan a moverse en el otro sentido, en el año 2050 el cine como una forma de arte, no sólo en Hollywood, sino en todo el mundo, no será más importante de lo que hoy es el ballet. Será una una pequeña forma de arte, pero no será el cine como lo conocemos. Ya está sucediendo. La televisión está ocupando su lugar. Las pantallas de los televisores en los hogares son cada vez más grandes y la calidad de la escritura en televisión es tan buena, ¿por qué ir a ver un guión mediocre si puedo ver 'The Wire' o 'In Treatment'? La respuesta es TiVo (sistema que permite programar espacios televisivos). La cantidad de guiones de calidad entre comedias y dramas en televisión es tan grande, que si marcas en TiVo todo lo que quieres ver, no hay suficiente tiempo en la semana. Serían seis u ocho horas viendo televisión los siete días de la semana".

¿Todo es tan bueno en televisión?

"Hay mucha basura en televisión, porque hay cientos de canales, pero no en las grandes cadenas y en el cable (HBO, Showtime, Bravo, etc.). Es todo por los guiones. La escritura en televisión durante los últimos diez años ha mejorado y mejorado. Y en televisión tienen libertad. Cuando miras 'Six Feet Under', por ejemplo, sucede lo que en literatura es la narrativa no confiable. En 'Six Feet Under' todo es desconfiable, no sabes si es un sueño, una alucinación, es realidad, un flashback o una visión. Es fascinante. En televisión la única regla es que debes mantener a tu audiencia, y así tienes total libertad. Las cadenas y los canales de cable no tratan de usurpar la libertad creativa de esta gente. Como resultado, tienes libertad y tiempo. En el cine, dos horas es muy poco tiempo para desarrollar la personalidad de los personajes o visiones sociales. Es difícil. Pero en televisión, lo pueden hacer. 'Los Soprano', por ejemplo, no sé cuantas horas en total son. También los guionistas se transforman en productores. Cuando ves en la televisión estadounidense todos esos créditos de productor ejecutivo, co-productor o productor asociado, todos ellos son guionistas. En Estados Unidos los guionistas conducen la televisión, tienen todo el poder, ellos contratan a los directores. Tienen libertad, tiempo y control".

Qué pasa en el cine, ¿son malas historias o son buenas y están mal escritas?

"En el cine, ya sea cine arte o comercial de Hollywood, el problema es el mismo. Es el reemplazo de espectáculo por substancia. Es el cambio de estilo por sobre contenido. En el cine arte, hay imágenes increíbles que puedes detener, imprimirlas y colgarlas en un muro. En Hollywood, con todos los efectos especiales y explosiones, tienes otro tipo de espectáculo. En ambos casos, es superficie y no substancia. Y así el guión es relegado usualmente como una excusa para efectos especiales o fotografía pictórica. El problema de las películas en todas partes es que el contenido está siendo relegado, no importa".

¿Qué opina de los remakes, historias que ya han sido contadas una vez?

"La mayoría de las veces son fracasos. Una de las peores películas jamás hechas es el remake de 'Diabolique'. Terrible. Pero es un síntoma. Remakes, secuelas o precuelas, como las de 'La guerra de las galaxias', son un síntoma de cuán famélico el mundo está de historias. La vasta mayoría de las películas europeas hacen una canibalización de una novela, porque los directores no son capaces de crear buenas historias, no tienen guionistas que puedan crear historias originales, por lo que toman una novela, hacen una adaptación a la rápida, la decoran con bonitas imágenes y la llaman 'película'. No están interesados o no son capaces de ser originales, creativos, así que sólo reciclan novelas. En Hollywood, con secuelas o remakes se siguen reciclando las ideas de otros".

Cuando algún alumno suyo obtiene un premio, ¿siente que de algún modo también es parte suya?

"Se siente bien el saber que lo que enseño se usa, que gente realmente talentosa lo toma y le da un toque de libertad. Entienden la forma y saben lo que pueden hacer, su mente se abre. Pero si no entienden la forma y escriben algo, de la única forma en que lo pueden juzgar, es al compararlo con todo lo que han visto. Si suena como algo que han visto antes, entonces está bien. Ellos constantemente reciclan clichés. Entonces es muy bueno saber que gente talentosa, que aprende los principios y la esencia de las cosas, producen algo de buena calidad. Pero no pretendo decir que ellos no pudiesen hacer una gran película siendo talentosos. Ellos podían eventualmente escribir cosas de calidad. Lo que yo hago es acortar el tiempo, así no lo pierden en un proceso de 'prueba y error', que quizás los hubiese llevado a dejar de escribir. En cambio yo les di lo que se necesitaba para que se movieran más rápido, lo cual es satisfactorio. Pero... yo no lo escribí".

Apuntes sobre la charla de McKee en TVN

Abril 24th, 2009 POR DANIEL VILLALOBOS
Hoy día, un poco después de las 9.30 de la mañana, Robert McKee fue entrevistado por el guionista Pablo Illanes en el auditorio de TVN. La charla duró poco más de una hora y media, después de la cual hubo algunas preguntas del público (bastante lerdas).
Su súper-seminario de 4 días se inicia mañana en el Teatro Oriente de Providencia y se hará con traducción simultánea al español. Aquí posteo una recopilación de los dichos de McKee que me parecieron más relevantes.
-Antes de que McKee subiera al escenario, Illanes le presentó y leyó su famoso Decálogo, donde enumera los diez mandamientos del guionista. Se puede ver aquí, aunque nadie me saca de la cabeza que al menos ocho de las indicaciones son puro sentido común.
-Ya instalado en la mesa, McKee señaló que su comedia favorita era Monty Python en Busca del Grial. Punto a favor para Robert.
-También dijo que la mejor película reciente que había visto era El Lector. Punto en contra. Mil puntos en contra. De todas formas ofreció una interpretación muy original de uno de los momentos claves de la película (cuando la Winslet pone la mano sobre la mesa y Fiennes decide no tocarla), explicando que en ese momento se decide la muerte de uno de los personajes. Okey, puede ser. Sigue siendo una bazofia.

Algunas citas directas:
-”La crisis de Hollywood hoy día no es de estructura, sino de contenidos. Hollywood produce al año decenas de películas muy bien estructuradas a nivel de guión, pero que son basura. Titanic, por ejemplo”.
-”Tanto el guionista que trabaja simplemente por dinero como el que lo hace satisfaciendo sólo su necesidad de expresión personal y se olvida de la audiencia, ambos están siendo poco sinceros y falsos”.
-”Me encantan los actores. Son la punta de la lanza. Trato de ser paciente con ellos justamente por eso, porque están en la línea de fuego. Los directores son otra raza. Lo peor de los directores actuales es que no se toman el tiempo de estudiar el guión y entenderlo”.
-”La mayoría de los profesionales de Hollywood que asisten a mis seminarios, están buscando aprender una sola cosa: cómo hacer una nueva versión del último éxito, pero con una pequeña vuelta de tuerca que le haga diferente“.
-”Monté varias obras como director de teatro y muchas eran comedias. En la comedia, la evaluación es muy sencilla: si la gente se ríe, funciona. Si no se ríe, no funciona. Fin de la discusión. En el drama todo es más ambiguo”.
-”Creo que, desde la perspectiva de contar historias, la televisión es el futuro. A menos que ocurra alguna clase de revolución, creo que de aquí al 2050 el cine será un arte tan menor y petrificado como el ballet”.
-”El director es la figura más superflua en un rodaje. Un grupo de actores y técnicos avezados pueden sacar adelante una película decente. Ahora, si se quiere que la película se eleve sobre la media y sea especial, entonces entra a tallar la figura y la visión del director”.

Y después vino el mejor momento de la sesión. Alguien le preguntó a McKee por la huelga de guionistas que ocurrió hace dos años en Estados Unidos, y el viejo no se demoró para explicar que “los guionistas de Hollywood se van a huelga cada diez años y lo hacen por motivos bastante triviales“, porque buscan un objetivo más profundo y muy simple: asustar a la industria y obtener así un respeto por su trabajo que nunca reciben.
Acto seguido, preguntó si en Chile había un sindicato de guionistas. Le contestaron que se acababa de fundar. Contestó que le parecía bien, que los escritores debían tener poder frente a las cadenas y productores y que las huelgas eran medios legítimos. Todo frente a la mirada de Daniel Fernández, director ejecutivo de TVN, que estaba en primera fila.
Y eso fue un final muy interesante y muy digno de McKee.

Una nueva era

Cómo Dejar de Fumar:

Si estás leyendo esto, entonces probablemente ya has dado el primer paso. ¡Estás pensando en cómo dejar de fumar! La decisión de dejar de fumar puede ser abrumadora, ¡pero con ayuda de este folleto y el apoyo de tu familia y amigos, puedes hacerlo!. La mitad de toda la gente que alguna vez ha fumado lo ha dejado, así es que tú también puedes. Si antes habías tratado de dejar de fumar, pero no funcionó, puedes utilizar lo que habías aprendido anteriormente para que seas exitoso esta vez. ¡Puede ser muy difícil dejarlo, pero una vez que lo hayas hecho, te verás mejor, olerás mejor, te sentirás mejor, y estarás más saludable!



¿Por qué debo dejar de fumar?

Todo el mundo sabe que el fumar puede causar cáncer cuando estés viejo, ¿pero sabías que también tiene efectos negativos en tu cuerpo desde ahora? Un cigarro contiene cerca de 4000 químicos, y por lo menos 43 de los quimicos causan cancer en humanos. Algunos de los otros quimicos se encuentran en productos venenosos. Algunos de los peores son:

Nicotina: un veneno mortal
Arsénico: utilizado en veneno para ratas
Metanol: un componente de la gasolina de los cohetes
Amonia: encontrada en la solución limpiadora de pisos
Cadmio: utilizado en las baterías
Monóxido de Carbono: parte de los desechos tóxicos del carro
Formaldehído: utilizado para preservar (conservar en perfectas condiciones) los tejidos del cuerpo
Butano: líquido de los encendedores
Cianuro de Hidrógeno: veneno utilizado en las cámaras de gas
Cada vez que tu inhalas humo de un cigarro, pequeñas cantidades de estos químicos se van a tu sangre a través de tus pulmones. Viajan a todas las partes de tu cuerpo, donde pueden causar daño.







Okay, he decidido tratar de dejarlo. ¿Qué debo hacer para tener exito esta vez?

¡Excelente! Este es un paso muy positivo. Existen algunas cosas que puedes hacer antes de dejar de fumar para ayudarte a incrementar las probabilidades de éxito:

Si has tratado de dejarlo antes, piensa porqué no funcionó. ¿Qué puedes hacer esta vez para que te ayudes a tener éxito?
Dile a tu familia y amigos que estás dejando de fumar. Pídeles que no te molesten o burlen por ello, porque lo haces en serio. Pídeles que te den apoyo, no fumando cerca de tí y no ofreciéndote cigarros.
Tira todos tus cigarros, encendedores y ceniceros. Si vas a ser un no fumador, no necesitarás estas cosas de nuevo.
Habla con tu doctor acerca de métodos para reemplazar la nicotina. Los chicléts de nicotina, los parches, el spray y algunos medicamentos nuevos realmente pueden ayudar a que la gente deje de fumar. Sin embargo, para que estos productos funcionen, es importante utilizarlos en la forma correcta. Asegúrate de que alguien te explica cómo utilizarlos correctamente.
Unete a algún grupo de apoyo en tu escuela o comunidad.
Encuentra a alguien a quien llamar para esos momentos en que sientes que estás teniendo un momento de debilidad y que podrías fumarte un cigarro. Esta persona debe saber que estás tratando de dejar de fumar y puede recordarte todas las razones por las que decidiste dejar el cigarro.
¿Qué puedo hacer para no volver a fumar?

La parte más difícil de dejar de fumar es romper con los hábitos que lo acompañan. Por ejemplo, si estás acostumbrado a fumar con tus amigos cuando salen juntos, será difícil salir con ellos y no fumar. La mejor manera de mantenerte sin fumar es no ponerte en situaciones donde haya gente fumando y mantenerte alejado de lugares donde acostumbrabas fumar.

Evita los lugares y situaciones donde normalmente fumas.
Pasa algunos días o semanas lejos de tus amigos que fuman.
Acude con tus amigos a sitios donde no se pueda fumar, como los centros comerciales o el cine.
Si bebas alcohol. El beber disminuirá tu fuerza de voluntad y aumentará tus probabilidades de fumarte un cigarro.
Si tu familia fuma, pídeles no fumar en tu cuarto.
Haz ejercicio. Hará que tu mente se distraiga del cigarro, te hará sentir mejor, y te mantendrá saludable.
Planea actividades durante las primeras semanas que mantengan tu mente alejada del cigarro. Será más fácil dejar de fumar si te mantienes ocupado.
Compra una gran cantidad de zanahorias, apio y otras comidas saludables que puedas morder en lugar de fumar.
¿Cómo me sentiré cuando esté dejando de fumar?

Si eres un fumador regular, tu cuerpo se ha acostumbrado a tener nicotina y otros químicos cerca todo el tiempo. Probablemente sientas algunos síntomas de abstinencia cuando estés dejando de fumar. Esto significa que te sentirás ansioso por cigarros, o tal vez solamente te sentirás incómodo o nervioso. Mucha gente confunde la ansiedad por nicotina con hambre. Necesitas escuchar a tu cuerpo, para que no comas cuando no tengas hambre. Haz algo para mantenerte ocupado. Si debes comer, trata de comer cosas saludables como zanahorias o apio.



¿Cuando se me irá la ansiedad por el cigarro?

En una o dos semanas, la ansiedad por nicotina se irá y te sentirás más normal. Al principio te puedes sentir frustrado, de mal humor o deprimido. Te dará la impresión que estás solo en tu sufrimiento y que nadie entiende por lo que estás pasando. Aunque esto será difícil, estos sentimientos se irán con el tiempo. Después de un par de semanas, habrás superado la parte más difícil -la adicción física, cuando tu cuerpo siente que necesita la nicotina. Sin embargo, aún puede ser difícil resistirse ante un cigarro. El hábito de tener un cigarro en tu mano y fumar mientras realizas ciertas actividades, como hablar por teléfono o salir con tus amigos, puede ser difícil de romper.



¿Despues que pare puedo fumarme un cigarro de vez en cuando?

Mucha gente pasa por la parte más difícil de la renuncia al tabaco y erróneamente piensan que pueden comenzar a fumar un cigarro de vez en cuando. Muy pronto, sus viejos hábitos regresan y se encuentran con que nuevamente son adictos. Para de fumar es dificil para la mayoría de gente, así que cuando pares, haz un compromiso contigo mismo/a para que no vuelvas a prender un cigarro.



Oops! Me fumé un cigarro. Adivino que dejar de fumar es muy difícil para mí.

¡Si tuviste una debilidad y te fumaste un cigarro mientras intentabas dejarlo, no te preocupes!. Esto no significa que no puedas dejarlo. Dejar de fumar es algo muy difícil de lograr, y no es de sorprenderse que hayas tenido un momento de debilidad y en algún momento hayas fumado un cigarro. Lo importante de todo, es no utilizar esta razón para convertirte nuevamente en un fumador regular. Piensa en esto como un error, y repítete a tí mismo que no dejarás que vuelva a pasar. ¡Tú puedes hacerlo!



¿Qué sucede si realmente comienzo a fumar de nuevo?

Si trataste de dejar de fumar y no funcionó, no te des por vencido. Dejar de fumar es muy dificil. Piensa en porqué el dejar de fumar no te funcionó. Solamente TU sabes porqué te gusta fumar, y solamente TU puedes saber qué necesitas para dejar de hacerlo. Comienza por pensar lo que puedes hacer para ayudarte a dejarlo definitivamente. Intenta dejar de fumar en algunas semanas y utiliza lo que aprendiste de tu primera experiencia para hacer que funcione la segunda vez.



Recuerda, millones de personas han dejado de fumar, y tú también puedes!. Tan sólo necesitas creer que puedes dejarlo. Dejar de fumar te hará verte y sentirte mejor, y mantenerte saludable.

Woody por Hermes

zona.cl

Wednesday, April 15, 2009

Los gestos según Darwin
Marco Silva
Las pocas fotos de Charles Darwin lo muestran inexpresivo, con la mirada perdida, como si buscara algo en el suelo. Tal vez sea timidez o algo de desencanto. Es el mismo Darwin que conocemos como una celebridad científica, cuya obra es pilar del conocimiento moderno. Su teoría sobre la evolución de las especies le valió una reacción conservadora brutal en su época. Aunque hasta nuestros días se mantienen algunos grupos fundamentalistas religiosos que se declaran contrarios a su teoría, Darwin sigue tan vigente y polémico como en sus mejores tiempos.

Algunos seguidores de sus planteamientos los han instalado como parte de un debate con insospechadas implicancias. Y cada cierto tiempo, vuelve a sorprendernos. Además de su libro capital "El origen de las especies", hay un grupo de textos menos conocidos, pero no menos fundamentales. "The expression of the emotions in man and animals" es uno de ellos. Recoge la observación minuciosa de las notas que tomó durante su travesía en el barco Beagle. Como Darwin desconocía los idiomas de los lugares que visitaba, comenzó a estudiar los gestos de los rostros de la gente en diversos ambientes y encontró rasgos comunes. Luego, al examinar el comportamiento de ciertos tipos de animales, puso en evidencia los signos primarios que sobreviven a la evolución de nuestra cultura y lenguaje.

Este magnífico texto tiene como objeto señalar una teoría general de los principios de las expresiones físicas del hombre y de algunos otros seres investigados. En 14 capítulos explica cómo el cuerpo, en especial el rostro humano, expresa emociones y pensamientos tomando como punto de inflexión los gestos involuntarios, que hacen mover los cientos de músculos de la cara de manera que nuestro cerebro se adelanta al habla. Darwin estableció un principio de separación cultural entre ambientes diversos, donde el escudo de nuestros rostros opera en base a códigos, fruto de historias distintas y convenciones apropiadas a ese contexto. Descubrió que un grupo de esas emociones -como alegría, pena, rabia, vergüenza, determinación o culpa- se reflejan en el rostro de la misma manera.

La base común de lo que nos hace humanos por sobre la separación de razas, credos y lugares geográficos, se estableció como un patrón con el que Darwin pudo interpretar ciertas actitudes para dialogar con gestos en ciertos lugares del mundo donde era imposible entenderse por el lenguaje oral. Producto de este libro, la psicología gestual, la semiología médica y la ciencia social encontraron un hilo de pensamiento sistemático. Un libro de 1872 que hace algunos años fue reeditado por Paul Ekman, decano de la Facultad de Psicología de la Universidad de California, Berkeley, quien llevó ese pensamiento un paso adelante.

Sobre la investigación de Darwin, Ekman fue capaz de reconocer que esos signos del rostro permiten determinar la divergencia en la voluntad de una persona. Si bien la voluntad controla el discurso, desde el habla hasta los gestos estudiados que acompañan, nuestro cerebro es más rápido que esa construcción y despacha instrucciones al cuerpo -que corregimos casi de inmediato-, pero que delatan nuestras mentiras. Se trata de microgestos involuntarios que aparecen en situaciones inesperadas o ante presiones sorpresivas.

Paul Ekman mantiene un centro de investigación privado que tiene entre sus clientes a empresas de seguridad, agencias del gobierno norteamericano y grandes corporaciones. Se hizo famoso en un documental sobre el rostro humano realizado por la BBC y luego por servir de inspiración para la serie Lie to Me (Miénteme), de FOX, en que el actor Tim Roth construye un personaje en torno a la figura y el tipo de trabajo de Ekman. Cada caso contiene un enigma, en el cual las convenciones intentan determinar lo que es correcto y -supuestamente- verdadero, aunque las piezas no calcen. Ante cada microgesto que deja el cerebro, en un estado que podríamos llamar salvaje o primario, se nos muestra también la mentira, la incoherencia entre lo que se dice y lo que finalmente se ve.

El gran secreto de Darwin y su discípulo Ekman consiste en que la detección de lo involuntario en el emisor de un mensaje, también tiene implicancias insospechadas en el receptor. Cuando se declara que algo similar a la intuición nos impide creer o tener confianza en alguien, es que cada gesto del otro es procesado por nuestros cerebros más allá de sus palabras, y nos quedamos en algo que no podemos verbalizar aunque reconocemos. Se instala un aire de sospecha. Alguien miente y lo sabemos por su cara.


The expression of the emotions in man and animals

De Charles Darwin

La paradoja Bolaño

Juan Villoro
Domingo 18 de Enero de 2009

La fama es un malentendido que simplifica a sus favoritos. Roberto Bolaño, escritor y amigo imprescindible, se ha vuelto leyenda.
Cuando murió en 2003, a los 50 años, sus allegados sabíamos que sus libros iban a perdurar, pero ignorábamos que recibiría algo que nunca cortejó: la aceptación masiva. Roberto admiraba los relatos de quienes resisten en las calles traseras, las autopistas rumbo a la nada, las casas vacías, las trincheras bajo la lluvia, las plazas sin nadie en la alta madrugada.
Cada vez que caía en pecado de popularidad, escribía un texto ditirámbico contra un escritor de fuste para preservar su condición de outsider. Era su forma, algo ingenua y muchas veces cruel, de señalar su diferencia. Argumentaba poco sus predilecciones. Entre paréntesis reúne los textos súbitos donde sus amigos somos exaltados con la misma apasionada falta de méritos con que sus enemigos son fustigados. Esas salidas de tono eran un sistema de alarma contra la aceptación parda y rutinaria. Bolaño quería ser leído sin perder su aura rebelde. Había vivido como vendedor de bufandas y vigilante nocturno de un camping, y no aspiraba al trato de autor distinguido. La paradoja es que la posteridad lo transformó en mito. El mundo suele encandilarse con lo que se le resiste: el asocial Kafka está en todas las boutiques de Praga, y Bolaño es el superestrella que vivió para no serlo.
“Ah, que no me hubiera traicionado el triunfo con besarme”, escribió Malcolm Lowry (en versión de José Emilio Pacheco). Bolaño no ejerció la ruptura radical de quien renuncia a publicar (en este sentido, fue menos atrevido que sus personajes), pero evitó todo protagonismo.
Rehuía las fanfarrias mediáticas, pero no cultivaba el fracaso ni sus tentaciones. Cuando uno de sus amigos dejaba de escribir, lo regañaba en el tono de un manager de boxeo. Creía en el trabajo duro; en rendir contra la adversidad; en la afrentosa afirmación de quien hace algo “porque sí”.
Aunque sus héroes son poetas sin obra o sin otra obra que su existencia, celebrar esa divina gandulería era labor pesada. ¡Cuantas fatigas asumía para escribir de los que no dan golpe! No le pedía lo mismo a sus amigos, pero mantenía un ojo vigilante para saber si alargaban la siesta. El cumplimiento del oficio representaba para él una moral.
Esto no implicaba ser apreciado. No he conocido a nadie más seguro de su talento y menos necesitado de elogios. Roberto jamás se ufanaba de una frase suya ni caía en la vulgaridad de citarse a sí mismo. Hablaba de sus novelas con la tranquila seguridad del alguacil que ha aceitado su revólver. Le gustaban los solitarios intrépidos; se imaginaba como un investigador de homicidios, un marine, un cazador de cabelleras. Varias veces comentamos un hecho curioso: la única prueba confiable del talento es sentir que el texto ha sido escrito por otro. Esta autonomía de la voz revela que la obra vive por su cuenta. ¿Es posible enorgullecerse de un registro que ya es ajeno? En modo alguno.
A los amigos que amenazaban con convertirse en vagos de buhardilla, los instaba a trabajar; a los que parecían a punto de “triunfar”, les hacía bromas que juzgaba terapéuticas y servían para ejercer una de sus habilidades más desarrolladas y divertidas: dar lata.
El reparto de prestigios literarios le parecía un tema social intrascendente y una pasión personal irrenunciable. Era fanático de las listas, que solía llevar con criterio de combate. Tenía sus autores favoritos de artillería, marina, infantería y fuerza aérea. En todo momento podía decir cuáles eran los tres nuevos escritores catalanes que más le interesaban, los cinco trovadores medievales que nadie podía perderse o los diez mejores paracaidistas literarios de su generación. Esta maniática ponderación contrastaba con su desinterés por la bolsa de valores promovida por las ferias, los premios y la prensa.
Bolaño descreía de los juicios unánimes. Le gustaba atacar a los consagrados y defenderlos si tú los atacabas. El silencio era su castigo, la discrepancia era su afecto.
Leerlo con lealtad significa discutirlo, discernir entre sus obras impecables (Estrella distante), descomunales (2666), interesantes (Monsieur Pain) y malas (Una novelita lumpen).
Su inmensa fama reciente ha provocado toda clase de reacciones. Conocí en Nueva York a un brillante joven escritor que pagó 50 dólares por una copia de las pruebas de imprenta de 2666 y las despachó en dos días inacabables. El Bolaño leído con fervor coexiste con el clásico exprés recomendado por la revista de la reina televisiva Oprah Winfrey.
En la mixtificación que lo ve como el Jim Morrison de la escritura, el mayor equívoco es pensar que sacrificó su vida por la escritura. No quiso ser un mártir. Fue un sobreviviente.
La celebridad es una confusión. Bolaño, autor reacio al reconocimiento, ocupa hoy un sitio fashion y es visto como un Paul Auster con cafeína. Tal vez el excesivo porvenir nos depare todas las adaptaciones que puede tener una obra de éxito hasta llegar a Los detectives salvajes sobre hielo.
De estar entre nosotros, Roberto Bolaño miraría intrigado su peculiar destino, se alzaría de hombros y seguiría imperturbable su camino.

La Semana Santa

Carlos Peña
Domingo 12 de Abril de 2009


La Semana Santa -estos días en que el mundo cristiano celebra el acontecimiento que, en su opinión, confirió sentido al dolor- es una buena oportunidad para discernir el lugar que cabe a las confesiones religiosas en una sociedad abierta y democrática.
Desde luego -y para comenzar por lo obvio-, las diversas confesiones, y quienes adhieren a ellas, cuentan con un derecho inalienable de practicar su culto y vivir conforme a su credo. Está a la base de nuestra dignidad que cada uno, creyente o no, pueda vivir su vida de la manera que le parezca más significativa.
¿Hay algún límite que oponer a que cada uno cultive su credo y su culto? En principio ninguno, salvo el derecho de terceros.
Usted puede ajustar su vida a sus creencias, pero no puede obligar a otros a ajustarse a las suyas. Si usted tiene un derecho inalienable de vivir conforme a lo que cree, ese mismo derecho asiste a todos los demás. Y así como los demás tienen el deber de respetar su forma de vida (aunque les parezca extraña o pueril), usted también debe respetar la de ellos (aunque a usted le parezca errónea o estúpida).
Por supuesto usted no puede usar ese derecho para desarrollar prácticas que lesionen la autonomía o infrinjan la integridad de los fieles. Esta es la razón de por qué el caso de los Legionarios de Cristo es de extremo interés público. Ese caso interesa a todos no por animadversión a la fe, sino por respeto a los derechos de quienes la practican (después de todo, son ellos y sus hijos los que se ponen en riesgo con prácticas silentes o poco reflexivas como las que promovía el padre Marcial Maciel).
¿Basta eso para que la libertad religiosa esté asegurada?
En absoluto. No basta con ejercer las propias convicciones en el ámbito privado. Todavía los creyentes tienen derecho a comparecer en el espacio público. Desde los testigos de Jehová a los católicos, todos deben tener igual derecho a esparcir sus ideas y sus creencias, a enseñarlas a sus hijos, a influir con ellas los debates ciudadanos y a organizar instituciones que las hagan perdurables.
Eso es lo que explica que la práctica pública por excelencia -la educación- posea estrechos vínculos con las diversas confesiones. Como no hay instrumento de transmisión cultural más poderoso que la escuela, todas las confesiones aspiran a fundar alguna (y se entristecen cuando una de ellas comienza a debilitarse por falta de vocaciones, como acaba de ocurrir, dicho sea de paso, con el Colegio Villa María).
En otras palabras, cada credo o confesión (o alguna de sus modalidades, para incluir al Opus o a los Legionarios) participa del espacio público y su éxito o su fracaso, como la Iglesia lo sabe de sobra, está entregado a los múltiples circuitos de transmisión de la cultura (desde los medios de comunicación a las instituciones educativas).
Si lo anterior es así -es decir, si las diversas confesiones tienen todo el derecho de comparecer en el espacio público y usar las instituciones culturales para transmitir sus ideas-, de allí se sigue que, al igual que todas las otras opciones que se desenvuelven en la vida cívica, están sometidas a la crítica racional y al escrutinio de los ciudadanos de a pie, creyentes o no creyentes.
Por supuesto esa crítica y ese escrutinio no alcanzan a las verdades de la fe (que están más allá de creyentes y de no creyentes), sino que a las acciones sociales e ideológicas que una determinada confesión, o advocación dentro de ella, podría ejecutar.
Así, no están entregadas a la crítica la manera en que los Legionarios se relacionan con lo numinoso, sino las prácticas educativas que podrían lesionar los derechos de quienes confían en ellos; tampoco está entregada a la crítica la fe de las Siervas del Inmaculado Corazón de María, aunque puede ser objeto de análisis que pongan sus mejores esfuerzos en los sectores sociales más aventajados; en fin, tampoco es desconfianza en la fe, sino en las consecuencias que de ella pretenden derivarse para la vida de todos, lo que explica que los puntos de vista morales de las diversas confesiones deban ser sometidos a análisis.
En suma, no podemos saber, ni siquiera por estos días, si Anguita tenía razón ("Nuestro Señor Jesucristo subió al calvario por el Chico Molina / murió exclusivamente por la Señora Hortensia (...) / No sigamos nombrando por qué única creatura padeció y murió / Nuestro Señor Jesucristo / Todos saben que fue por mí solamente por mí / Totalmente por mí"); pero al menos está a nuestro alcance averiguar si las prácticas religiosas, y las reglas que se derivan de sus creencias, se ajustan o no a los derechos que, frágiles y todo, permiten la existencia de una sociedad plural y diversa.

Frost/Nixon

Ascanio Cavallo

Robert Frost (Michael Sheen) es un conductor de televisión inglés que, después de un comienzo glorioso como entrevistador de celebridades, vive una especie de exilio de segunda clase en Australia. Richard Nixon (Frank Langella), ex Presidente de Estados Unidos, rumia todavía en su rancho de San Clemente, cuatro años después, su resentida renuncia tras el escándalo Watergate.

Así presenta esta película a los dos protagonistas de uno de los grandes momentos de la televisión mundial: las entrevistas en que Nixon reconoció ante Frost que había cometido un ilícito con el caso Watergate. Las asimetrías entre Frost y Nixon no los alejan, sino que los acercan. Nixon tuvo el cargo más poderoso del mundo, pero adoraría ser querido; Frost disfrutó de inmensa popularidad, pero desearía ser tomado en serio. Nixon, un hombre serio y duro, oculta su lascivia; Frost, un frívolo conquistador, esconde su esencial debilidad. Nixon no teme a su entrevistador y pretende manipularlo; Frost siente que se juega la vida en una confesión que no parece posible.

A pesar de que los asesores de Frost, el bravo periodista Bob Zelnick (Oliver Platt) y el investigador James Reston Jr. (Sam Rockwell), le exigen apretarlo hasta que duela, una corriente secreta parece unir al previsto victimario con la supuesta víctima. Nixon (de paso: el séptimo Presidente más recreado por el cine y la TV de EE.UU., después de Lincoln, Washington, Grant, los dos Roosevelt y Kennedy) es más bravo de lo que sugiere su pequeña codicia, concentrada en el precio de los diálogos televisivos.

Las entrevistas entre Frost y Nixon fueron extensas, por lo que, como es natural, esta historia las condensa hasta el mínimo. En la misma operación, se ve forzada a juzgarlas de manera sumaria. El espectador debe aceptar que una u otra fue mala o buena porque así lo dicen los asesores, que casi siempre están de malas pulgas. Esta dimensión es lo más ingrato de Frost/Nixon: una dramatización que se autocomenta, que hace competir, de manera desleal, la expertise de sus personajes contra la escasa información del espectador.

Quizás es un defecto insalvable en una película que no habla de ideas ni de política, sino de caracteres. En el relato, lo que hunde a Nixon en la historia puede ser lo que haga momentáneamente grande a Frost. Pero dentro del mismo relato está también la sugerencia de que, al cabo del tiempo, Nixon sigue reverberando como un insondable misterio humano, mientras que a Frost se lo recuerda sólo cuando aparece una película como esta.

Antídoto chatarra

POR Alberto Fuguet

Vengo llegando del gran Bafici, el Festival del Cine Independiente de Buenos Aires, y, como sucede siempre cuando uno ve un promedio de cuatro largos al día (o a veces a seis), la sensación química–visceral es que no quiero volver a ver una %$&! película en mi vida. Ni una. Lo que necesito primero es limpiar el paladar con el más fuerte de los Listerine para removerme todo el sarro de cine–arte y cine–indie y cine–joven ("mira como la cámara se mueve para que nadie se dé cuenta que no tengo nada que contar") y cine de países que no sé dónde quedan ("si me invitan a Lituania, recuérdame de decir no", me dijo un compatriota no–cinéfilo). Creo que necesito litros de Visine para desirritar mis ojos y, sobre todo, necesito mucho cine–popcorn, chatarra, aunque ya no quiero ni necesito el popcorn en sí (ya no lo puedo comer, ni menos oler), pero la moral chatarra, ese cine que sabe que, uno, no es arte ni nunca será confundido como tal y, dos, que tendrá un público que saldrá satisfecho pase lo que pase, es lo que necesito. Nada por ahora de cine contemplativo–que–no–contempla, nada de indagaciones del yo para que el espectador termine de armar su propia "narrativa". No, no por ahora. Denme unos días.

No es que no quiero volver a ver cine bueno, de autor, experimental, jugado. No. Sólo pido que ese cine que no depende "de los malos" no sea, a su vez, chatarra con pedigrí. En Buenos Aires vi toda la obra de Kelly Reichardt y hasta compré un libro de su corta obra. Creo que "Old Joy" y "Wendy and Lucy" destrozan a toda la competencia, tanto americana como el mal cine–de–autor–que–no–sabe–escribir latinoamericano que, si no fuera por obras iluminadas y llenas de cariño y humor y melancolía como la brillante y modesta "Excursiones" del personalísimo y no cooptado Ezequiel Acuña, uno pensaría que nuestra cinematografía regional está en seria bancarrota creativa (jóvenes con pistolas aburridos, jóvenes aburridos que creen que son de un sexo hasta que captan que son de otro).

Como antídoto, a mi regreso me puse a mirar una cinta chatarra. Vi la "cinta del perrito" del sublime Owen Wilson: pues bien, "Marley y yo", de David Frankel, es pura chatarra, es casi un asco, es calculada y simpática y huele a Disney sin serlo y, sin embargo, qué gran película, qué gran chatarra, qué gran personaje el de Wilson. Una cinta sobre un perro, pero sobre la vida, las opciones, los sueños rotos y las sorpresas que ocurren cuando no todo te sale como quieres. Gracias a "Marley y yo" creo que ahora podré volver a ver cine menos chatarra. Creo que ya estoy curado. Creo.

Cartas, voces

FRANCISCO MOUAT

Ya no recuerdo la última carta que escribí. Hablo de cartas escritas por uno de puño y letra y metidas en un sobre y despachadas con sello y todo. Probablemente fue a mi amigo López Zubero en España, que ahora que tiene correo electrónico se comunica menos que antes: ya no manda cartas ni tarjetas postales ni contesta e-mails, salvo para reportarse cada ciertos meses y decir estoy vivo. López Zubero está vivo y más o menos cómodo en el silencio, lo que es muy respetable, sin duda. Hay momentos en que no tenemos mucho que decir, y sí bastante que callar.

Una carta es una voz que decide hablar, que se detiene a fijar un momento en palabras, que expresa ideas, que cuenta cuentos, que interpela, pero hace falta que llegue a su destinatario para que saque chispas.

Una vez imaginé un libro de cartas nunca enviadas. No descarto sentarme a escribirlas un día. Esas cartas no enviadas tenían entre sus propósitos revelar ciertos secretos que no me animé a decir en su momento, o destellos que resplandecieron cuando ya no había manera de comunicarnos. Sus destinatarios son de alguna forma fantasmas del tiempo presente, y protagonizan ausencias que duelen o ajustes de cuentas impagas. Más que para ponerme al día, escribirlas me parece un modo de mitigar penas, una manera de buscar puntos de encuentro en medio de la diáspora en que solemos vivir, una estrategia para marcar distancias.

Me gusta proponerles a mis talleristas que escriban cartas a quien quieran, y que luego las leamos en voz alta en una sesión de todos contra todos. Suceden cosas magníficas.

El otro día, la rueda se inició con una muchacha joven, la más joven de todas, en edad escolar, que por quinto año consecutivo le escribía a un muchacho a quien había visto por primera vez en el patio del colegio, de varios cursos más arriba, que ya se fue del liceo, y a quien le confesaba como cada año el deslumbramiento, el hechizo que le provocó desde el comienzo tropezar con él a pocos metros de distancia; observarlo, fijarse en sus movimientos, en la belleza de su rostro, en sus ojos expresivos. Ésta iba a ser la última carta dedicada a evocarlo. Y él nunca la recibiría, igual que las anteriores. Es más: a contar de ahora, esta muchacha que escribe dejaría de pensar en él, y conocerlo más profundamente ya no tendría ningún sentido ni destino. Estaba claro, para ella, que entablar cualquier relación con él sería como recibir un cruel manotazo de la realidad, porque lo revelaría con todos sus defectos, ajeno a la perfección idealizada con que alguna vez lo imaginó: "Ahora que estoy más grande, sé que realmente no quiero conocerte".

Hay cartas que enamoran. Ese mismo día escuchamos una encendida declaración de amor, que sí fue entregada y que acabó siendo correspondida. La había acompañado el autor de la carta de un ejemplar de Animal tropical, aquella novela caliente del cubano Pedro Juan Gutiérrez que en esta ocasión sirvió para encender la mecha de la pasión. Fue un cóctel mortal: carta más novela. La destinataria de esa carta es hoy y desde hace tres años la pareja del inspirado escribidor.

Más cartas: una sugería una vibrante relación homosexual que al final no era otra cosa que una demostración de cariño de una chica universitaria a su nueva bicicleta, y otra exculpaba a aquella ministra británica que utilizó hace poco siete dólares del presupuesto público para arrendar un par de películas pornográficas.

Cerramos la rueda del taller con una carta leída con la voz quebrada y dirigida al general Francisco Franco. Soledad la había escrito para desahogar el dolor y la rabia que provocó en su padre, refugiado español que se vino a Chile en el Winnipeg, haber tenido que abandonar su país y exiliarse a miles de kilómetros. La escuchamos con atención y con sentimiento, y cuando ella concluyó la lectura y nos reveló que su padre había muerto el 28 de marzo de 1975, antes incluso que el propio Franco, hace ya tanto tiempo, todos comprendimos que hay heridas que no cierran, y que tendrán que venir otras generaciones para que se imponga el olvido.
Lleva tres semanas en las listas de best Sellers con su “Ruego a Ud. Tenga la Bondad de irse a la cresta”, un inventario de la nueva tipología de chilenos en boga, donde el que más le irrita es el flaite. Por mail, responde algunas preguntas, antes de mandarnos… a la cresta.


A Fernando Villegas se le ama o se le odia; con él no puede haber medias tintas. Su divisa parece ser la misma del bolero: “Odio quiero más que indiferencia”, y en esa parada lo tenemos chachareando con Fernando Paulsen y Matías del Río en “Tolerancia Cero” y escribiendo los domingos en La Tercera, a veces sensible, como fue el caso de su columna acerca de la muerte de Felipe Cruzat, y a veces en su estilo habitual, de enfant terrible adaptado al sistema. Con el pelo cada vez más parecido a ese ovillo de polvo, pelusas, restos de virutilla y basuras diversas que sale de la aspiradora cuando la limpiamos de tanto en tanto, nos ilumina con su aguda inteligencia… luego, claro, nos manda a la cresta.
-En la advertencia inicial dices que el nombre de tu exitoso libro es un parafraseo comedido de una frase de tu padre (tu papá mandaba a la chucha, no a la cresta, a los que lo hinchaban). ¿Qué otras ideas y frases de tu digno progenitor podrían transformarse en proyecto editorial? ¿Cuánto le debemos a Alberto Villegas de ti y cuánto a tu madre?
No he hecho la evaluación de sus méritos respectivos, pero ambos eran creadores de frases bombásticas. Otras son de mi cosecha y se las endoso a ellos. Quizás mi próximo libro se titule “No Pregunte huevadas”, frase mía que le endosaré a mi abuela Tila.
-Esto de describir en abstracto sin mojarse el potito a los mantequillosos, por ejemplo, y excusarse con que no se trata de actuar “como socialité setentona cobrando viejas rencillas”, ¿no revela demasiada prudencia o poco rigor ya que siempre es importante junto con la descripción aportar con un ejemplo concreto?
-El rigor no pasa por crear una lista onomástica de nombres propios. El rigor es la calidad del análisis de acuerdo a sus méritos propios.
-De los perfiles que describes: mantequillosos, flaites duros, operadores políticos…, ¿cuál es el que mejor encarna esta etapa en que estamos inmersos, cuál es el que más te irrita y cuál podría ser donde encajas tú?
-El flaite es el más odioso. Necesitaríamos un fungicida de amplio espectro que los eliminara. Yo no encajo en ninguno. Provengo de otro planeta.
-¿Por qué para escribir literatura y no crónica periodístico-sociológica recurres a pseudónimos?
-Eso sólo ha pasado una vez, por lo cual la pregunta carece de base lógica.
-Sabemos que los libros no son para hacerse rico (salvo casos como el de Rowling o Meyer), ¿para qué publicas libros?
-Me divierte escribir, eso es todo.
-Dame tus cinco libros entrañables, los que después de ser leídos te convierten en mejor persona.
-Una vez más, no pregunte huevadas

Gestos

FRANCISCO MOUAT

"La flor sonríe cuando el hombre la mira". Me lo dijo ayer una mujer a la que recién venía conociendo, Cristina, después que le conté una historia mínima del último verano, cuando la Solcita registró con una cámara fotográfica digital, sin que él se diera cuenta, el juego de nuestro hijo José con La Niña, una perra de campo que se allegó a nuestra cabaña mientras vacacionábamos a orillas del lago Llanquihue. José estuvo largo rato jugando a la pelota con la perra, de aquí para allá, finteando, intentando llevársela en velocidad, gambeteándola, muerto de la risa, escondiéndole el balón, a ratos dejando que ella se lo quitara. Durante esos minutos, a José no le importó nada más que aquel inocente juego con La Niña. Uno podría decir que José experimentó la felicidad en aquel decorado campestre, a la hora del atardecer, con apenas unos metros cuadrados de tierra, una pelota, una perra juguetona y la salud suficiente para correr sin pausa hasta aburrirse de hacer lo mismo.

La pregunto a Cristina por qué me dice esto, que "la flor sonríe cuando el hombre la mira". Muy simple, contesta: porque la Solcita se detuvo a contemplar su juego, tuvo ojos dispuestos a ver la alegría de su hijo, y esa grabación te permitió además detenerte y disfrutar también una escena que hoy te alienta, con una pelota vieja y gastada como único objeto del deseo, como si fuera una flor.

Hay un gesto amoroso en las palabras de Cristina, que dicho sea de paso me trae un pájaro de cartulina de regalo que cuelga de un hilo y se sostiene con un palo de helado, para que lo instale en algún sitio donde pueda seguir sus movimientos. El gesto de Cristina, que me ha convocado para rastrear literatura que le lleve aliento a enfermos de cáncer que deben someterse a sesiones de quimioterapia, y que necesitan apoyo en este momento de sus vidas, me lleva a pensar en la enorme cantidad de pequeños gestos de amor y amistad que he recibido a lo largo de mi vida. No cabrían, enumerados de uno en uno, ni en una crónica ni en diez ni en cincuenta. No es posible identificarlos a todos, nombrarlos, convertirlos en una escena. Tantos de ellos han quedado en el olvido, y necesitarían de un extraño artificio mágico para volver a la memoria. Tantas veces no he agradecido expresamente las palabras que llegan a mi correo de lectores entusiasmados con un texto. Sé que basta con expresar gratitud, y demasiadas veces no lo he hecho.

De vuelta de hablar con Cristina me puse a buscar una fotografía de José cuando muy niño, una fotografía que me tomó una amiga a la que no veo hace tantos años, la Polly. Fue en el mar de San Antonio, arriba de una barcaza, un día en que ella me invitó a ir a dejarles flores a tantos detenidos desaparecidos que por esos días se confirmaba habían sido arrojados al mar en los años setenta, amarrados muchas veces a pesadas estructuras de fierro, para que llegasen al fondo del mar y no dejaran rastro del crimen. La Polly me hizo llegar meses después en un sobre esta fotografía en la que estamos en la barcaza sentados con José, ambos con un chaleco salvavidas de color naranja. Lo tengo abrazado, y le hablo al oído. Capaz que hasta le esté contando parte de la historia que su inocencia de hoy sólo podrá asimilar algún día del futuro. El gesto de la Polly, de invitarme a San Antonio y hacerme llegar después esta fotografía, lo atesoro, y tal vez sería más fácil olvidarlo si no existiese esta imagen que quisiera obsequiarle a José en un pequeño marco cuando él cumpla quince años de edad, en no mucho tiempo más.

Mientras buscaba la fotografía del mar de San Antonio, fui encontrando cartas medio empolvadas, una tarjeta emocionante que me regaló mi madre en el último cumpleaños, escrita por ella de puño y letra, una foto en blanco y negro de mi niñez leyendo concentrado Alí Babá y los cuarenta ladrones, una fotografía de una joven pareja que se quiere frente a un puesto callejero de naranjas en París que me regaló una amiga, y de pronto entendí que hoy yo debía intentar un gesto, algo parecido a tender un puente de palabras con aquellos a los que no puedo ver, pero están ahí, dispuestos a leer lo que un día yo escribí.
Francisco Mouat.
“El futuro posible y el pasado que no se ha ido”, como dijo el gran Pauls

La falsedad está tan cercana a la verdad que el hombre prudente no debe situarse en terreno resbaladizo.
Marco Tulio Cicerón


El problema con la mayoría de nosotros es que preferimos ser arruinados por los elogios que salvados por las críticas.
Norman Vincent Peale

Nunca amamos a nadie: amamos, sólo, la idea que tenemos de alguien. Lo que amamos es un concepto nuestro, es decir, a nosotros mismos.
Fernando Pessoa
Cómo vivimos nuestra sexualidad afecta a nuestros hijos

Viviana Sosman, psicóloga de la Universidad Diego Portales, especialista en adolescentes.
La relación de pareja es fuente de identificación para los hijos.

Un vínculo satisfactorio en lo amoroso y sexual, promueve un adecuado desarrollo psicosexual; una sexualidad madura ligada a los afectos.

Los hijos aprenden la sexualidad por identificación con los padres.

Durante la niñez este es un proceso que se da en forma inconsciente; los hijos pequeños prefieren negar la sexualidad de los padres, sin embargo desde chicos han ido incorporando en sus mentes y cuerpo la calidad de intimidad amorosa y sexual que tienen sus padres, como se saludan, cuanto se tocan, si se miran, se gustan, como se comunican. Básicamente, están muy atentos a la relación de intimidad que sostienen el papá y la mamá, aunque no sean capaces de verbalizarlo.

Durante la adolescencia la percepción del tipo de vínculo que mantienen los progenitores es más consciente; está en plena construcción la identidad tanto femenina como masculina, como se es mujer u hombre son tareas esenciales de la adolescencia.

Para potenciar el desarrollo de una sexualidad madura, amorosa y placentera, necesitamos entre otras cosas que el hombre se pueda conectar con lo tierno, amoroso, receptivo y la mujer con el deseo, lo activo, y lo sexual.

En este sentido, es muy importante estar en contacto con lo que trasmitimos y mostramos a nuestros hijos; que tipo de relación llevamos con nuestra pareja, que modelos estamos aportando.

Por eso, los invito a reflexionar sobre estos mitos y las consecuencias que ellos tienen, en la construcción de la sexualidad.

- El hombre puede mostrar abiertamente su deseo sexual, esto es signo de virilidad. La mujer no debe mostrar su interés, es poco femenino. Hoy sabemos que el deseo sexual es parte de lo humano, tanto el hombre como la mujer deben hacerse cargo de su necesidad sexual.

- En relación a la sexualidad, el hombre debe ser más activo, rápido, eficaz y aventurado. La mujer más pasiva, pausada, receptiva, y moderada. Estas son dimensiones de lo humano ni la mujer, ni el hombre tienen que atenerse a una u otra, pueden explorar ambas, siendo a veces uno más activo y otro más pasivo, intercambiando roles, lo que otorga más movilidad a la pareja.

- El hombre debe saber de cuestiones sexuales, tiene que satisfacer a la mujer. Esta afirmación recarga al hombre otorgándole toda la responsabilidad del acto sexual. Se trata de una actividad conjunta, en constante construcción, poco a poco hay que irse conociendo e ir incorporando lo que a la pareja le causa placer; eso puede ser fuente importante de amor y complicidad.

- Si uno ama a su pareja siempre sabe lo que esta desea sexualmente. Esta declaración es muy peligrosa, la sexualidad no es estática, es fundamental comunicarse con el otro para estar al tanto de lo que necesita.

- La relación más completa es la de orgasmo simultáneo. Claramente no. Es necesario conocer y aceptar las diferencias entre hombre y mujer, el preocuparse generosamente del otro sin perder lo propio implica reconocer los distintos ritmos de excitación.

He expuesto una serie de mitos que espero puedan contribuir a revisar las ideas que tenemos sobre la sexualidad, ver como estas influyen en nosotros y reflexionar sobre lo que trasmitimos a nuestros hijos. La relación de pareja es fuente de identificación para los hijos.

Monstruos con Placa

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Friday, April 03, 2009

Blog para reír un poco

Lo único que importa en esta vida:

¿Soy lo suficientemente sexy para que la gente olvide mis defectos y trastornos emocionales?

Se siente rubio

Thursday, April 02, 2009

Michio Kaku

En wikipedia

Mi banda sonora

"Galaxy" Blind Melon


"I wanna be adored" Stone Roses