Monday, October 15, 2007

UN GRAN CHILENO
Francisco Bilbao (1823 - 1865)

Francisco Bilbao, escritor y político chileno, nació el 9 de enero de 1823 en Santiago. Hijo de la argentina Mercedes Barquín y de Rafael Bilbao, tempranamente debió partir a Lima, Perú, por el destierro de su padre quien era opositor a Diego Portales.

Con la autorización para la entrada de su familia a Chile, en 1839, Bilbao comenzó sus estudios en el Instituto Nacional. A la edad de 20 años, se acercó a los textos de filósofos ilustrados como Rousseu, Voltaire y Lamennais, lecturas que influyeron decisivamente en su personalidad y actuación política.

Comenzó su actividad pública en 1844, fecha en la que publicó su polémica obra Sociabilidad Chilena, en la que hizo una fuerte crítica a la Iglesia Católica, denunció las desigualdades existentes en Chile y reivindicó las inexistentes libertades ciudadanas. Este texto tuvo una fuerte respuesta en la prensa de parte de la elite política y religiosa de la época, siendo acusado de blasfemia, sedición e inmoralidad. Luego de un polémico juicio, que se basó en una ley que censuraba este tipo de publicaciones, Bilbao fue multado y luego expulsado del Instituto Nacional, razón por la que no pudo terminar sus estudios.

Ese mismo año se trasladó a Valparaíso, donde ejerció durante algunos meses el cargo de redactor de La Gaceta del Comercio. En 1845 se radicó en París, ciudad en la cual tuvo como maestros a Edgard Quinet y Jules Michelet, en el College de France. Su estadía en Europa le permitió conocer los movimientos políticos que se estaban gestando en el Viejo Continente y que desembocaron en las revoluciones de 1848.

Al poco tiempo de su regreso a Chile, en 1850 trabajó en la Oficina de Estadísticas y ejerció como Oficial de la Guardia Nacional. Ése mismo año, junto a Santiago Arcos, José Zapiola y Eusebio Lillo, entre otros, organizó la Sociedad de la Igualdad., espacio que agrupó a intelectuales radicales y artesanos. Esta organización se planteó democratizar la sociedad chilena y cumplió un importante rol de oposición al gobierno de Manuel Montt. Con el fin de extender el pensamiento liberal, Bilbao fundó el periódico “El Amigo del Pueblo”, el cual se convirtió en un medio contrario al clero y al gobierno de Montt.

El gobierno de Montt, persiguió, detuvo y desterró muchos partidarios de la Sociedad de la Igualdad. De esta manera, en 1850 el gobierno decretó el fin de la organización. Ése mismo año, la Iglesia Católica excomulgó a Bilbao por sus textos que criticaban y relativizaban los principales dogmas religiosos.

Bilbao participó en la fracasada revolución de 1851, en contra del Presidente Manuel Montt. Luego de esta situación, Bilbao se mantuvo durante tres meses escondido en la ciudad de Valparaíso y se fue al exilio en Lima. Publicó un texto que tituló “La revolución en Chile y los mensajes del Conscripto”, donde reflexionó sobre los acontecimientos de 1851. En su estadía en Perú, en 1854, participó en la insurrección de los liberales encabezada por el general Ramón Castilla. A pesar del triunfo del alzamiento de Castilla, Bilbao mostró su desacuerdo con las nuevas autoridades peruanas mediante la publicación de “El Gobierno de la Libertad”, razón por la que fue expulsado del país en 1855 embarcándose a Europa.

En su estadía en Europa, Bilbao se radicó en Francia y Bélgica. En esta época se dedicó a realizar textos que tuvieron como tema central la unidad política latinoamericana frente a la amenaza imperialista de los países europeos y Estados Unidos.

En abril de 1857 volvió a Sudamérica y se radicó en Buenos Aires, ciudad en la que se encontraban sus padres. En Argentina, identificado con los intereses de las provincias que promovían un sistema federal, continuó con su labor política elaborando diversos textos que aparecieron en los periódicos liberales del país.

Luego del triunfo de la confederación argentina en 1859, que encabezó Justo José Urquiza, Bilbao observó cómo los ideales federales por los que había luchado, fueron dejados de lado por el gobierno argentino. A comienzos de la década de de 1860, se dedicó a denunciar el despotismo de los países europeos y sus ánimos de expansión en el libro La América en Peligro (1862).

Francisco Bilbao falleció en Buenos Aires, el 19 de febrero de 1865, luego de lanzarse al Río de La Plata salvándole la vida a una mujer que se estaba ahogando. Este hecho le agravó la tuberculosis que tenía diagnosticada desde 1858, causándole la muerte.
Carta a un joven antisistema
Rafael Gumucio


No nos conocemos, a lo más nos hemos cruzado de lejos. Tú, considerándome un vendido; yo, un pobre niño con un pañuelo palestino al cuello. Sin embargo, me doy el trabajo de escribirte porque siento que nos unen más cosas que las que nos separan. A los dos nos parece indecente el coro del consenso, un consenso basado en el hambre de la mayoría. A los dos no nos atemoriza la palidez con que Sergio Melnick o Sebastián Piñera reciben cualquier llamado a un mínimo de justicia social; a los dos nos horroriza el grado de endogamia y ceguera con que la elite chilena habla de las “políticas públicas” despreciando al mismo tiempo a los funcionarios que día a día hacen las “políticas públicas” ganando sueldos de hambre. Te preguntaras entonces por qué no asistí a la marcha de la CUT contra el modelo neoliberal, por qué no avanzo con entusiasmo detrás de tus banderas de lucha, por qué sigo votando por la Concertación y por qué con toda seguridad lo seguiré haciendo las próximas elecciones.
En Argentina y en México marchar contra el sistema neoliberal tiene sentido, porque el modelo ha sido ahí un fracaso total que no ha reducido ni en un punto la pobreza, en Chile ha sido un éxito sólo parcial (ha bajado diez puntos la pobreza, aumentado eso si la desigualdad). Estoy dispuesto a apoyar cualquier rebelión contra la ley laboral, la televisión chilena, la desigualdad del ingreso, el programa Pelotón de Felipe Camiroaga, cualquier movimiento de masa a favor de un seguro digno y universal de salud, pero perdone que desconfíe de los lemas amplios e imprecisos como la lucha contra el modelo neoliberal, así en bloque y sin matices.
Vamos por parte entonces. Como tú, estoy contra el modelo, contra este modelo y contra cualquier otro. Estoy en contra de la idea de que se puedan modelar las vidas según un modelo económico único y omnipotente. Lo que me horroriza siempre del comunismo, me horroriza del mismo modo en el liberalismo a ultranza: los iluminados que tienen soluciones para todos los aspectos de la vida del individuo. A la hora de gobernar un país, un solo modelo, cualquiera sea este, cualquiera sean sus intenciones (generalmente las mejores), está desde ya volcado al fracaso más absoluto. El éxito de los últimos 17 años de la Concertación no se debe, como tú, Bardón y Melnick parecen creer, en la aplicación ciega del modelo de los Chicago boys por los socialistas y DC renovados. Si la economía chilena ha funcionado, si la pobreza se ha reducido, se debe a la mezcla de ideas neoliberales, liberales a seca, y social demócratas que son el centro mismo de estos cuatro últimos gobiernos. Podemos discutir las dosis del cóctel, podemos luchar para que haya un poco más de azúcar o de jugo de tomate en él, podemos implorar por una mezcla más enérgica de los elementos, pero lo que no se puede discutir es que ésta no es una bebida pura y dolorosa que nos han obligado a tragar sin preguntarnos. El modelo chileno es una mezcla mestiza, como la de tu admirado Chávez, que hace énfasis en su socialismo más bien cosmético para seguir viviendo del nada socialista negocio de especular con una materia prima esencial para el desarrollo. Quizás, si miras bien la mezcla chilena, al revés de la venezolana, parece menos socialista de lo que realmente es.
También estoy contra el neoliberalismo. O más bien estoy completamente contra la parte neo de la palabra compuesta, contra el dogmatismo ciego de la escuela de Chicago, contra su desprecio absoluto por el tema de solidaridad, la compasión, por su visión estrechamente mercantil del mundo. La otra parte de tu palabra compuesta, el liberalismo, es la escuela de pensamiento económico y filosófico más renovadora, más piadosa, más humana de la que tenga memoria.
Le debemos al liberalismo la democracia, un sistema de gobierno que se basa en la confianza en los individuos, en la visión de éstos como seres que tienen derecho a desear, a cambiar, a organizarse, a contradecirse. El mercado, cuando es sano e igualitario, es una expresión de esta democracia en que vivimos, nuestra falta de pureza, de angelical presindencia, no como una maldición sino como una parte esencial de lo que somos y queremos seguir siendo.
El neoliberalismo es una doctrina del miedo, nace en un refugio de las montañas suizas, en contra del comunismo y el fascismo, es un movimiento mesiánico y darwinista. El liberalismo es, al revés, un voto de confianza hacia los hombres, un llamado a entender su deseo de crear antes que de recibir, de inventar antes de que repetir.
El liberalismo, el verdadero, ama la vida de aquí abajo en toda su complejidad, en todo su horror y su placer. No puedo pedirte perdón por amar yo también esa realidad, por no sentir que el dinero es en sí y de por sí un enemigo, ni el mercado, ni las empresas, ni los empresarios. Eso no implica que crea (como demasiada gente en Chile) que de por sí el dinero, las empresas y los empresarios son sacrosantas animitas que no están más tentados que nadie de caer en la tiranía, el egoísmo, y la explotación. Esa tentación, y la lucha contra ella, ese enemigo que habita en los billetes -pero que no pocas veces emigra a las bombas molotov- también es parte de esa realidad, compleja, terrible y maravillosa que intento infructuosamente ames tú también.
Por lo demás ¿Quién en estos últimos treinta años en Chile no se ha equivocado profundamente? ¿Quién, de derecha, de izquierda o de centro, no ha perdido del todo la brújula ante el movimiento incesante de los acontecimientos? Yo no me avergüenzo de mis errores, pero tampoco tendría fuerza de negarte que me he equivocado demasiado para ir a tirar piedras para que se hagan las cosas como yo quiero.
Te lo digo no para que te resignes, sino para que sigas luchando. Porque quienes amamos la realidad, los que renunciamos a luchar contra la ley de gravedad (que es lo mismo que luchar contra la oferta y la demanda), los que preferimos explorar los matices y no quedarse en la líneas gruesas, los que renunciamos a ser puros y santos, sólo esos que ves ahora como vendidos, como amarillos, no nos arrodillamos como esclavos ante el dinero y los poderosos.

Saturday, October 13, 2007

Ovejas descarriadas

Por Francisco Mouat

Leo en la prensa sobre la reciente expulsión de la iglesia católica del cura Domingo Faúndez, ex párroco de Pelluco, allá cerca de Puerto Montt, donde empieza la Carretera Austral. Hace años que lo tenían en la mira y lo llamaban al orden, pero Faúndez resistía y enfundado en su sotana negra continuaba adelante con entusiasmo la misión pastoral a que ha consagrado buena parte de su vida. Un reciente decreto del Papa quiso ser la lápida en su carrera sacerdotal, pero a estas alturas del partido Faúndez, que tiene 53 años, no está para acatar sanciones que considera injustas, ilegítimas y contrarias al espíritu cristiano. "Antes de verme arrepentido tendrán que matarme", dijo a viva voz. Y remató: "Menos mal que no estamos en la Edad Media, o si no me queman vivo".

Revisar la historia de fray Domingo Faúndez es como viajar en el tiempo. Alguna vez, en Chile, en los años cincuenta, expulsaron de la iglesia con bombos y platillos al cura Catapilco, también por rebelde. Catapilco, que se llamaba Antonio Zamorano, era de armas tomar. Una vez dijo, a propósito de la castidad, que a él en el Seminario no le habían hecho ninguna intervención quirúrgica, y que bajo la sotana era un hombre como cualquier otro. Separado de la iglesia, Zamorano se hizo personaje nacional, primero como diputado del frente de izquierda y después como candidato presidencial en 1958, cuando arriba de un caballo recorrió Chile, sacó más de cuarenta mil votos y dejó con los crespos hechos a Salvador Allende.

Los curas botados a choro suelen caer bien entre sus fieles más sencillos y menos apegados a las formas. A fines de los años setenta, en Iquique, el nuevo obispo de la ciudad recurrió a los pacos para sacar de la casa parroquial del barrio El Morro al cura Domingo Soto, porque ya no soportaba que el sacerdote viviera allí con mujer e hijos y no se retirara de la iglesia. En el caso de Soto, su gran pecado a ojos de la jerarquía era ejercer como cura y tener una familia como Dios manda, a pesar de lo cual era sumamente querido por buena parte de los vecinos de El Morro. "¿Sabe, Doris?", le decía Soto a su mujer cuando recién la estaba seduciendo, "muchos curitas tienen mujeres, lo que pasa es que lo hacen a escondidas".

Esto, que mueve a risa pícara, no debiera sorprender a nadie. Está a la vista la gran cantidad de sacerdotes que abandonan el barco porque prefieren mantener una relación de pareja sin tener que ocultarla, para no hablar de los casos de abusos sexuales en que han estado involucrados curas en todo el mundo, y donde la represión sexual sin duda juega también un papel determinante.

En el caso de fray Domingo Faúndez, no ha sido el celibato el eje de la discordia con la jerarquía. El propio Faúndez, que es sumamente transparente en sus declaraciones, ha dicho que se ha pegado sus "buenos atracones", pero que al final las mujeres se decepcionan. También ha confesado, en su ingenuidad, haber oficiado misa alguna vez "con la caña", pero que hace dos años que no toma. Esos son detalles, dice él. Pelos de la cola. Lo que en verdad ha molestado y molesta de Faúndez a la jerarquía es que hable de "la riqueza inmoral del Vaticano", de "cómo se lucra con los santos", de "cómo se aburguesa la iglesia y se aleja del pueblo". Un periodista de Las Ultimas Noticias lo fue a ver hace un par de semanas a su casa en Piedra Azul, cerca de Pelluco, y le preguntó qué le diría hoy al Papa. Faúndez le contestó: "Que abra las ventanas del Vaticano para que entre airecito fresco. Y nada más. No le pediría nada".

Lo escuché también cuando habló en una entrevista con la radio Cooperativa, y al final el cura Faúndez, sureño de tomo y lomo, choreado de que lo trataran como a un gran pecador, dijo: "La papa está pelada, y no queda otra que seguir adelante. Di la vida por Cristo, y la daré hasta el final". Por alguna razón que seguramente muchos católicos no comparten, no sólo me divirtió escuchar al cura. También me emocionó. Hablaba con una inocencia y una convicción cristiana infrecuente en estos tiempos.

Wednesday, October 10, 2007

De repente a ti

Cinéfilo en Valdivia

Crítico de cine Jonathan Rosenbaum de visita en Chile:
"Adoro la piratería"
Miércoles 10 de Octubre de 2007
12:20
Felipe Vásquez, enviado especial a Valdivia de Emol

VALDIVIA.- Sus amplios anteojos lo delatan: ha pasado muchas horas de su vida frente a una pantalla. Y al crítico estadounidense Jonathan Rosenbaum no sólo se le nota en su apariencia su cinefilia, sino también en cada una de las palabras que emite con vigor en contra de la industria y en defensa de la pureza artística del cine.

Rosenbaum, destacado crítico del Chicago Reader y uno de los mayores expertos en la obra de Orson Welles, ha participado en el Festival Internacional de Cine de Valdivia como jurado, dejando además su huella como uno de los iconos del periodismo cinematográfico norteamericano, que busca ampliar las fronteras cinematográficas de las audiencias.

Así lo afirma con vehemencia en su libro “Las guerras del cine”, texto en el cual acusa a la industria del cine estadounidense de limitar las opciones del público. El frontal Rosenbaum se sentó a conversar con Emol para profundizar sobre sus teorías y actualizarlas a través del impacto del DVD e Internet en las comunidades cinéfilas.

Una de sus mayores batallas está escrita en su libro “Las guerras del cine” (“Movie Wars”). ¿Por qué afirma que la audiencia no es culpable de lo que ve?
“Primero, porque la audiencia sólo podría ser culpable si estuviese escogiendo. Si las posibilidades son tan limitadas, entre dos o tres películas que son muy caras, eso no es una elección real. No pueden ser culpados por elegir la pésima película de Hollywood A, por sobre la pésima película de Hollywood B. No están escogiendo ninguna por sobre algún interesante film artístico, porque nunca han escuchado de este film artístico. Creo que es muy aburrido ver cuánta gente va a ver las películas y no creo que sea significante, porque está determinado por cuántas copias estrenó una película, por su cantidad de publicidad y sólo un pequeño trozo de todo eso es lo que le gusta a la gente o no”.

Su libro salió publicado hace algunos años y desde entonces el formato DVD ha ganado mucho terreno. ¿Cómo ve el impacto de los DVD en sus teorías?
“Me ha dejado mucho más optimista, en términos de las alternativas de la audiencia y en términos de lo que yo llamo la cultura del cine, la comunidad de cinéfilos. El problema es que tienen tantas cosas a las que pueden acceder, que tienen que tener suficiente información para saber qué seleccionar y cómo buscar. Siento que, principalmente a través de Internet, hay jóvenes cinéfilos veinteañeros que ya saben más de la historia y el arte del cine de lo que yo sabía en mis treintas”.

Pero Internet acarrea también un sensible tema, de la descarga de películas, no necesariamente para lucrar, sino para saciar esa cinefilia.
“¿Te refieres a la piratería?”.

Sí.
“¡Adoro la piratería! Creo que el sistema, tal como existe y así como todos los sistemas económicos, ha sido impuesto. Han sido muy injustos, con inequidad, no dan a las personas libertad, restringen sus opciones y entonces esta es una forma de reparar ese balance. La gente que tiene los catálogos en los estudios, tienen grandes filmes que nunca editan, porque ni siquiera saben su valor e importancia. Así que la gente que está robando estas películas y las pone gratis o las vende por Internet, están en realidad educando y diciendo: esto es importante, la gente quiere ver esto. ¡Así que (los estudios) deberían estar pagándole un sueldo por venderlos!".

¿Qué cree que puede hacer la audiencia para revertir esta limitación?
“Educarse a sí misma. Y educarse como pueda y en la dirección que quiera, porque hay muchas maneras de educarse. Es descubrir y perseguir el gusto propio. Creo que es algo que ya sucede, pero la gente se torna más aventurera y más informada cuando lo hacen”.

Usted ha dicho también que no es que las películas de hoy sean peores a las de antes, simplemente que a las buenas no es fácil acceder.
“No sé si los filmes de ahora sean peores. Quizás lo sean, porque creo que la gente que hoy hace películas no le gusta el cine. Y creo que lo que uno podría decir de los días de los grandes estudios, aunque hiciesen películas malas, había gente que amaba el cine. Y la gente que hoy conduce los estudios no sabe de cine y no le gusta. Y además se han dado cuenta de que pueden sacar dinero de las películas, incluso si al público le gustan o no. El motor económico no es bueno para hacer películas”.

Así que usted siente cierto grado de nostalgia.
“Siento personalmente nostalgia. Mi familia tenía una cadena de cines cuando era niño y era el principal medio. Además, había toda una reunión social al ir al cine, así que eran eventos comunitarios. Ahora con el targeting: este film es para este grupo, este filme es para este otro grupo, es casi imposible concebir a toda una sociedad yendo a una película en particular. Creo que es una práctica social totalmente distinta. Entonces lo importante no es sólo encontrar las películas que quiero ver, sino que encontrar a la otra gente que quiere ver las mismas películas para verlas juntos”.

La historia del cine ha sido testigo de diversos movimientos en el cine. ¿Percibe en la actualidad algún movimiento?
“Es muy pronto para saber. En términos de nuevos movimientos, siento que en algunos viajes que he hecho a Argentina, se ha hablado de la ‘Nueva ola argentina”. Eso tiene algo que ver con una conciencia política que requiere una nueva conciencia estética. Así lo describiría. Quizás pueda existir algo así en el cine chileno y en otras partes, pero creo que éstas son las películas de las que los extranjeros no enteramos últimos, a no ser que haya mucha publicidad internacional o incluso publicidad underground de los cinéfilos”.

¿Siente que es algo global?
“Sí, claro. Lo he sentido en mi experiencia por la forma en que la gente me escribe. Por supuesto que está limitado por las barreras del lenguaje, a través de e-mails y otras formas. Puedo leer francés, pero mi español no es tan bueno, así que en realidad no me puedo mantener al día con lo que está sucediendo. Pero tengo un amigo que es crítico de cine español que me envía películas en sus correos electrónicos todas las semanas. Esto es una nueva forma algo radical de asimilar la cultura cinematográfica y por supuesto puede involucrar la piratería y cosas por el estilo. Pero el punto es que esta es una forma de reunir información sobre nuevas tendencias cinematográficas, algo que no existía antes”.

Impresiones de festivales y el de Valdivia


¿Qué es lo que piensa de los festivales de cine, especialmente los más grandes, llenos de luces y estrellas? ¿Cree que han perdido algo de su espíritu inicial?
“Me gusta pensar que hay dos tipos de festivales de cine. Los devotos a ver películas y los devotos a vender películas. Y usualmente los más llenos de estrellas y alfombras rojas, y las jerarquías también, son los que venden películas. Estos significa cierto tipo de opresión, porque si yo como crítico profesional debo asistir a esos festivales, y las preocupaciones de los negocios dominan los festivales, entonces eso es opresivo para mí, porque están imponiendo un lenguaje y una lista de prioridades que yo no tengo. A veces necesito ir a estos festivales, pero no me gustan.

¿En qué grupo clasificaría a Valdivia?
“Oh, en el grupo de los que ven películas, no es para vender, al menos para mí. Y también lo es Bafici, un festival muy importante en Buenos Aires”.

¿Sin entrar en detalles, por su calidad de jurado, qué le ha parecido la selección oficial del festival?
“Creo que está a un nivel más alto que muchos otros festivales..."


Rosenbaum y Ruiz

Quisiera preguntarle su opinión sobre el cine chileno, pero entiendo que su contacto con nuestra cinematografía ha sido escasa. Sin embargo, ha estado cercano al trabajo de Raúl Ruiz. ¿Cuál es la impresión que tiene de él y su obra?

“Sí, también lo conozco personalmente. Su obra es muy vasta y creo que parte de lo que inicialmente me interesó y que continúa interesándome, era su noción de lo que es el trabajo. Lo que es un trabajo y el proceso del trabajo".

"Algunos de los primeros filmes de Ruiz que vi fue ‘Point de fuite’ (1984), que no es muy conocido, y “City of Pirates” (1984). Y una vez él me dijo que ‘Point de fuite’ fue hecho para probar que podía hacer más escenas en un día que Fassbinder y esa fue la única razón por la que lo hizo. Esto es inusual, porque creo que en la mayoría de las imágenes que hay en el cine, que es difícil, que hay escribir el guión, conseguir el dinero".

"Y él tenía una capacidad no sólo para hacer filmes fácilmente, sino también para que no le importase tanto si la película sería un éxito o un fracaso, o si la película sería buena o mala. Todo esto le parecía menos interesante, en comparación con otros cineastas".

"Él estaba muy liberado y yo quedé impresionado. Creo que todavía tiene esta cualidad, pero a veces la pierde un poco cuando trabaja en producciones europeas muy caras. Por eso pienso que es muy bueno y significante que haya retornado a hacer filmes en Chile, a veces con bajos presupuestos".

Tuesday, October 09, 2007

Influencia
Para reducir la influencia de alguien, aumentala primero;
Para reducir la fuerza de alguien, incrementala primero;
Para hacer caer a alguien, primero haz que se eleve;
Para tomar algo de alguien, dale algo primero.

Esta es la sutileza con la cual el débil vence al fuerte,
Así como el pez no debería abandonar sus profundidades,
Y el soldado no debería abandonar su camuflaje
Virtud
El que conoce a los hombres es sabio;
El que se conoce a si mismo está iluminado.
El que vence a los otros es fuerte;
El que se vence a sí mismo es poderoso.
El que se contenta con lo que tiene es rico;
El que obra con determinación tiene voluntad.
El que es capaz de mantener su posición resistirá mucho tiempo;
El que es capaz de mantener su influencia vivirá después de su muerte.
Ceguera
Aquellos que desean cambiar el Mundo
De acuerdo con sus deseos
Nunca tienen éxito.

Al Mundo le dá forma el Tao;
No puede darse forma a sí mismo.
Si alguien intenta darle forma, le daña;
Si alguien intenta poseerle, le pierde.

Así pues:
A veces las cosas florecen, a veces no.
A veces la vida es dura, a veces es fácil.
A veces la gente es fuerte, a veces es débil.
A veces llegas a donde quieres ir, a veces te quedas en el camino.
Por ello el sabio no es extremo, extravagante o complaciente.
Tumores
Si te mantienes de puntillas no te mantienes mucho tiempo;
Si dás pasos demasiado largos no puedes caminar bien;
Si te muestras a tí mismo no puedes ser bien visto;
Si te autojustificas no puedes ser respetado;
Si te halagas a ti mismo no puedes ser creído;
Si te enorgulleces demasiado no puedes alcanzar la excelencia.
Todos estos comportamientos son excrecencias y tumores,
Cosas desagradables evitadas por el virtuoso.
Soledad
No conozco nada y nada me preocupa.
No veo diferencia entre sí y no.
No veo diferencia entre bien y mal.
No temo aquello que la gente teme en la noche.

La gente está feliz como en una fiesta suntuosa
O jugando en el campo en primavera;
Pero yo permanezco tranquilo y vagabundeando,
Como un recién nacido antes de aprender a sonreir,
Solitario, sin hogar.

La gente tiene lo suficiente y para compartir,
Pero yo no poseo nada,
Y mi corazón es ignorante,
turbio y ensombrecido.

La gente está rediante y segura,
Mientras yo sigo ciego y confuso;
La gente es inteligente y sabia,
Mientras permanezco torpe e ignorante,
Sin objetivo, como una ola en la superficie del mar,
Sujeto a nada.

La gente está ocupada con un propósito,
Mientras sigo impractico y tosco.
Estoy aparte del resto de la gente
Todavía sostenido por la Naturaleza
Simplicidad
Si pudiesemos abandonar la sabiduría y la sagacidad
La gente podría disfrutar el ser todos iguales;
Si pudiesemos abandonar el deber y la justicia
Todo podría basarse en las relacciones de amor o amistad;
Si pudiesemos abandonar el artificio y el provecho
La corrupción y el robo podrían desaparecer.
Aún así, semejantes remedios solo tratarían los síntomas
Por tanto son inadecuados.

La gente necesita remedios personales:
Revela tu auténtico yo,
Abraza tu naturaleza original,
Abandona tu propio interés,
Controla tu deseo.
Distracción
Demasiado color ciega el ojo,
Demasiado ruido ensordece el oido,
Demasiado condimento embota el paladar,
Demasiado jugar dispersa la mente,
Demasiado deseo entristece el corazón.

El sabio provee para satisfacer las necesidades, no los sentidos;
Abandona la sensación y se concentra en la sustancia.
Uno mismo
La Naturaleza es eterna debido a que carece de conciencia de sí misma.

De este modo, el sabio:
Se sirve a si mismo en último lugar, y se encuentra atendido;
Observa a su cuerpo como accidental, y encuentra que resiste.
Debido a que no atiende a su Ego, éste se encuentra satisfecho.
Naturaleza
La Naturaleza no es amable;
Trata a todas las cosas imparcialmente.
El sabio no es amable;
Trata a toda la gente imparcialmente.

La Naturaleza es semejante a un fuelle;
Vacía, pero satisface todas las necesidades,
Cuanto más se mueve, más produce;
El sabio actúa de acuerdo al Tao de la misma forma
Y no puede ser agotado.
Trascendiendo la Naturaleza
Vacía tu Ego completamente;
Abraza la paz perfecta.
El Mundo se mueve y gira;
Observale regresar a la quietud.
Todas las cosas que florecen
Regresarán a su origen.

Este regreso es pacífico;
Es el camino de la Naturaleza,
Eternamente decayendo y renovandose.
Comprender ésto trae la iluminación,
Ignorar esto lleva a la miseria.

Aquel que comprende el camino de la Naturaleza llega a apreciarlo todo;
Apreciandolo todo, se convierte en imparcial;
Siendo imparcial, se convierte en magnánimo;
Siendo magnánimo, se convierte en parte de la Naturaleza;
Siendo parte de la Naturaleza, se hace uno con el Tao;
Siendo uno con el Tao, se alcanza la inmortalidad:
Piensa que el cuerpo perecerá, el Tao no.

Tao

Ansiedad
Los santos decían: "Alabanzas y culpas causan ansiedad;
El objeto de la esperanza y el miedo está en tu interior".

"Alabanzas y culpas causan ansiedad"
Puesto que esperas o temes recibirlas o perderlas.

"El objeto de la esperanza y el miedo está en tu interior"
Pues, sin un Ego, no pueden afectarte la fortuna o el desastre.

Por tanto:
El que observa al Mundo como se observa a sí mismo es capaz de controlar el Mundo;
Pero el que ama al Mundo como se ama a sí mismo es capaz de dirigir el Mundo.

Monday, October 08, 2007

¿Es usted un líder?

Dividir el mundo entre líderes y seguidores es un absurdo, igual que lo es pensar en el liderazgo como algo gratificante y cercano a la gloria.


Por Juan Carlos Eichholz

Llenando los papeles para postular a un postgrado en una universidad extranjera, María se sintió confundida al tener que responder la pregunta "¿Es usted un líder?". Siendo consciente y honesta, decidió responder "No", y envió los antecedentes, segura de que la iban a rechazar. Para su sorpresa, la carta que recibió de la universidad decía: "Estimada candidata: un estudio sobre las solicitudes de admisión de este año revela que nuestra universidad tendrá 1.452 nuevos líderes. Estamos aceptando su solicitud, ya que creemos imperativo que tengan por lo menos un seguidor".

Moraleja: hacer la pregunta acerca de si una persona es líder resulta un absurdo, y hasta una trampa. Si fuera líder, ¿lo será siempre, en toda circunstancia? Y si no lo fuera, ¿está esa persona condenada a seguir siempre a otros? Obviamente que la respuesta a ambas preguntas es no. Por lo tanto, más que hablar de ser o no líderes, deberíamos hablar acerca de si ejercemos o no liderazgo, y, en esa lógica, la pregunta clave es: "¿Ejercemos liderazgo cuando se nos presenta el desafío de hacerlo?".

Por ejemplo, ¿ejercemos liderazgo cuando nuestra relación conyugal o familiar no es buena?, ¿ejercemos liderazgo cuando, viendo una oportunidad de negocio, nos topamos con la negativa de nuestro jefe para abordarla?, ¿ejercemos liderazgo cuando, como ciudadanos, no nos gustan ciertas cosas que pasan en el país?, ¿ejercemos liderazgo cuando, como autoridades, sabemos que es necesario cambiar la forma en que se vienen haciendo las cosas?

Cada vez que percibimos que algo no está bien o cada vez que vemos una oportunidad para mejorar el estado actual de las cosas, enfrentamos el desafío de hacernos responsables por ello y ejercer liderazgo, para lo cual resulta indispensable movilizar a otras personas a que también asuman su parte de responsabilidad y cambien. Sólo que esto no es fácil y, de hecho, puede resultar hasta peligroso.

"Estoy solo. Bien solo esta vez, entre los demás. Nadie me comprende. Los mejores amigos han manifestado su oposición. Se me han puesto frente a frente. Todos los planes están en peligro. Todo se ve oscuro". Esta frase, aunque le resulte difícil creerlo, la escribió el Padre Hurtado, pocos años antes de su muerte. Y claro, estamos hablando del mismo personaje que se atrevió a preguntar, sin tapujos, si Chile era un país católico, sintiéndose responsable por ello e intentando que otros también lo hiciesen. Ejercer liderazgo supone enfrentar a las personas con lo que no quieren enfrentar, hacer las preguntas que no quieren hacerse, decir las cosas que no quieren escuchar.

En estas páginas aparecen 100 jóvenes, con historias e intereses muy diferentes, cuyo común denominador es haberse atrevido, al menos incipientemente, a ejercer liderazgo, es decir, a tomar riesgos y movilizar a otros. ¿Significa eso que son líderes? Da lo mismo esa pregunta, porque –nuevamente– lo que importa es que han ejercido liderazgo; Tampoco podemos estar seguros de que lo seguirán ejerciendo, pero es muy probable que lo hagan, porque son jóvenes que no se conforman con lo que ven a su alrededor y porque son valientes. De lo que sí podemos estar seguros es de que en más de una ocasión fracasarán, porque éste es un arte difícil de dominar. De hecho, ¿cuántos gerentes generales experimentados no logran movilizar a sus personas para abordar los cambios que la empresa requiere? ¿O cuántos movimientos ciudadanos se desvanecen por no ser capaces de movilizar a las autoridades? ¿O cuántos programas gubernamentales –reforma educacional, Transantiago, tribunales de familia, AUGE– sucumben o no alcanzan los resultados esperados, pese a ser impulsados por los propios Presidentes de la República?

Es que ejercer liderazgo, más que inspiración, es transpiración; más que agradar a otros, es desacomodar a otros; más que aplausos, son pifias; más que órdenes y decretos, son cambios de mentalidad y de conducta; más que estructura, es cultura. Si hacemos las cosas bien, es probable que lleguemos a ver la luz al final del túnel y seamos reconocidos por ello, pero mientras eso no suceda, habrá incertidumbre e incomprensión. Y puede que, al salir del túnel, ya no estemos ahí para recibir las flores, y sean otros los que se beneficien.

Por esto es que los griegos tenían tanta razón cuando decían que, para ejercer liderazgo, había que atreverse y estar preparados para morir. Por lo tanto, más que preguntarle si usted es un líder, le pregunto, derechamente, si está dispuesto a ejercer liderazgo.

*ABOGADO, DIRECTOR DEL CENTRO DE LIDERAZGO ESTRATÉGICO DE LA UNIVERSIDAD ADOLFO IBÁÑEZ
Crónica roja

Por Francisco Mouat

Todos los seres humanos llevamos adentro el gen de la maldad. Para qué venimos con cuentos. Lo que sucede es que en general eso que llamamos buena educación intenta arrinconarlo, reducirlo, anestesiarlo hasta donde sea posible para que no haga daño ni nos autodestruya. Habría que considerarse victorioso en el tema cuando nuestro demonio aflora en dosis bajas, que no alcanzan a poner en riesgo la integridad física del vecino o la propia. Hay un verso de Nicanor Parra en su Epitafio que nos resume a todos, sin distinción: "¡Un embutido de ángel y bestia!".

De eso se trata por lo demás la convivencia ideal en una sociedad moderna supuestamente pacífica: ejercer la tolerancia, bajarle el tono al hombre salvaje que nos ocupa, dejar que el del lado haga uso de sus derechos, siempre que a cambio no te paguen con abuso y te pasen por encima con una aplanadora.

El problema es que la fórmula sigue siendo imperfecta, por supuesto. Está hecha por nosotros mismos, que junto con la maldad inventamos la trampa. Cada mañana la crónica roja en Chile y el mundo nos sorprende con una nueva historia. A un muchacho lo despacharon el otro día para robarle un teléfono celular. A otros los han liquidado antes para quitarle una bicicleta, un billete o un cigarrillo. Un chino bien vestido mata a su mujer, deja botada a su hija en un aeropuerto de Australia y se fuga. Hay violencia intrafamiliar a cada rato en el barrio alto, en las casas de clase media, en las poblaciones.

Nada nuevo bajo el sol. La gran diferencia es que ahora existen más armas sin control y todo se transmite por televisión, y se repite en cámara lenta, y hay televisores encendidos en cualquier parte: desde el living de tu casa hasta el bar de la esquina, desde la estación de metro hasta la peluquería del barrio.

Antes la gente leía en el diario la crónica roja para devorar los detalles más escabrosos del crimen de moda. El otro día mi papá recordaba el asesinato de Alicia Bon, una muchachita de la calle Franklin muerta de un balazo en 1944, en lo que entonces era un sector apartado de Santiago, Pedreros, donde ahora está el estadio de Colo Colo. De lo que más se acordaba mi viejo era que el diario Las Noticias Gráficas empezó a venderse como pan caliente gracias al crimen de Alicia Bon, que entonces tenía sólo 17 años. El primer sospechoso fue el médico Guy Pelissier, a la sazón algo así como su novio, un hombre de 31 años que conducía el Chevrolet del 39 dentro del cual la chica recibió el disparo. Pellisier alegó inocencia, dijo haber sido asaltado cuando ellos conversaban esa noche de domingo dentro del auto estacionado, pero al comienzo nadie le creyó, ni siquiera la familia de Alicia Bon. En la prensa lo llamaban "monstruo", "doctor asesino". Las escaramuzas del caso fueron un deleite para los santiaguinos. Afortunadamente para Pelissier, pronto pudo comprobarse que el homicidio había sido responsabilidad de dos campesinos con antecedentes policiales, "El Flaco" y "El Loco", que habían llegado a cogotearlos. La gente hacía fila en el centro para comprar cada nuevo día la edición fresca de Las Noticias Gráficas. El reportero gráfico José Pichanga Muga, de la revista Vea, llegó al extremo de montar guardia durante varios días escondido en unos matorrales cercanos al lugar donde mataron a Alicia Bon, para tener la exclusiva de cuando se hiciera la reconstrucción del crimen. Cuando finalmente se hizo, para darle mayor realismo a la escena, los detectives obligaron al criminal a disparar en serio, y fue en ese momento cuando Muga salió de su escondite con los brazos en alto y su cámara Leica diciendo "no disparen, aquí hay gente".

Pellisier, que después se supo resistió el asalto y por eso provocó la reacción de los cogoteros, jamás pudo zafar del estigma de haber sido sindicado como culpable del crimen. Murió en 1988, y de su muerte apenas se escribió un par de líneas.
No interprete el pensamiento de los demás. Procure no adivinar: es muy posible que se equivoque.

Tiene derecho a cometer errores.

Es bueno tener actitudes y pensamientos que dispongan al aprendizaje (ej. "La próxima vez lo haré mejor").

Tiene derecho a opinar de forma diferente a los demás.

Tiene derecho a cambiar de opinión.

Es recomendable mirar a la cara del interlocutor.

Utilice un tono de voz adecuado y firme.

Tiene derecho a protestar cuando recibe un trato que considera injusto. (ej.: una tienda o un restaurante)

Tiene derecho a contar sus problemas a los demás.

Tiene derecho a decir 'NO'.

Expresión

Algunas lecturas de libros que tratan las fobias de una forma sencilla nos pertrecharán con una mayor comprensión del problema.
La práctica de la relajación, yoga, y/o ejercicio para bajar el nivel general de ansiedad.
Ejercicios prácticos de expresión:
lectura en voz alta del periódico utilizando un tono de voz alto y que tenga contenido emocional;
grabar un pequeño ejercicio de unos 10 minutos (5 veces a la semana) en el que contemos como si estuviéramos delante de un grupo de personas un asunto que hemos leído, visto en televisión, escuchado en la radio o hemos oído o pensado. El tema ha de ser diferente cada vez. Contra más exagerado es el tono expresando disgusto, placer, admiración, guasa, etc. más efectivo es el ejercicio. No olvidar al final añadir nuestra opinión sobre el asunto. Procurar conforme pasa el tiempo aumentar la longitud de las frases.
Preparar el terreno hablando en primer lugar en las situaciones mas fáciles (familiares de confianza, vecinos, compañeros de trabajo) introduciendo elementos que impliquen humor, comentarios personales y opiniones atrevidas.
Procurar adquirir compromisos tales como acudir a las reuniones de vecinos, religiosas o de trabajo, eventos sociales, etc. aunque nuestro papel al principio fuera modesto, pero logrando al menos familiarizarnos más con la situación grupal.
Hacernos un plan de EXPOSICIÓN gradual a las distintas situaciones sociales que nos agobian intentando hacer progresos pequeños pero continuados.
Suprimir las conductas anticipatorias que tanta ansiedad inducen al adelantar con los ojos de la imaginación mil situaciones agobiantes, humillantes y desagradables. Es mucho mejor no pensar y si tuviéramos que pasar por una situación temida, por ejemplo una boda, no sufrir hasta el momento en el que comience el banquete (y a ser posible tampoco en medio).
Tampoco conviene hurgar en la herida más de la cuenta, haciendo agoreras y cínicas disquisiciones de nuestro papel en el mundo. Es mejor concentrarse más en progresar que en criticarse a uno mismo.
Conviene facilitar el aproximamiento a los distintos ambientes estando al menos al día de las inquietudes y afanes por las que los humanos nos unimos en amistad (preocupaciones sociales, conocer la música actual, el deporte o las modas, procurando si cabe estar en un buen nivel como para poder más adelante tener algo que aportar).
Preocuparse por saber lo que la mayoría sabe (por ejemplo saber hacer una barbacoa, bailar, conocer los procedimientos administrativos, desenvolverse en un restaurante, etc.)
Disponer también de una personalidad propia (unos gustos, unas ideas conocidas, unas intereses, etc.) que pueda hacer atrayente y productiva nuestra incorporación en los grupos.
En los momentos de hablar en público no estar mirando con lupa nuestras sensaciones físicas perturbadoras sino los ojos de los interlocutores, y mirándolos comenzar a hablar LENTO y DETALLADO en vez de rápido y comprimido tal como el "salir rápido" del apuro nos pediría.
Hacer maniobras de preferencia, tales como sentarnos en el sitio de la mesa que más nos gusta y al lado de la persona que nos cae mejor o en el medio (en vez de sentarnos en el rincón más alejado y junto a la persona que menos nos gusta).
Si notamos que la voz nos tiembla, en vez de ultimar proseguir hasta que el efecto desaparezca, haciendo que el temblor inicial quede olvidado por un final aceptable o por la simple voluntad de expresarse.
No exigirse a uno mismo el imperativo más bien contraproducente de pretender ser inteligentes para los demás sino que en vez de RENDIR debemos cambiar la misión a PARTICIPAR.
Algunos fóbicos sociales han utilizado técnicas de INUNDACIÓN como aceptar un trabajo de cara al público, o presentarse voluntarios en una asociación para obligarse así a 'pasar por el tubo' y superar los problemas de una vez. Este método de 'sacar la muela a mano' no funciona siempre y puede ser una apuesta que sobrepase muestras verdaderas fuerzas.
Si nos sentimos preparados por haber avanzado en los puntos anteriores nos podemos atrever a llevar a cabo alguna actividad mas eficaz tal como apuntarnos a una asociación, un curso de expresión corporal, un taller de habilidades sociales (en el que mediante juegos didácticos, simulación de situaciones y ensayo de nuevos comportamientos, y en un ambiente de personas con similares dificultades a las nuestras podemos quemar etapas) o aceptar un trabajo que sabemos que nos pondrá a prueba.
Sería algo bueno de cara a superar los miedos el reflexionar más allá de lo mal que nos sentimos lo que hay de realidad en los supuestos peligros (miedo al rechazo, a que no nos valoren o a no resultar interesantes y dignos de amor que posiblemente provienen de algunos factores educativos mal aprendidos -o enseñados cabría decir-.

Tuesday, October 02, 2007

EntrevistaHaruki Murakami:

"Quiero que los lectores bailen con mis palabras"

Reconocido por la crítica internacional como uno de los novelistas más importantes de la actualidad, el autor de "Tokio Blues" señala que la soledad es el principal tema de su obra, habla de sus gustos literarios y de su interés por la cultura popular, y reflexiona sobre la importancia de la música en su escritura.

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JUANA LIBEDINSKY
(La Nación, de Buenos Aires/GDA)

Son las cuatro y media de la mañana en la célebre Waikiki Beach, pero en el mar ya hay centenares de surfistas esperando las olas perfectas que trae el amanecer. En tierra, sin embargo, en todo el hotel Halekulani, uno de los más tradicionales y glamorosos que dan a la emblemática playa de Hawai, hay una sola luz prendida: la de la habitación de Haruki Murakami que, como todas las mañanas, se levantó antes del alba para ponerse a trabajar. Murakami, uno de los escritores japoneses más importantes e internacionalmente aclamados de la actualidad, autor de novelas como Kafka en la orilla (2002), After Dark (2004), Underground (1997), Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (1994) y Tokio Blues (1987), entre otros, luego saldrá a correr y nadar; almorzará, dormirá la siesta, escuchará jazz, traducirá clásicos contemporáneos del inglés y estará en la cama antes de las nueve. "Escribo cosas raras, muy raras -reconoce respecto de sus historias, que mezclan realidad y fantasía, y que los críticos occidentales han calificado de posmodernas-. Pero soy una persona muy realista. No creo en nada New Age: el horóscopo, el tarot, los sueños. Sólo hago ejercicio físico, como sano, escucho música y trabajo. Sin embargo, cuanto más serio me vuelvo en la vida real, más extrañas son las cosas que escribo", comenta en un perfecto inglés, fruto de una temprana pasión por Hemingway, Scott Fitzgerald y la literatura americana en general, además de largas estadías en las universidades de Harvard y de Hawai como escritor visitante.

Parte de esa seriedad implica un total rechazo a su fama en el mundo de las letras y una total aversión a ser reconocido. "Tengo pánico a convertirme en una celebridad y tomo todas las medidas necesarias para que eso no ocurra. Nunca aparezco en la televisión, no voy a las fiestas, no doy charlas, no tengo amigos famosos, no tengo amigos escritores, no aparezco en librerías para firmar mis libros, no uso Armani sino shorts y zapatillas siempre, y no dejo que me saquen fotos ni suelo dar entrevistas salvo casos como éste", dice. Y si bien Murakami (Kioto, 1949) es encantador y entusiasta respecto de las fotos, es evidente su sensación de alivio cuando todo acaba y se pasa a una charla más íntima, sin grabadora. "Nunca entiendo por qué los medios quieren saber de mí, porque la mayor parte del tiempo no me siento nada especial -confiesa-. Puede haber cierta magia cuando escribo, pero el resto del día soy nada más que un amante del jazz como hay millones por ahí".

-¿Cómo fue su primer encuentro con el jazz?

-En un cumpleaños muy especial: mis 16, cuando mis padres me regalaron una entrada para mi primer concierto. Era 1964, y Art Blakeley y The Jazz Messengers estaban tocando en Japón. Fue un instante que cambió mi vida, porque jamás había escuchado música tan sorprendente, así que me volví un gran fanático del jazz y más adelante, un escritor al cual el jazz le enseñó todo.

-También hubo un instante que cambió su vida cuando decidió ser escritor, ¿verdad?

-Exactamente. Estaba en un partido de baseball en Tokio, cerveza en mano, y al mirar al bateador pegarle a la pelota en una jugada clave y luego correr hasta la seguridad de la segunda base, me pasó por la cabeza la idea de que yo podía ser escritor. No se me había ocurrido antes. Con mi mujer administrábamos un bar de jazz y como mucho había soñado con ser músico. Pero supe que podía hacerlo, sólo que no tenía amigos con los cuales hablar de literatura ni nadie que me enseñase a escribir, así que tuve que basarme en lo que sabía, que para entonces era la música. Aún hoy, al sentarme frente al teclado de la computadora, pienso que estoy ante un piano y me pongo a tocar, y ya tres décadas después de haberme vuelto un escritor profesional, sigo aprendiendo mucho de la escritura de la buena música. Todavía tomo la constante autorrenovación de Miles Davis como modelo literario.

-¿Cómo relaciona su escritura y la composición musical?

-El ritmo es lo más importante porque es la magia, lo que invita a la audiencia a bailar y lo que yo quiero son lectores que bailen con mis palabras. No quiero que entiendan mis metáforas ni el simbolismo de la obra, quiero que se sientan como en los buenos conciertos de jazz, cuando los pies no pueden parar de moverse bajo las butacas marcando el ritmo. Luego viene la melodía, que en literatura es un ordenamiento apropiado de las palabras para que vayan a la par del ritmo y la armonía. Después llega la parte que más me gusta: la libre improvisación. Yo empiezo a escribir sin ninguna estructura, apenas con alguna imagen o una serie de personajes que me interesan. Por eso creo que la libre improvisación es simplemente llegar a la esquina sin aliento para ver qué hay al girar en ella, con un sentimiento de excitación que debería ser transferido a los lectores, lo mismo que la sensación de libertad. Esto ya es el punto final, la elevación, esa emoción que uno experimenta al completar su interpretación y sentir que ha alcanzado un lugar nuevo y significativo, que ha logrado mover a la audiencia del punto A al punto B, que la ha transformado y nunca volverá a ser la misma. Cualquier libro que logra eso se ajusta a mi definición de un buen libro.

-¿Qué libros lograron que usted se sintiera otra persona luego de leerlos?

-Uff, muchos, Dostoievski, Kafka, Dickens, Scott Fitzgerald, Carver, García Márquez, Manuel Puig.

-Me sorprende que mencione a Puig y no a Borges, sobre todo porque varios críticos lo han comparado con él.

-Borges es un gran escritor, pero nunca me sentí muy atraído por su trabajo. Por supuesto, es un honor la comparación, pero creo que la imaginación de Borges es, cómo decirlo, mucho más terrenal que la mía. En cambio, con Manuel Puig me siento muy identificado, tenemos una imaginación más posmoderna o contemporánea supongo. En los años 80 me la pasaba leyendo a Manuel Puig. La traición de Rita Hayworth la debo de haber leído infinidad de veces. Me gusta mucho la imaginación de Puig, tan libre que le permitió sobrevivir a pesar de ser una persona muy sensible y solitaria, que sufrió mucho. Encuentro un punto en común muy fuerte entre su literatura y la mía: el tema de la soledad. Como soy un hijo único, criado entre mis discos y mis gatos, pude entender su fascinación por el cine, porque se trata de un lugar muy íntimo donde uno puede establecer con los personajes de la pantalla las relaciones profundas que tanto cuesta entablar con las personas de verdad.

-Lo atrae mucho la cultura popular.

-Sí, soy fanático de la serie Lost en televisión, hasta compré la casa en Hawai donde se filmó la primera temporada; la única otra serie que recuerde que me haya gustado tanto fue Twin Peaks, de David Lynch, hace años. Estaba tan obsesionado con el programa que no podía esperar el capítulo siguiente. Yo no soy un tipo inteligente de gustos sofisticados: me gustan las buenas historias y punto. Si una buena historia está en un libro o en la televisión, para mí es lo mismo, la admiro. Pero a las cosas intelectualosas sin una buena historia detrás no las admiro, porque no tengo gustos académicos.

-¿Se inspira en la cultura popular?

-Para mí la cultura popular, incluso la más comercial, es como una gran reserva natural de donde los escritores podemos tomar infinitos temas para establecer una comunicación directa con los lectores. Si yo tomo como título de un libro el de una canción de los Beatles, como en mi novela Norwegian Wood (Tokio Blues), sé que a muchos eso les va a sonar y así se crea algún nexo entre nosotros. A la vez, la cultura pop es como el agua, y con algo tan simple como abrir la llave podemos tomarla para nutrirnos. Es tan imposible escapar de ella, como del aire que respiramos. Todos comemos una hamburguesa de McDonald's, miramos la televisión o escuchamos a Michael Jackson. Es algo tan natural que ni siquiera nos paramos a pensar que todo eso es cultura. Por eso, si uno escribe sobre la vida en la ciudad, no incluir estas cosas sonaría falso. Supongamos que describo a una chica cualquiera que se despierta con una canción de Madonna y se va de compras al shopping, ¿qué tiene de especial eso? ¡Nada! Y justamente yo quiero que la gente sienta que lo que escribo no es forzado. Por eso tengo que colocar referencias a la cultura popular todo el tiempo. Y además, porque me gustan los Rolling Stones, los Doors, las películas de terror, los cuentos de detectives. No es que yo quiera escribir como quienes hacen la ficción más popular en cuanto a contenido, pero sí tomar las estructuras de la cultura popular y rellenarlas con cosas mías.

-Sus escenas de sexo son mucho más fuertes de lo que tradicionalmente se encuentra en la literatura japonesa contemporánea. Incluso, para muchos, usted es el escritor que mejor retrata el sexo hoy.

-Escribo las escenas de sexo porque la actividad sexual nos ayuda a abandonar por un rato el mundo exterior y entrar en nosotros mismos. Es también una forma de comunicación y a la vez es algo festivo, que implica que hubo una historia detrás. Freud sostenía que todas las actividades humanas derivan del sexo. Mi entendimiento del tema es distinto, pero sí creo que el sexo es la puerta más común para entrar en las profundidades de la mente. Hay otras puertas, como la enfermedad mental o la creación, pero el sexo es la más fácil.

-¿Y divertida?

-Supongo que sí, en la mayor parte de los casos, pero no para quien escribe acerca de eso. Cuando empecé a escribir sobre sexo, 26 años atrás, me daba una vergüenza tremenda y me sigue costando horrores, no sé dónde meterme. Tampoco podía escribir escenas de violencia, pero practiqué y fui mejorando, supongo. Para mí, escribir de sexo o de violencia es lo mismo: es un desafío que me pongo, parte de la responsabilidad de ser escritor y retratar la vida.

-Se lo califica de escritor posmoderno, ¿qué quiere decir exactamente eso?

-Supongo que tiene que ver con que no me interesan nada las historias realistas, por eso amo a García Márquez o Manuel Puig. Siento que mi trabajo como escritor es entrar en lo más oscuro de mi ser, explorar las zonas más peligrosas y raras de la mente sin ningún mapa o direcciones, para sacarlas a la superficie y ponerlas sobre papel. Ahora, si uno no puede volver a la superficie, es un infierno, entonces hay que estar bajando a las profundidades más aterradoras y volviendo a subir a cada rato para no quedar atrapado dentro de uno mismo. Hay que ser un buen corredor de distancias para hacerlo, es como meterse, una vez más, en una maratón.

-De maratón usted entiende bastante, es un corredor casi profesional. ¿Cómo se vincula su entrenamiento físico con su escritura?

-En general no pienso en nada al salir a correr, como mucho, escucho música. Muy cada tanto me aparece una idea y pienso, ¡sí! Pero básicamente correr es parte de mi rutina como escritor y escribir es parte de mi rutina como corredor. Hawai es la Meca de los triatlonistas, y participé hace poco del triatlón de Honolulu. Mientras me entrenaba, durante ocho meses, escribí mi última novela, que saldrá en breve. Todo el último año estuve invitado por la Universidad de Hawai y avancé mucho en mi escritura, sobre todo porque a diferencia de lo que ocurre en Tokio, aquí no suena el teléfono a cada rato. La gente viene de vacaciones a Hawai: yo vengo a correr y trabajar, dos de las cosas que más me gustan.

-A partir de ese momento en que está corriendo y se le ocurre una idea, ¿cómo se va formando una novela?

-En general, la idea es una situación muy pequeña. Por ejemplo, en mi última novela, After Dark , arranqué con una escena en la que una chica de 19 años está en un restaurant tomando un café y leyendo, y un chico de 21 se le acerca y le pregunta si su nombre es tal, ella dice que sí, y él le dice: "Te conozco". A partir de eso, sentí que podía armar toda una novela. No sabía quién era el chico ni quién era la chica, pero con esa escena llegó la confianza de que podía hacerlo. Si uno quiere escribir un libro, esa confianza es imprescindible. Yo veo mi trabajo de escritor como un oficio de paciencia, en el que solo debo esperar a que llegue esa confianza para ponerme a escribir.

-¿Cómo sabe si un libro suyo es bueno?

-Dependo enteramente de mi mujer. Ella no escribe nada, pero es una crítica implacable. Cuando algo no le gusta, me lo dice y lo voy cambiando, en general, tres o cuatro veces hasta que me da el OK. A veces, pero muy pocas, un manuscrito le gusta tal cual se lo entregué, y entonces se lo llevo directamente al editor. Confío plenamente en ella. Además, cuando algo le gusta mucho, ¡después cocina unas cosas fantásticas para mí!

Bum bum

El hombre detrás del deslenguado Yerko Puchento quiere independizar a su personaje regalón de Canal 13. Es por eso que este mes estrenará su propio show “sin censura”, en el que asegura se reirá de todo y de todos, desafiante. Incluso de los políticos. Y se reirá con más ganas que nunca. En esta entrevista también... ¡bum bum!

Francisca Ansaldo F


Daniel Alcaíno es casi tan hiperventilado e irónico como su caballito de batalla: Yerko Puchento. Habla a mil por hora, se ríe, gesticula y entra en contradicciones. Aunque de pronto se vuelve muy serio, como pocas veces se le ha visto en pantalla.

Eso sí, físicamente están lejos de mimetizarse. El look ultra bronceado, engominado, con vestimentas y accesorios estrafalarios, sumado al amanerado estilo del comediante se contrapone con la sobriedad y relajo del actor; de zapatillas, jeans, polerón y su rizado pelo suelto, rebelde.

Es difícil imaginar que el hombre detrás de este deslenguado y mordaz personaje se declare vergonzoso e inseguro de lo que la prensa escriba de él y de sus propias palabras vertidas e inmortalizadas en papel (o en la web en este caso). Porque asegura que prefiere pasar desapercibido en la vida real.

Difícil tarea ya que, desde que con su inseparable libretista Jorge López dieron a luz a Puchento, inspirado en el periodista de espectáculos Carlos Tejos (antes había parodiado a Iván Zamorano con Peter Veneno), su carrera se disparó cual cohete. Y es este farandulero y amanerado personaje el que semana a semana logra que el alicaído programa “Vértigo” de Canal 13 suba algunos puntitos de rating y acapare todo el protagonismo.

Es por eso que con López tuvieron la brillante idea de independizar a Yerko de la estación católica y estrenarán el 18 de octubre en Circus OK (de Coco Legrand) el espectáculo “Yerko sin censura”, una ambiciosa apuesta que promete reírse de todos, no sólo de los famosillos sino que ahora también de los políticos.

- ¿Cuál es el leit motiv del show?
“Reconocer que estamos confundidos y que el lenguaje nos tiene mal, que no entendemos lo que está pasando en Chile, que nos preocupamos sólo de una imagen pero por dentro está todo mal. Es una travesura, en realidad”.

- ¿Qué tan descensurado se viene?
“Ah, que la gente saque sus conclusiones. ¡Es que no debería haber censura en Chile! Por eso acá habrá un giro político, sin discriminar a nadie. Si podemos reírnos de la Marengo y la Campos también podemos hacerlo con la Alvear. Además, tocaremos temas banales y otros análisis profundos, pero al estilo Yerko. Por ejemplo, que echa de menos a Pinochet, que había menos delincuencia y más mano dura con él. También hablará del consumismo pero igual vamos a vender chapitas de Puchento afuera. Así, pura contradicciones”.

- ¿Crees que les irá bien?
“Sí, porque es diferente. El Coco (Legrand) habla de lo típico, de lo que sucede y capta muy bien todos los momentos, pero nosotros nos tiramos con nombre y apellido. Cómo es Chile hoy, como era antes, lo que no ha sido, cómo esperábamos que fuera. Y terminamos con una fiesta de cómo podría terminar todo esto, con un gran perdonazo para todos y que esta huevada siga si en verdad es una mierda, jajaja. Al final la sorpresa es algo muy contradictorio, metemos todo en una juguera: desde Navarro abrazando a Pinochet o el Chino Ríos con la vieja que se robó la mesa. Al principio tratamos de ordenar la cagada que tenemos en la cabeza, darle una coherencia, pero al final se desordena igual. Y esto, que es un chiste entre amigos, lo quisimos llevar patudamente al escenario del Coco”.


- ¿Por qué deciden independizar a Yerko de Canal 13? ¿Por la censura?
“Claro, para no tener ese miedo a tocar ciertos temas y porque no quiero que nadie se haga cargo de esto, que me cubran las espaldas”.

- ¿Cómo se ponen los límites ahora sin el canal?
“Según cómo se vaya dando el ensayo, cómo nos suena, si es muy fuerte o no, o es raro. No sé, no podría molestar a los mapuches, a un inválido, a los balseros cubanos, o llamar nana a las nanas, pero se puede hacer humor con todo, hay gente que hace humor negro y lo hace fantástico. Es tener sentido común, nada más”.

- ¿Y en eso están en sintonía con el libretista?
“Tenemos pensamientos comunes, nos complementamos. El juego se da con las palabras, como que la única que ha sido mechoneada sin entrar en la universidad es la Daniela Campos” (risas).

- Después de este salto, ¿vuelves al 13?
“Vértigo” termina en octubre y mi contrato se acaba a fines de enero, y no sé qué pasará después. No he conversado con nadie, pero igual siempre ha habido buena onda con el equipo”.

- ¿Y la polémica de que vas o no al Festival de Viña?
“Eso fue una polémica del directorio que antes no aprobaba a Yerko y después sí, que antes se censuraba y ahora no y qué opinaba yo. Dije no, chao, invitarme solo es no quererse nada. Para mí cualquier escenario es lo mismo. Si me dicen vamos, vaaamos”.

Además de su propio show también está punto de estrenarse “Radio corazón”, la película del Rumpy en la que Alcaíno actúa junto a Daniel Muñoz ,su amigo ficticio (y también personal). “Me divirtió mi intervención, me sentí simpático, generalmente me pongo nervioso, me da vergüenza, siento que pestañeo mucho y me veo estúpido”.

Dice que al fin siente que había una cámara dispuesta especialmente para él, luego de breves apariciones en cintas como “Taxi para tres” y “Machuca”, en la que su personaje es un militar que apenas se asoma para matar a la protagonista Manuela Martelli. Además de cortometrajes varios y la película “Mujeres infieles”, pero “no es lo mismo”, dice. Por lo que califica ésta como su “primera vez” en el celuloide.

- ¿Cómo fue la experiencia de trabajar con el Rumpy?
“Excelente, me dijo muy amoroso: quiero que te aprendas todos los textos, yo sé que eres pintamonos pero te necesito concentrado y eso me gustó. Y mi personaje habla una cantidad de disparates…”, comenta con una sonrisa y sacudiendo la cabeza.

Otro de sus proyectos es montar un monólogo del Che Guevara. “Eso es más personal, un rollo mío, algo que ha nacido de a poco. Ya he hecho algunas presentaciones, aunque lo ideal era hacer la obra ahora en octubre que se cumplen 40 años de su muerte pero tuve que posponerlo por el show de Yerko. Y bueno, las cosas salen cuando tienen que salir”.

La política lo mueve y se declara izquierdista férreo, aunque no es militante y ya había hecho actos similares, como cuando encarnó a Luis Emilio Recabarren para el aniversario número 95 del Partido Comunista, realizado en el Teatro Caupolicán.

Además de lo del “Che”, también ha debido posponer otros ofrecimientos como un monólogo sobre el roto chileno en la plaza Yungay y una propuesta en escena en La Pintana.

Y es que Yerko lo tiene “hasta el cuello” y está metido de cabeza en su debut “sin censura”. “Leo todos los días las estupideces que tengo que decir para aprendérmelas y cada vez las encuentro más geniales. Tomamos la política con ironía, de que nadie sabe qué hacer. Si el dominó cae… la idea es que se complete con el público. Y preguntar, por ejemplo, ¿hay algún Jarpa acá? ¡Entonces me voy con tutti!” (adelanta y lanza una maliciosa carcajada y refriega sus manos).

“Piensan que soy malo pero soy tímido y tengo que trabajar gritando”

Alcaíno estudió Teatro en la Universidad de Chile sin un motivo claro ni muchos precedentes. “También se me pasó por la cabeza estudiar Historia o Derecho, sobre todo cuando pensaba en que el año 90 se iban a abrir las causas de Derechos Humanos, como con un sentido justiciero. No es que me desviva por la política pero la padezco, no me puedo hacer el gil. Eso sí, nunca he estado muy dispuesto a defender nada, ni auspiciadores, marcas, campañas o personajes, entonces me pregunté qué puedo hacer. Y me convertí en actor y todas esas frases que me enseñaron en la universidad se me quedaron como mantras. Hay que salir a la calle y ver lo que está pasando. Si ahora todo es los pokemones y las pelolais, ¡entonces vamos con los pokemones y las pelolais!”, explica entre risas.

El actor ha participado en teleseries de Mega como “A todo dar”, en otras de Canal 13 como “Tentación” y la serie “Los simuladores”, pero fue con sus personajes humorísticos que alcanzó la fama. Primero con Peter Veneno, que parodiaba a Iván Zamorano y que nació en el programa “Venga conmigo” y desde 2001, con el farandulero y acertado Yerko Puchento. También experimentó con otros como la espiritualizada Chantall Ishaia en “Mucho Lucho”, sin mayores repercusiones.

- ¿Cómo has llevado el tema de la sobreexposición?
“No sé lo que la gente se imagina de mí, a lo mejor me ven como un payaso. El 98% de las personas en la calle es buena onda, aunque me he topado con algunos que me dicen que les carga lo que hago”.

- ¿Y en tu gremio?
“Hay actores que me cuestionan y me dicen cómo haces esto si antes eras actor, en qué te convertiste. A lo mejor tienen razón, o quizá es envidia. Sólo quiero aprender de dónde estoy. Ahora estoy en TV y me gusta la adrenalina estúpida que lleva salir en directo”.

- ¿Te has sentido atacado o envidiado?
“No, he tratado de que no. Se ha dicho que estoy solo, que ya nadie se quiere juntar conmigo. Me da risa, es problema de ellos.
“Para trabajar tengo que pararme a decir cosas. Los críticos dependen de mí. Tienen que mirarme pero yo no a ellos. No lo digo de orgulloso y si me pelan me pongo la cuarta pared”.

- ¿No recoges ni una crítica?
“Por supuesto, pero hasta por ahí no más. Creo que la gente es muy conservadora, que no te dejan pasarte de la raya. ¿Por qué no se puede molestar a un ministro y sí a alguien de la farándula?”

- La doctora Cordero dijo que tu te escudabas en tus personajes para emitir opiniones.
“Sí y me encantó esa definición. ¡No descubrió nada si esa es la pega de un actor!
“Acá no hay nada personal, como decía Gustavo Cerati. Agarro los mismos juicios que ya están pero con otras palabras, no hay dolor. El humor tiene que avanzar, como avanza todo. No puedo pensar en qué le puede doler a la gente, sino no sería actor. No pienso que las puñaladas lleguen al corazón”.

- ¿Cómo defines tu paso por las teleseries, que no tuvo buena crítica?
“¡Me da pudor! Prefiero andar disfrazado, es que es con esta cara salgo a la calle y un actor tiene que esconderse lo más posible, no pescar, que sepan lo menos posible de él. No ser nadie para encarnar bien a cada personaje. Todo tiene su costo y me gusta eso y si puedo, hago sólo a Yerko. Que otro actor salga en pantalla diciendo te amo y se lo crea. Salir en una teleserie es como llegar a una fiesta sin nada, en cambio ir aportando algo, eso es teatro”.

- ¿Admiras a algún actor? ¿Con quién te gustaría trabajar?
“Sí, a Daniel Muñoz y a Stefan Kramer, que es muy talentoso. Trabajar con ellos sería como jugar tenis y ver si llego a las pelotas. Pero me acomoda más laborar solo”.

- ¿Qué pasó con tu personaje Chantall Ishahia que duró tan poco?
“Puede que esté en un proceso de readaptación. Es difícil readaptarse después de salir en TV, la tele te mata desde el un principio: ganaste o no. Es difícil arreglar una chambonada en televisión. O sea, si te preguntan cuál es la capital de Alemania y dices Zurich (como la Marengo), no puedes llegar al otro día y decir que ahora sí sabes, ya cagaste, jajaja. Fue una apuesta y a lo mejor no quedó bien, no fue lo que imaginamos. A mí se me había ocurrido que fuera un hombre pintado de azul, con una gota blanca en la frente y que decía cualquier cosa para salvar, sin guión, tal como hacen ellos (los líderes espirituales), meter carril. No supimos concretar la crítica con el mono que queríamos presentar y se descontroló”.

- ¡Ni la espiritualidad se salva contigo!
(Risas) “Yo no creo en esa gente, son palabrerías, charlatanes. Me dan ganas de decir que yo podría hacer el mismo; engañar a la gente. Cómo mierda demuestro que eso es tan de mentira (se mete en el personaje) esto de la comunicación espirituaaal”.

- ¿No crees que los personajes cumplen ciclos y mueren?
“Sí, Peter estuvo varios años y hasta viajé con la selección de fútbol, apoyándolos. Una vez había una bandera de Peter en el estadio y ¡no lo podía creer! Para un actor eso es genial, que el dibujito que inventaste camine solo. Pero después, la selección no clasificaba nunca, se acabó la dupla ZaSa, terminó “Viva el lunes” y llegó la era Bonvallet que hizo que esto se farandulizara, que los futbolistas se empezaran a meter con las modelos y la TV funciona por rating y por eso pegó más Yerko”.

- Este verano Peter resucitó estratégicamente, por lo de Zamorano y el Transantiago.
“Igual fue raro. Pero me gusta Peter porque no pela ni destruye a nadie. Es puro cantinfleo; un tonto que se esfuerza para unir las palabras. En cambio con Yerko, tengo que tener antecedentes para armar chistes”.

- ¿Que los programas bajen de sintonía influye en el éxito de tus personajes, como es el caso ahora de “Vértigo”?
“Pero a Yerko le va bien. No me preocupa eso, sólo que a la gente le guste. Y si es por eso, ojalá no hayan visto a la Chantall en “Mucho Lucho”. Aunque no me han tratado mal, siento que la gente me quiere. Pero es como decir: ay me quieren mis papás, no me encuentran nada malo (se ríe)”.

- ¿Y hasta cuándo hay Yerko?
“No quiero salir después todo arrugado onda ¡hola niños, soy Yerko! A todos nos gusta terminar con un gol a estadio lleno y creo que esta es una buena oportunidad. Al menos así lo estoy disfrutando. Una vez me vi en “Teatro humor” y me dije oh, yo era actor y hacía eso y de pronto no me sentí actor. Pero uno actúa para liberarse, entonces, me gustaría llegar a ese un momento de sentir que ya carretié mucho, como esos huevones arrepentidos, pero uno quiere ver el gol final, así se vaaaa”.

- ¿Con este show lo despedirías?
“No sé, a lo mejor no sienta nunca esa sensación de la antorcha de plata. Quizá unos dos años más. Es que no he pensado en nuevos personajes”.

- ¿Te imaginaste que llegarías a esta altura?
“A veces me pongo a resumir y digo chuta, gracias a mis personajes viajé un montón, no sé, conocí El Cairo, Moscú, fui a los Oscar. Estoy agradecido de la buena onda y lo he hecho en buena, pero hay gente que se lo ha tomado mal. Me confunden, me creen malo pero yo soy tímido e igual que todo el mundo tengo que trabajar. Me disfrazo y trato de gritar lo más posible”.

Se me nota todo por eso me trato de esconder”

Atrás quedó ese hosco Daniel Alcaíno que cuando los periodistas de espectáculos lo llamaban para saber sobre su relación con la actriz Berta Lasala (Canal 13), les contestaba: “¿Para eso estudiaste cinco años? ¡Qué lata, haz tu bien pega!” Ahora no oculta su “feliz” vida en pareja de más de cinco años y cuenta que quiere agrandar la familia.

“El año pasado estuvimos embarazados pero no resultó y lo intentaremos de nuevo. No me gusta hablar de mi vida privada. Prefiero pasar más piola para que cuando tenga que hacer de cojo o pedir una moneda no me cachen y se cumpla el truco. Si fuera animador mi personalidad de Daniel sería importante. No voy a programas, ni a ser panelista, ni a opinar. Sólo si es por algo importante, si estoy en una obra o en una película. Pero no si me invitan a opinar de quién manda en la casa y tener que responder educadamente para no parecer pesado... Y cuando me plantean algo así de manera seria, me quedo plop”.

- Con Yerko te metes en la vida privada de otros pero no quieres que se metan en la tuya, ¡qué fresco!
“Yo no me meto en la vida privada de la gente, no ventilo cosas nuevas, a no ser que sea algo de contingencia nacional como que se estén robando algo patrimonial, por decirte algo, eso sí lo diría. Pero eso de dar nuevos datos de que este está con esta, no me interesa. Si no está en el dominio público de antes, entonces no”.

- Pero sí has abierto las puertas de tu vida privada como cuando apareciste en “Contacto” comentando tu caso de estafa con el conocido “Contador de las estrellas”.
“Es un tema que me replanteé después y me dio mucha vergüenza verme y a veces me arrepiento de salir así, pero prefiero quedar de estúpido con palabras y gestos que a través del periódico, porque mis respuestas suenan raras. Puedo decir un chiste en buen sentido y suena mal”.

- ¿Qué te motivó a hablar públicamente de ese tema?
“Que yo no hice nada malo. Eso sí, me llamó la atención el tratamiento de la noticia fue como “a todos estos se los cagaron por huevones”. También hay gente metida en Impuestos Internos, de los bancos y pusimos querella, y el tipo (Luis Cajas) ahora anda libre. Es que prefería que saliera por lo menos una vez mi visión de cómo fueron las cosas. Salió en un diario que él nos había robado para darle la plata a las pobres. Andá a cagar, es un ladrón (tono argentino). Pero mejor no lo hago más, no aparezco más” (risas).

- ¿Y cuando hablaste abiertamente sobre el cáncer testicular que te afectó?
“También me dio mucho pudor pero me pusieron entre la espada y la pared. Si bien necesitaba dinero para cubrir la enfermedad, surgieron grupos de actores que empezaron a hacer obras a beneficio, me abrieron cuenta corriente y había que promocionarlas y por eso fui y di la cara. Por eso Yerko habla de esas inconsecuencias que hay en todos, que siempre uno las justifica con algo. Como: Tuve que hacer el comercial porque mi mamá se estaba muriendo. Uno no sabe por qué la gente hace ciertas cosas”.
“Me ha tocado hablar del cáncer, conocer gente aquejada y saber cómo cuesta promocionar obras a beneficencia. Me ha tocado ir a ver presos políticos y leer un comunicado de prensa de la huelga y dicen oh, Daniel está loco, cada día más comunista. Todo lo que he hecho ha sido porque lo he aguantado y lo he resistido. No me arrepiento de nada, es más que nada el tonterismo mío de que no me gusta verme hablar”.

- ¿No te arrepientes de absolutamente nada?
“De hacer un comercial para la CTC. No haría comerciales, pero si mañana necesito el dinero porque se está muriendo mi hermana ¡Me fascina Ripley mierda, vamos! Pero en este minuto estoy tranquilo”.

Sobre el cáncer testicular que lo afligió hace unos años, agrega: “Nunca he querido ir a dar mensajes para superar una enfermedad. Siempre me invitaban a programas, pero no, para ir a decir amiga, escuché tu caso y tira para arriba porque siempre hay una oportunidad de salir adelante. ¡No! Lo vas a pasar pésimo, mareada, aprovecha ahora, trata de hacer lo que no hiciste, por si las moscas. Ese no es mi mensaje, es la realidad, (dice muy serio). Yo me pongo la cuarta pared. ¿Me voy a morir? OK, pero que sea más rato porque ahora estoy haciendo algo”.

- ¿Cómo lo enfrentaste?
“Lo malo dura un rato, caminas por la calle con la canción de Alberto Plaza y miras a un perro y piensas oh, él va a pasar el año nuevo y yo no. Al principio es así. Pero después te dices: oye gilipollas, hay gente que sufre mucho más, así que sólo grita cuando te duela. Y no me dolió tanto. Es una batalla, pero se puede. Y no es que sea creyente, pero salí con ese pensamiento adelante y ahora estoy bien”.

El actor de 35 años tiene tres hermanos y dice que es de domingos familiares. Asegura que hoy en día se siente muy afortunado, porque dice que le queda mucho tiempo libre para compartir con Berta y Luisa (la hija de ésta con su ex pareja), aunque afirma que no le gusta hablar de su vida laboral con su mujer porque “prefiero que ella me hable de sus cosas no más, que es más linda”. Viven en una casa antigua en la, hasta hace poco, tranquila comuna de Ñuñoa y cuenta que están preocupados porque les van a “plantar” dos edificios alrededor. “!Me muero que empiecen a gritarme cosas o a la Berta, de los departamentos de arriba¡”

-¿Qué más haces en tu tiempo libre, aparte de compartir con tu familia?
“Leo cosas de catalanes fomes, de huevones que se creen revolucionarios, de mexicanos guerrilleros. Me gusta ese lugar que no es la sociedad. Sentirme en una selva con un fusil pero no para dispararle a nadie sino que para leer y tener todo el tiempo del mundo, para caminar, pensar y rearmar ideas. Eso que hablan con los bichos del suelo y los árboles, los colores. Yo veo eso posible. Me quiero volver loco leyendo novelas de caballería o que la gente crea eso pero no decir nunca la verdad de lo que pienso de eso. Que me pregunten si creo en eso y no responder nunca pero que igual se me note. Se me nota todo y por eso, me trato de esconder”.

- ¿Vicio privado?
“Caminar por el centro. Me gusta ver lo más cercano que hay del origen en Santiago. Es un rollo, de que ahí partió todo: un encuentro, historia, creencias, guerras, esclavitud, idiomas, gente, peruanos, lanzas, el que saluda, el que tira mala onda. Son inseguridades y es también el trainning que hace un actor. Hay unos que ven mil películas o leen libros de teatro, a mí me aburrieron, es un agote. Para mí es mirar, mirar, mirar. Lo más cercano. Y me sirve también de anestésico, ¡pero no es flojear! ¿Ya?” (pasa de un tono muy serio y analítico a uno divertido o viceversa; la tónica de toda la entrevista).
CONFESIONES DE UN ADICTO DIGITAL:
MI VIDA PODCAST

¿Qué son los famosos podcast? ¿Algo Útil o un lujo de techno-freaks? ¿Son de verdad el nuevo medio de expresiÓn o sólo otro invento con que nos abruma la tecnología? "Sábado" le pidió al escritor Alberto Fuguet que se sacara, por un rato, sus audífonos y explicara por qué estos programas de radio "a medida" pueden ser una buena opción.


Por Alberto Fuguet

Hace un par de semanas, caminando de noche por una calle de Providencia llena de cerezos en flor, en medio de esas espesas neblinas de agosto que lo invaden todo, me enteré de que Sam van Halgren, uno de mis mejores–amigos–nuevos, partiría de mi órbita. No fue un momento agradable, lo confieso, y no estaba para nada preparado. La desaparición de Sam –anunciada por él mismo– me hizo pensar en si uno puede considerarse amigo virtual de alguien con el cual nunca ha estado ni ha visto, pero al cual ha escuchado por más de un año con leal atención. Escucharlo, sí, porque nuestra amistad fue, digamos, una amistad podcast, de esas que sólo nacen cuando uno se aísla del mundo con unos audífonos para entrar en otro muchas veces mejor, más culto y con mejor pronunciación, que nada tiene que ver con la dictadura de lo actual, del chiste rápido y la información al instante, que no mide minutos ni posibles audiencias y donde lo único que importa es el flujo de la conversación y el interés en aquello que a la mayoría no le interesa nada.

¿Acaso eso no es como se mide en parte la amistad? ¿Juntarse con alguien para poder escuchar lo que nadie más es capaz de contarte?

En el mundo podcast, el medio no es masivo y, por lo tanto, puede darse un lujo que ni siquiera la televisión por cable digital puede darse: los creadores de estos programas radiales tratan primero de complacerse ellos antes que al resto. Bienvenido a la segmentación de la segmentación, donde todo es gratis (los podcast se descargan por cero, que es más o menos la suma que un podcaster gana por emisión) y la idea de pensar que alguien puede ser medido por lo que tiene (ABC1) y no por sus gustos y pensamientos (fanboys, cinéfilos, republicanos recalcitrantes, gourmets veganos, adictos al tenis, seguidores de Lost) parece ofensivo y pasado de moda. En la moral podcast no se trata de convocar a todos, sino al revés: una o dos personas (a lo más un grupo) se juntan para hacer un podcast (una conversación acerca de su reducido mundo personal) y esperan que lleguen los indicados.

A diferencia de la radio, donde el aire no sobra y todo está regulado, el ciberespacio es tan grande que aunque grites es perfectamente posible que nadie te escuche. Pero a veces sí. Y por cada tres docenas de podcast sin auditor alguno aparece un programa que seduce a millares (o millones).

Sam van Halgren abandonó mi programa radial semanal favorito (perdón, mi podcast favorito) pues ya no podía seguir viajando de Milwaukee a Chicago y debía ganarse la vida en algo serio. Escuchar a Sam conversar/discutir/pelear de cine junto al sobregirado Adam Kempenaar en www.filmspotting.net fue una experiencia auditiva intensa y divertida, una junta semanal donde, después de sesenta y tantos minutos (en el mundo podcast no todo es ni tiene que ser tan riguroso y exacto), yo terminaba potenciado, arriba, con ganas de crear, de ver películas nuevas, al tanto de lo que se estaba estrenando en las carteleras americanas y en los festivales de cine del mundo. Cuando me enteré de la partida de Sam capté al menos dos cosas: ya llevaba más de un año escuchándolo y que ciertos podcast ya eran parte inseparable de mi existencia, una de las tantas maneras en que me enteraba de la vida, del mundo y de lo que estaba sucediendo más allá. Pero quizás lo más importante: vía los podcast podía leer escuchando, matar dos pájaros de un tiro y acceder a información y confesiones que no había encontrado antes en ningún otro medio.

BLOGS AUDITIVOS

Alguien me pregunta qué son los podcast, cuánto valen y si son como los blogs. Obviamente no sé qué responder o, al menos, me demoro, pues ya son tan parte de mi cotidanidad como para algunos es googlear cualquier duda. Le explico que, para mí, algunos de estos podcast son muchísimo más importantes que ciertos programas de radio, o columnas o suplementos de la prensa análoga. Luego le explico que son sin costo, que es cosa de suscribirse (gratis) usando un software tipo iPodder o cualquier podcatcher que todo computador posee o puede poseer si se baja (en mi caso personal uso el iTunes que se actualiza automático cada vez que aparece un nuevo episodio de un podcast al que estoy suscrito). Lo más cómodo es subir el podcast a tu aparato reproductor de mp3 o iPod, aunque también se puede escuchar directamente del ordenador. Pero lo cierto es que el sitio natural para escucharlo es el iPod, pues así te permite acceder al programa a la hora y en el sitio donde uno desea (estos reproductores también se pueden conectar a los parlantes del auto). Escuchar una entrevista a Richard Ford caminando por la precordillera o saborear el acento noruego de Liv Ullman al recordar a Ingmar Bergman en el Metro de las 19 horas son placeres adquiridos y del todo civilizados.

–Y los blogs– me dice. Detesto los blogs.

Le respondo que son parientes, que parten de la misma premisa (armar tu propio medio o forma de expresión) y utilizan una tecnología parecida, aunque un podcast es claramente más pesado y de mayor complejidad.

–Ah, son como blogs auditivos.

–Algo así– le respondo.

–Entonces no me interesan, no tengo tiempo; con todo el respeto que me merece, lo que puede hablar un chico depresivo de Illapel no me seduce en los más mínimo.

A mí, al parecer, tampoco. Desde luego, no estoy suscrito a ninguno que tenga esas características. Y el supuesto chico depresivo de Illapel, por lo general, tampoco tiene un podcast, aunque es probable que sí tenga un blog y hasta un fotolog. Los podcast –incluso los peores– son después de todo un programa y necesitan de disciplina, trabajo, inversión y, sobre todo, constancia. Los podcast requieren de esfuerzo y trabajo (y tarjeta de sonido y micrófonos), y quizás sea ése el factor que los separa del resto de la comunidad digital por ahora.

La llegada de los podcast es un grano más en lo que algunos llama control de los medios: no en el sentido de ser sus propietarios, sino de tener control sobre lo que podemos escuchar y leer y eso ocurre simplemente porque ahora tenemos muchas más opciones. No sólo podemos leer, y escuchar y navegar por la web; podemos crearla (blogs, páginas web, fotologs, podcasts y una extraña forma de tv/cine llamado Youtube). Quizás no es el fin del mundo ni el comienzo de otro, pero sin duda está modificando el real.

Tal como en mi caso, este nuevo invento (ojo: podcast fue la palabra nueva, de moda, más usada y sobrecitada del año 2005 por The New Oxford American Dictionary, así que todo esto lo estaba viviendo con un cierto retraso), ya es una parte decisiva de cómo se informa (o divierte o aprende) mucha gente. El término podcast nació después de una sesión de sexo entre un iPod (el primer aparato portátil de audio digital) y la palabra broadcast (transmisión), aunque un grupo no minoritario de gente anti–Apple dice que podcast viene de pod, portable on demand.

Lo más fascinante, y donde compiten mano a mano con la prensa análoga (para definir la tradicional), es que estos podcast no tienen que competir y no tienen problemas de tiempo o de pauta. ¿Un escritor paquistaní, un jazzista malayo, un arquitecto sueco? Todos pueden ser entrevistados por largo tiempo vía un podcast. Es más: el rango de posibles programas supera la imaginación. Hay de humor, de historia, de sexo, de cocina, de moda y cotilleo, de autos y ciencia. También hay muchísimos de cine y de televisión, donde, entre otras cosas, te actualizan o ponen al día con una serie tipo 24, o Alguien te mira, por ejemplo.

Como estos podcast son relativamente recientes, el aspecto nuevo negocio aún no ha fraguado. Cualquiera que recuerde la fiebre de internet de fines de los 90 tiene claro que muy pocos ganaron dinero y casi todos quebraron. Los podcast aún no alimentan a nadie pero, especulando, debe haber un par de docenas de ellos que ya tienen sus fans incondicionales y, por lo tanto, pueden empezar a cobrar por avisos que llegarán a un segmento extremadamente segmentado, pero, hasta el momento, son hobbies profesionalizados o son extensiones de radios o medios impresos, y aquí es donde la realidad cibernética se acerca y se funde con la realidad real.

Por muy freak, energético y políticamente incorrecto que sea el blog/podcast cinéfilo local http://cineconchile.wordpress.com, por ejemplo, no puede ni debe ni quiere competir con The Treatment o The Business, dos programas de cine realizados por la grandiosa National Public Radio (NPR) norteamericana, un servicio radial del Estado pero que se financia con los aportes de los (muy liberales y demócratas) oyentes. Uno de sus mejores programas, Fresh Air, famoso por entrevistar a escritores y pensadores, me llega a mi iPod vía mi suscripción al podcast que ellos cuelgan minutos después que el programa salió al aire. ¿Y por qué no? Para escuchar ese programa tendría que vivir en Estados Unidos y ajustar mi horario para estar cerca de una radio a la hora de la emisión. ¿Pierde NPR algo al podcastear sus programas? No. Antes, un programa emitido se disipaba en el aire. Hoy, cada uno de sus programas no sólo quedan almacenados, sino pueden ser escuchados por mucha gente en el mundo. ¿En qué importa que yo escuche un programa de, no sé, la radio Horizonte, en un podcast y no en una radio? ¿En qué afecta que alguien escuche algo de la radio a su manera, que siguiendo la pauta de hierro de la radioemisora? La opción contraria es claramente más dañina: simplemente no escucho la radio. Punto. Todos pierden, partiendo por el auditor sin tiempo pero con ganas de poder escuchar algo que otro (una radio, un podcast, una persona) le quiere ofrecer. Una cosa a su favor que tienen los podcast es el rating. Mientras la radio mide su rating con un sistema antiguo (encuestadores), los podcast se descargan, por lo que un podcaster (o una radio que tenga podcast) puede enterarse minuto a minuto cuántas descargas está obteniendo sin siquiera dudar del sistema de medición.

LA MORAL DEL MAKING OF

Otro amigo me confiesa que no tiene idea de lo que son los podcast y que duda que podría escuchar uno, pues "apenas escucha unos minutos de radio" al mes. En su caso particular, la radio implica el auto. Por lo tanto, él alcanza a escuchar un poco yendo a dejar a los niños al colegio y, a la noche, algo a la hora del taco.

Antes parecía que las radios estaban en todas partes. Mientras los conglomerados compran radios, los aparatos de radio en sí de alguna manera están desapareciendo. Cada vez se venden menos radio de autos, por ejemplo, y no porque se las roban. Cada vez hay menos transistors o walkman con radio, de ésas en que, años atrás, estudiantes escuchaban Haciendo Ruido en la Rock and Pop. Claramente, estamos en la era del iPod o de sus hermanos menores y más baratos. El hábito de escuchar radio en sitios fijos se ha reducido drásticamente: al despertarse o en la ducha (casos aislados) o en la cocina haciendo las labores domésticas (aquí la radio pierde frente a los matinales y programas de farándula de la TV). Donde mejor les va es en las oficinas, ya sea vía radio online del computador o en un viejo aparato sin pretensiones de alta fidelidad.

¿Estamos ante el fin de la radio?

Para nada. Hay mucha gente que anda en auto, durante horas, pero no hay que ser un futurólogo para darse cuenta de que pocos llegan a casa a escuchar radio. No todo el mundo tiene, además, radio. Los equipos de sonido se están saltando la radio, y si la tienen, mucha gente está más preocupada de los CD. Y ahí volvemos de nuevo al iPod o su equivalente: mucha gente ha optado por concentrar su música en este aparato. ¿Y la radio satelital? Es más cara, generalmente está ligada al auto (o a la TV cable) y su talón de Aquiles tiene que ver –de nuevo– con el tiempo real. En Chile, casi todas las radios transmiten en tiempo real, es decir, luego de apretar unos links, El diario de Cooperativa se puede escuchar perfectamente tanto en Nueva York como en Moscú. Pero de nuevo topamos con el factor tiempo y espacio: lo que queda del día se transmite a un horario impresentable en Varsovia. En dos palabras: los podcast te liberan del tiempo y del espacio.

Los podcast, en rigor, fueron inventados para que chicos depresivos de Illapel hablaran de sus problemas como si fueran Cristián Slater en la vieja cinta de culto Suban el volumen. Pero los entes vivos mutan y buena parte de los podcast que triunfan (y que yo personalmente escucho) están ligados a entes análogos, del mundo real. Esto puede parecer un fracaso mayor, pero quizás es simplemente naturaleza humana. Ya lo vimos con los periódicos: los sitios noticiosos más importantes son justamente de los diarios. Buena parte de los podcast que yo descargo están ligados a una radio muy particular: la ya mencionada NPR, que se puede dar el lujo, por no tener que vivir de avisos, de tener programas semanales como Bookworm (entrevistas a fondo a escritores) o Studio 360, una suerte de estelar cultural animado por un tipo en extremo curioso y culto llamado Kurt Anderson (www.studio360.org). Filmspotting, mi podcast fetiche, era y es un programa menor que se transmite en la radio pública de Chicago. Hoy por hoy, buena parte de su feedback llega de sitios como Malasia o Portugal; antes, a lo más, cuando tenían suerte y el viento soplaba a su favor, sus ondas llegaban a Iowa. Otros podcast son hijos auditivos de páginas web con una cierta trayectoria o fuerza digital. Filmcouch sale de www.spout.com y Filmschool es el podcast de la Escuela de Cine de la Universidad de Irvine, en California. Esto no implica que uno a veces caiga o escuche podcast alternativos, pero, por lo que he averiguado, los más descargados son justamente aquellos que están ligados a un medio o una institución.

Y no siempre a una radio. Curiosamente, cada vez los diarios están ofreciendo podcast notables. The New York Times le pide a cada uno de sus editores que conversen con sus periodistas, colaboradores y columnistas acerca de lo editado durante la semana. La revista The New Yorker hace eso, y es por eso que no me pierdo el podcast de Sam Tannenhaus de The NYTimes Book Review (www.nyt.com) o el despacho de Joe Morganstern, el crítico de cine de The Wall Street Journal.

En Chile, los diarios aún no podcastean; al menos no me he dado cuenta. Las revistas online como Paniko o Super45, sí. Las radios curiosamente tienen pocos podcast. Alguien me dice que les asusta. No entiendo por qué. Los más podcastablen son, en efecto, programas semanales o programas cortos que no son noticiarios duros. Para seguir por estos lados, existe un sitio a cargo del ingeniero y cantante Andrés Valdivia llamado www.podcaster.cl, que no sólo crea contenido especial, sino que guarda y sube los podcast de seres más anónimos que graban sus podcast y los postean ahí para que muchos puedan descargarlos (un servicio no menor, pues los podcast pesan y un año de podcast, ocupa un buen espacio). El abanico de temas y voces que ofrece Podcaster es tan sorprendente como variado, aunque, y siempre terminamos volviendo a Darwin, unos podcast terminan claramente venciendo a otros y, por ahora, no está claro si esto será un negocio en el sentido clásico del término. Pero si una persona desea darse a conocer, claramente éste es un sitio a visitar.

El programa Filmspotting, al final, no desapareció. Al revés. Era difícil que ocurriera. Sigue y ahora es, de alguna manera, mejor, pues es más profesional. La vida post Sam van Halgren existe. Apareció un tal Maddy, un adolescente eterno, cesante, que no hace otra cosa que ver películas. Maddy Robinson vivía –mal– en Nueva York, pero se trasladó, sin pensarlo dos veces, a Chicago, para unirse a Adam y transmitir, semana a semana, el evangelio según Filmspotting. La vida, después de todo, sigue. Y el cine también. La última vez que los escuché ellos estaban en el Festival Internacional de Toronto y yo en una estancia en medio de la pampa argentina pensando, curiosamente, en Manuel Puig, y en cómo él sería un fan de un programa (de un podcast) como éste y como, de existir, quizás hubiera terminado animando uno o, lo que pudo ser peor, transformándose en un adicto y no escribiendo nada.

Monday, October 01, 2007

Zazen

El zazen es la práctica por excelencia de la meditación budista desarrollada por la escuela Soto japonesa. Esta técnica de meditación es sin duda la práctica del budismo zen más extendida y conocida hoy. Es la clásica postura del Buda sentado en meditación. A menudo se ve esta posición en estatuas de Buda a través de todo Oriente: un hombre tranquilo con los ojos semicerrados, la espalda erguida, las piernas cruzadas en posición de "loto". En el zazen esto se suele hacer sobre un pequeño cojín redondo llamado zafu en japonés, que ayuda a bascular la columna.
Consejos para practicar zazen:


Escoger un lugar silencioso y tranquilo.

Sentarse con la columna vertebral recta sobre un cojín duro.

Permanecer completamente inmóvil.

Respirar lenta y profundamente.

Practicar zazen al anochecer o al amanecer, puesto que nuestros ritmos biológicos favorecen la concentración.

Viva el estrés

1. Sé realista en lo que puedes y no puedes hacer, las metas ambiciosas son causas frecuentes de estrés.
2. Consigue reposo adecuado, establezca una hora regular para dormir.
3. Evita apurarte y preocuparte.
4. Controla tus emociones, decide si las circunstancias valen la pena para angustiarse.
5. No recurras al alcohol, a drogas o la automedicación.
6. No mantengas los sentimientos dentro de ti mismo, identifica los errores y conversa con algún amigo.
7. Toma decisiones no aplaces lo que tienes que hacer o decir.
8. Trata de seguir rutinas, evita la desorganización
9. Desarrolla un sentido del humor cuando las cosas no vayan bien
10. Cuando te sientas apurado, emplea una técnica de relajación como respirar profundo, detenerte un momento y mirar al cielo, etc.
11. Come comidas bien balanceadas y busca dormir tus 8 horas diarias.
12. Tómate un tiempo para ti y haz algo hermoso que te guste como salir a caminar, hablarle por teléfono a una persona querida, de vez en cuando ir al cine o a cenar con amigos, etc.
La frustración y la depresión son juegos del ego
Yogi Bhajan

La depresión es la coerción auto-destructiva de uno mismo hacia uno mismo.
Yogi Bhajan
Dicen que comer es un "placer". Los grandes gourmets, afirman que existe una comida para cada ocasión. Son famosas las recetas para conquistar a tu acompañante en una cena romántica en la que el ambiente y algo de comida afrodisiaca pueden ser buenos aliados.

Existen estudios e investigaciones que afirman que hay alimentos que producen más bienestar que otros al ser ingeridos. La explicación es sencilla, el consumo de determinados alimentos, tiene un efecto sobre nuestro cerebro. Al comer ciertos alimentos el cerebro libera unas hormonas llamadas "endorfinas" (serotinina, etc), que favorecen el estado de ánimo y aumenta las sensaciones placenteras.

Es por eso que os vamos a recomendar algunos de estos alimentos de la felicidad, sobre todo, para esos días que necesitas una inyección de ánimo y optimismo.

Algunos han llegado a denominarlos como alimentos antidepresivos. Por eso si te apuntas a la dieta contra la depresión y el mal humor, te proponemos un listado de aquellos alimentos que aumentan el buen humor: los alimentos de la felicidad.

Frutos secos
Almendras, nueces, avellanas, etc Tienen un elevado contenido en Magnesio. Ayudando a reducir el estrés y la ansiedad, y mejorar la calidad del sueño


Marisco
Sobre todo las ostras y los mejillones, contienen Selenio, un mineral que potencia el buen humor

Pan Integral
Aportan fibra y triptófano, hace que el cerebro libere serotonina, sustancia de nuestro organismo que mejora el estado de ánimo.

Chocolate
Es normal que en los días grises, o tristes nos apetezca chocolate. El chocolate es un gran antidepresivo. Tiene efectos calmantes, relajantes y produce sensación de bienestar


Vitaminas, aminoácidos y oligoelementos

VITAMINA C: Fundamental para evitar la sensación de fatiga y el sentimiento de tristeza. Principales fuentes: kiwis y cítricos.

VITAMINAS DEL GRUPO B: Su carencia repercute mucho en la depresión. La tiamina (B1) mejora la actitud mental y mantiene el buen funcionamiento del sistema nervioso. La piridoxina (B6) ayuda a mantener en buen estado el sistema nervioso. La cobalamina (B12) aumenta la energía y mejora la concentración y la memoria. Principales fuentes de todas ellas: levadura de cerveza, salvado y germen de trigo, leche, melón, repollo, melaza, huevos, alga espirulina y la mayoría de los vegetales.

CALCIO: Imprescindible para el equilibrio anímico. Su carencia provoca sensación de fatiga y excitabilidad. Principales fuentes: leche, yogur, quesos, leche de soja, sepia, calamar, calcio de ostras.

HIERRO: Esencial para eliminar los síntomas de depresión, ya que su carencia se refleja en falta de ánimo. Principales fuentes: verduras frescas de color verde, leguminosas, frutos secos y chocolate negro.

TRIPTÓFANOS Y FENILANINA: Son aminoácidos esenciales para que el cerebro produzca serotonina, norepinefrina y dopamina, transmisores que estimulan la actividad física y mental y actúan como antidepresivos naturales. Principales fuentes: requesón, leche, pescado, plátanos, dátiles, almendras, cacahuetes, semillas de sésamo y calabaza.

MAGNESIO: Es uno de los aminoácidos esenciales contra la depresión. Principales fuentes: chocolate, copos de avena, germen de trigo, cereales enteros, mariscos, higos secos y nueces.
La vida cobra sentido cuando se hace de ella una aspiración a no renunciar a nada.
No somos disparados a la existencia como una bala de fusil cuya trayectoria está absolutamente determinada. Es falso decir que lo que nos determina son las circunstancias. Al contrario, las circunstancias son el dilema ante el cual tenemos que decidirnos. Pero el que decide es nuestro carácter.

Ortega y Gasset
La vida es una serie de colisiones con el futuro; no es una suma de lo que hemos sido, sino de lo que anhelamos ser.
José Ortega y Gasset